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ARGENTINA.
La actividad teatral, con ojos de mujer
Terminó el encuentro Magdalena Project.
El área argentina de la rama latinoamericana del Magdalena Project realizó en el Centro Cultural General San Martín un encuentro de mujeres de teatro denominado "Mujeres en escena, vínculo y comunidad". Durante diez días -entre el 25 de septiembre y ayer- creadoras de Iberoamérica y Europa se reunieron e intercambiaron experiencias en foros de producción y talleres y presentaron sus espectáculos.
Con la dirección de la productora Graciela Rodríguez y la coreógrafa Silvia Pritz, el encuentro contó con la presencia de una de las creadoras más importantes del teatro latinoamericano: la colombiana Patricia Ariza, fundadora con Santiago García y Carlos José Reyes, entre otros, de la emblemática compañía La Candelaria, de Bogotá, uno de los máximos centros de producción dramática del continente, que se mantiene en actividad desde la década del 60.
La actriz, directora y dramaturga Patricia Ariza es una de las fundadoras del Magdalena Project y dirige también la Corporación Colombiana de Teatro, que tiene un proyecto alternativo cultural que incluye el teatro de mujeres. En lo específico ella realiza trabajos junto a jóvenes "raperas" y mujeres mayores cuya actividad es la venta callejera.
"El Magdalena -dice la artista- es un movimiento interesante en tanto no trabaje solamente en el terreno artístico; tiene que servir como puente entre el nuevo teatro y el movimiento de mujeres. Las teatristas colombianas tenemos una relación muy fuerte con el movimiento social de mujeres, son parte del quehacer alternativo que está pensando propuestas filosóficas, estéticas y culturales para el mundo."
En ese sentido, Ariza considera que hoy el debate fundamental es "un mundo solidario o un mundo autoritario. Hay que restituir el mundo solidario -explica- desde unos preceptos más femeninos. Hay que recuperar lo femenino de los hombres y también lo femenino de las mujeres. Cuidar la vida, la tierra, el destino de la humanidad. Esa es una reflexión que hay que hacer, porque no se puede estar en la Tierra sin pensar en el destino de la humanidad, que está en peligro".
Los temas y las propuestas que desarrollan las mujeres en los distintos países del continente sin dudas tienen algo en común -"en nuestros países vivimos en una situación tan precaria en lo político y en lo económico que eso se nota en los cuerpos y en la escena en general", sostiene Ariza-, pero en Colombia el tema de la violencia es moneda corriente. "Los hombres colombianos están más en el contenido filosófico e individual, pero las mujeres estamos muy preocupadas por el cuerpo. Allí hay un cuerpo agredido por la religión, por la violencia. En Colombia los muertos son hombres y las mujeres son víctimas sobrevivientes que además cargan con sus familias. Las agresiones se suman: la religión obliga a toda una actitud corporal, mantener las piernas bien cerradas, por ejemplo, y la violencia te lleva al abandono. La danza nos está ayudando mucho a recuperar los cuerpos, pero la danza sola no es suficiente y en Magdalena estamos pensando en organizar, dentro de nuestros encuentros y festivales, seminarios teóricos, porque es necesario hablar temas como "mujer y estética"."
MUESTRA. Entre los espectáculos que se presentaron en la sala Ernesto Bianco del Centro Cultural General San Martín se destacaron "Summa summarum" de la compañía Teatret OM, de Dinamarca, dirigida por el italiano Leris Colombaioni y "Umbral" de la argentina, residente en Suiza, Cristina Castrillo.
El primero resultó una muy gratificante muestra de clown donde tres actrices -Ana Woolf, Sandra Pasini y Annemarie Waagepetersen- expusieron con destacados logros sus capacidades para recrear los más diversos gags que hacen a las expresiones clownescas. Poesía, frescura, entretenimiento -condimentos esenciales- y una muy buena perfomrance de las intérpretes consolidaron una propuesta de calidad.
En "Umbral", la destacada actriz cordobesa Cristina Castrillo, jugó con su memoria; la personal y la otra, la que hace a la actriz, la que le posibilita enfrentarse a la memoria de los otros -los espectadores- y armar fantasías, potenciar deseos, provocar reflexiones.
Su historia estuvo sobre el escenario. Los recuerdos fluyeron muy tranquilamente. El punto de partida fue el emblemático grupo cordobés LTL (Libre teatro libre), que a partir de la década del 70 le posibilitó una proyección internacional y a la vez ir cargando su memoria de experiencias individuales y artísticas. Ahora muchas de esas experiencias son ofrecidas al espectador - en un claro ritual- a través de pequeñas señales y ellas fueron tan contundentes que terminaron promoviendo una fuerte conmoción en la platea.
Carlos Pacheco.
La Nación. 6 de octubre de 2003
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