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VENEZUELA
Hacia Ganímedes
Virgilio Galindo era un
excelente actor y la muerte casi
lo atrapa en el escenario, como
sí ocurrió con Moliere. La
última vez lo vimos encarnando
al expresidente de la República,
Alfonso Gutiérrez, delirante
personaje en la comedia del
absurdo venezolano Los hombres
de Ganímedes, de Néstor
Caballero, estrenada el pasado
15 de octubre, gracias a la
veteranía del director Armando
Gota y a la producción de la
Compañía Nacional de Teatro
(CNT). Este valioso y
característico comediante
falleció el pasado lunes 15 de
noviembre, a una semana de haber
finalizado su temporada en la
Sala Rajatabla. ¡Telón
definitivo!
Pocas veces nos ha ocurrido
esto: ver hoy a un actor en
escena y un mes después tenerlo
que despedir. Virgilio Galindo
era un cómico nato y al encarnar
a su personaje de Los hombres de
Ganímedes (1981) luchaba por
hacerlo dramático, tenso,
teniendo en cuenta la situación
del autosecuestrado ex
presidente Gutiérrez, pero en
momentos se le escapaba la vena
humorística y la escena cambiaba
notablemente para bien. Era un
personaje con dos caras, como
son muchos en la vida real de la
politiquería.
Sobre esa función, escribimos
que, a buena hora y en el
momento oportuno, el
veteranísimo Virgilio Galindo
había regresado a las tablas.
Los hombres de Ganímedes es una
joyita del teatro venezolano, de
ésas que se salen de la cartilla
y se lanzan por el camino de las
experimentaciones con fórmulas
foráneas, aplicando los absurdos
ionescanos y bekettianos, y
llegan a concretar un texto
hiperrealista estremecedor por
su anécdota y por la crueldad de
su metáfora, pero aleccionador
por la creatividad lingüística.
La argumentación está basada en
otra manida y común jugada
política: un candidato a la
Presidencia de la República de
una de las tantas naciones
latinoamericanas o africanas,
urde su plagio para salir en
todos los medios de comunicación
y así subir en las encuestas.
Graciela (Nattalie Cortez),
pordiosera, “latera” o
“desechable”, llega al sitio
donde ha sido liberado el
autosecuestrado Alfonso
Gutiérrez (Virgilio Galindo),
que a su vez es un honorable ex
presidente; lo encuentra
esposado y decide llevarlo a su
guarida. Lo presenta ante sus
dos orates compinches, Pepe
(Juan Manuel Montesinos) y
Felipe (Alejandro Corona),
quienes, sin reconocer al famoso
político, lo someten a una serie
de insólitos vejámenes porque
creen, en medio de sus
alucinaciones, que es otro de
los enemigos de su inmediato
viaje o excursión a Ganímedes,
el mayor satélite del lejano
planeta Júpiter. El epílogo es
cruel: los matan a todos.
Resaltamos el innegable
histrionismo de Virgilio
Galindo, así como el de sus tres
colegas.
Ahí había cuatro estilos de
decir y hacer humor escénico.
Todos perfectamente
sincronizados y en medio de una
especial creación musical de
Juan Carlos Núñez.
Hay que recordar que al final de
la función del estreno, Virgilio
Galindo (75 años de edad), en
tono delirante y al borde de las
lágrimas, que no eran fingidas
ni de utilería, al concluir los
aplausos hizo valer la majestad
de su veteranía para solicitar
al público un poco de silencio y
otro tanto de paciencia, pues él
quería agradecerle a la CNT el
haberlo llamado para participar
en “esta hermosa comedia”.
Confesó que tenía más de diez
años fuera de la escena, porque
lo ninguneaban, le negaban el
trabajo vital para su oficio
actoral y su vida como ser. Y
él, como lo manifestó, era un
comediante desde los tuétanos de
sus ya cansados y solitarios
huesos.
Esas palabras, muy sentidas,
fueron muy recibidas por la
audiencia, que le agradeció
especialmente el rol que había
encarnado: un crapuloso político
que llegaba hasta su aparatoso
secuestro para ganar puntos en
las encuestas y buscar así la
reelección. ¡Clase cívica desde
un teatro!
Virgilio Galindo, después,
durante el coctel, reconoció que
pensaba seguir haciendo más
teatro y que con ese redebut en
la CNT le estaban garantizando
un año más de trabajo sobre las
tablas, por lo menos. Tenía
planes y muy positivos para ese
después. Pero el corazón le
falló... y se fue de viaje hacia
el infinito, lo mínimo hacia
Ganímedes, lejana luna del
todopoderoso Júpiter.
Fue, pues, una despedida a lo
grande por parte de Virgilio
Galindo. Su memoria queda entre
nosotros para siempre.
¡Las artes escénicas criollas
han perdido a otro valioso actor
y el relevo todavía está
inédito!
E.A. Moreno-Uribe. El Mundo.
22 de noviembre de 2004
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