Ante la teoría de los dos demonios: ¿Cuáles dos demonios? - 11/07/03 (Uruguay)
Artículos

Notas relacionadas


Educación
Cartas de Navegantes
Tecnología
Teatro
Librería

Ante la teoría de los dos demonios: ¿Cuáles dos demonios? - 11/07/03 (Uruguay)

  Imprimir  


ANTE LA TEORÍA DE LOS DOS DEMONIOS ¿CUÁLES DOS DEMONIOS? 

La "teoría de los dos demonios" es una herramienta conceptual muy utilizada para explicar el golpe de Estado. Según ella señala, la sociedad fue víctima del embate de dos fuerzas antagónicas, la guerrilla y el poder militar; y en el contexto de esa lucha el golpe de Estado fue un resultado inevitable. La explicación ha adquirido formas diferentes y tiene circulación tanto entre la academia como entre la opinión pública, se la encuentra en discursos presidenciales, reportajes a ex–guerrilleros y análisis de cientistas políticos, y también se la puede escuchar en la feria o en charlas de 

Tanta unanimidad puede resultar sospechosa, habida cuenta que sólo en muy escasas oportunidades aparecen acuerdos entre emisores tan diversos. En este artículo se tratará de esbozar una "historia de la teoría de los dos demonios" en el intento de hallar algunas explicaciones de tan sorprendente conjunción de opiniones.

Antecedentes: ¿cuáles eran las explicaciones?
La primera comprobación que surge cuando se quiere repasar el recorrido de la teoría, es la evidencia de su tardía aparición. El hecho es relevante porque muestra el carácter de construcción post-facto de la teoría, es decir que funciona más como "explicación" de la situación predominante en el momento de su formulación, que como marco descriptivo de los hechos que intenta explicar. En otras palabras, la "teoría de los dos demonios" era una explicación imposible de sostener en 1973: no la menciona Bordaberry como explicación en su discurso televisivo del 27 de junio, anunciando la disolución de las Cámaras, ni la invocan los partidos políticos que manifestaron su protesta o las organizaciones populares que plantearon la resistencia.

La razón de esa ausencia era demasiado visible para que fuera necesario ponerla en palabras. De hecho la guerrilla estaba desmantelada cuando se produjo el golpe; eso era notorio en la sociedad y reconocido por las Fuerzas Armadas. En octubre habían editado un libro de circulación restringida, "Siete meses de lucha antisubversiva", donde elaboraban un amplio informe de su actividad y destacaban su eficacia como represores: según lo afirmaban, al cabo de siete meses la "sedición" estaba desmantelada aunque todavía podía esperarse una reactivación de la "subversión". En una rápida traducción del lenguaje de la Doctrina de la Seguridad Nacional al idioma de los uruguayos corrientes, debía entenderse que el aparato armado de la guerrilla estaba derrotado aunque era posible que siguieran existiendo actividades de propaganda.

A quienes no tuvieron acceso a esa publicación no le faltaban evidencias indirectas: desde la captura de Raúl Sendic a comienzos de setiembre, habían menguado los habituales comunicados que reclamaban la captura de "sediciosos" sustituidos por los que anunciaban procesamientos de detenidos. Por otra parte, también se había divulgado un resumen del libro donde se hacía el balance de muertos y heridos de cada bando y el número de detenidos. Se parecía mucho a un punto fina

Así lo entendían también los dirigentes políticos, que inmediatamente comenzaron a hacer sus movimientos para recomponer el escenario y mejorar su posición. Esta etapa de "todos contra todos" que se prolonga hasta marzo del año 1973 resultaría incomprensible si no se toma en cuenta la desaparición de la guerrilla como un dato de la realidad: casi no hay referencias al MLN o a otras organizaciones armadas; e incluso en los discursos militares las informaciones sobre "operaciones de la lucha antisediciosa" dejaron el espacio a la denuncia de los ilícitos económicos y de la corrupción política. La evidencia alcanzaba también a la argumentación política corriente: a fines de junio de 1973 (pocos días antes del golpe de Bordaberry), el diario "Acción" que dirigía Jorge Batlle y del cual el Dr. Julio Sanguinetti era subdirector, se hizo eco de las denuncias de torturas a detenidos en el cuartel de Paysandú. Editorializando sobre el tema, se fundamentaban las críticas en el hecho de que no se justificaba el recurso a esas prácticas porque ya había terminado la lucha contra la sedición. Decía el editorial: "En este año han pasado, por otra parte, muchas cosas, y entre ellas una de las más importantes es el vuelco decisivo en la lucha antisediciosa que alejó el peligro cierto de una quiebra del aparato estatal a manos de los guerrilleros, como en más de un momento se temió. Desaparecido ese riesgo, encerrados los principales cabecillas sediciosos y eliminadas las acciones operativas, que evidentemente han desaparecido hace varios meses, era natural pensar que las Fuerzas Armadas podían actuar con más tranquilidad frente al fenómeno

