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En Chile no hay libertad de expresión: 
El duopolio El Mercurio-La Tercera controla la prensa escrita. - 30/1/03 (Chile)

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Producción del Taller de Comunicación Contrahegemónica 
en el III FSM, Porto Alegre 2003. 

En Chile no hay libertad de expresión:
El duopolio El Mercurio-La Tercera controla la prensa escrita

por Ernesto Carmona, especial para el Observatorio-UTPBA.


Santiago de Chile.- Dos empresas monopolizan la prensa escrita en Chile. Hubo "más libertad de expresión" durante los últimos años de dictadura militar, con dos diarios de oposición -Fortín Mapocho y La Epoca- y numerosas revistas, que en la "transición a la democracia" administrada desde 1990 por tres gobiernos sucesivos de la Concertación, la coalición demócratacristiana - socialdemócrata que negoció el término del régimen castrense con los mismos sectores de la sociedad que impusieron a los militares con el golpe de 1973.

Los conglomerados mediáticos que individualizan El Mercurio y La Tercera, sus diarios insignia de circulación nacional, son los grandes portavoces ideológicos del modelo económico en boga, sustentado con gran entusiasmo por sus respectivos propietarios, Agustín Edwards Eastman y el banquero Alvaro Saieh Bendeck, al unísono con todo el mundo empresarial y la mayoría de la clase política.

El duopolio de la prensa escrita -además- pone diariamente en circulación centenares de toneladas de papel transformado en revistas, publicaciones deportivas y de farándula, insertos comerciales, diarios en jerga popular (La Cuarta) y una quincena de órganos regionales de gran influencia cotidiana, formadores de opinión en las ciudades más importantes. 

¿Quién es quién en los diarios?

En el pasado reciente, Edwards encabezó un poderoso grupo económico con algún liderazgo en los sectores financiero (Banco de Agustín Edwards) y servicios (bebidas gaseosas y cerveza), pero su conglomerado -curiosamente- colapsó durante la dictadura. Un generoso salvavidas financiero del Estado, es decir, con cargo a todos los contribuyentes chilenos, le permitió salvar la rama mediática. Desde entonces está concentrado, casi exclusivamente, en impartir a diario su "sabia orientación" a la clase política y a la opinión pública general. "Casi exclusivamente", porque también ejerce una vocación político-policíaca a través de su organización Paz Ciudadana, consultora del ministerio del Interior en temas de represión a la delincuencia. 

Saieh, que durante el régimen castrense sólo era un académico en economía, decano de la Universidad de Chile, derivó en banquero y propietario del holding Consorcio Periodístico de Chile S.A (Copesa). El conglomerado también fue auxiliado en su quiebra inminente por el generoso Estado, esta vez durante el gobierno de Patricio Aylwin Azócar, el primero de la Concertación por la Democracia, la alianza que lleva 12 años administrando -al parecer con más eficacia que los uniformados- el modelo económico de sociedad impuesto por las Fuerzas Armadas. Saieh también controla CorpBanca, organización financiera con ramificaciones importantes en Venezuela y -menores- en Argentina, a través de su participación -mínima- en el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA). Sigue cultivando la vena académica, ahora con universidad propia, la Andrés Bello (10.700 alumnos)

¿De adónde pecatas meas?

En los últimos 12 años, Chile -15 millones de habitantes- gastó un promedio anual de US$ 500 millones en publicidad en medios de comunicación (televisión, prensa de papel y radio), US$ 33,3 por habitante, según el informe de Guillermo Torres Gaona, presidente del Colegio de Periodistas, ante el Coloquio El Temor a la Libertad de Expresión, convocado esta semana por esa organización. Los medios escritos absorbieron cada año US$ 220 millones, o sea, el 44% del gasto. El Mercurio y Copesa devoraron el 86%, US$ 190 millones.

La mayor parte de "la torta" benefició a los "cuatro grandes" de la televisión, cuya señal llega a todo el país. Canal 13 pertenece al Vaticano, a través de la Pontificia Universidad Católica, de orientación conservadora. Televisión Nacional de Chile (TVN) es propiedad del Estado, por lo tanto está controlada por la Concertación, en este caso con hegemonía DC, pero la maneja un directorio "de consenso" con predominio interno de los grandes grupos económicos y los dos partidos de derecha (Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional), sustitutos del pinochetismo, cadáver que abandonaron con insólita celeridad. 

