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Señorío de Cuzcatlán. - 6/11/04
 

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Señorío de Cuzcatlán. - 6/11/04


 


Señorío de Cuzcatlán

TEMPLO DE QUETZALCOATL ¡El Imperio de Los Niños!

La palabra Pipil en lengua náhuatl significa "niño". Esto deriva del hecho que Los Pipiles usaban mucho la letra "t" en su náhuatl, lo cual sonaba demasiado blanda y dócil para las tribus migrantes toltecas pre-mayas que llegaron a la región. Las civilizaciones del centro de México en su náhuatl usaban "tl", dándole más sonora y fuerte expresión a las frases en náhuatl... de allí que se llamó Pipiles, o "niños", a la cultura predominante en el precolombino Señorío de Cuzcatlán.

La palabra náhuatl Cuzcatlán significa "tierra de dicha" y se compone de dos palabras: cozcatl = "collar", símbolo de la riqueza, y de la palabra tlan= abundancia.

Originalmente Cuzcatlán se llamó Nequepio, dado por tribus Olmeca y Quiché que habitaban la región antes de las masivas emigraciones del norte a Mesoamérica. Los Pipiles rebautizaron la región como Cuzcatlán debido a la asombrosa fertilidad de las tierras de Nequepio. El origen de la población indígena de El Salvador es indistinguible. El historiador salvadoreño Santiago Ignacio Barberena dice que en la etapa precolombina había una pluralidad que reunía Amerindas (indios americanos) o autóctonos de la región, Maya-Quiché (descendientes directos de los Olmecas), Nahoa con sus descendientes directos los Toltecas o Yaquis, y los Aztecas; de estos dos últimos ascendía directamente la tribu dominante del señorío cuzcatleco: Los Pipiles. Lo anterior nos hace a los salvadoreños más ancestralmente hermanos con el pueblo de México que con Honduras que es más Maya y Lenca.

La población que encontraron los conquistadores españoles ya no era autóctona original del país cuzcatleco, sino producto de estas tribus migratorias de más avanzada cultura. Se especula que todas ellas descendían de un tronco común. Y como había variedad, se hablaban varias lenguas, entre ellas hay seis principales para la época de la conquista: Pupuluca, Pipil, Pokomán, Chontal, Patón, y Taulepalua. En muchas de ellas, el náhuatl era la rama común, como el indoeuropeo es a la mayoría de lenguas del mundo.

Los Pipiles, antepasados de todos los salvadoreños, hablaban el nahoa o náhuatl ligeramente diferente del náhuatl que hablaban sus antepasado Aztecas en la inmensa Tenochtitlán. Pero había otras lenguas y razas tanto Maya-Quiché, como Lencas esparcido en lo que hoy comprende el actual territorio salvadoreño. Estaban los Chontales en San miguel, como los Lencas en Morazán, los Chortíes en Tejutla, los Sinca en Izalco y los Pokomanes de Chalchuapa.

Los Pipiles eran principalmente agricultores, pero también guerreros. Su territorio abarcaba de este a oeste el Río Paz, y el Río Lempa, de norte a sur desde parte de Chalatenango hasta el océano pacífico. Trabajaban la arcilla y eran buenos alfareros pero sus conocimientos de la metalurgia eran rudimentarios, el único oro que poseían era el recogido de los ríos; además, es sabido que el oro siempre ha sido escaso en Cuzcatlán; sin embargo, sabían fundir el cobre sin usar hornos, y su bronce era bastante resistente. Poseían su propio calendario y sistema de numeración, pero solo conocían rudimentos de las ciencias astronómicas y adolecían de conocimientos artísticos como la pintura, y las artes. Para concluir, se sabe muy poco de sus instituciones políticas, civiles y militares.


Señorío de Cuzcatlán La Tierra de los Pipiles En tiempos de la conquista, el territorio Pipil se dividía en diversos cacicazgos como los de Cuzcatlán, Izalco, Apaneca, Ahuachapán, Apastepeque, Ixtepetl, Guacotechli, y Tehuacan. Estos cacicazgos existían independientes, pero era el Señorío de Cuzcatlán el que tenía la supremacía. Los historiadores, como Domingo Juarros, hablan de cuatro conocidos Caciques pipiles: 1) Cuachimicín: gobernó antes de la conquista. 2) Tutecotzimit, sucesor del anterior, 3) Pilguanzimit, y 4) Tonaltut, además de Atlacatl-Atonal que más de un escritor alega son el mismo, diferente del Atonal que otros suponen lideró la defensa Pipil en la batalla de Acaxual.

