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ARGENTINA
LIBROS Y REVISTAS
“AL CORRER DE LOS AÑOS”, ENSAYOS DE ARTHUR MILLER
Los ecos de un humanista
La flamante publicación arroja luz sobre la amplia producción ensayística del dramaturgo estadounidense, que se afirma como librepensador y enemigo de los dogmas, en todas sus variantes. Arthur Miller despliega en “Al correr de los años...” su notable lucidez intelectual.
Nunca sacrificó su dignidad, ni siquiera cuando la histeria colectiva conjeturaba que la sociedad estadounidense de los años ‘50 se había convertido en un nido de rojos subversivos, que era necesario extirpar para recuperar la salud y la higiene de la nación. “Quiero que entienda que yo no estoy protegiendo a los comunistas ni al PC. Lo que estoy tratando de preservar –y seguiré haciéndolo– es mi idea, mi opinión de mí mismo. Lo único que puedo decirle, señor, es que mi conciencia no me permite dar el nombre de otras personas y causarles un problema. De modo que le pido que no me pregunte sobre eso”: el dramaturgo Arthur Miller pronunció sin vacilar estas palabras en 1956, cuando fue citado a declarar en Washington ante el Comité Parlamentario sobre Actividades Antinorteamericanas, que emprendió una caza de brujas impulsada por el senador Joe McCarthy. Esta ejemplar actitud –negarse a delatar, cuando muchos vomitaban apellidos– invistió al autor de Muerte de un viajante (1949) de una autoridad moral que le permitió erigirse en una voz autorizada para exhumar –sin limar las asperezas que presentan las verdades inconvenientes– el naufragio del “sueño americano” y de los ideales de libertad y felicidad.
Ganador del premio Príncipe de Asturias de las Letras 2002, el dramaturgo estadounidense vivo más importante del siglo pasado, autor de Todos eran mis hijos (1947), Panorama desde el puente, Recuerdo de los lunes (ambas de 1955), Después de la caída (1964), El precio (1968) y de las novelas En el punto de mira y Una chica cualquiera, acaba de publicar Al correr de los años (Tusquets), que reúne 44 ensayos y reportajes escritos entre 1944 y 2001, prologados por Steven Centola y traducidos por Jordi Fibla. La aparición de este libro arroja un poco de luz sobre la amplia producción ensayística de Miller, una faceta poco conocida, tal vez desplazada arbitrariamente a un segundo plano por la coherencia extraordinaria de sus piezas teatrales. Perspicaz observador de la fragilidad del mundo moderno, el escritor consigue captar dramáticamente -en muchos de estos textos subyace una teatralidad latente, como en el autobiográfico “Una infancia en Brooklyn” –una atmósfera esquizofrénica– que se inicia con la Gran Depresión (con el cierre del Banco de Estados Unidos y “la hilera de trabajadores que tenían los hombros encorvados y traslucían humillación y perplejidad”), que estalla con el nazismo y el macarthismo (haciendo escalas en Vietnam, el caso Watergate, la caída del Muro de Berlín, el escándalo Lewinsky) y concluye con el polémico triunfo electoral del actual presidente George Bush Jr.
El título original de esta compilación, Echoes down the corridor (literalmente “Ecos a lo largo del corredor”), procede de Las brujas de Salem, pieza que Miller escribió en 1952 y estrenó un año después, basada en los procesos de brujería desatados en 1692 en la aldea puritana de Salem, Massachusetts, por los que veinte de sus pobladores fueron ahorcados, acusados de tener tratos con el Demonio. Alegato contra la manipulación de la conciencia por medio del terror, el dramaturgo engarzó las circunstancias pasadas con el presente frenético de persecuciones en el que concibió la obra: en pleno apogeo de la búsqueda de “subversivos”, los episodios de Salem funcionaban como un espejo que reflejaba el horror y radiografiaba los mecanismos aletargados, que nuevamente afloraban como plaga de hongos alucinógenos en el contexto social de la segunda posguerra. Miller (que cumple 88 años el próximo 17 de octubre), perseguido y denunciado como comunista por el macarthismo, confiesa que nunca pudo superar la sensación de irrealidad que le producía la paranoia de una sociedad que, cuanto más se espiaba a sí misma, más se resquebrajaba. “Vivíamos en una forma de arte, una metáfora que ya no tenía historia pero que, por increíble que parezca, de repente se apoderódel país. En cierto sentido, Las brujas de Salem fue un intento de devolver la realidad a la vida, una realidad palpable y estructurada, una obra de arte creada a fin de interpretar una obra anterior que se llamaba realidad pero no lo era”.