Megavisión es de Ricardo Claro Valdés, jefe del quinto grupo económico del país, vinculado con los sectores más retrógrados de la Iglesia Católica y censor implacable de contenidos, en especial de las películas programadas en su red de cable Metrópolis Intercom. Además, posee El Diario, cotidiano especializado en economía y negocios. Chilevisión, el cuarto gran canal de sintonía nacional, fue vendido por la Universidad de Chile a Claxon Interactive Group, cuyos hilos conduce el venezolano Gustavo Cisneros Rendiles, el hombre más rico de América del Sur, controlador de un conglomerado mediático continental, en alianza con American On Line (AOL), dueño de Venevisión de Caracas -sede informal "de gobierno" durante el efímero golpe del 11 de abril de 2002- y de Univisión, la cadena hispana más poderosa de Estados Unidos, entre muchísimos otros negocios. Probablemente, por la naturaleza de su propiedad y la filiación de extrema derecha de Cisneros, Chilevisión exhibe mayor independencia que los demás canales ante el gobierno, pero no respecto de los poderosos grupos económicos que controlan el país y, obviamente, tergiversa todo lo que ocurre en Venezuela. En Chile posee, además, 8 radioemisoras dedicadas al negocio de la música, sin noticias.

El lado flaco del embudo

Otras 16 pequeñas estaciones regionales de TV acceden a un pequeño pedazo de "la torta". Las migajas se las disputan 1.200 emisoras de radio, que siguen siendo el medio más atendido por el público después de la tele. La prensa escrita llega sólo a un quinto de la población interesada en los medios. El Estado también tiene una cuota de responsabilidad, aunque su gasto anual en publicidad en 2002 ascendió a sólo US$ 18 millones, un 3,6% de los US$ 500 millones globales. Pero el 70% de ese gasto gubernamental fue absorbido por el dúo El Mercurio y La Tercera. 

La estructura de la propiedad de los medios y su manejo ideologizado someten al país a una suerte de monoteísmo obligatorio, con una sola voz, una sola opinión, un solo culto. Como en el culto al Becerro de Oro, la adoración casi totalitaria al modelo no tolera críticas, por leves que sean. Asimismo, los grandes intereses que sustentan a los medios deciden qué es noticia y qué debe someterse o no al debate público. Se ignoran grandes temas cruciales, como es la situación del cobre, el principal recurso natural, nacionalizado por los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende Gossen, y ahora de nuevo propiedad de corporaciones extranjeras en 70%, aunque a diferencia del pasado las transnacionales hoy ni siquiera tributan por llevárselo y han provocado una sobreproducción mundial que hizo caer los precios internacionales en perjuicio del 30% del metal nacionalizado que aún explota el Estado. Los temas sociales, los conflictos de los trabajadores y prácticamente todas las huelgas tampoco constituyen "noticia" y, por lo tanto, están ausentes de los medios.

Radios "alternativas"

En la otra cara de la medalla están los medios llamados "alternativos", que no responden al gran capital. Es una reedición del mito de David y Goliath. También recuerda al Sísifo de la mitología griega. Sólo tres radioemisoras de alcance metropolitano (Santiago y sus alrededores, o sea, 6,4 millones de habitantes) emiten noticias y programas de discusión con intercambio de ideas utilizando un criterio distinto al de los grandes medios, la mayoría en la banda amplitud modulada, AM (la más oída es la FM): Radio Nuevo Mundo, del partido Comunista; Radio Tierra, de una corporación de mujeres; y Radio Universidad de Chile (FM). 