Cuzcatlán pasó ser el nombre de toda la nación Pipil; aún hoy día el vocablo inviste su nombre a toda la república de El Salvador.


Pero la ciudad de Coxcatlán, en aquellos días, estaba ubicada en lo que hoy es Antiguo Cuzcatlán, a ocho kilómetros al sur-occidente de la moderna San Salvador. -"La Pipil Cuzcatlán, -dice Barberena- se asentaba a orillas de una hermosa laguna que hace más de un siglo se secó". La ciudad era grande y poblada, con casas de cal; pero carecía de edificios monumentales pues no se ha hallado rastros arqueológicos de ello hasta ahora. Recuerdo la gente refería esa zona como "Plan de la Laguna" en mi infancia en los años 60s. En cuanto al "Señor de Cuzcatlán", cuando llegaron los españoles, hay dos versiones sobre quién era el cacique entonces. Unos cronistas dicen que era Atlacatl (marino en náhuatl), otros dicen era Atonal (sol del agua), unos pocos esgrimen era el mismo. Pero la aceptada versión de la tradición la ganó Atlacatl.

El cacicazgo era hereditario a hijo o hija, y cuando el cacique moría, lo lloraba el pueblo por cuatro días, luego se sepultaba el cuerpo sentado, vestido con su mejor atavío y prendas. Existía un sistema de castas que se establecía así: El noble (Pipiltzin), comerciantes (Pochteca) y artesanos, y últimos en la escala estaban los Plebeyos (Mazeguales). Los matrimonios eran civiles, religiosos y estrictamente monogámicos, el adulterio era severamente castigado. Los hijos guardaban profundo respeto por sus padres, y ese respeto y obediencia a su padre (tatli) como a su madre (nantli) se mantenía hasta la muerte. La tierra estaba parcelada y había nobles o señores (dueños de la tierra), y arrendadores (colonos) tierra se marcaba con colores para diferenciarla entre uno y otro. Se castigaba el incesto y la fornicación con esclava, la violación, el robo, homicidio, y aún la mentira. Las penas variaban según la falta. En su religión existían tantos dioses como necesidades a su supervivencia como pueblo, siendo el Templo de Mita o Mictlán, consagrado a Quetzalcoatl, el más reverenciado templo Pipil, éste se hallaba situado a 12 Km., al oeste del lago Güija y del lado guatemalteco. Los Pipiles no practicaban el sacrificio humano en sus liturgias religiosas como sus progenitores Aztecas lo hacían en el valle del Anahuac, y dice una leyenda (relatada por Domingo Juarros en su compendio) que a raíz que los pipiles se negaron a someterse a la soberanía de Cachiqueles y Quiché, la tierra Pipil sufrió una invasión precolombina. Los pipiles nombraron a Cuachimicín el jefe de sus guerreros para la defensa, la invasión fue derrotada y Cuachimicín elegido cacique, pero debido a que este nuevo cacique decidió comenzar sacrificios humanos para agradecer por la victoria a sus dioses, cayó en desgracia, fue derrocado y finalizó ejecutado

La más ventajosa carrera profesional era la de las armas, así como el más reverenciado dios era el de la guerra. El servicio militar era obligatorio y no había declaración de guerra o papeleo para tal cosa pues la ventaja era sorprender al enemigo. Esto obligó a la mayoría de tribus erigir sus ciudades en montañas y lugares difícilmente accesibles, y los que construían ciudades en las llanuras las amurallaban. Para la guerra no andaban pensando en "táctica y estrategia". Se convocaba al sacerdote principal, el cual hacía sus trabajos de nigromancia y sortilegios, y si decía que el dios, o dioses, mandaban atacar, eso se hacía y atacaban. Había reclutamiento general y las armas eran lanzas de hasta seis metros de largo, flechas, espadas de madera, hondillas, y el vestuario era pesadas armaduras de algodón y escudos de cuero. A los sonidos de las trompetas de caracoles, y dando gritos y alaridos, se lanzaban al ataque en completo desorden. Los jefes y oficiales iban vestido con piel de animales; la clave para la victoria era el número de guerreros, la nutrición de estos, y que tan buenos eran para soportar las luchas cuerpo a cuerpo. Los victoriosos saqueaban los pueblos vencidos y masacraban a los habitantes... luego venía la fiesta de la celebración al dios que el sacerdote decidía.

