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El
dilema del alumno cliente, por Luis Buero.- 18/6/03 (Argentina)
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EL DILEMA DEL ALUMNO-CLIENTE
POR LUIS BUERO
Les propuse a unos alumnos que cursan cuarto
año en una carrera de Comunicación Social de
una universidad privada que escribieran un
diálogo imaginario entre cada uno de ellos y el
Dalai Lama, y me contestaron que no sabían
quién era esa persona.
Más allá de este hecho, mi reflexión es que
muchas veces las autoridades se preocupan por
ver cuál es la capacidad intelectual de los
profesores que ponen delante de los alumnos,
pero no viceversa. Hablemos claro, este es un
tema común para todos los docentes de nivel
terciario o universitario que transitan aulas de
instituciones privadas : la cuota de un solo
alumno equivale al sueldo de un profesor, por lo
que económicamente, un alumno-cliente "
vale más " que un docente empleado o
proveedor autónomo de contenidos. Aunque esto
me lo discutan con vehemencia, en las pequeñas
escuelas terciarias, esto es absolutamente así.
Metafóricamente hablando, hoy un chico mudo
podría ingresar en una escuela de locución
privada, si paga la cuota.
Del mismo modo a veces muchos docentes a los que
nos toca tener delante alumnos de tercer y
cuarto año en adelante nos preguntamos: ¿cómo
llegaron hasta aquí?!
Y en cada nuevo ciclo lectivo aplicar los
contenidos se hace más difícil, comienzan a
reducirse las exigencias; si en 1997 los chicos
hacían cuatro proyectos, (y uno terminaba en un
verdadero idilio con los alumnos porque eran
conscientes de que se llevaban una excelente
experiencia) , hoy hacen un solo proyecto y ese
uno cuesta sangre, sudor y lágrimas
conseguirlo. Se nota una depresión generalizada
en sus rostros (no manifiesta expresamente), un
desgano y cierto escepticismo que es como esa
música de fondo en tercer plano que tienen
algunas películas, que uno descubre cuando las
ve por segunda o tercera vez, porque antes se
había quedado atendiendo las imagenes.
No se halla pasión, interés, brillo en sus
miradas. Todo es en general, apatía.
Pero además no hay un verdadero filtro de
vocaciones y capacidades en los primeros años
de cursada, y como en materias de ciencias de la
comunicación no se tienen que topar con una
autopsia o con una transfusión de sangre,
aparentemente se ve que pueden llegar hasta casi
el final más allá de sus aptitudes y
actitudes, sin probarse demasiado a si mismo, ni
ser debidamente evaluados para que aprendan a
conocerse y saber si el camino elegido es el
mejor para ellos.
Desde 1989 han pasado delante de mi miles (y no
exagero porque no me refiero a una institución
solamente) de jovenes y viendo caer el nivel
académico y la exigencia propia hacia nosotros
de ellos mismos, me pregunto qué podemos
ofrecer en el futuro los docentes si cada año
vamos a tener que reducir la cantidad y
complejidad de los temas porque los grupos no
dan para más, “adaptándonos activamente a la
realidad”, porque si no los alumnos entran en
conflicto con los docentes, o con las
instituciones, alguna de las cuales (no todas
por suerte) terminan respondiendo al lema
"el cliente siempre tiene la razón".
Y no, como debería ser, ya que no hicieron una
selección entre los aspirantes en el momento de
anotarlos, al menos durante la carrera, intentar
que sólo egresen los mejores.
Para peor, en algunas escuelas terciarias
además los docentes de primer año son
evaluados por los alumnos a través de una
encuesta anónima. Esos mismos alumnos que de
haber habido un exámen de ingreso podrían
haber afirmado (como ya ocurrió) que la Logia
Lautaro era una amante de San Martín, son los
que luego como verdaderos clientes consumidores
que pagan por un producto comercial, comentan
qué profesor es mejor que otro, para ellos, y
en algunas organizaciones ese veredicto puede
ser motivo para que separen a un docente del
aula (si sigue en la tesitura de no volverse
popular para los alumnos-clientes que no le
están dando rating por ahora).
Esta es la Argentina de hoy, queridos amigos,
así como Al Pacino (o su personaje Victor
Taransky) inventa una actriz de computadora para
salvar su carrera de director, corremos el
riesgo en la educación privada, especialmente a
nivel terciario, de estar creando egresados
virtuales, porque al igual que un holograma, se
presentan con el pergamino y la apariencia de
ser y de estar, pero no tienen consistencia
real.
Es cierto, en los últimos treinta años
murieron muchos compatriotas, nos destruyeron la
economía, nos quitaron los ahorros y nos
endeudaron hasta el canario. El se presenta
incierto, pero, ¿hasta cuándo vamos a seguir
con el tango del lamento y el sálvese quien
pueda?
Nadie nos prohibe tener el corazón roto, pero
el mundo no nos esperará a que lo compongamos
para empezar a funcionar. Mucho antes que
convirtiéramos a Buenos Aires, que era la
Atenas de Latinoamérica, en una República
Ciruja, Machado escribió lo de "caminante
no hay camino"...
Siendo yo alumno, un profesor me dijo una vez,
haciendo uso de su habitual sencillez y su
sonrisa cálida:
"en este país falta laburo.....pero sobra
trabajo".
Hagámos el trabajo de una buena vez.
****
Luis Buero: Docente de Guion Televisivo en
distintas universidades e instituciones
terciarias.
Algunas obras:
Televisivas:
La Familia Benvenuto (Comedia, TELEFE,
1991-1995)
Comunicado Pop (Magazine juvenil, ATC, 1997)
Un Milagro de Cristo en la Quebrada (Documental,
CANAL 2, San Luis, 1994)
El Laboratorio del Dr. Pipeta (Sketches comicos
infantiles educativos,
TV QUALITY, 1999)
Colaboracion autoral en Los Rodriguez (Sketches
comicos, TELEFE, Junio 1998) y en Seqoras sin
Seqores (Sketches comicos, TELEFE, Octubre
1998).
Gentileza:: luisbuero [ luisbuero@tutopia.com
]
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