Entre las grandes radios de sintonía nacional especializadas en noticias y opinión plural, un periodismo que toma en cuenta a todos los protagonistas de la "noticia", sobreviven Cooperativa, de gran importancia durante la lucha contra la dictadura, controlada por el co-gobernante partido Demócrata Cristiano, y Radio Bío Bío, cuyos contenidos más críticos suelen cumplir su eslogan "Somos independientes, independientes de verdad", aunque frecuentemente utiliza el sustantivo "antisociales" como sinónimo de "indígenas" en el tratamiento del conflicto mapuche, que enfrenta a las grandes empresas eléctricas y madereras -además de terrófagas- con los habitantes naturales de la Araucanía.

La "otredad" es débil

Entre los "otros" medios impresos, los "alternativos", con una postura crítica desde posiciones progresistas, descuellan el quincenario independiente The Clinic, el de mayor circulación, con 60 mil ejemplares. Con tirajes de alrededor de 10 mil copias le siguen le siguen las revistas Punto Final, heroica publicación de izquierda que nació en los años 60; El Periodista, influida por sectores "izquierdistas" del partido Socialista -ambas de aparición bimensual-; y el mensuario Le Monde Diplomatique, que reproduce la edición argentina más algunas página locales con el editorial, comentarios de libros y actividades del capítulo de Attac.

También existen los semanarios Siete+7, de orientación demócrata cristiana y gobiernista; La Firme, 13 mil ejemplares de una clara posición de izquierda y anti-neoliberalismo; y El Siglo, órgano tradicional del partido Comunista que en sus mejores tiempos fue un rotativo de circulación nacional, hasta 1973.

Excepto Siete+7, ninguna de estas publicaciones disfruta de ingresos por publicidad. A la hora de distribuir avisos, no son tomadas en cuenta por las agencias que manejan la publicidad de los sectores empresarial y gubernamental, cuyo criterio discriminatorio no responde a las cifras de circulación. Como no existe equidad en la distribución de publicidad, estos medios alternativos -en el fondo, pequeñas empresas periodísticas- subsisten en difíciles condiciones.

La libertad de expresión en Chile también está condicionada por los resultados económicos. Recientemente desapareció el mensuario La Huella, después de un año exacto de excelente circulación. Y es que la venta en kioscos, salvo en el caso de The Clinic, no cubre los costos de estas fuentes de trabajo para los periodistas. Para Guillermo Torres Gaona, presidente del Colegio de Periodistas, "la plena vigencia de la libertad de expresión, respecto al ejercicio del periodismo y las libertades de información y opinión, encuentra uno de los principales obstáculos en la estructura de propiedad de los medios de comunicación". "En el caso de la prensa escrita -formadora de opinión- los dos oligopolios (El Mercurio y Copesa) condicionan las pautas temáticas, imponen un sistema que restringe el pluralismo y limita el derecho de todos a la libre información, dijo.

Hacia el Estatuto del Periodista

La libertad de expresión en Chile no es un tema de interés exclusivo para los periodistas y propietarios de medios -más bien compete a toda la sociedad, incluidas sus organizaciones-, pero los trabajadores de la información constituyen el eslabón más vulnerable. "Los periodistas, como consecuencia de este sistema, perciben bajos salarios y se desempeñan en condiciones laborales estresantes", afirmó Torres Gaona. La mayoría subsiste con empleos precarios -a honorarios o a "destajo"-, sin vínculo laboral con prestaciones sociales, y con régimen part-time, huérfanos de derechos previsionales y sociales. "Es por ello que el Colegio de Periodistas está planteando la formulación estratégica de asegurar derechos y garantías a través de un Estatuto del Periodista", dijo Torres.

En Chile prácticamente no existen limitaciones "jurídicas" a la libertad de expresión, salvo algunas disposiciones trasnochadas que todavía subsisten en los códigos Militar y de Procedimiento Penal, relativamente fáciles de abolir si existiera voluntad política. Un obstáculo más grave es la conducta de los poderes públicos -Ejecutivo, Legislativo y Judicial- que durante 2002 limitaron el libre acceso de todos los medios a las fuentes informativas. Los Tribunales de Justicia establecieron en dos oportunidades propuestas de condena atentatorias a los tratados internacionales sobre libertad de expresión suscritos por este país.

Las limitaciones a la libertad de expresión persisten en Chile pese a que en 2002 se eliminó la censura y el Ejecutivo envió al Congreso Nacional un proyecto para derogar leyes de "desacato" que penalizan las críticas a las autoridades públicas, indicó Torres.



