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El
declive de la clase media,
Robert Kurz. - 27/10/04
 
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El declive de la clase media
Robert
Kurz
Desde mediados de los años
80, el discurso post-moderno
imperó en la discusión teórica
global a lo largo de casi dos
décadas, principalmente en la
izquierda.
La crítica de la economía
política fue sustituida por la
crítica del lenguaje, y el
análisis de las relaciones
materiales objetivas, por la
arbitrariedad de la
interpretación subjetiva; en
lugar del economicismo
tradicional de la izquierda
entró un culturalismo de
izquierda igualmente reductor y,
en lugar del conflicto social,
la simulación mediática.
En ese mismo tiempo, sin
embargo, la situación se alteró
radicalmente.
La crisis económica alcanza
ahora, incluso en Occidente, a
amplias capas sociales, que
hasta entonces se habían
librado.
Por eso la cuestión social
vuelve en el discurso
intelectual.
Pero las interpretaciones
continúan adoleciendo de una
notoria ligereza y parecen
francamente anacrónicas.
La polarización entre pobres y
ricos, exacerbada de forma
irresistible, no encuentra
todavía un nuevo concepto.
Si el concepto marxista
tradicional de "clase" tiene una
súbita coyuntura favorable, eso
es ante todo una señal de
desamparo.
En la comprensión tradicional,
la "clase obrera", que produce
la plusvalía, era explotada por
la "clase de los capitalistas"
por medio de la "propiedad
privada de los medios de
producción".
Ninguno de estos conceptos puede
explicar con exactitud los
problemas actuales.
La nueva pobreza no surge por
cuenta de la explotación en la
producción, sino por la
exclusión de la producción.
Quien todavía está empleado en
la producción capitalista
regular figura ya entre los
relativamente privilegiados.
La masa problemática y
"peligrosa" de la sociedad ya no
se define por su posición en el
"proceso de producción", sino
por su posición en los ámbitos
secundarios, derivados de la
circulación y de la
distribución.
Se trata de desempleados
permanentes, de receptores de
operaciones estatales de
transferencia o de agentes de
servicios en los campos de la
terciarización, hasta llegar a
los empresarios de la miseria,
los vendedores ambulantes y los
rebuscadores de basura. Esas
formas de reproducción son,
según criterios jurídicos, cada
vez más irregulares, inseguras y
a menudo ilegales; la ocupación
es irregular, y las ganancias
transitan en el límite del
mínimo necesario para la
existencia o incluso caen por
debajo de esto.
Clase atropellada Inversamente,
tampoco la "clase de los
capitalistas" puede aún ser
definida en el viejo sentido,
según los parámetros de la
clásica "propiedad privada de
los medios de producción".
En el cuerpo del aparato estatal
y de las infraestructuras así
como en el cuerpo de las grandes
sociedades accionistas (hoy
transnacionales) el capital
aparece en cierto modo como
socializado y anonimizado; se
volvió abstracto, dejando la
forma personalizable de toda la
sociedad.
"El capital" ya no es un grupo
de propietarios legales, sino el
principio común que determina la
vida y la acción de todos los
miembros de la sociedad, no solo
exteriormente sino también en su
propia subjetividad.
En la crisis y a través de la
crisis, se efectúa una vez más
una mutación estructural de la
sociedad capitalista,
disolviendo las situaciones
sociales antiguas, aparentemente
claras.
El meollo de la crisis consiste
justamente en que las nuevas
fuerzas productivas de la
microelectrónica funden el
trabajo y, con él, la sustancia
del propio capital.
Dada la reducción cada vez mayor
de la clase obrera industrial,
se crea cada vez menos
plusvalía.
El capital monetario huye rumbo
a los mercados financieros
especulativos, visto que las
inversiones en nuevas fábricas
se vuelven no-rentables.
Mientras partes crecientes de la
sociedad fuera de la producción
se pauperizan o incluso caen en
la miseria, por otro lado se
realiza tan solo una acumulación
simuladora del capital por medio
de burbujas financieras.
Por lógica, eso no es nada
nuevo, pues ese desarrollo ya
marca al capitalismo global hace
dos décadas.
Pero lo que es nuevo es que
ahora la clase media en los
países occidentales también sea
atropellada. Barbara Ehrenreich
(la ensayista norteamericana)
había publicado ya en 1989 un
libro sobre la "angustia de la
clase media ante la quiebra".
Sin embargo el problema fue
aplazado enseguida por una
década entera, ya que la
coyuntura basada en burbujas
financieras de los años 90,
junto con el impulso de la
tecnología de la información y
de la comercialización de
Internet, despertó una vez más
nuevos sueños de florescencia.
El colapso de la nueva economía
y la explosión de las burbujas
financieras en Asia, en Europa y
también en parte en los USA,
comienzan ahora, desde el año
2000, a hacer efectiva de manera
brutal la quiebra de la clase
media, ya temida anteriormente.
¿Pero quién es esa clase media y
qué papel desempeña en la
sociedad?
