Elogio del problema de aprendizaje.- 10/12/03 (Argentina )
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Elogio del problema de aprendizaje.- 10/12/03 (Argentina )

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ELOGIO DEL PROBLEMA DE APRENDIZAJE 


La conversación diaria con colegas docentes me lleva a creer que lo que me pasa, nos pasa a muchos: nuestra profesión nos gusta, pero el sistema en el cual tenemos que ejercerla nos ahoga.
Me he detenido a pensar más de una vez en "el problema de aprendizaje". Desde la primera vez hasta la última (que todavía no llega) he cambiado, repetido, vuelto a cambiar, revisado, etc., mi pensamiento y mi visión sobre la cuestión. Una de las cosas que creí y ahora no creo, y no creo volver a creer, es que tienen problemas de aprendizaje aquellos que no aprenden. 
Primero porque no creo que exista persona en el mundo que no aprenda. Segundo, porque creo que todos tenemos problemas de aprendizaje; o mejor dicho, que todos tenemos (o al menos deberíamos tener) problemas con nuestros aprendizajes.
Me ayudó a redondear esta idea, a ponerla en palabra, la lectura de "Cartas a una profesora", escrita por adolescentes de entre 13 y 16 años de la escuela de Barbiana, que en Italia, a partir de la segunda mitad de la década de 1950, funcionó para los jóvenes que habían fracasado en el sistema escolar italiano. Estos muchachos, convencidos tras su experiencia en Barbiana de que sí podían aprender y, (como es lógico para cualquiera que aprende) enseñar, escriben a una arquetípica profesora lo que sienten, lo que piensan, y lo que critican de ese sistema que años antes los echó "porque no tenían condiciones para el estudio".
Cualquiera de nosotros puede identificarse con ella. Unos más y otros menos, claro. Unos con beneplácito y otros (como yo) con horror.
Dije líneas más arriba, refiriéndome a muchos colegas, que el sistema nos ahoga. Bueno, debo ampliar esta concepción: si a nosotros nos ahoga el sistema, a nuestros jóvenes directamente los asfixia del todo. Vuelvo a decir "el sistema nos ahoga". Pero ahora lo digo distinto.
El tema es ¿Qué hacemos con un sistema que nos ahoga, o en un sistema que nos ahoga? Además de ahogarnos, digo, o para no ahogarnos, o para ahogarnos menos.
El padre Lorenzo Milani despreció los privilegios que este sistema podría haberle dado. En 1954 las autoridades eclesiásticas lo relegaron a la pequeña aldea de Barbiana para que no molestara con cosas como que el apostolado no tenía sentido si el pueblo no lo entendía. ("Veía con amargura (y furia) cómo los pobres imitaban a los ricos (el aparato de los bautismos, comuniones, casamientos), mientras afuera las luchas sociales arreciaban. `Hay que meterles en el corazón el horror por todo aquello que es burgués¨, concluye"1 Eso trató de aprender Don Milani junto a sus niños aldeanos, desposeídos, despreciados por el sistema que sólo elogiaba a y contenía a "los gustavitos"2 Cuando uno lee "Cartas a una profesora" no puede menos que sentir dolor y un poco de culpas: ¡Cuántas de nuestras actitudes colaboran todos los días para que nuestros alumnos más pobres, como los italianos que luego fueron a Barbiana, sean desterrados del sistema, condenados a no estudiar!
Y aquí es donde nos agarra (no nos "toma", porque eso sería suave y sutil) el problema con el aprendizaje. O por lo menos a mí me agarra. Porque tantos años de educación en el sistema (" en la escuela del patrón" dicen los chicos de Barbiana) nos han enseñado muy bien a negar lo que no nos gusta, nos lastima, no nos conviene. La tentación de empezar a rebatir argumentos, de justificar, de descalificar a esos que nos muestran lo que no queremos ver, es grande. ¡Y vaya si tenemos capacidad de argumentar! Si no fuera porque necesito el tiempo y el esfuerzo para construir algo mejor, me pondría a hacerlo, sólo por disfrutar de