Las guerras entre mesoamericanos no eran muy diferentes a aquellas entre los europeos medievales, excepto a la táctica, estrategia y las armas... pero las civilizaciones medievales europeas ganarían la guerra cuando el siglo XVI enfrentó a estas dos diferentes culturas durante La Conquista.

Tamen


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La FAMILIA de ALVARADO

MOCTEZUMA Y HERNÁN CORTÉS
-Sustantivo del verbo civilizar: Destrucción, Robo, extinción...
-Arribo de "Tonatiuh"
Desde La Conquista hasta nuestros días, Cuzcatlán ha sufrido excoriaciones de miembros de una misma familia, o familias, las cuales han usado frases estandartes tales como "religión, libertad, civilización" usada en la conquista por españoles, al igual que el "Destino Manifiesto" usado por sus contrapartes anglosajones.

La primera familia en aprovecharse de usar estas frases como falacia fue la familia del conquistador español Pedro de Alvarado; subsecuentemente, hasta nuestros actuales días, estas frases han sido la banderola de otras familias para explotar, saquear, masacrar y enriquecerse del pueblo y la tierra cuzcatleca... Comencemos con la familia del Adelantado, y Capitán de Hernán Cortés, don Pedro de Alvarado.

Pedro de Alvarado nació en Badajoz, Extremadura, en el seno de una numerosa familia noble de España. En 1510 viajó con sus cuatro hermanos Jorge, Gonzalo, Diego, y Gómez hacia América. La familia llegó a Cuba y, luego de breve estadía, se trasladan a Veracruz, México. Allí, bajo las órdenes de Hernán Cortés participan en la conquista de México.

Hernán Cortés, ávido de conquista, encargó a la familia Alvarado, a la cabeza de su capitán Pedro de Alvarado, la conquista de Guatemala y Cuzcatlán. Salieron de México el 6 de Diciembre de 1523, con 500 soldados de infantería, 120 de caballería, 200 indios Tlaxcaltecas, 100 Méxicas, 4 piezas de artillería, 40 caballos de reserva, y abundante pertrecho militar. Pedro de Alvarado era "rubio, ojos claros, por lo cual los indios le llamaban Tonatiuh -dios del sol-", refiere Jorge Lardé y Larín en su libro "El Salvador: Descubrimiento, Conquista, Colonización".

Comenzó la campaña en Guatemala devorando los pueblos fronterizos Quiché del Soconusco a quienes finalmente derrotó en Quetzaltenango, en esa batalla murió combatiendo valientemente su cacique Tecún Umán. Alvarado contó con la ayuda traicionera de varias pequeñas tribus y principalmente de los Cachiqueles. Después de masacrar a todas las tribus del área, incluyendo las tribus traidoras de los Cachiqueles, el Capitán Pedro de Alvarado y sus hermanos se apoderaron de toda Guatemala, la cual pasó a ser parte de la dominación española.

Campaña por la Conquista de Cuzcatlán.

En Junio de 1524, partió de Ixinché (capital de los Cachiqueles) la primera campaña contra Cuzcatlán por la victoriosa familia Alvarado, con pocas tropas españolas, pero con un cuantioso número de indios. Comenzó la masacre en Escuintla (Itzcuintlán) donde hizo pasar a cuchillo toda la población, a finales de Junio atravesó el Río Paz (Paxa) penetrando el norte del territorio cuzcatleco. El primer poblado que encontraron fue Nahuizalco (Mojicalco) pero estaba desolado, los habitantes se habían escondido en los montes, lo mismo sucedió cuando llegaron a Izalco. En las afueras de esta ciudad se halla la quebrada de "Los Olotes", y allí también existe una poza hoy llamada "de la conquista" y que, según el historiador salvadoreño Santiago Barberena, fue de allí que el mayor de la familia Alvarado, don Pedro, exigió a los locales a someterse a España. Se dirigieron de allí al pueblo de Acatepec (Acatecpán) que también halló vacío. De Acatepec llegaron al pueblo de Acaxual, ciudad al este del hoy puerto de Acajutla. Los españoles hallaron no lejos de Acajutla, cerca de Tacuxcalco, la primera resistencia abierta de los Pipiles. Los guerreros Pipiles llevaban corazas de algodón acolchadas que cubría todo su cuerpo, éstas eran bastante pesadas e incomodas para una batalla militar, y si caían ya no se podían levantar.

