¿Que clase de ser humano soy?
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¿Que clase de ser humano soy? 

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Escritos de J.Krishnamurti
 

Al finalizar  cada una de sus disertaciones o conferencias, J. Krishnamurti respondía a preguntas que le realizaba el  público presente en el auditorio. En archivo adjunto se envían tres de ellas: las número  19, 20 y 21. Al final de cada pregunta se indica el título del libro de donde se tomaron, y la fecha y el lugar donde se realizó la disertación o conferencia dictada por J. Krishnamurti.
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 Durante años, Krishnamurti anotó  de cuando en cuando las conversaciones que recordaba, relacionándolas con la naturaleza circundante Nada fue imaginado o inventado, no hizo más que consignar simple y fielmente lo sucedido.  De este libro de notas se extrajo el material para editar  comentarios sobre el vivir” -   De este libro se adjuntan los comentarios n° 19, 20 y 21

El hecho central de toda la enseñanza de Krishnamurti es que el problema esencialmente humano de cada individuo puede ser resuelto de una sola manera:  para y por él mismo,. Haciéndolo así surge las posibilidad de un profundo descubrimiento y de una fundamental transformación individual, y por lo tanto, colectiva.       

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18 - LO CONOCIDO Y LO DESCONOCIDO

Las largas sombras del atardecer se extendían sobre las aguas tranquilas, y el río entraba en calma después del día. Los peces saltaban fuera del agua, y las pesadas aves llegaban para dormir entre los grandes arboles. No había una nube en el cielo, que era azul plateado

Un barco lleno de gente navegaba río abajo; cantaban y batían palmas,. y una vaca mugía a la distancia. Se sentía el olor del atardecer. Una guirnalda de caléndula se movía con el agua, que cabrilleaba con el sol poniente. Que hermoso y viviente era todo: el río, las aves, los árboles y os aldeanos.

Estábamos sentados debajo de un árbol, mirando el río. Cerca del árbol había un pequeño templo, y unas pocas vacas flacas merodeaban a su alrededor. El templo estaba limpio y bien barrido, y los almácigos de flores regados y cuidados. Un hombre cubría sus rituales vespertinos, y su voz era paciente y pesarosa. Bajo los últimos rayos del sol, el agua tomaba el color de las flores recién abiertas.

Alguien se unió a nosotros y empezó a hablar de sus experiencias. Dijo que había consagrado muchos años de su vida a la búsqueda de Dios, que había practicado muchas austeridades y había renunciado a muchas cosas que le eran caras. Incluso había ayudado considerable- mente en la obra social, en la construcción de una escuela, etc.

Estaba interesado en muchas cosas, pero el interés que lo consumía era el descubrimiento de Dios; y ahora después de muchos años, estaba oyendo Su voz, y ella lo guiaba en las cosas pequeñas tanto como en las grandes. No tenía voluntad propia, pero seguía la interna voz de Dios. Ella jamás le fallaba, aunque a menudo él corrompía su claridad; su ruego era siempre por la purificación del vaso, para que fuera digno de recibir. 
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¿Puede ser hallado por vosotros o por mí aquello que es inconmen-surable? ¿:Puede aquello que no es del tiempo ser descubierto por esa cosa que es hechura del tiempo? ¿Puede una disciplina diligentemente practicada conducirnos a lo desconocido? ¿Hay un medio para alcanzar aquello que no tiene principio ni fin? ¿Puede esa realidad ser atrapada en la red de nuestros deseos?

Lo que podemos captar es la proyección de lo conocido; pero lo desconocido no puede ser captado por lo conocido. Aquello que se nombra no es lo innombrable, y al nombrar sólo despertamos las respuestas condicionadas. Estas respuestas, por muy nobles y satisfactorias que sean, no son reales. Respondemos a estímulos, pero la realidad no ofrece ningún estimulo, ella es. 

