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Solos ante el público.- (España) 18/2/04
 
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Ana Belén, Lola
Herrera, María Jesús Valdés, Juan Luis Galiardo, Joaquín Kremel,
Maite Agirre y Mario Gas representan monólogos dramáticos.
Ana Belén estrenó el 13 de febrero en el Palacio de Festivales
de Santander Diatriba de amor contra un hombre sentado, única
pieza teatral de Gabriel García Márquez. En la actualidad
veteranos intérpretes como Lola Herrera, María Jesús Valdés,
Juan Luis Galiardo, Joaquín Kremel, Maite Agirre y Mario Gas
representan monólogos dramáticos, un género considerado por
algunos como la prueba de fuego para un actor. Varias razones
explican su proliferación en la cartelera, pero todos los
actores citados insisten en diferenciar lo que ellos hacen de
los televisivos stand up comedies.
Explica el actor, director y maestro de interpretación Denis
Raffter que todo actor que se enfrenta a un monólogo dramático
tiene un gran coraje, en especial a partir de los diez primeros
minutos de su actuación en los que empieza a acusar lo que él
llama el síndrome del General Custer: “Cuando Custer está
luchando contra los sioux confía en que llegue la caballería
para salvarle, pero no es así, porque él es la caballería y está
solo al pie del cañón”. En el monólogo la soledad es total, no
vendrá en su ayuda otro actor para darle la réplica o improvisar
un repente; y encima, con todos los ojos del público puestos en
su persona. El riesgo es grande en este difícil ejercicio de
lucimiento; exige una energía y una concentración extraordinaria
al actro, pero como contrapartida la recompensa puede ser
inmensa.
PROLIFERACIÓN. Algo de eso debe haber porque la cartelera está
repleta de monólogos. Ana Belén estrena mañana en el Palacio de
Festivales de Santander Diatriba de amor contra un hombre
sentado, representada en varios países latinoamericanos y
considerada la única pieza dramática de Gabriel García Márquez.
Juan Luis Galiardo ha estrenado recientemente un texto de José
Luis Alonso de Santos, Un hombre de suerte, que durante el mes
de febrero gira por la red de teatros de Castilla-La Mancha y de
Castilla-León. Y Maite Agirre, que a diferencia de los
precedentes sí ha actuado en solitario en otras ocasiones (Molly
Bloom), se ha autodirigido en ¡Puta vieja alcahueta Celestina!,
adaptación escénica de la obra de Fernando de Rojas con la que
inaugurará el día 27 un nuevo espacio en el auditorio Barañain
de Pamplona.
A estas producciones hay que recordar las que llevan en cartel
desde hace tiempo. Lola Herrera triunfa en el Real Cinema de
Madrid esta temporada con un texto de Miguel Delibes que estrenó
hace 25 años, Cinco horas con Mario. María Jesús Valdés volverá
en marzo al María Guerrero de Madrid, a la sala de la Princesa,
después de recorrer media España con Carta de amor, de Arrabal.
Y Joaquín Kremel ha sorprendido por su cambio de registro con
Vía Dolorosa, monólogo del británico David Hare sobre el
conflicto israelo-palestino que el actor representa los días 13
y 14 en Ceuta y el 20 en Miranda de Ebro. Mario Gas, recién
nombrado director del Teatro Español de Madrid, actúa los días
14 y 15 en el Cánovas de Málaga con Mi suicidio, en el que da
vida al cínico autor suizo Henri Roorda. Y Gabino Diego ofrece
Una noche con Gabino en el Arlequín de Madrid.
Insisten casi todos los artistas encuestados para este reportaje
que lo que ellos hacen difiere de los stand up comedies, el
género que ha popularizado el programa televisivo “El club de la
comedia” y del que han nacido espectáculos como 5 mujeres.com o
5gays.com. La diferencia estriba en contar con un texto
literario, con una estructura dramática, un ritmo y una tensión
propios del teatro, además de otros elementos como la
iluminación, la música y la escenografía. Sobre este asunto muy
beligerante se muestra José Carlos Plaza, director de Diatriba
de amor contra un hombre sentado: “Lo que nosotros hacemos no es
una sucesión de chistes, de anécdotas hilvanadas, sino que este
texto de García Márquez es un alarde del mejor castellano. Hacía
tiempo que no disfrutaba tanto con una obra en la que la palabra
es la protagonista. Y por otro lado, esto es un monólogo
–exactamente una diatriba de una mujer contra su marido, el cual
aparece sentado– interpretado por una actriz, no por
arribistas”. Añade Plaza que Diatriba... es, además, una obra
carísima, con un decorado barroco de Gerardo Vera, vestuario de
Pedro Moreno e iluminación de Francisco Leal.