Los españoles retrocedieron tácticamente para alejar al ejército pipil de una cercana montaña que podía servirles de refugio al ser derrotados, luego viraron y cayeron sobre los Pipiles con la caballería provocándoles una enorme mortandad. Pero en esta batalla cayeron heridos varios españoles y en una existente carta de Pedro de Alvarado a Cortés, narra que él mismo fue herido en la pierna izquierda producto de un flechazo Pipil. Pero una más fiera resistencia hallaron en Tacuxcalco, al sur de Sonsonate, donde un numeroso ejército Pipil salió a combatirlos. Los Pipiles esta vez usaban lanzas de hasta cuatro metros de largo y era más numeroso que el de Acaxual. Los españoles eran 250 y contaban con casi seis mil indios de auxiliares. Pedro de Alvarado, aún sanando de su herida y no pudiendo combatir, distribuyó sus fuerzas en cuatro cuerpos de ejército y puso a la cabeza de cada ejército a sus cuatro hermanos... La familia esperó el combate... La batalla duró pocas horas con muchos indios muertos y heridos, los vencidos y diezmados huyendo a los montes y colinas.

Leamos lo que Alvarado escribía en sus cartas a Hernán Cortés sobre la campaña de Cuzcatlán. Estas cartas, dicho de paso, constituyen los primeros documentos históricos que mencionan la tierra cuzcatleca:

Aquí en este reencuentro me hirieron muchos españoles y a mí con ellos, que me dieron un flechazo que me a pierna y entró la flecha por la silla, de la cual herida quedé lisiado que me quedó la una pierna más corta la otra bien cuatro dedos...

E de aquí partí para otro pueblo que se dice Atebuán, y ahí me enviaron los señores de Cuxcaclán, sus mensajeros para que diesen obediencia a Sus Majestades y a decir que ellos querían ser sus vasallos y ser buenos y así le dieron a mí en su nombre. Y yo les recibí pensando que no mentirían como los otros.

Y llegando que llegué a esta ciudad de Cuzcaclán hallé muchos indios de ella que me recibieron y todo el pueblo alzado y mientras nos aposentamos no quedó hombre de ellos en el pueblo que todos se fueron a las sierras y como vi esto yo envié mis mensajeros a los señores de ahí a decirles que no fuesen malos y que mirasen que habían dado la obediencia a Su Majestad y a mí en su nombre, asegurándoles que viniesen, que yo no les iba a hacer guerra ni a tomarles lo suyo, sino a traerlos al servicio de Dios Nuestro Señor y de Su Majestad.

Enviáronme a decir que no conocían a nadie, que no querían venir, que si (para) algo les quería ahí estaban esperando con sus armas. Y desde que vi su mal propósito le envié un mandamiento y requerimiento de parte del Emperador señor nuestro en que les requería y les mandaba que no quebrantasen las paces ni se rebelasen, pues ya se habían dado por sus vasallos. Donde no, que procedería contra ellos como con traidores alzados y rebelados contra el servicio de Su Majestad y que les harían la guerra y todo los que en ella fuesen tomados, a vida serían esclavos y los herrarían. Y que si fuesen leales, de mí serían favorecidos y amparados como vasallos de Su Majestad.

Y a esto no volvieron los mensajeros ni respuestas de ellos. Y como vi su dañina intención y porque aquella tierra no quedase sin castigo, envié gente a buscarlos a los montes y sierras, los cuales hallaron de buena y pelearon con ellos e hirieron españoles e indios mis amigos. Y después de todo fue preso un principal de esta ciudad y para más justificación le tomé a enviar con otro mi mandamiento y requerimiento. Y respondieron lo mismo que antes.