La mente se mueve de lo conocido a lo conocido, y no puede alcanzar lo desconocido. No podéis pensar en algo que no conocéis; es imposible. Lo que pensáis sale de lo conocido, del pasado, ya sea del pasado remoto, o del segundo que acaba de pasar. Este pasado es pensado, conformado y condicionado por muchas influencias, modificándose de acuerdo con las circunstancias y urgencias, pero sigue siendo siempre un proceso del tiempo.

El pensamiento sólo puede negar o afirmar, no puede descubrir o investigar lo nuevo. El pensamiento no puede encontrar lo nuevo; pero cuando el pensamiento está en silencio, entonces puede ser lo nuevo - que inmediatamente es transformado por el pensamiento en lo viejo, en lo experimentado. El pensamiento no puede penetrar en lo desconocido, y por lo tanto jamás puede descubrir o vivenciar la realidad.

Disciplinas, renunciaciones, desapegos, ritos, la práctica de la vir- tud - todo esto, por noble que sea, - es el proceso del pensamiento; y el pensamiento únicamente puede actuar hacia un fin, hacia una realización, que siempre es lo conocido. La realización es seguridad, la autoprotectora certeza de lo conocido.

Buscar seguridad en lo que es innombrable es negarlo. La seguridad que podemos encontrar está sólo en la proyección del pasado, de lo conocido. Por esta razón la mente debe estar entera y profundamen-te silenciosa; pero este silencio no puede conseguirse por medio del sacrificio, la sublimación o la supresión.

Este silencio llega cuando la mente ha dejado de buscar, cuando no está más enredada en el proceso de devenir. Este silencio no es acumulativo, no puede ser obtenido mediante práctica alguna. Este silencio debe ser tan desconocido para la mente como lo atemporal; porque si la mente experimenta el silencio, entonces está ahí el experimentador que es el resultado de pasadas experiencias, que es conocedor de un pasado silencioso, y lo que es experimentado por el experimentador es simplemente una repetición autoproyectada. La mente no puede nunca experimentar lo nuevo, y por eso la mente debe permanecer absolutamente silenciosa.

La mente puede estar silenciosa sólo cuando no está experimentan- do, es decir, cuando no está definiendo o nombrando, registrando o acumulando en la memoria. Este nombrar y registrar es un proceso constante de las diferentes capas de la conciencia, no meramente de la mente superficial, pero cuando la mente superficial está quieta, la mente más profunda puede presentar sus intimaciones. Cuando la totalidad de la mente está silenciosa y tranquila, libre de todo devenir, lo cual es espontaneidad, únicamente entonces surge lo inconmensurable. 

El deseo de conservar esta libertad da continuidad a la memoria del que deviene, lo cual es un obstáculo para la realidad. La realidad no tiene continuidad; de instante en instante, siempre nueva, siempre fresca.
Lo que tiene continuidad jamás puede ser creativo.

La mente superficial es sólo un instrumento de comunicación, no puede medir lo que es inconmensurable. la realidad no es cosa de la que se puede hablar; y cuando se la expresa, no es ya la realidad. 



19 - LA BUSQUEDA DE LA VERDAD

Había venido desde muy lejos, recorriendo varios miles de kilómetros por vapor y avión. Hablaba sólo su propio idioma, y con la mayor dificultad se estaba adaptando a este nuevo y perturbador ambiente. No estaba en absoluto acostumbrado a este género de alimento ni a este clima; habiendo nacido y crecido en una zona muy alta, sufría las consecuencias del calor húmedo.