Miller se dedica a desnudar las contradicciones de los mitos culturales estadounidenses, como en “¿En que cree América?”, intento del escritor por desmontar las motivaciones de un soldado estadounidense que luchó en la Segunda Guerra Mundial. Además, revisa los desastres políticos estadounidenses, desde los diálogos de Richard Nixon (como un drama del antihéroe) hasta la victoria de Bush, en “Sobre la política y el teatro”, donde analiza a los políticos estadounidenses como actores que apelan al método Stanislavski para “adoptar unas personalidades que no son realmente las suyas”, con la intención de “conectar con el ciudadano de a pie”.
Si la función del escritor es “recordar, ser un rememorador”, según sostiene Miller, los ensayos de Al correr de los años son ecos que proyectan sus ondas sonoras hacia las generaciones futuras. Por eso, las reverberaciones que oye el lector adquieren el carácter de una advertencia, enunciada sin estridencia, apenas con el tono del que medita en voz alta. Su prosa escapa a la suavidad del que intenta producir conformismo. Sin subterfugios, lanza sus punzantes comentarios sobre cuestiones sociales (“Una humilde propuesta para apaciguar la irritación de la ciudadanía”) y estremece las conciencias políticamente correctas con abundante ironía cuando el tema lo requiere, pero también, atento a las modulaciones, cambia el enfoque mordaz por un registro serio, por ejemplo, en “Los hastiados y los violentos”, una reflexión sobre los delitos juveniles. “El arte ha sido siempre la venganza del espíritu humano contra la gente estrecha de miras”, escribe en el último ensayo. “Por muy estúpido o moralmente delictivo que sea un artista, cuando su obra llega al meollo de la verdad, no puede disimular, no puede fingir”.
Silvina Friera. Página 12. 18 de agosto de 2003
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ARGENTINA. Spregelburd y la metáfora argentina
Por "La estupidez" ganó el premio Tirso de Molina, en España. Ambientada en Las Vegas, habla sobre la fragilidad de la inteligencia. Mañana, en el Rojas, presentará el primero de diez capítulos de su "telenovela teatral".
Rafael Spregelburd parece escribir obras que podrían definirse de "monumentos" o que podrían considerarse"objetos de colección". Esta semana se conocen dos de sus nuevas piezas: "La estupidez", por la que ganó el premio Tirso de Molina y "Bizarra", una obra en diez episodios, que en formato de "telenovela" se presentará un capítulo por semana.
"La estupidez" es una suerte de "road movie" teatral ambientada en Las Vegas, Estados Unidos, en la que cinco actores, cuentan cinco historias que se entrelazan y hacen un total de veinticuatro personajes.
Fruto de un arduo proceso de investigación, "La estupidez", se estrenó ayer, en El portón de Sánchez y tiene tres horas veinte de duración. La pieza forma parte de la Heptalogía de Hieronymus Bosch, que comprende un grupo de siete obras sobre los pecados capitales, de las que el autor ya dio a conocer: "La inapetencia", "La extravagancia", "El pánico" y "La modestia".
"Bizarra", cuyo primer capítulo se conocerá mañana, en dos funciones: a las 19 y a las 21, en el Centro Rojas (y se repetirá de miércoles a viernes, a las 19), surge de los cuestionamientos sobre la cultura contemporánea y de la imposibiidad como tema. A lo largo de esta fábula de diez capítulos cuyo último episodio fue ambientado el 19 de diciembre del 2001, se podrán observar aspectos absurdos, ridículos y hasta grotescos de la Argentina de los últimos años. Sus protagonistas son dos hermanas Velita y Candela, una pobre y otra rica, que fueron separadas al nacer y se enteran de su parentesco casi al final de la saga.
A pesar de estar corriendo de una sala a otra, dirigir y prepararse para a actuar los sábados y domingos en "La estupidez", Spregelburd conserva la calma y el pensamiento frío para poder explicar los por qué de cada uno de sus trabajos.
UN EXTRAÑO FENOMENO. "Bizarra" surgió como un producto de la crisis, de la imposiblidad para llevar adelante cualquier proyecto. Cuando en diciembre del 2001 muchos de mis amigos y de los actores con los que trabajo habitualmente no sabían qué hacer, me dije que a la realidad, había que tratarla con la distancia suficiente como para que generara un choque en el espectador. O al contrario parodiarla, como lo hago en "Bizarra", explica Spregelburd.