Y luego, como vi esto, yo hice proceso contra ellos y contra los otros que me habían dado la guerra y los llamé por pregones y tampoco quisieron venir. Y como vi su rebeldía y el proceso cerrado, los sentencié y di por traidores y a pena de muerte a los señores de esta provincia, y a todos los demás que se hubiesen tomado durante la guerra y se tomasen después hasta tanto que diesen la obediencia a Su Majestad, fueron esclavos y se herrasen y de ellos o de su valor se pagasen once caballos que en la conquista de ellos fueron muertos y los que de aquí en adelante matasen y más las otras cosas de armas y otras cosas necesarias para la dicha conquista.

Sobre estos indios de esta dicha ciudad de Coxcaclán (Cuzcatlán) estuve diecisiete días y nunca por entradas que mandé hacer ni mensajeros que les hice, como he dicho, los pudo atraer por la mucha espesura de montes y grandes sierras y quebradas y otras muchas fuerzas que tenían...

Atlacatl: ¿Un Nombre, un Título, un Hombre, o un Mito?

Como dice Pedro Alvarado en su carta, la familia española penetró por fin al Señorío de Cuzcatlán cuando llegó a Ateos (Atehuán), cuya población recibió amistosamente al caudillo español, las familias y los guerreros. Estando aquí Pedro Alvarado recibió emisarios del cacique de Cuzcatlán, que la tradición le ha puesto el nombre de Atlacatl, éste ofrecía su obediencia y la de sus vasallos al rey de España, o sea, ¡sin una lucha, Atlacatl, se rendía a los españoles!...


El mito del "valiente" Atlacatl, que irresponsablemente ha sido retratado en pinturas, esculturas, murales, cantos, poemas, aún en poses lanzando una flecha en Acaxual a Pedro de Alvarado, y al cual "lo deja cojo para toda su vida", es solamente eso: un patrioterista mito. El histórico Atlacatl, según el historiador Barberena (que algunos académicos como Jorge Lardé y Larín ponen en duda su existencia y dice sólo era una denominación) dice existió, pero era un cacique dócil, afable y carácter débil, quizás con cierto vestigio de valor pues murió en la batalla de Cuzcatlán... Honestamente, y de acuerdo a imparciales historiadores salvadoreños, para mi, el famoso Atlacatl es un símbolo que no hace daño a nadie. Si tiene Honduras a Lempira, Guatemala a Tecún-Umán, Panamá a Urraca, Chile a Caupolicán, Perú a Tupac Amarú, México a Cuathémoc, los gringos a Toro Sentado... Una moda histórica es tener un indio valiente... El Salvador, habiendo muchos y valientes, escogió al contradicho Atlacatl.. Mi padre una vez me comentó "está bien así, cuando no daña a nadie"

Don Pedro aceptó la invitación de Atlacatl y se trasladó a la capital de Cuzcatlán donde se hospedó en el mismo palacio del cacique Atlacatl, pero siendo así tan bien recibido por los cuzcatlecos, no duró mucho su hipocresía y sus verdaderas intenciones: El oro.

La Otra Cara de la Historia Leamos como narra alguien que vivió y vió los hechos: Fray Bartolomé de Las Casas, quien en su tratado de "La Destrucción de las Indias" lo cuenta refutando la versión coloriada del troglodita Alvarado:

"De infinitas obras horribles que en este reino hizo este infelice malaventurado tirano y sus hermanos, porque eran sus capitanes no menos infelices e insensibles que él con los demás que le ayudaban, fué un harto notable, que fué a la provincia de Cuzcatlán, donde agora o cerca de allí es la villa de San Salvador, que es una tierra felicísima, con toda la costa de la mar del Sur, que dura cuarenta y cincuenta leguas; y en la ciudad de Cuzcatlán, que era la cabeza de la provincia, le hicieron grandísimo recibimiento, y sobre veinte o treinta mil indios le estaban esperando cargados de gallinas y comida.