Era un hombre muy instruído, un cientista destacado, y había escrito algunas obras. Parecía estar muy familiarizado con ambas filosofías, la oriental y la occidental, y había sido un católico militante. Dijo que había estado disconforme con todo esto durante mucho tiempo, pero que continuaba con ello a causa de su familia. Su matrimonio podía considerarse feliz, y amaba a sus dos hijos. Ellos estaban ahora en un colegio de ese lejano país, y tenían un brillante porvenir. Pero esta disconformidad con respecto a su vida y acción había ido constantemente en aumento en el transcurso de los años, y pocos meses antes hizo crisis

Había dejado a su familia, previos los arreglos necesarios para el sostén de su esposa e hijos, y ahora estaba aquí. Tenía el dinero suficiente para vivir, y había venido para hallar a Dios. Dijo que de ninguna manera era un desequilibrado, y que era claro en su propósito. 
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El equilibrio no es algo que pueda ser juzgado por los frustrados o por los que han triunfado. Los triunfadores pueden ser los desequilibra- dos; y los frustrados llegan a ser amargados y cínicos, o encuentran un escape a través de alguna ilusión autoproyectada.

El equilibro no está en manos de los analistas; ajustarse a una norma no indican necesariamente equilibrio. La norma misma puede ser el producto de una cultura desequilibrada. Una sociedad adquisitiva, con sus patrones y normas, es desequilibrada sea ella de izquierda o de derecha, tanto si su adquisitividad beneficia al Estado o a sus ciudadanos.

El equilibrio es no-adquisitividad. La idea de equilibrio y desequilibrio está todavía dentro del campo del pensamiento y por lo tanto no puede ser el juez. El pensamiento mismo, la respuesta condicionada, con sus criterios y juicios, no es verdadero. La verdad no es una idea, una conclusión.

¿Podéis encontrar a Dios si vais en su busca?. ¿Podéis buscar lo incognoscible?. Para encontrar debéis conocer lo que estáis buscando. Si buscáis para encontrar, lo que encontréis será una autoproyección; será lo que vosotros deseáis, y la creación del deseo no es la verdad

Buscar la verdad es negarla. La verdad no tiene morada fija; no hay sendero, no hay guía para ella, y la palabra no es la verdad. ¿Podrá hallarse la verdad en un particular sitio, en un clima especial, entre determinadas personas?. ¿Está aquí y no allí?. ¿Es ése el guía de la verdad, y no algún otro? ¿Puede siquiera haber un guía?. Cuando se busca la verdad, lo que se halla sólo puede provenir de la ignorancia, puesto que la misma búsqueda nace de la ignorancia. No podéis buscar la realidad; debéis cesar de buscar para que la realidad sea.

:"Pero ¿no puedo yo hallar lo innombrable?. He llegado a este país porque aquí hay mayor sensibilidad para esa búsqueda. Físicamente uno puede sentirse aquí mas libre, no necesita tener muchas cosas; las posesiones no lo agobian a uno aquí tanto como en otras partes. Es por ese agobio que uno se recluye a veces en un monasterio. Pero en esa reclusión, hay escape psicológico, y como yo no deseo encerrarme en un aislamiento regimentado, estoy aquí viviendo mi vida en procura de lo innombrable. ¿Seré capaz de hallarlo?"

¿Es éste un asunto de capacidad? ¿No implica la capacidad el seguimiento de un particular curso de acción, de un sendero predeterminado, con todos los necesarios ajustes?. Cuando Ud. hace esta pregunta. ¿ No está preguntando si usted, un individuo común, tiene los medios para lograr lo que desea? 

Seguramente, su pregunta implica que sólo el que es excepcional puede hallar la verdad, y no el hombre común. ¿Está la verdad reservada tan sólo a los pocos, a los que son excepcionalmente inteligentes?. ¿Por qué preguntamos si somos capaces de hallarla? Tenemos el modelo, el ejemplo del hombre que se supone ha descubierto la verdad; y estando el modelo muy por encima de nosotros, nos crea incertidumbre. El modelo adquiere así gran significación, y hay competición entre el modelo y nosotros; también deseamos ser los vencedores.

¿Acaso esta pregunta ¿"Tengo yo la capacidad?" no surge de nuestra consciente o inconsciente comparación de lo que uno es con lo que se supone es el modelo?