""Por eso con el mismo grupo que habíamos hecho "Fractal" nos preguntamos por qué no poner en marcha un "proyecto imposible", hacer una obra en episodios, como si fuese una "telenovela". Una saga referida al pensamiento político. Los argentinos tendemos a leer la realidad como si fuera un folletín romántico por "entregas", en lugar de hacerlo como una historia que habla de la lucha de clases. Lo curioso es que en las telenovelas siempre aparecen ricos y pobres, pero nunca hablan del problema de las clases. Lo concreto es que nuestro trabajo interesó al director del Rojas, Fabián Lebenglik y decidió producirla. A esta propuesta se sumó la Fundación Antorchas"".
-Con "La estupidez" ganó el premio Tirso de Molina y ha dicho que es una de sus obras más ambiciosas, ¿por qué?
-Me llevó tres años su escritura. Está actuada a una velocidad inusitada, tiene un lenguaje casi cinematográfico. Debido a su duración, en los ensayos cuando hacíamos una escena nueva, nos olvidábamos de las anteriores. Ganó ese premio y los españoles se preguntan quién soy yo. Fue muy alentador porque comenzó como un texto comisionado en el 2000 por el Deutsches Schauspielhaus de Hamburgo. Fue seleccionada para su traducción por el Festival de Londres. Se montará el año que viene en el Theaterhaus de Stuttgart y es coproducida entre nuestro grupo El patrón Vázquez y el Wiener Festwochen de Viena.
NOSOTROS Y LAS VEGAS. -¿Cómo relaciona la crisis argentina con Las Vegas, que es conocida como un escenario para el entretenimiento y la diversión?
-Al principio me dije lo mismo y pensé que se iba a creer que es una crítica a los Estados Unidos sobre el tema de la guerra. Y no lo es. Las Vegas es un lugar inventado en medio del desierto, sólo porque las leyes de ese Estado permiten apostar y obtener un rédito. Es una ciudad inventada alrededor del dinero como elemento erótico. La relación entre el título y los pecados capitales, en las obras que continuo haciendo inspirado en la Heptalogía de Bosch es un poco azarosa. "La estupidez" en verdad trata el tema de "la avaricia", habla del intento de conservar el dinero.
-¿Qué es "Bizarra" para usted?
-Es un megaexperimento narrativo que se completa con el merchandising que hemos elaborado de la obra: un álbum de figuritas, que el público puede ir armando y de ese modo enterarse qué sucede en los próximos capítulos, antes de que los vea. Vamos a vender remeras muy graciosas y en septiembre publicaremos un calendario erótico, al estilo de los que se ven en las gomerías.
-¿Qué efecto le interesa producir en el espectador con esta pieza?
-Trasladar al teatro el fenómeno de lo romántico, que es algo que puede verse en el cine y la televisión, pero al tratarlo en un escenario casi siempre se convierte en algo cómico o patético. Es difícil conseguir un verdadero erotismo en teatro, porque ese formato consigue transformar todo en un hecho político. El teatro sucede frente a una "polis" que es el público, los encargados de debatir el problema que se les muestra desde el escenario.
ENTRETELONES DE UN SAGA. En "Bizarra", Rafael Spregelburd cuenta la historia de dos hermanas: Velita y Candela, que fueron separadas al nacer. Una fue criada en la pobreza y la otra en la riqueza. Cuando son grandes comienzan a sospechar que pueden llegar a ser hermanas y confirman ese dato en el último capítulo de la saga. Más tarde el público se entera que la madre es la rubia del grupo Abba y proviene de una familia de dinero. Las chicas nacieron en el establo familiar y la madre fue asistida por una partera una noche en la que hay un eclipse y eso indica que una cierta maldición caerá sobre ellas. "La pieza se convierte en una broma acerca de los niños ricos que tienen tristeza y los pobres que tienen hambre", define su autor y director.
-Al ser una saga sobre la Argentina, ¿qué hechos pueden resultar curiosos para el espectador?
-La obra tiene un lenguaje romántico medio vulgarizado, grosero. Habrá una parodia a series policiales y a los juicios orales. Para poder escribir sobre ese tema asistí a los juicios de la Amia, por ejemplo. Tendrá números musicales muy grotescos y contamos con un actor sueco que vino especialmente de su país para hacer la pieza, por eso algunos textos van a ser hablados en ese idioma. Hay versiones de clásicos de Abba reelaborados por Nicolás Varchausky. Y luego una especie de montaje musical, en el que "Los pibes chorros" aparecen cantando con la banda de música de la Policía Federal. A eso se sumará que el 5 de septiembre, como música de fondo tocará en vivo la banda de bomberos voluntarios de Luján.