En el siglo 19, el mundo de las
clases sociales era todavía
simple y transparente.
Entre la clase de los
capitalistas, es decir, de los
propietarios privados de los
medios de producción social, y
la clase de los trabajadores
asalariados, que no poseen nada
más que su fuerza de trabajo, se
encontraba la clase de los
llamados pequeño-burgueses. Esa
antigua clase media se destacaba
por poseer pequeños medios de
producción (oficinas, tiendas
etc.) en los cuales empleaba
principalmente su propia fuerza
de trabajo y la de su familia
para vender sus propios
productos en el mercado.
La expectativa de los marxistas
ortodoxos era que esos
"pequeño-burgueses"
irían desapareciendo poco a poco
debido a la competencia de las
grandes empresas capitalistas,
hundiéndose en la clase de los
trabajadores asalariados
industriales, hasta que la
sociedad quedara polarizada en
sus dos clases principales, la
burguesía y el proletariado.
"Ni carne ni pescado"
Pero ya a comienzos del siglo 20
hubo en la social-democracia
alemana el célebre debate entre
Bernstein y Kautsky sobre la
"nueva clase media".
En él se referían a determinadas
funciones técnicas, económicas e
intelectuales que habían
resultado del proceso de
socialización capitalista.
Como la cientificación creciente
de la producción y la expansión
correspondiente de las
infraestructuras
(administración, ingeniería,
formación, educación, sistema de
salud, sistema de comunicación,
esfera pública mediática,
instituciones de investigación
etc.) surgió una nueva categoría
social, que, según el viejo
esquema, no era "ni carne ni
pescado".
No se trataba de capitalistas,
porque no representaban ningún
gran capital monetario; tampoco
se trataba de pequeño-burgueses
clásicos, porque no poseían los
medios propios de producción y
en gran parte estaba formada por
asalariados o autónomos
meramente formales; sin embargo
tampoco se trataba de
proletarios, porque no eran
empleados como "productores
directos" sino como funcionarios
del desarrollo capitalista de
las fuerzas productivas en todos
los ámbitos de la vida.
Ciertamente ya hubo en el siglo
19, profesores y otros
funcionarios públicos así como
aquellos funcionarios de la
economía empresarial que Marx
designara como "oficiales y
suboficiales".
Pero numéricamente esas
categorías sociales pesaban tan
poco que mal podían ser llamadas
propiamente de "clases".
Solo fue con los nuevos
requisitos del capitalismo en
siglo 20 que las funciones
correspondientes se volvieron de
masa, a punto de constituir una
nueva clase media.
En el debate marxista ligado al
comienzo de esa evolución,
Kautsky buscó prensar las nuevas
capas medias en el antiguo
esquema, incluyéndolas de alguna
manera en el proletariado,
mientras que Bernstein quiso ver
en ese fenómeno social una
estabilización del capitalismo,
que posibilitaría una política
reformista moderada.
Al principio, Bernstein pareció
tener razón por un largo tiempo.
La nueva clase media se reveló
cada vez más claramente como una
categoría social distinta de la
clase trabajadora tradicional,
no solo según el contenido y el
ámbito local de sus actividades,
sino también en el aspecto
económico.
Barbara Ehrenreich menciona como
criterio el hecho de que para
esas personas su "status social
se basa antes en la formación
que en la posesión de capital o
de otros valores materiales".
Como su formación requiere un
tiempo largo, hasta los 30 años
o más allá, y devora grandes
recursos, la calificación
superior eleva el valor de la
fuerza de trabajo bien por
encima de las demás variaciones
medias.
Fue en este contexto que se
originó un concepto rico en
consecuencias, a saber: el de
"capital humano".
Ingenieros empleados,
especialistas de marketing,
planificadores de recursos
humanos, médicos autónomos,
terapeutas, abogados, profesores
pagados por el Estado,
científicos y asistentes
sociales "son", bajo un
determinado aspecto, el capital
de una doble forma.
De un lado, se relacionan
estratégicamente con el trabajo
de otras personas por medio de
su calificación, dirigiendo y
organizando en el sentido de la
valorización del capital; de
otro, se relacionan en parte
(sobretodo en calidad de
autónomos o de funcionarios
directores) con su propia
calificación y, de esa manera,
con ellos mismos en forma de
"capital humano", como un
capitalista en el sentido de la
"autovalorización".
La nueva clase media no
representa el capital en el
terreno de los medios de
producción de materiales
externos o del dinero, lo hace
en el plano de la calificación
organizadora ligada a los
procesos de valorización, en un
alto nivel de aplicación de
ciencia y tecnología.
Mayo de 68 En el curso del siglo
20, se formaron numerosas nuevas
funciones de esa especie y la
nueva clase media aumentó cada
vez más en términos numéricos.
Particularmente, el desarrollo.
Después de la Segunda Guerra
Mundial, trajo junto con las
nuevas formas de producción
fordista y las industrias del
ocio, un avance complementario
que iba en esa dirección; era
perceptible que en la mayoría de
los países el área de los
estudiantes aumentara de
generación en generación.
