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Alquimia del canto, razón del ser humano.
PEDRO DE LA HOZ
"Es importantísimo que Cuba siga siendo un país a la cabeza", Daniel Viglietti
Cada vez que Daniel Viglietti empuña la guitarra, lo hace como si fuera un arma o el alma misma hecha cuerdas. Cada vez que dice una canción, asciende a la poesía. Junto al artista, va el hombre, indeclinable e irreductible en sus principios. Como cuando hace apenas 48 horas, con motivo de su regreso a Chile después de varios años sin estar en la patria de Víctor Jara, un periodista de Radio Cooperativa lo conminó a pronunciarse contra las medidas que el Gobierno cubano, respaldado por la inmensa mayoría de los habitantes de la Isla, adoptó para enfrentar la escalada agresiva de Washington y la fabricación de pretextos que dieran lugar a la aplicación de la doctrina imperial de las "guerras preventivas".
En la entrevista se le preguntó si un hombre como él no "iba a tomar distancia" de la Revolución cubana, después "de los fusilamientos y las detenciones a los opositores", términos al uso en la actual campaña mediática anticubana, destinada a sembrar confusiones y desorientar a la opinión pública sobre la verdadera naturaleza de los acontecimientos.
Daniel Viglietti en Cuba (1999).
"No es mi caso", declaró rotundo Viglietti. "Los comentarios sobre Cuba son absolutamente desequilibrados. Debemos compararlos con lo que se ha dicho sobre la invasión a Iraq. Allí la pena de muerte determinó sobre miles de personas, con un discurso aparentemente salvador de tiranías, inmiscuyéndose en la historia de otro país de manera brutal, terrible. (...)Yo creo que si en algún momento se hubiera aplicado la pena de muerte a los dictadores siniestros que ha padecido América Latina, habría sido un hecho de saneamiento colectivo".
"Lo que pasa dentro de una historia como la cubana —argumentó Daniel—, con un bloqueo que no es anecdótico, porque es un bloqueo que significa dificultades para la entrada de cosas importantísimas, entre ellas la medicina, es algo que deben resolverlo los cubanos, sin injerencia de nadie. Es también importantísimo que una sociedad así siga siendo un país que esté a la cabeza, con esas realizaciones en la salud, en la educación. Esto no es una opinión mía, sino de organismos internacionales."
La última vez que departí con Daniel en Cuba fue en 1999 aquí en La Habana, cuando Casa de las Américas convocó el megaconcierto Casa Viva. Recuerdo de aquella conversación, su permanente sorpresa por la manera en que "continúan dando un ejemplo de resistencia en un mundo cada vez más chato y entreguista".
El cantautor uruguayo, nacido en 1939, pionero de la Nueva Canción Latinoamericana y para quien los mejores sentimientos y pensamientos cristalizan "en la alquimia del canto", confesó entonces que "la reconstrucción de la izquierda tiene hoy mucho que ver con el renacimiento de un pensamiento cultural auténtico". Al comentarle cómo desdichadamente alguna gente pensaba que "ser de izquierdas" era un tópico nostálgico, subrayó que "los verdaderos ideales nunca se alimentan de la nostalgia, sino del porvenir".
El gran mérito de esta voz continental y uruguaya, una de las primeras en sumarse al Llamamiento a la Conciencia del Mundo que apoyó el derecho a la autodeterminación del pueblo cubano, está en la coherencia entre su sensibilidad artística y su conciencia humanista. Sobre la base de esa articulación es que considera modesta y al mismo tiempo imprescindible la contribución de los músicos al cambio social: "Modesto porque ninguna canción desarma a un ejército, ninguna canción puede expropiar la riqueza y distribuirla entre la pobreza. Pero me parece a la vez imprescindible, porque lo cultural le abre poros a la piel de lo político".
Recordatorios VICTOR JARA 'SOY UN CANTOR POPULAR' Por: CHILEVIVE (Fecha publicación:23/06/2003)
Popular no de popularidad, sino porque pertenezco a la clase trabajadora.
Trabajador de la cultura, pero en fin, trabajador.
Como todos los que crean algo, como el hombre que abre un surco y siembra una semilla, el que maneja los hilos de un telar, el que construye un rodamiento en un horno, el que fragua el hierro, el que teje un chamal o un poncho.
Como todos los que contribuyen con su imaginación y su esfuerzo a que la patria sea mejor.
El artista tiene en sus manos la responsabilidad de su talento, pero también la responsabilidad de ser vehículo de información para la gran mayoría de los jóvenes y para el pueblo que estaban, o que todavía siguen, alienado o enojado por el colonialismo cultural. Hay que ayudarlo a comprender, a dignificarse y finalmente a liberarse.
Como trabajador de la música pienso que el artista debe ser primero un revolucionario, y después, si lo que canta tiene profundidad, mucho mejor.
Pero es bueno aclarar que lo verdaderamente revolucionario está detrás de la guitarra, cuando el cantante no canta, cuando es una persona más; y revolucionario es aquel que lucha por la revolución.
Para mí luchar no significa pertenecer a un partido político, sino entender lo que es el hombre y su verdadera misión sobre la tierra, y el artista no es un ser que vive en la estratosfera, sino que su responsabilidad como creador y como recreador de la misión del hombre, lo obliga a estar metido en los problemas reales; comprenderlos, vivirlos y denunciarlos.
Denunciar todas las lacras que hacen al hombre indigno; denunciar que no está bien que los niños se mueran de hambre, que no está bien que un hombre dé su vida por un pedazo de tierra que no le pertenece.
Explicar que la injusticia debe terminar.
Si un músico, creador e intérprete, es un trabajador revolucionario, proyectará en su obra los impulsos que mueven a nuestros pueblos en las grandes transformaciones, sin paternalismo, sin elitismo, sino inmerso, fundido con su clase: la clase obrera y los campesinos.
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Cecilia Casamajor [cecilia.h@codetel.net.do]
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