Juan Carlos Fontana. La Prensa. 18 de agosto de 2003
CHILE. Ibsen reaparece en el teatro chileno
Hace 41 años fue Pedro Orthous quien llevó a escena la obra Un enemigo del pueblo. Hoy está a cargo de Willy Semler.
La emancipación de Nora, la heroína de Casa de Muñecas, es parte de los cánones de la dramaturgia moderna. Su autor es Henrik Ibsen (1828-1906). Él, el creador del drama moderno y uno de los más representados de los grandes escenarios, no es un nombre común en el teatro local.
Después de 41 años vuelve a la cartelera Un enemigo del pueblo a cargo de Willy Semler y con la actuación de José Manuel Salcedo, Ana María Palma y Francisca Lewin (en la foto). Debutará el día 21 en el Cine Arte Tobalaba.
Por coincidencia uno de los primeros antecedentes del noruego en la escena nacional fue esta obra escrita en 1882. Un enemigo... cuenta la odisea de un médico que descubre la contaminación de aguas en un balneario.
En 1962, Pedro Orthous la dirigió para el Teatro Nacional. Sus protagonistas fueron Agustín Siré y Alicia Quiroga. La actriz explica que para montar un texto de esta magnitud se necesita gran rigurosidad. Desgraciadamente el estado del teatro chileno actual no permite que se monten más obras de Ibsen. Los gustos van hacia otro lado.
¿Cuál ha sido la historia de Ibsen en el teatro local? Menor en comparación a su prestigio. El crítico de teatro Pedro Labra concuerda con Quiroga. Se necesita de un elenco afiatado y de una dirección certera. Son obras muy exigentes. Agrega que en Chile un continuador de su teatro fue el fallecido dramaturgo Sergio Vodanovic.
Su actual director, Willy Semler, explica que el espíritu del texto sigue intacto. Y cada vez más vigente. Hay dos temas que son fundamentales: la corrupción y la preocupación por la ecología. Agrega que la obra ha sido presentada en España, México y Argentina como respuesta a los casos de corrupción política. Semler usó para su montaje la adaptación de Arthur Miller.
En Chile los teatros universitarios son de los pocos que pueden hablar de Ibsen. En el Teatro Nacional llevó a escena Hedda Gabler (1956) y Juan Gabriel Borkman (1991). En 1980 el Teatro de la UC hizo Casa de Muñecas.
Otros textos con más de una versión han sido Los espectros y Peer Gynt. Una adaptación destacada fue la de Franklin Caicedo en 1968. Él transformó la obra en un monólogo. No ha sido el único, Andrés Pérez, Claudio Pueller y Aldo Droguett han realizado otras aproximaciones al personaje.
FRANCISCA LEWIN, LA IDEALISTA. Francisca Lewin (22) interpretará a Petra, la hija del Doctor Stockmann. Egresada de la Universidad Católica, Enemigo del pueblo es su segundo montaje profesional. Se une a su currículo su rol en la teleserie 16.
Sobre Petra, dice. Es muy difícil dejar la ideología de lado y darle vida. Si no, en vez de un drama sería un discurso. En Ibsen cada personaje tiene la razón, por eso los conflictos son profundos. La actriz agrega que su papel corresponde al de una mujer adelantada a su época (siglo XIX). Es idealista y tiene opiniones políticas.
Andrea González. El Mercurio. 18 de agosto de 2003
COLOMBIA. Temporada de festivales en Bogotá
Teatro itinerante, acrobacias, danza y encuentros académicos acerca del teatro callejero y las técnicas circenses serán la oferta principal del Festival Internacional de Teatro Callejero Al Aire Puro, que tendrá lugar del 27 al 31 de agosto en Bogotá.
El certamen congregará un total de 34 compañías de teatro de nueve países diferentes, que se presentarán durante cinco días en diez escenarios diferentes, la mayoría parques de la ciudad acondicionados para el espectáculo. Por ejemplo, habrá cuatro espacios para la representación de obras en el Parque Nacional. También se contará con los parques de la Independencia y Renacimiento, así como el Centro Andino, como escenarios.
La sede principal de este certamen será la Carpa del Teatro Taller de Colombia. Se han confirmado obras cubanas (El propietario, Carahabanera), griegas (Doña Veliza en el Jardín), coreanas (El hombre borracho), entre otras.