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LOS MEDIOS Y LULA

Alejandro Pairone, periodista corresponsal extranjero, especial para el Observatorio-UTPBA


Como en muchos otros casos, la cobertura informativa internacional del incipiente gobierno del brasileño Luiz Inácio Lula da Silva deja en claro la hegemonía cultural del pensamiento único neoliberal y los patrones que determinan sus mensajes. Los límites de lo posible y de lo supuestamente correcto.

Al menos por ahora, sólo por ahora, no se puede decir que los Grupos de Comunicación en general se hayan ensañado con el brasileño, aunque ya antes de su asunción ponían empeño en marcarle límites. "Con la economía y las finanzas no se juega; con lo demás, lo que quieras", pareciera ser el mensaje.

Y ese es el límite para un presidente que los Grupos de Comunicación caricaturizan como un izquierdista domesticado.

Puede preocuparse por el Medio Ambiente y entregar el Ministerio a una ambientalista alfabetizada en la adolescencia. Puede poner las políticas culturales en manos de un músico popular y hasta las Relaciones Exteriores (con una Cancillería bicéfala) a las órdenes de dos hombres orgullosos de la independencia política.

Hasta puede hacer los mil malabares para poner en marcha un programa tendiente a movilizar a la sociedad civil en procura de erradicar el hambre o la mala alimentación que padecen 46 millones de seres humanos.

Todo eso es aplaudido por los Grupos de Comunicación, que resaltan sus nueve dedos, la popularidad de su esposa Marisa, su origen de obrero metalúrgico, y hasta su encarcelamiento durante la dictadura. Los mismos que celebran su poco apego al protocolo.

Pero "Ellos" le advirtieron, y le advierten a diario "que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca". El Banco Central en manos de un banquero global, la cartera de Hacienda en manos de un moderado tan moderado que parece copia de su antecesor. Aplausos de los Grupos de Comunicación por ser un estadista "responsable y serio".

El Hambre Cero está bien, pero cuidadito con olvidarse del superavit fiscal, que con la deuda no se juega, advierten "Ellos", para quienes entre el hambre y la deuda, la elección es clara.

¿Hasta cuándo puede perdurar esa dualidad? Hasta que se vea obligado a demostrar que es o la caricatura que se presenta de él, o que es lo que millones (no sólo en Brasil) soñaron y esperan que sea. 

Será entonces cuando la dualidad informativa habrá terminado, porque habrá terminado la dualidad política, para uno u otro lado, para dar paso al sinceramiento de la batalla ideológica. Y será el momento en que Luiz Inácio Lula da Silva, para los Grupos de Comunicación, será definitivamente "un estadista", o comenzará a ser un dictador que se opone al libre mercado.
No hay opciones.



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El rapto de la verdad 

Verónica Díaz Rodríguez, especial para el Observatorio-UTPBA. 


Cercados por conflictos de intereses político-económicos que permean los medios de comunicación en Latinoamérica, los periodistas viven cada vez peores condiciones de trabajo con un riesgo fundamental para sus sociedades: el sacrificio de la verdad.

Pistola en mano, el comisario Alfredo Fanchiotti se acerca a Darío Santillán, que pese a su herida intenta incorporarse. El policía, calcula los pocos metros desde donde enfila su itaka y la descarga en la espalda del manifestante, se hinca y finalmente sonríe, confía en que nuevamente los reporteros y las cámaras mantendrán el secreto de su homicidio. 
Y así fue durante dos días. A lo largo de cuarenta y ocho horas los medios de comunicación argentinos, principalmente los televisivos, ocultaron la evidencia y adjudicaron las dos muertes, el saldo de la protesta del pasado 26 de junio, a los propios manifestantes.
Lances como estos no sólo ilustran sino que definen la situación actual de los medios en América Latina, determinada principalmente por sus lazos políticos y económicos. Lo más claro es que ahí donde el periodista queda cercado, la verdad, su instrumento de trabajo, también.
Así lo explica Luis Suárez, presidente de la FELAP (Federación Latinoamericana de Periodistas) que afilia a más de 80 mil profesionistas de esta área: "La situación del periodismo y de los periodistas en Latinoamérica se ha agravado. Esto se manifiesta de manera diferente en cada país, aunque siempre con algunas coincidencias que dependen de la capacidad de organización de los periodistas, así como de las orientaciones o de la fuerza económica y política de los medios".