Una vez ocurrido el golpe, los sectores políticos que hicieron público su rechazo (el Partido Nacional y el Frente Amplio por un lado, la Lista 15 por otro), no hicieron ninguna referencia a la existencia de un movimiento subversivo que pudiera ser utilizado como justificación de la medida. Pocas semanas después del golpe, el Dr. Sanguinetti publicó una serie de notas en el diario bonaerense "La Opinión" donde relataba el proceso que había terminado con la decisión de Bordaberry; entonces Sanguinetti se extendía en el repaso de los acontecimientos de 1972 para explicar el incremento de poder y popularidad que habían tenido los militares, pero no derivaba de allí el hecho del golpe, sino de las actitudes personales de Bordaberry, al que mostraba como más golpista que los mismos mandos militares. Por entonces Sanguinetti lo relataba así: "En el último año, decenas de veces el clima de tensión política fue mayor y más cerca se vio la posibilidad [de un golpe de Estado]. Pero ahora, la diferencia estaba en que era el propio Presidente el que quería llevar la situación a ese punto. No fue conducido por los militares, como se ha dicho en más de un lado: en ésta etapa, él mismo los ha guiado hasta allí" 2

Todavía no aparecían los rastros de los "dos demonios" ni nada similar; por el contrario, lo que había eran decisiones políticas asumidas por dirigentes políticos que arrastraban a los militares. En la Declaración de la Lista 15 contra el golpe de Estado se invocaba el papel que estaban jugando las Fuerzas Armadas, haciendo una referencia muy sugestiva a la situación de los militares argentinos (recuérdese que a fines de mayo había asumido Cámpora, y las acciones castrenses cotizaban particularmente bajas en el mercado político argentino); el 30 de junio anunciaba la Lista 15 a los militares: "…llegará el momento en que no puedan exhibir públicamente su uniforme, como les pasa hoy a sus colegas argentinos"

Ni en la derecha del espectro político, ni mucho menos en la izquierda, se hacía ninguna explicación del golpe de Estado como el resultado de un choque entre fuerzas antagónicas, sino más bien como la acción decidida de un Presidente golpista que no encontró ninguna oposición dispuesta a hacerle frente. Según lo había resumido Sanguinetti en 1973, la tendencia que impulsaba el golpe de Estado "…no tenía, en el ámbito político, la respuesta de una mayor unidad entre los partidos, por lo menos los dos tradicionales, sin diferencias insalvables entre sí. Llegaron hasta el final separados y divididos, con enfoques estratégicos y tácticos distintos, con mucho de personalismo en sus líderes. […] Y así se cerró el Palacio de las Leyes, otrora un símbolo, sin que muchas lágrimas rodaran" 3 

La aparición de los demonios La "teoría de los dos demonios" aparece en los discursos militares, donde resulta un corolario bastante natural de la "Doctrina de la Seguridad Nacional". Ésta plantea la existencia de una guerra permanente que se desarrolla en el seno de la sociedad, que enfrenta por un lado a las fuerzas de la "antipatria" impulsadas por el marxismo internacional, y por otro a las Fuerzas Armadas, encarnación del "ser nacional". En esta concepción la guerra es infinita y permanente; nunca puede terminar porque se desarrolla a escala global (es "la tercera guerra mundial" a la que muchos "no reconocen como tal porque se desarrolla con tácticas diferentes a las de las dos anteriores") y en ella la derrota del marxismo doméstico es un resultado feliz pero nunca una situación estable. Hay que aceptar que los enemigos internos "permanecen agazapados" esperando "arteramente" la oportunidad de contraatacar. 