¿:Por qué comparamos con el ideal?. ¿Y trae comprensión las comparación?. ¿Es el ideal diferente de nosotros?. ¿No es una autoproyección. una cosa de fabricación casera, y no impide eso por consiguiente que nos comprendamos a nosotros mismos tal como somos?. ¿No es la comparación una evasión de la comprensión de nosotros mismos?.

Hay tantas maneras de escapar de nosotros mismos, y la comparación es un a de ellas. Sin comprenderse uno mismo, la búsqueda de la llamada realidad es por cierto un a evasión de sí mismo. Sin conocimiento propio, el dios que buscáis es el dios de la ilusión; y la ilusión inevitablemente trae conflicto y sufrimiento .

Sin conocimiento propio, no puede haber recto pensar; y entonces todo conocimiento es ignorancia que sólo conduce a la confusión y a la destrucción. El conocimiento propio no es un fin último, es lo único que conduce a lo inagotable.

¿No es el conocimiento propio extremadamente difícil de alcanzar y no tomará eso demasiado tiempo?"

La misma idea de que el conocimiento propio es difícil de alcanzar, es un obstáculo para el conocimiento propio. Si puedo sugerirlo, no suponga que será difícil o que tomará tiempo, no prejuzgue lo que es y lo que no es. Empiece. El conocimiento propio debe ser descubierto en la acción de la convivencia; y toda acción es convivencia.

El conocimiento propio no se alcanza aislándose, retirándose; la negación de la convivencia es la muerte. La muerte es la resistencia final. La resistencia, que es supresión, sustitución o sublimación, en cualquier forma es un obstáculo para la fluencia del conocimiento propio; pero la resistencia debe ser descubierta en la convivencia, en la acción.

La resistencia, tanto negativa como positiva, con sus comparaciones y justificaciones, sus condenaciones e identificaciones, es la negación de lo que es. Lo que es lo implícito; y la alerta percepción de lo implícito, sin ninguna elección es su revelación.

Esta revelación es el comienzo de la sabiduría. La sabiduría es esencial para que advenga lo desconocido, lo inagotable..



20 - LA SENSIBILIDAD

Era un jardín encantador, con soleados prados y viejos y umbrosos árboles. La casa era grande, con habitaciones espaciosas, alegres y bien proporcionadas. Los árboles brindaban refugio a muchos pájaros y ardillas, y a la fuente bajaban aves de todo tamaño, a veces águilas, pero ordinariamente cuervos, gorriones y ruidosos papagayos. La casa y el jardín estaban apartados, tanto más en cuanto se hallaban encerrados dentro de altos y blancos muros. 

El ámbito era apacible entre esos muros, pero fuera de ellos dominaba el bullicio del camino y de la aldea. El camino pasaba cerca del portón, y a poca distancia por ese camino estaba la aldea, en los aledaños de una gran ciudad. La aldea era sucia, con zanjas abiertas a lo largo de sus angosta callejuela principal. Las casas tenían techos de paja y frentes decorados; había niños jugando en la callejuela. Algunos tejedores habían extendido largos hilados de alegres colores para hacer telas, y un grupo de niños los observaba en su trabajo

Era una alegre escena, brillante, ruidosa y olorosa. Los aldeanos estaban recién bañados, y vestían muy poca ropa porque el clima era caluroso. Hacia la caída de la tarde algunos de ellos se emborrachaban y se hacían alborotadores y groseros. Era sólo un delgado muro que separaba el hermoso jardín de la aldea palpitante.
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Negar la fealdad y afirmar la belleza es ser insensible. El cultivo de lo opuesto debe siempre estrechar la mente y limitar el corazón. La virtud no es un opuesto; y si tiene un opuesto, deja de ser virtud. :Percibir la belleza de esa aldea es ser sensible al verde y florido jardín. Sólo queremos saber de la belleza, y nos apartamos de lo que no es hermoso Esta supresión simplemente engendra insensibilidad, no desarrolla el aprecio de la belleza. Lo bueno no está en el jardín, lejos de la aldea, sino en la sensibilidad que está más allá de ambos. .