El silencio

La versión oficial de lo que se llamó en Argentina "La masacre del puente Pueyrredón", estuvo a punto de ser la única, hasta que Sergio Kowalewski, un reportero gráfico independiente, descubrió otra en su película fotográfica revelada: seis tomas que contenían la verdad, hasta ese momento secuestrada por los medios.

"A la policía le habían dado una orden y actuó de esa manera sabiendo que era impune. Se sentía impune y no le importó que hubiera medios y que se hubieran registrado las imágenes, eso es parte de un proceso que venimos viviendo y que no se ha resuelto. 

"Hubo impunidad porque había órdenes. Muchas veces nos separan (a los periodistas), nos apartan de lo que está pasando, pero ese día no se preocuparon, se sentían impunes", explica Kowalewski, quien al darse cuenta de que los fotógrafos de los medios con quienes estuvo en la escena, no publicaron nada, entregó sus fotografías a la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional". 

Por la mañana del día de la manifestación, la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Anibal Verón, con "piqueteros" y desocupados cortó el tránsito de Puente Pueyrredón de Avellaneda en demanda de trabajo y políticas sociales; la violencia se desató y culminó con los asesinatos de dos jóvenes: Santillán y Maximiliano Kosteki.

Hoy el comisario Fanchiotti y su chofer enfrentan un proceso penal. No obstante, la credibilidad está profundamente lacerada. Más aún, porque "en medio de la crisis económica no hicieron su trabajo de investigar e informar, fueron cómplices de un modelo que sostuvieron en sus espacios sin cuestionar y que llevó a toda la Argentina a la catástrofe", señala Lidia Fagale. Secretaria de Asuntos Profesionales de la Unión de Trabajadores de la Prensa de Buenos Aires (UTPBA).

Para la presidencia de la FELAP es claro que los factores económicos de la sociedad y que hacen de la información un producto, son los que han ido determinando el rumbo del periodismo, generando otros problemas relacionados con la ética profesional.
Por un lado, se encuentra un proceso de megafusiones de los medios, ya sea con empresas nacionales o trasnacionales, lo que ha convertido sus intereses editoriales en financieros.

"El caso de Venezuela es muy interesante -señala Suárez--, a partir del hecho de que los medios no sólo son un negocio, sino que están asociados a otros, desde luego a las telefónicas y el acceso a la comunicación satelital. Es lógico que en esa información afloren los intereses de las otras empresas y se manifiesta en que se quiera aceptar o no un sistema político determinado. Quieren otra conducción de la política".

Esto es lo que Roberto Hernández Montoya clasifica como La Inquisición Mediática, en un texto publicado en Venezuela Analítica: 
"Los medios de comunicación modernos se han convertido, en todas partes del mundo, en una nueva Inquisición. Tal vez peor. Los medios acusaron y sentenciaron a Chávez de los asesinatos del 11 de abril de 2002, sin promover pruebas, sin derecho a la defensa, sin apelación. Simplemente dijeron "fue Chávez" y punto. No se discute. El que ose discutirles es acusado de atentar contra la libertad de expresión".

El día del supuesto golpe de Estado en Venezuela, "se pudo apreciar a través de Telecinco (canal español), cuando se anunció la caída de Chávez, una entrevista con Federico Ravell (presidente de Globovisión) quien dijo que estaban brindando con Champaña. En ese mismo canal se leyó una supuesta carta de renuncia del presidente Chávez, y hasta se mofaron los moderadores del programa de la redacción de la misma. Nos preguntamos, quién redactó y envió esa carta".