Las publicaciones de la Junta de Comandantes en Jefe (especialmente "La subversión. Las Fuerzas Armadas al Pueblo Oriental" y "Testimonio de una nación agredida") se establecía explícitamente la vinculación entre la guerrilla, la acción de los partidos políticos y el golpe de Estado. Según la explicación que allí se presentaba, el golpe era el resultado de la debilidad, la complicidad o la corrupción de los dirigentes políticos que habían preparado el terreno para que fuera posible el brote sedicioso. Según este esquema, la diferencia entre la guerrilla y los partidos políticos era solamente de grado y no de esencia; la derrota de la "sedición" era irrelevante porque no era permanente, y las Fuerzas Armadas debían permanecer alertas para proteger al "pueblo oriental" de las agresiones del marxismo. En el discurso se consideraba como evidente que las Fuerzas Armadas habían iniciado su incursión en la política "llamadas" por el poder político y tenían el apoyo y la comprensión del "pueblo", que ahora desengañado de sus "falsos líderes" podía dedicarse a "construir en paz". 

Surgida después de la destitución de Bordaberry (y cuando la ruptura de los militares con la clase política era total), la explicación resultaba inaceptable para el sector de las dirigencias políticas de los partidos tradicionales que podían actuar más o menos públicamente: el esquema ponía en un mismo plano a la "sedición" (obra de personas irresponsables) con la corrupción (una sospecha que pende sobre la cabeza de todo político). Así se explica la actitud del Dr. E. Tarigo y de Eduardo Pons Etcheverry en el célebre debate televisivo mantenido con el Cnel. Bolentini (y también con el Dr. E. Viana Reyes, aunque éste permaneció bastante opacado por su impetuoso compañero); los sucesivos intentos de Bolentini tratando de vincular "la sedición" con el golpe, eran sistemáticamente bochados por sus interlocutores que separaban la "guerra interna" del golpe de Estado. Los "civiles" habían llamado a "los militares" para enfrentar a la guerrilla, y su éxito en derrotarlas no era justificación para el golpe posterior, porque sólo se habían limitado a cumplir su función dentro del Estado. Después de todo, según una recordada expresión de Pons Etcheverry, desde 1904 habían cobrado el sueldo sin disparar un solo tiro.

Pero a medida que fue procesándose la apertura política, la explicación comenzó a abrirse camino entre los sectores civiles. Progresivamente fue surgiendo un discurso donde "todos eran igualmente opositores" (incluso los recién llegados a las posturas de oposición), y donde "los militares" se habían impuesto autoritariamente sobre "los partidos políticos". La dinámica de esa imposición no se explicaba con claridad; ¿cómo explicar la ausencia de reacciones, la incapacidad para formar un frente común contra el golpe, las calculadas discrepancias que, en el contexto de un discurso de altiva defensa de las libertades, cortaban de plano toda posibilidad de acción concertada? ¿Cómo justificar la parálisis en el momento de coordinar acciones concretas, la preferencia por una retórica ya para entonces vacía de sentido?. 

En ese cuadro tan poco heroico, la teoría de los dos demonios colmaba un vacío en la explicación ya que volcaba la responsabilidad del golpe sobre dos agentes autónomos, a la vez que mostraba a la clase política como imposibilitada de realizar ninguna acción: los políticos podían presentarse como representantes de la sociedad civil con la razón como arma, en lucha desigual contra las armas desprovistas de razón. Por otra parte, facilitó la descarga de responsabilidad de los sectores más conservadores; habían sido mayoritarios en el gobierno hasta la disolución del Parlamento y por lo tanto, responsables (por acción u omisión) de toda la transferencia de atribuciones realizada desde el poder civil hacia los militares. Algunos de ellos hicieron la vista gorda a todo el descaecimiento de los derechos individuales y convivieron en un gobierno "cívico-militar" desde febrero hasta junio, pero limpiaron su conciencia negándose a firmar el decreto de disolución de las Cámaras; otros demoraron todavía más en descubirir que estaban colaborando con un régimen dictatorial.