Quince días después de este certamen, comenzará el II Festival de Teatro A las Salas Alas, organizado por la Asociación de Salas Concertadas, que reúne a la mayoría de centros de este tipo que funcionan en Bogotá. Este encuentro, que será del 14 al 28 de septiembre, reunirá una selección de lo mejor del repertorio de 26 salas, entre estas La Candelaria, El Tecal, La Baranda, el Teatro Libre y La Mama, entre otros.
El festival contará con varios estrenos de obras nacionales como Las impurezas del amor, un bolero, a cargo del Teatro Experimental La Mama; De sombras y sombrillas, del Teatro de Marionetas Hilos Mágicos, y Emily Dickinson, una nueva versión en danza del montaje Proyecto Emily, a cargo del grupo Rapsoda.
El Tiempo. 20 de agosto de 2003
PARAGUAY. El Centro Paraguayo de Teatro festeja los 45 años del Teatro Experimental Asunceño, pioneros del teatro independiente
El Teatro Experimental Asunceño (TEA) dirigido por Tito Jara Román cumple 45 años y los festeja con un brindis en las instalaciones del Centro Paraguayo de Teatro (Av. República 284 casi O'Leary) el sábado 23 de agosto a las 19,30hs.
El Teatro Experimental Asunceño (TEA) nace en agosto de 1958 con la puesta en escena de "Demanda contra desconocido" de Georges Neveux dirigida por Tito Jara Román. Dicho elenco se forma por iniciativa de un grupo de jóvenes que salieron de la Escuela de Artes Escénicas con la intención de romper con los esquemas tradicionales del teatro de ese momento y acercar al trabajo escénico ciertos valores esenciales ausentes en aquella época en nuestro medio.
Entre las obras producidas por TEA podemos citar: "El Zoo de Cristal" de Tennesse Williams,"Los Sobrevivientes" de Mariela Adler, "Milagro en el Mercado Viejo"de Osvaldo Dragún, "La versión de Browning" de Terence Rattigan, "Ha llegado un Inspector" de J.B.Priestley , "Tres Humoradas" de Antón Chejov, "Un tal Judas" de André Puget y Pierre Bost, "Nerón" (adaptación de Británico de Jean Racine), "El Santo y la Chancha" de Ariano Suassuna, "Espectros" de Ibsen y "El niño y la Estrella" de Josefina Plá.
Por TEA han pasado muchos de nuestros actores, entre ellos: Carlos F.Gomez, Alcira Peña, Etelvina Acosta, Julio C.Troche, Gustavo Calderini, Willy Baecker, Eduardo Rojas,Moncho Azuaga, Haydée Vera y Aragón, Ramón del Río, Mirta Maldonado, Modesta Bogarín, César Vera y Tito Chamorro entre otros.
Con TEA, nace el movimiento Teatral independiente en nuestro país al que más tarde se le unirían los grupos Teatro Popular de Vanguardia (TPV), Tiempo ovillo (1970.1973), el Teatro Estudio Libre (TEL, 1970 bajo la dirección de Rudi Torga), Aty Neé (1975 conducido por Raquel Rojas y Tony Carmona), Laboratorio (liderado por Jorge Aiguadé y Carlos Cristaldo) y el grupo Teatro Universitario (de 1979 coordinado por Nucky Walder, Antonio Pecci y Victor Bogado).
URUGUAY. La Utopía... para navegar
"...es de este modo como el destino acostumbra a comportarse con nosotros, ya está pisándonos los talones, ya extendió la mano para tocarnos en el hombro, y nosotros todavía vamos murmurando, Se acabó, no hay nada más que ver, todo es igual..."(El cuento de la isla desconocida, José Saramago)
La Isla, espectáculo recientemente estrenado en el Teatro del Notariado bajo la dirección de Ana Pañela, es la puesta en escena de El cuento de la isla desconocida del gran escritor portugués José Saramago. Este relato breve, producto de un encargo para la Expo '98 de Lisboa, se basa en un hecho histórico: la autorización que obtuvo un noble portugués, bajo el reinado de Juan II, para partir en una de las carabelas reales en busca de "la isla desconocida". Este hecho es aquí retomado como pretexto, para una parábola sobre la vida del hombre actual y su necesidad de búsquedas en un mundo que se le presenta -mediante la reproducción constante del discurso hegemónico- como incambiable. Desde el lenguaje sencillo que lo caracteriza, Saramago indaga con sensibilidad, humor e ironía en la condición del hombre, y presenta una utopía del hoy: la ruptura de lo establecido y la asunción de la vida -no la de un solo hombre sino la humana- como eterna exploración. "La vida que vivimos no tiene por qué ser la única que tenemos que vivir", ha dicho el premio Nobel, y esa es la convicción que Pañela ha rescatado en esta puesta en la que, con sutileza y sencillez, ha optado por el respeto a la palabra, al tono del texto, a la exquisitez escritural de un original que es representado aquí de forma íntegra, sin modificación alguna.
