La cuatro patas de una
narración cinematográfica, por Oscar Portela.
- 27/2/04 (Argentina)
 
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La cuatro patas de una
narración cinematográfica
por Oscar Portela.
Está esa entrevista que sostuvo Bette Davis en 1950 - a la
sazón desocupada-, con Joseph L. Mankiewicsz, en el cual la actriz,- estrella le dijo al gran director, " si la
película fracasa, no será usted, ni el camarógrafo, ni el guionista, quienes
pondrán la cabeza el la guillotina. Seré yo. Puedo bailar sobre la punta de una aguja, pero todo, todo tiene que estar en orden y ser
creíble": lo fue, porque se trató de la famosa "Todo sobre Eva" o "La Malvada", que le
valió un Oscar más a su director: empero, si el cine, se sostiene como una mesa, con la punta de iceberg de una historia bien
guionada, diestramente narrada, fotografiada maravillosamente, todo ello no
resultaría suficiente, sin el rostro en el cual la historia se refleje ,como narciso se reflejaba en las aguas: Greg Tholand hizo posible la inolvidable toma en la cual Davis en primer plan deja morir a Marshall en "Los pequeños Zorritos"( o "La Loba") de Hellman, dirigida por
Wyler, creando tres espacios paralelos con la utilización
sofisticada de la profundidad de campo, pero sin el rostro de Davis, empolvado de arroz,
rígido como una escultura egipcia,
empolvada de arroz para empeorar sus relaciones con Wyler, la escena no hubiera podido ser filmada.
Así las cosas, recordemos como lo hace Julián Marías, la mirada extraviada de Garbo
alejándose de la costa en una chalupa, que parece
avizorar tras de la nada, algo que nadie puede ver. Uno de los pocos grandes directores del mundo
onírico de la imagen - tal vez el más grande- , Carl Theodore
Dreyer, insistió en ello hasta su muerte, y lo mostró
y demostró magistralmente, desde su "Juana de Arco" con la Falconetti - insuperada-, hasta "La ira de Dios" , "El verbo", o "Gertrud", y lo hizo Bergman en cada
una de sus magistrales vistas: Ingrid Bergman alejándose
en un tren, al final de " Sonata de Otoño", o cada una de las escenas de "Gritos y susurros".
El cine actual se a olvidado o alejado de las cuatro patas que sostienen la belleza y credibilidad
fantástica de cada relato cinematográfico, por ello se
murió de pena Federico Fellini, legándonos con "Ginger y Fred", una
anatomopatológica de la decadencia del séptimo
arte.
No importa, existen y existirán directores que buceen
en el fondo de buenas historias, tocando las cuerdas del rostro humano, entre luces y sombras ( el color los contiene), como un pianista toca una sonata de Beethoven. Herzog lo sigue haciendo, muchos lo hacen, y cabe recordar la
última imagen de Swanson en "Sunset Bulevard",cuando loca, baja las escaleras
confundiendo los focos de los patrulleros policiales, con la filmación de un nuevo film, o a la inolvidable Vivian Leigth, en manos de Kazan, en la
última secuencia de "Un tranvía llamado Deseo", que
inútilmente quiso versionarse de nuevo, porque cuando un rostro hace
creíble una historia, esta le pertenecerá -
como lo afirmaba Brando-, para siempre, por aquello de que cada producto tiene una marca registrada.
Esa marca y no otra cosa, permite que un actor, atraviese el tumultuoso mar de las modas y las estéticas de la
imagen, adaptándose, a través de la recreación de sus recursos técnicos y de la retroalimentación de una imagen siempre transmutada, el olvido y siga
constituyéndose en el recurso primordial de los más diversos y
problemáticos planteos estéticos: vemos que las cualidades
cinematográficas de Davis - insuperadas-, le permitieron
en su vejez, realizar actuaciones tridimensionales
como de "Que fue de Baby Jane"
: ese misterioso poder de cambiar en instantes de roles - el movimiento incesante- que muestra Kawalerowicsz de la
heroína de "Madre Juana de los Ángeles", empalidece las calidades interpretativas de la mismísima Vanesa Redgrave, y la contención aparente de Moreau, oculta
explosiones interiores que hacen aún arder la pantalla.
La pasividad trágica de Papas en la "Ifigenia" de Cacoyannis, es la más perfecta recreación del teatro griego de la crueldad, y los ejercicios de introspección, y las vibraciones de mercuri, en la libre versión de Dassin de "Medea" en "Grito de Mujer", muestra a las claras lo que se ha perdido de calidad en la calidad de las interpretaciones de los grandes artistas de la pantalla.
Por ejemplo Hepburn en "Un León en Invierno" o en "Viaje de un largo día hacia la noche" de Lumet, o en la última secuencia de "De repente en el último Verano" de Mankiewicsz. Estas figuras son irremplazables para elaborar un gran relato, y no pueden ser suplidas por las Julias Roberts del momento. Y ya que estamos, esperemos ver el fin de Gibson tan traído y llevado por su "La pasión de Cristo", para ponerlo junto a Vlacil, a Kawalerowiczs, a Dreyer, a Bergman, a Dreyer, a Bresson, el propio Godard y al mismísimo director de "La última tentación de Cristo", basado en Kazanzatkis, porque sería la única vez en que el cine
americano, profundice en algo más que sus epopeyas épicas, en sus obras maestras del suspenso, en el genero policial y últimamente, en el decadente
ejercicio de todos los modos del permanente ejercicio de los recursos artificiales que ofrece la computación hipermoderna.
Gentileza:: OSCAR PORTELA
portelao@hotmail.com
igital
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