En un catálogo de responsabilidades, difícilmente podían evitar figurar en los primeros lugares; pero un uso astuto de esta herramienta elaborada por los militares permitía invertir el orden de la lista: la "izquierda" (identificada globalmente con "la sedición" como lo hacían los militares) resultaba culpable del golpe, compartiendo la responsabilidad con las Fuerzas Armadas. Un editorial publicado en "El Popular" en febrero de 1973 era una prueba suficiente de colaboración con el golpe de Estado, mientras que el hecho de estampar la firma al pie de decretos inconstitucionales se transformó en una falta menor. La explicación del golpe pasó a ser diferente: "este era un país feliz, hasta que un grupo de desquiciados intentó copiar modelos extranjeros". 

Paralelamente, la explicación comenzó a funcionar como un elemento de disciplinamiento social en cuanto incluye una velada amenaza: cualquier atisbo de demandas de la población resulta inmediatamente "demonizada" desde la clase política, que identifica los reclamos populares con "subversión" e invoca el argumento de que la aparición de una, representará fatalmente la acción del otro sin que el poder político tenga responsabilidad ni posibilidad de acción. Desde entonces se ha recurrido frecuentemente a metáforas restauracionistas del tipo "A esta película ya la vimos" o "Estos son los grupos que no han olvidado nada ni han aprendido nada". 

Desde la restauración democrática, la explicación de los "dos demonios" pasó a ser la versión oficial del gobierno, remarcada por las palabras del Presidente Sanguinetti en su discurso del 14 de abril de 1985 (transformado ahora en conmemoración de los "caídos en defensa de la democracia"). En esa oportunidad Sanguinetti recogió citas del discurso que le tocara pronunciar en 1973 cuando, siendo Ministro de Cultura, hablara a nombre del gobierno en el entierro de los funcionarios asesinados el día anterior. Como bien señala Aldo Marchesi, "…a través de la conmemoración, intenta reconstruir aquel «nosotros» de 1972 que integraba a los Partidos Tradicionales y a las Fuerzas Conjuntas como defensoras del Estado. A efectos de evitar susceptibilidades de sus escuchas (en su mayoría militares y policías) habla de quiebre institucional y no de golpe de Estado, no asigna ninguna responsabilidad a militares, policías y políticos en ese quiebre, y utiliza la noción de defensa del Estado y del orden. Plantea la necesidad de una reconciliación entre los «orientales» y se posiciona como responsable de la misma. Sin embargo, en su discurso se percibe una fuerte asimetría en la forma como trata a unos y a otros. Parece que la reconciliación es con las Fuerzas Armadas y la policía más que con el conjunto de los actores políticos que participaron en el pasado reciente." 4 Los "demonios" eran ahora "la sedición" y el grupo de "militares golpistas" (ni siquiera la totalidad de las Fuerzas Armadas); en cambio los partidos tradicionales volvían a ser, junto con el ejército (como en 1972), las garantías del orden y de la vigencia de la constitución.

Desde el poder político, la explicación impregnó también a los ámbitos académicos, donde es muy frecuente que asome como trasfondo en el marco explicativo. A modo de ejemplo, Germán Rama describe una sociedad "hiperintegrada" con un elenco político que se limita a gestionar las demandas sociales al precio de quedar atrapado en el estancamiento; en este contexto aparecen factores externos que representan los elementos disruptivos que explican el golpe de Estado: "La primera ideología proveniente del ámbito internacional era la de la acción foquista, alimentada en la experiencia cubana y latinoamericana, y adaptada en estrategia y representación cultural a la sociedad uruguaya. La segunda era la doctrina de la seguridad nacional y de la guerra interior, aprendida (junto con sus metodologías) en los centros de formación de los Estados Unidos, por los militares uruguayos que acudieron masivamente a ellos en los años previos al golpe militar." 5 Nuevamente desaparecen las responsabilidades internas, encubiertas detrás de una forma diferente de la "conspiración internacional"

Los intentos de reconciliación de los Partidos Tradicionales con las Fuerzas Armadas parecían anunciarse ya desde la apertura política, y la instauración del régimen democrático la consolidó a través de la "teoría de los dos demonios". En ella los militares encontraban una justificación para su comportamiento y los políticos podían encontrar argumentos para excluirse de responsabilidad y culpabilizar a los adversarios de la izquierda. Pero también funcionaba como un elemento exculpador de la sociedad civil en su conjunto: si bien el discurso corriente muestra a "todo el pueblo" enfrentando a la dictadura, es muy claro que el golpe tuvo apoyo importante entre la ciudadanía y la huelga general quedó aislada en su enfrentamiento con el poder político. 