Llegado y recibido el presente, mandó que cada español tomase de aquel gran número de gentes todos los indios que quisiese para los días que allí estuviesen servirse de ellos y que tuviesen cargo de traerles lo que hubiesen menester. Cada uno tomó ciento o cincuenta, o los que le parecía que bastaban para ser muy bien servidos, y los inocentes corderos sufrieron la división y servían con todas sus fuerzas, que no faltaba sino adorarlos. Entretanto, este capitán pidió a los señores que le trajesen mucho oro, porque a aquello principalmente venían. Los indios responden que les place darles todo el oro que tienen, y ayuntan muy gran cantidad de hachas de cobre (que tienen, con que se sirven) dorado, que parece oro, porque tiene alguno. Mándales poner el toque, y desque vido que era cobre dijo a los españoles: "Dad al diablo tal tierra; vámonos, pues que no hay oro, y cada uno, los indios que tiene que le sirven échenlos en cadena y mandaré herrarseles por esclavos". Hácenlo así y hiérranlos con el hierro del rey por esclavos a todos los que pudieron atar, y yo vide el hijo del señor principal de aquella ciudad herrado. Vista por los indios que se soltaron y los demás de toda la tierra tan gran maldad, comienzan a juntarse y a ponerse en armas. Los españoles hacen en ellos grandes estragos y matanzas y tórnanse a Guatemala."

La ambición de esta familia "civilizada" por el oro (que ni existía, ni existe en Cuzcatlán) costó la vida a millares de cuzcatlecos, esta misma madre ambición se transmitió en los genes de las generaciones futuras en las familias "criollas" y se convirtió en oligarquía... trágicamernte para la mayoría de salvadoreños.

Pero la familia Alvarado no logró conquistar de facto la tierra cuzcatleca. Muchos pipiles murieron en ese primer asalto, incluyendo nuestro legendario Atlacatl o "Señor de Cuzcatlán"; pero también, muchos pipiles huyeron a los "montes y sierras cercanas". Lo que se llegó a nombrar siglos después como "Lomas de Candelaria" y las faldas del Volcán de San Salvador fueron refugio para miles de cuzcatlecos, entre ellos muchos guerreros que esporádicamente bajaban a Cuzcatlán y atacaban a los invasores extranjeros... a estos valientes antepasados nuestros, hoy día, los españoles, los gringos, y los judíos llamarían "terroristas", la cual es la palabra justificativa del criminal agresor ocupante del siglo xxi... La familia Alvarado intentó tretas y subterfugios por hacerlos regresar y someterse, pero sin éxito, aún envió mensajeros que no regresaron, o sea intentando lo que gringos tratan hoy en Irak.

Para agravar la situación, un riguroso invierno obligó a los conquistadores, después de permanecer en Cuzcatlán por 17 días, a regresar a Ixinché, en Guatemala.

Una segunda campaña para conquistar Cuzcatlán se hizo necesaria y se inició a finales de 1524, capitaneada por Diego de Alvarado, segundo en línea de dicha familia. Esta vez los españoles tuvieron más éxito, pero aún no completa victoria; ésto se deduce por el hecho que Diego de Alvarado fundó en Diciembre de 1524 la "Villa de San Salvador" en el valle de Las Bermudas, cerca de Suchitoto y no tan cerca de Cuzcatlán; era un sitio solitario, extremadamente húmedo y lluvioso. No hay muchos datos históricos sobre esta segunda expedición de Diego de Alvarado, pero se acepta como hecho que la conquista de Cuzcatlán no fue completada en esta segunda expedición.

El Adelantado Pedro de Alvarado fue procesado en las cortes españolas por las masacres que desató en Cuzcatlán; él se defendió con el pretexto de los mensajeros muertos y fue exonerado de los cargos en 1529. Gracias a este proceso se saben sus correrías que tantas vidas cuzcatlecas acarrearon. Doce años después, en 1541, el caudillo de la familia Alvarado falleció en el estado de Jalisco, cerca de Guadalajara, huyendo de guerreros indios que lo acosaban. Iba adelante su escribano Baltasar Montoya que halaba su caballo en una empinada, y, debido a lo rocoso de la subida, su agotado caballo resbaló y se lo llevó consigo cuesta abajo.

A raíz de estas heridas, Pedro de Alvarado falleció el 29 de Junio de 1541.

 




CUEVA REBELDE ITZCUINTLI
itzcuintli@yahoogroups.com
http://members.tripod.com/~itzcuintli/index.html

 

 

Gentileza:: Juanita Velez Taboada
VelezTaboada_Juanita@latinmail.com

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