COMODÍN DEL ACTOR. Se esgrimen varias razones para explicar esta
proliferación de monólogos que vive la cartelera: Es un
ejercicio de lucimiento para un gran actor; le permite combinar
sus trabajos en cine y televisión con el teatro, ya que depende
sólo de su agenda, o tenerlo de comodín para periodos de
inactividad. Y por último, es un género atractivo para los
programadores: no es muy costoso –con la excepción de
Diatriba..., según Plaza, o de Carta de amor–, y suele estar
interpretado por actores consumados.
Porque, como cuenta Juan Luis Galiardo, “por lo general, los
actores que deciden hacer un monólogo son actores que se sienten
probados”, con una demostrada experiencia y capaces de interesar
al público. Y la experiencia, la técnica, el ritmo y el carisma
se consolidan con la veteranía. Y continúa Galiardo: “El
monólogo es un diálogo contigo mismo, es un género difícil para
entretener, aunque muy enriquecedor. Se hace a partir de cierta
edad, cuando las preguntas ya no las buscas fuera de ti, sino en
tus vivencias, en tu experiencia. En este sentido, es el género
dramático más cercano a la realidad. Y claro, te preguntas si lo
que vas a contar interesará a los demás, si serás divertido”.
Si Plaza habla del monólogo como la prueba de fuego de todo
actor, la idea no es compartida ni por Galiardo ni por Maite
Agirre: “La trayectoria de cada intérprete es muy variopinta e
influyen muchos elementos. Sí creo que es un género
estrictamente teatral. Mi monólogo no es para un público de bar,
no lo aguantaría, sino para un espectador de teatro”. Y eso que
¡Puta vieja alcahueta Celestina! ha sido ambientada por Agirre
en la taberna que regenta la casamentera. Para la actriz “quien
hace un monólogo es porque le interesa mucho el tema, es un
proyecto muy personal, en el que se implica bastante, y en mi
caso yo firmo la dirección y el texto (adaptación a partir de la
obra original de Fernando de Roja, de La segunda Celestina de
Feliciano de Silva y del Libro del Buen Amor)”.
Delibes, García Marquez, Arrabal, Alonso de Santos son algunos
de los autores de estos textos. Porque el monólogo exige que el
actor se identifique con el texto más que en otros géneros: Es
su principal soporte y la estructura dramática debe estar bien
construida. Así lo cree Joaquín Kremel, quien señala que en su
caso “no hubiera hecho un monólogo si no me hubiera caído el
texto de David Hare. A un actor le encanta hablar de cosas
actuales, algo que ocurre poco en el teatro de hoy. Yo tengo esa
suerte, llego a interpretar a más de 30 personajes para plantear
el conflicto entre palestinos e israelitas. Y por otro lado,
creo que a un actor lo peor que le puede ocurrir es instalarse
en lo que ya sabe hacer, así que también lo hice porque soy muy
curioso”. Habla el actor de la soledad del monologuista: “No se
da sólo en el escenario, lo terrible son los meses previos, los
ensayos. Yo hablaba solo hasta por la calle” . Y añade que al
final, acabada la función, siente un gran cansancio y un gran
vacío en la soledad del camerino, pero la pieza es tan polémica
que suele haber espectadores que le esperan para hablar del
tema. “Algunos la ven como una pieza pro-palestina, otros
pro-israelí, es curioso”.
25 AÑOS MONOLOGANDO. Lola Herrera es la actriz que más tiempo
lleva representado el mismo monólogo. Hace 25 años que lo
estrenó y desde entonces lo ha repuesto cuatro veces y siempre
con gran éxito y por toda España. Cuenta la actriz que “Cinco
horas con Mario se estrenó en 1979 y entonces el monólogo de
gran éxito que se recordaba era el que Enrique Guitart había
representado 20 años antes, Las manos de Eurídice. Lo cierto es
que en España es un género que se practica poco, no así por
ejemplo en Argentina. Creo que no es un ejercicio fácil, es muy
delicado. Yo siento en el escenario la soledad más grande del
mundo, te exige una responsabilidad, una energía, una
concentración inmensa para que la cabeza no se pierda. Y luego,
después de la función, siento un gran vacío, tanto que dedico el
día siguiente a recargar pilas. Pero lo paso muy bien, disfruto
mucho y en cada época que lo he hecho he valorado aspectos
distintos”.
Liz Perales. El
Mundo. 13 de febrero de 2004
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