El escándalo 

El exceso venezonalo tuvo lugar en las páginas de El Nacional, dirigido por Miguel Henrique Otero. El diario de mayor circulación y uno de los más influyentes en el país se llevó un chasco y por partida doble. Inmerso en el enfrentamiento que el periódico sostiene con el presidente Hugo Chávez Frías, publicó con gran despliegue una entrevista imaginaria con el intelectual francés Ignacio Ramonet, director del periódico Le Monde Diplomatique.

La entrevista, supuestamente hecha por un periodista mexicano llamado Emiliano Payares Guzmán, no habría pasado de ser un ataque más a la figura del presidente venezolano, si no fuera porque Ramonet denunció la mentira. Pero más sorprendente resultó la carta que el mismo día hizo llegar a la redacción del diario el autor de la falsa entrevista, quien dijo ser, además, estudiante de postgrado de la Universidad de Princeton (Estados Unidos), y que realiza un estudio sobre la falta de rigor en la prensa del Caribe.

Como refiere Luis Suárez, en el conflicto venezolano se manifiestan intereses de clase, y en los medios de comunicación perviven los intereses de la clase empresarial, lo cierto es que independientemente del bando, conocer la verdad es muy difícil para un venezolano en estos momentos. Una empresa consultora citada por el periodista Eleazar Díaz Rangel, director del diario Última Hora de Venezuela explica que el 51% de sus conciudadanos no confía en la prensa.

Males mayores

La competencia entre los medios, así como el mal uso de la tecnología genera conflictos peligrosos al interior de las redacciones. Así lo señala la periodista Rafaela Cusati, Coordinadora General del Observatorio Global de los Medios, capitulo Venezuela: 
"En las mediciones y análisis realizados hasta ahora aparecen las siguientes constantes: la tergiversación de los hechos, ocultamiento de datos y referencias, manipulación de las declaraciones y desbalance en la elección de las fuentes.

"Muchos periodistas han planteado ante el Observatorio su preocupación por las condiciones de trabajo imperantes en los medios. Consideran que en ocasiones, se ven enfrentados al dilema de conservar su fuente de trabajo a expensas de la ética profesional".

Pero esto también sucede en Paraguay, donde el Sindicato de Periodistas (SPP) denuncia lo que llaman "Prácticas esclavistas en las empresas de comunicación. Hacia una profesión sin nombre".

En dicho estudio también se señala que la práctica de desregulación neoliberal es la causa de los males. "Con la precariedad laboral que está llevando a la desaparición del periodismo como profesión convirtiéndonos meramente en proveedores de contenidos a la opinión pública.

"Aprovechando los recursos de las nuevas tecnologías -continúa--, compañeras y compañeros soportan recargos de trabajo, ya que una sola persona, escribe, edita, pone sonido e imagen, transmiten por cualquier soporte el mensaje y a la vez hacen de choferes, por citar algunas tareas".

"Esta agudización de la precariedad laboral nos preocupa, porque a la larga puede llevar a los trabajadores de prensa a escribir sólo lo dictado, bajo presiones políticas y económicas. El periodista termina por convertirse en un periférico más de la computadora con la que trabaja", explica.

Otros padecimientos de los periodistas, anotados por Luis Suárez son la, censura, la intimidación y agresión a periodistas; el cierre de plazas, la competencia con estudiantes de periodismo que son ocupados --que no contratados--, así como la desaparición de medios. México es ejemplo de esto último con los cierres de Unomásuno, Novedades y México Hoy.

Y el cerco a los periodistas ha tomado otros rumbos. Las autoridades judiciales de países como México y Costa Rica han dado en citar a reporteros como testigos en un proceso en el que no están directamente involucrados, vulnerando el derecho a guardar en secreto sus fuentes.

Así las cosas, resulta que el periodismo es un reflejo de lo que sucede en la sociedad, y en la medida que éstas no resuelvan sus conflictos el periodismo, los periodistas y la verdad, continuarán siendo sus víctimas potenciales. 

No obstante es importante la organización gremial de los periodistas para abatir sus problemas. Es el caso de Argentina que ante el silencio de los medios de comunicación respecto a las muertes de Santillán y Kosteki diferentes organizaciones de periodistas han intensificado su trabajo, con el objeto de que la libertad de prensa sea un derecho garantizado.






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