Una gran masa de la población vio el golpe como una solución a la angustia provocada por la convulsión social (que no había desaparecido con la derrota de la guerrilla), y encontró que la aventura iniciada por Bordaberry merecía su apoyo tentativo; para muchos de éstos el golpe se produjo más tarde, cuando el Presidente fue sustituido por los militares y se anunció la suspensión de las elecciones. Fue en ese momento que desapareció aquella cobertura imaginaria que veía en el Presidente a la encarnación de la Constitución, y muchos de los que habían estado apoyando el golpe pasaron entonces a rechazarlo; es esa modificación de las posiciones políticas la que se reflejó con tanta claridad en el plebiscito de 1980. 

A la luz de los hechos ocurridos posteriormente, esa etapa de apoyo a la dictadura resulta imposible de poner en palabras para la población, y también para ellos la teoría de los dos demonios les sirve de justificación: la disolución del Parlamento aparece justificada por la lucha contra el MLN; lo que en el lenguaje corriente encuentra una expresión del tipo: "los milicos estuvieron mal en dar el golpe, pero si no lo daban ellos lo daban los Tupas y entonces las cosas hubieran sido peor" 

La etapa de instauración de la "teoría de los dos demonios" coincidió con el debate sobre la amnistía, especialmente con la que beneficiaría a los militares. En aquel momento se hizo fuerza en un discurso que justificaba la amnistía a los militares por una razón de "equidad" para equipararlos con los beneficios que habían recibido los antiguos guerrilleros. Según una explicación proveniente de la ciencia política, el episodio ha sido descripto así: "El Frente Amplio (FA) –vamos a decirlo claramente–, una vez que había logrado una amnistía, es decir un quid pro quo –había recibido sin tener que dar–, no estaba dispuesto a dar, no se iba a comprometer en una amnistía con la cual no estaba de acuerdo y además no estaba obligado en una transacción. Por otra parte el PN, que había jugado una línea muy dura y que estaba pegando el giro de alguna manera –Wilson Ferreira Aldunate sentía la necesidad de terminar con el tema–, no quería jugarse a la palabra y a la plena figura de amnistía, entonces va por el camino oblicuo de caducidad de la pretensión punitiva del Estado, que en ese momento se creyó que terminaba todo. […] El redondeo de la salida termina contra la posición del gobierno, esto es lo curioso, un gobierno que resistió con uñas y dientes el referendo, termina con un referendo que el 16 de abril de 1989, por 58 por ciento contra 42, convalidó esta salida." 6 

Mirado desde esta perspectiva, la universalidad de la aceptación refleja la diferente utilidad que la explicación ha logrado tener; incluso tiene adeptos entre el MLN, ya que los muestra a ellos también como protagonistas de hechos importantes en la institucionalidad uruguaya a pesar de que cuando estos cambios se produjeron la guerrilla se encontraba fuera de combate. En ese contexto, la argumentación contra la teoría de los dos demonios parece una causa perdida.