Negar o identificar conduce a la estrechez, que es ser insensible. La sensibilidad no es cosa que pueda ser cuidadosamente cultivada por la mente, ésta sólo puede dividir y dominar. Existe lo bueno y lo malo; pero perseguir lo uno y evitar lo otro no conduce a esa sensibilidad que es esencial para la existencia de la realidad.

La realidad no es lo opuesto de la ilusión, de lo falso, y si tratáis de acercaros a ella como a un opuesto jamás llegará a surgir. La realidad únicamente puede ser cuando cesan los opuestos. Condenar o identificar produce el conflicto de los opuestos, y el conflicto solamente engendra ulterior conflicto.

Un hecho en sí no tiene opuesto; el opuesto surge cuando hay una actitud atractiva o defensiva. Es esta actitud la que levanta los muros de la insensibilidad y destruye la acción. Si preferimos permanecer en el jardín, hay resistencia para la aldea; y donde hay resistencia no puede haber acción, ya sea para el jardín o hacia la aldea. Puede haber actividad, pero no acción. La actividad se basa en una idea, y la acción no. Las ideas tiene opuestos, y el movimiento dentro de los opuestos es mera actividad, por más prolongada o modificada que sea, La actividad jamás podrá ser liberadora.

La actividad tiene un pasado y un futuro pero la acción no lo tiene. La acción está siempre en el presente, y es por lo tanto inmediata. La reforma es actividad, no acción, y lo que es reformado necesita nueva reforma. La reforma es inacción, una actividad nacida como opuesto. La acción es de instante en instante, y, cosas extraordinaria, no tiene contradicción inherente; pero la actividad, aunque pueda aparecer sin defecto, está llena de contradicción. La actividad de la revolución está llena de contradicciones y por eso jamás puede liberar.

El conflicto, la elección, jamás puede ser un factor de liberación. Si hay elección, hay actividad y no acción, porque la elección está basada en la idea. La mente puede hallarse a gusto en la actividad, pero no puede accionar. La acción brota de una fuente muy diferente.-
La luna apareció sobre la aldea, proyectando sombras sobre el jardín.



21 - EL INDIVIDUO Y LA SOCIEDAD

Caminábamos por una concurrida calle. Las aceras estaban repletas de gente, y el humo del escape de los automóviles y ómnibus llenaban nuestras narices. Las tiendas exhibían muchas cosas, suntuosas unas y baladíes las otras. El cielo era de color plata pálido, y el parque estaba delicioso cuando salimos del ruidoso pasaje. Nos internamos en el parque y nos sentamos.

Mi interlocutor dijo que el Estado, con su militarización y legislación, estaba absorbiendo al individuo en casi todas partes, y que el culto del Estado estaba reemplazando ahora el culto de Dios. En la mayoría de los países penetraba en la vida íntima de la gente; se le decía lo que debían leer y lo que debían pensar. El Estado espiaba a sus ciudadanos, manteniendo sobre ellos una custodia casi divina y sustituyendo así la función de la Iglesia. Era la nueva religión. El hombre estaba acostumbrado a ser el esclavo de la Iglesia, pero ahora era esclavo del estado. Antes era la iglesia, y ahora el estado quien controlaba su educación, y a ninguno de los dos le interesaba la liberación del hombre.-
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¿Cuál es la relación del individuo con la sociedad? Obviamente la sociedad existe para el individuo, y no a la inversa. La sociedad existe para la fruición del hombre, existe para dar libertad al individuo, de modo que pueda tener la oportunidad de despertar la más alta inteligencia.

Esta inteligencia no es el mero cultivo de un a técnica o del conoci- miento; ella surge en el contacto con esa creadora realidad que no es de la mente superficial. La inteligencia no es un mero resultado acumulativo, sino que es el liberarse de la realización progresiva y del éxito. La inteli-gencia jamás es estática; no puede ser copiada ni estandarizada, y de aquí que no pueda ser enseñada. La inteligencia debe ser descubierta en la libertad.