El movimiento estudiantil
mundial de 1968 mostró el
significado maduro de ese sector
social; no obstante fue también
una primera señal de la crisis.
Si hasta entonces la
constitución de la nueva clase
media tenía estabilizado de
hecho el capitalismo en el
sentido de Bernstein y estaba
ligada a reformas progresistas,
ahora comenzaba un proceso de
desestabilización.
Ciertamente el nuevo desempleo
estructural en masa, en la
secuencia de la tercera
revolución industrial y de la
globalización del capital,
alcanzó de entrada
principalmente a los productores
industriales directos.
Pero ya estaba escrito que
tampoco la nueva clase media se
salvaría.
El ascenso de esa clase acompañó
en muchos aspectos la expansión
de las infra-estructuras
públicas, del sistema de
formación y de la burocracia del
Estado social.
La crisis de la valorización
industrial real llevó a una
crisis financiera del Estado
cada vez más profunda.
De repente, muchos dominios que
antes eran considerados
conquistas imperiosas comenzaron
a aparecer como un lujo
innecesario y un peso muerto.
Jornaleros intelectuales Se
propagó el concepto del "Estado
antisocial"; las asignaciones
para formación y cultura, para
el sistema de salud y numerosas
otras instituciones públicas
fueron cortadas; se iniciaba la
demolición del Estado social.
También en las grandes empresas
sectores enteros de actividad
calificada fueron víctimas de la
racionalización.
Dado el desmoronamiento de la
nueva economía, hasta las mismas
calificaciones de muchos
especialistas "high-tech" se
vieron desvalorizadas.
Hoy ya no se puede ignorar que
la ascensión de la nueva clase
media no tenía una base
capitalista autónoma; por el
contrario, dependía de la
redistribución social de la
plusvalía proveniente de los
sectores industriales.
De la misma manera que la
producción social real de
plusvalía entra en una crisis
estructural debido a la tercera
revolución industrial, los
sectores secundarios de la nueva
clase media van siendo
sucesivamente privados de su
suelo fértil.
El resultado no es solamente un
desempleo creciente de
académicos.
La privatización y la
terciarización desvalorizan el
"capital humano" de las
calificaciones incluso en el
interior de la parcela empleada
y degradada en su estatus.
Jornaleros intelectuales,
trabajadores baratos y
empresarios de miseria como los
free-lance en los medios de
comunicación, universidades
privadas, despachos de abogados
o clínicas privadas no son ya
excepciones, sino la regla.
A pesar de esto, a fin de
cuentas tampoco Kautsky tuvo
razón.
Pues la nueva clase media
decayó, es verdad, pero no para
convertirse en el proletariado
industrial clásico de los
productores directos,
convertidos en una minoría que
va desapareciendo pausadamente.
De forma paradójica, la
"proletarización" de las capas
calificadas está ligada a una "desproletarización"
de la producción.
Personas atomizadas Por otra
parte la desvalorización de las
calificaciones corre pareja con
una expansión objetiva del
concepto de "capital humano".
Al revés de la decadencia de la
nueva clase media, se realiza en
cierto modo un inédito
"pequeño-aburguesamiento"
general de la sociedad, cuando
los recursos industriales e
infra-estructurales aparecen más
como megaestructuras anónimas.
El "medio de producción
independiente" se deteriora
hasta llegar a la piel de los
individuos: todos se convierten
en su propio "capital humano",
aunque sea simplemente el cuerpo
desnudo.
Surge una relación inmediata
entre las personas atomizadas y
la economía del valor, que se
limita a reproducirse de manera
simulada, por medio de déficits
y burbujas financieras.
Cuanto mayores se vuelven las
diferencias entre el pobre y el
rico, más desaparecen las
diferencias estructurales de las
clases en la estructuración del
capitalismo.
Por eso no tiene el más mínimo
sentido que los ideólogos de la
clase media en caída quieran
reclamar para sí la vieja "lucha
de clase del proletariado", no
existente ya.
La emancipación social requiere
hoy día la superación de la
forma social común a todos.
En el interior del sistema
productor de mercancías, solo
existe la diferencia
cuantitativa de la riqueza
abstracta que, si
existencialmente afecta la
cuestión de la supervivencia, no
obstante permanece estéril en
términos emancipadores.
Un Bill Gates es tan
pequeño-burgués como un
empresario de la miseria, ambos
tienen la misma actitud para con
el mundo y utilizan las mismas
frases.
Con esas frases sobre el mercado
universal y la "autovalorización"
en la punta de la lengua, ambos
atraviesan solemnemente, juntos,
la puerta hacia la barbarie.
Folha de São Paulo, 19 de
Septiembre 2004 Original alemán:
http://www.exit-online.org/
Traducción al portugués de Luis
Repa
http://obeco.planetaclix.pt/
Traducción al castellano:
Contracorriente
forodocente
http://ar.groups.yahoo.com/group/forodocente/
Gentileza:: Adolfo L. Zanger [
alzanger@arnet.com.ar ]
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