Asedios, resistencias y mutaciones

En este combate, sin embargo, aparecen algunas brechas que es importante analizar. Progresivamente se abre camino la evidencia de que esta explicación sirve como coartada para ocultar responsabilidades mucho más graves que el simple apoyo de los indiferentes o los confundidos. Es claro que quienes tienen la posibilidad de emitir discursos seguirán echando mano de este recurso como herramienta explicativa (y autojustificatoria); pero la reciente aparición del Informe de la Comisión para la Paz muestra la evidencia de un cambio en la actitud del Estado frente a las responsabilidades de sus actos en el pasado reciente. En el Párrafo 43 del Informe, dice: "La COMISION considera imperativo señalar, en ese sentido, que es tarea de todos ratificar la plena y total vigencia del Estado de Derecho ante toda y cualquier circunstancia que se pueda verificar o invocar. Es necesario aprender y recordar por siempre que no existe diferencia o divergencia que habilite la violencia, el secuestro y la muerte de cualquier origen o signo y que esas manifestaciones deben ser siempre y en todo caso condenadas; la generalidad de la condena, que abarca todas y cada una de las acciones de aquellos años que en nuestro país tuvieron esos objetivos, no debe ignorar que es siempre y en todo caso el ESTADO quien tiene la obligación suprema de defender determinados valores, afianzar ciertos principios y descartar determinados procedimientos, usando su autoridad y poder con estricto apego a la ley y a los derechos fundamentales de la persona humana. El ESTADO que abandona esas premisas y admite o tolera la existencia de un aparato represivo que actúa sin control y por fuera de la legalidad, desvirtúa su esencia y agrede principios fundamentales que hacen a la razón de su propia existencia."

Esa afirmación implica la condena del terrorismo de Estado y el reconocimiento de su aplicación sistemática por el Estado uruguayo en la época de la dictadura. Para completar la declaración, el Informe establece en el Párrafo 46: "Los antecedentes de las personas fallecidas evidencian que la enorme mayoría de ellas no participaba en forma directa en actos de violencia ni integraban organizaciones subversivas. La fecha de sus muertes pone de manifiesto, por su parte, que la mayoría de ellas se verificaron después que la sedición había sido desarticulada y derrotada y cuando sus integrantes se hallaban detenidos en establecimientos de reclusión." 7 

Esta histórica afirmación parece marcar el comienzo del punto final para la supervivencia de la teoría de los dos demonios, en cuanto elimina toda posibilidad de justificación de las torturas o del olvido por la vía de argumentar la "equidad" entre partes igualmente culpables. Pero una teoría tan funcional no deja el espacio sin librar batalla, o sin dejar un heredero que ocupe su lugar; y sobre ese punto quisiera mencionar dos hechos. 

Uno es la perduración de esa explicación en el discurso militar, un hecho sólo comprensible si se recuerda que su origen se encuentra en la "Doctrina de la Seguridad Nacional". A modo de ejemplo, cuando en el año 2003 se realizó la habitual recordación del 14 de abril, se publicó una noticia sobre la recepción que el Informe había tenido en los círculos castrenses: "Los militares consideran que se impone en la sociedad un relato sesgado de lo que ocurrió entre las décadas de 1960 y 1980, y que sólo se pone énfasis en las violaciones a los derechos humanos por parte de efectivos de las Fuerzas Armadas, sin tomar en cuenta al otro «bando»". "¿Y de la Cárcel del Pueblo nadie habla? ¿No se dicen esas cosas? ¿Van a decir que todos eran buenos?", preguntó una fuente militar consultada por «El País»". 8 

Un segundo hecho es el reciente discurso del Ministro de Vivienda, del 19 de junio. En él no aparece ninguna referencia a los demonios ni al pasado reciente, pero en cambio se hace una advertencia de otra índole: "…el año pasado murió una forma de país que ya no era viable […] Todos reconocemos como un riesgo probable el de perder el próximo año y medio en escaramuzas y enfrentamientos estériles, en que todos procuran marcar diferencias, descalificar al oponente, sabotear su capacidad de proponer e impulsar iniciativas. […] debemos dejar de admitir en el conjunto de la sociedad, si es que queremos construir un proyecto común, el ejercicio de la presión de las corporaciones de todo tipo, que pretenden conservar reductos aislados a donde no llega la crisis, aún en desmedro del bien común". 9 

La demanda de reconstruir el país, tantas veces mencionada desde todos los sectores políticos e invocada por los militares en tiempos de dictadura, aparece ahora aludida en el contexto de la necesidad de aplacar el disenso (calificado de "estéril") y de contener a las "corporaciones de todo tipo" en sus demandas sociales. Tal vez no parecería sino un discurso más, si no fuera porque cuando el poder político ha invocado la necesidad de "contener las demandas de las corporaciones" siempre lo ha hecho pensando en la aspiración de reprimir los reclamos sindicales; y en cambio, no se escucha el ya clásico sonsonete de reproche a quienes "tienen ojos en la nuca" o que "la sociedad uruguaya ya votó por la paz" cuando (incluso recientemente) se han publicitado las protestas de los militares. 