La voluntad colectiva y su acción, que es la sociedad, no brinda al individuo esta libertad; pues la sociedad, no siendo orgánica, es siempre estática. La sociedad se ha hecho y organizado para la convivencia del hombre; no tiene ningún mecanismo independiente del suyo propio. Los hombres pueden adueñarse de la sociedad, guiarla, modelarla, tiranizarla, según sus estados psicológicos, pero la sociedad no es dueña del hombre. Puede ejercer influencia sobre él, pero el hombre siempre la sobrepuja.

Hay conflicto entre el hombre y la sociedad porque el hombre está en conflicto dentro de sí mismo; y el conflicto existe entre lo que está estático y lo que es viviente. La sociedad es la expresión externa del hombre. El conflicto entre él y la sociedad es el conflicto íntimo consigo mismo. Este conflicto, interno y externo, existirá siempre hasta que se despierte su inteligencia superior.

Somos tanto entidades sociales como individuales, somos ciudadanos tanto como hombres, separándonos en el dolor y el placer. Si ha de haber paz, preciso será que comprendamos la justa relación entre el hombre y el ciudadano. Por supuesto, el Estado preferiría que fuésemos cabalmente ciudadanos; pero eso es la estupidez de los gobiernos. Nosotros mismos quisiéramos reducir el hombre al ciudadano; pues ser un ciudadanos es más fácil que ser un hombre.

Ser un buen ciudadano es funcionar eficientemente dentro del molde de una determinada sociedad. Al ciudadano se le exige eficiencia y conformidad, que lo endurecen, lo hacen cruel; y entonces es capaz de sacrificar el hombre al ciudadano. 

Un buen ciudadano no es necesariamente un buen hombre, pero un hombre bueno es de hecho un ciudadano verdadero, no identificado con una particular sociedad o país. Porque es esencialmente un hombre bueno, sus actos no serán antisociales, no estará en oposición con nadie.
Vivirá cooperando con otros hombres buenos, no buscará autoridad, pues él de ningún modo tiene autoridad; será capaz de eficiencia sin crueldad.

El ciudadano trata de sacrificar al hombre, pero el hombre que va en busca de la suprema inteligencia evitará naturalmente las estupideces del ciudadano. Por lo tanto el Estado se opondrá al hombre bueno, al hombre de inteligencia; pero un hombre tal está libre de todos los gobiernos y de todos los países.

El hombre inteligente creará una buena sociedad; pero un buen ciudadano no dará lugar a una sociedad en la que el hombre pueda ser de suprema inteligencia. El conflicto entre el ciudadano y el hombre es inevitable si predomina el ciudadano, y toda sociedad que deliberadamente menosprecia al hombre está sentenciada. Sólo cuando se comprende el proceso psicológico del hombre, hay reconciliación entre el ciudadano y el hombre.

Al Estado, a la sociedad presente, no le interesa el hombre interior, sino sólo el hombre exterior, el ciudadano. Podrá negar al hombre interior, pero éste vencerá siempre al hombre exterior, destruyendo los planes astutamente trazados para el ciudadano. El Estado sacrifica el presente por el futuro, siempre en salvaguardia de su propio futuro; considera que lo importante es el futuro, no el presente. 

Pero para el hombre inteligente, es de la mayor importancia el presente, el ahora y no el mañana. Lo que es sólo puede ser comprendido con la desaparición del mañana. La comprensión de lo que es produce transformación en el inmediato presente.

Es esta transformación que tiene suprema importancia, y no como reconciliar al ciudadano con el hombre. Cuando esta transformación tiene lugar, cesa el conflicto entre el hombre y el ciudadano.





 

 

Gentileza:: Cristina Castello [ cristinacastello@fibertel.com.ar ]

 

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