Este relato, "mixto" según la tradición clásica de la clasificación de géneros -pues incluye diégesis y mímesis- es, justamente por esta característica, susceptible de ser representado sin ser modificado. La isla no es entonces una adaptación, sino una extrapolación del relato del texto a la escena. Así, el diálogo, el discurso directo -tan peculiarmente tratado por Saramago en su escritura- es puesto por Pañela en boca de los tres actores (Jorge Esmoris, Roberto Moré, y ella misma) quienes encarnan a los personajes y, a su vez, se reparten la voz del narrador, manteniendo y articulando así la especial oscilación del texto entre el estilo directo e indirecto.
Se trata de un texto sencillo, vigoroso, pleno de sutilezas, que conforma un tejido semántico y sintáctico de fuerte unidad. Es por eso que la respetuosa elección de Pañela para su escenificación ha sido atinada.
El cuento es rico en imágenes y descripciones, y éstas funcionan como acotaciones para la puesta. En un juego escénico hábilmente orquestado, estas "acotaciones" son, simultáneamente, dichas y representadas.
El cuento de la isla desconocida puede ser disfrutado en su literalidad, como interpretado en su contenido simbólico-alegórico. De ahí que recuerde a otros cuentos que, como Los viajes de Gulliver o Alicia en el país de las maravillas, han presentado rasgos de sencillez y fantasía propios de la literatura infantil -e incluso funcionado muy bien para este público- aunque estaban destinados a ser leídos entre líneas por los adultos.
Los personajes están denominados genéricamente, y no están situados en tiempo ni espacio. Son figuras arquetípicas funcionales a la alegoría. Así, los encarnados por Esmoris ("el rey", "el capitán", "los marineros") representan el universo del statu quo, esa otra "isla" en la que el hombre se encuentra absurdamente separado de sí mismo. Los otros personajes son quienes se enfrentan a ese estado de cosas y logran gobernar, fuera de él, su propia búsqueda. Ellos son: "el hombre" (Moré), quien "en vez de pedir, como era la costumbre de todos, un título, una condecoración, o simplemente dinero, respondió. Quiero hablar con el rey", y "la mujer de la limpieza" (Pañela), quien sale por la "puerta de las decisiones" para timonear su propio destino.
Tal vez la única manera de escapar de este mundo monolítico sea entonces rompiendo con las leyes que lo rigen, parece decirnos Saramago, pues es así que este "hombre" logra lo que quiere: "un barco", algo no esperado por las leyes del reino, y que es nada menos que la libertad de "salir de la isla para ver la isla", esa posibilidad que en este mundo uniformizado no tiene lugar.
El diseño escenográfico es austero pero eficaz. Tres velas móviles representan los diferentes estadios del barco-vida, y un espacio investido como centro constituye las diferentes "islas". Aparece rodeado de papeles y de tiempo, en definitiva, de la producción humana. La resolución de las imágenes mediante puntuales objetos, y un vestuario adecuado, completan el cuadro que, dinamizado por la iluminación certera de Blanchet, sintetiza el tono de esta fina lectura. Las únicas intervenciones sonoras -además de la palabra- son un acordeón ejecutado por Esmoris -que agrega un aire de cuento popular al clima onírico y fantástico- y, hacia el final, una canción de Caetano Veloso y Pericles Cavalcarti no pudo ser mejor seleccionada.
En el plano actoral, se destaca Jorge Esmoris demostrando ductilidad y aportando gracia a todos sus personajes. Pañela da con el equilibrio entre potencia y recato de esa valiente "mujer de la limpieza", y algo por debajo del nivel se queda Roberto Moré, aunque encuentra también por momentos esa "tranquila firmeza" de su personaje.
El final es abierto, y lo importante es la búsqueda que propone, a partir de la pareja como inicio de un mundo diferente que, para Saramago, parece aún ser posible.
En un momento en el que todo parece estar llegando a su fin, y en el que han fracasado los "grandes relatos" a los que se refería Lyotard, un pequeño relato abierto, que mueva como éste a la reflexión, es más que oportuno.
Lucía Masci. Caras y Caretas. 15 de agosto de 2003
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