Pero no nos hagamos ilusiones: el abandono de la teoría de los dos demonios no representará el fin de la desigualdad de distribución del poder en la sociedad.

Carlos Demasi*

* Profesor de Historia Nacional III y IV (IPA); Docente del Centro de Estudios Interdisciplinarios del Uruguay (CEIU – FHCE). El artículo fue publicado en "Memorias.ur", (publicación de la Comisión de Jóvenes de la Fundación Vivian Trías, Nº1, Agosto de 2003); esta versión incorpora algunas pequeñas modificaciones. 

1 "Las torturas"; "Acción", 25/VI/1973, pág. 2.

2 Julio M. Sanguinetti: "Crónica íntima del golpe militar uruguayo". [1973] Reproducido en "Mate Amargo", s/f, pág. 6.

3 Julio M. Sanguinetti: "Crónica íntima …"; cit., pág. 6. 

4 A. Marchesi: "¿«Guerra» o «Terrorismo de Estado»? Recuerdos enfrentados sobre el pasado reciente uruguayo"; en E. Jelin (comp.): "Las conmemoraciones: las disputas en las fechas in-felices", Siglo XXI de España editores, pág. 118.

5 Germán Rama: "La democracia en Uruguay". Cuadernos del RIAL. Buenos Aires, 1987 pág. 161

6 "Las salidas a la democracia y la revisión del pasado" (Análisis político del profesor Oscar A. Bottinelli.) En Perspectiva. Viernes 12.04.03. (http:// www.espectador.com//perspectiva/per2003-04-12-0.htm  )

7 "Informe final de la Comisión Para La Paz" (10 de abril de 2003) 

8 "Inquietud. Jefe del Ejército advirtió que hay grupos que no asumieron el «estado del alma»" "El País". http://www.elpais.com.uy/15/04/23/"Inquietud . Jefe del Ejército advirtió que hay grupos que no asumieron el «estado del alma»" "El País". http://www.elpais.com.uy/15/04/23/ 

9 "Para Irureta, el país «murió» a mediados del año pasado" http://www.diariolarepublica.com//2003/auto/plantillas/6/20 



cueva rebelde itzcuintli informa. 


itzcuintli@yahoogroups.com
 
 


Gentileza::
Alternativa Popular 1815 [ap1815fa@adinet.com.uy] 

 

 

PAGINADIGITAL 

    

  Imprimir  



paginadigital

 

 

_____________

Eventos & Actividades
_____________

Cursos &
Talleres

_____________

Cartelera
Cines, Teatro

_____________

Exposiciones
de Arte

_____________

Librería
paginadigital

clic aquí

(AUI) Premios Anuales de la Asociación

© Copyright 1999-2010 Paginadigital®. - Hecho el depósito que marca la Ley 11723 - Derechos reservados  




|Pon a paginadigital en tu sitio | Sugiere esta página a un amigo | Responsabilidad |
 info@paginadigital.com.ar
   |  Ayuda |

Web diseñado y producido por paginadigital®, Copyright 1999 - 20151, todos los derechos reservados. Los nombres e íconos de: paginadigital, Kids, art, pinturas, grabados, dibujos, objetos. Todos los derechos reservados. Hecho el depósito que marca la Ley 11723 - Derechos reservados | Términos y condiciones

| Home | Cursos y talleres | Servicios de Internet |Agenda de Ferias y Exposiciones | Exposiciones de arte y galerías | Becas, maestrias y posgrados | Programación de teatro, cartelera | Centros culturales | Concursos de pintura, literatura, arte, video, television, tv, teatro, casting | | Conferencias, seminarios, jornadas | cartelera de cine, tv, fotografía | Música, recitales, bandas, música clásica | Libreria, venta de textos y libros | Museos | Coros, operas, conciertos | Noticias, notas y artículos | Música de tango, cena show | Textos, poesía, prosa, cuentos, poemas | Solidaridad | Tarot, astrología | Mapa del sitio | Foro | Not | Cart | Salas | Tel | Taller | Taller literario | Enlaces útiles