esa capacidad. Pero ya que el sistema me la ha dado, voy a tratar de ponerla al servicio de otra cosa. Lo que pasa es que pertenezco al sector de la sociedad que aprendió cierta cultura que el sistema considera indispensable para ser considerado, por ejemplo, un docente. Probablemente estoy entre estos que los chicos de Barbiana definen como gente que habla demasiado aunque no tiene mucho para decir. Ellos, que tienen muchísimo que decir, son condenados por el sistema a permanecer mudos ("La enseñanza selectiva es un pecado contra Dios y contra los hombres. Pero Dios defendió a sus pobres. Ustedes quieren que los pobres sean mudos. Dios los hizo ciegos a ustedes." dicen lo niños de Barbiana, aludiendo a que esa cultura que nos da el sistema no nos habilita para conocer la realidad).
Estoy de acuerdo con ellos en que para decirse culto en serio uno debe conocer la realidad. Los docentes argentinos tenemos internalizado lo que nos dicen los medios de comunicación (¿se podrá llamar comunicación a eso?): los pobres son peligrosos, nos roban, nos matan; las villas de emergencia son antros de perdición, delincuencia, adicciones y estupidez; a los pobres no les interesan sus hijos; etc. 
En una época yo creía que el problema estaba en que no nos poníamos a pensar. Ahora creo que en realidad nos ponemos a pensar: pensamos con mucha dedicación argumentos que nos pongan en el lugar de los buenos (nos sacrificamos para ir a renegar con un elemento poco menos que inservible, haciéndole la gracia de tratar de transmitirles un poco de nuestra sabiduría), de las víctimas ("¿Por qué yo tengo que darles clase a delincuentes?" se indignaba un día una colega. "No dediqué años de mi vida a estudiar para eso!". No sé qué hubiera respondido ella a una pregunta como, por ejemplo, si los jóvenes que delinquen no necesitan ser educados.) Como aprender duele, a menudo nos negamos. Es decir, nos negamos a los aprendizajes que duelen, porque leer a los clásicos, conocer todos los climas, ríos, y capitales del mundo, internarnos en la resolución de intrincados cálculos matemáticos, nos resulta hasta divertido. Soñamos con un mundo donde todos nos dediquemos a esas cosas, las disfrutemos y no nos preocupemos por saber si el hijo del vecino comió, o si alguien fue encarcelado por decir que no estaba de acuerdo con nosotros (con nosotros, sí, ¿o acaso no sucede a menudo que nuestro discurso se confunde con el de los dictadores?). Quienes no se ponen a aprender esas cosas son tildados de "niños con problemas de aprendizaje". No les preguntamos qué es lo que ellos saben, porque eso sería ponernos de cara con nuestra ignorancia. 
Para vencer los problemas de aprendizaje propios (condición primordial para ayudar a aprender a otros) es fundamental disfrutar de ellos; disfrutar de la propia ignorancia. Porque la ignorancia de algo no es otra cosa que la oportunidad de aprender. Es como cuando no nos angustia no tener un vestido adecuado para una fiesta porque será un placer ir a comprarlo, a elegirlo, probárnoslo, decir " este me queda mal; este me queda bien". Para hacerlo hay que tener el dinero y el tiempo necesarios, claro; en caso contrario sobrevendrá la angustia. Ante la ignorancia, es necesario tener la predisposición y las fuentes; por ejemplo, los enseñantes. Como frecuentemente no sabemos reconocer a nuestros enseñantes, sobreviene la angustia; y para evitar la angustia negamos la ignorancia. Pero nos olvidamos de algo: la angustia sobreviene igual.

1 Del Prólogo a la edición de 1974, en Buenos Aires, de Cartas a un Profesora, escrito por Meri Franco Lao.

2 Así llaman los chicos de Barbiana a los hijos de los ricos, mimados por la escuela.

Claudia Cichero Docente - Psicopedagoga




AGENCIA RODOLFO WALSH 
agenciawalsh@yahoo.com.ar
 
http://www.eListas.net/lista/agenciawalsh 
Integrante del FORO DE MEDIOS ALTERNATIVOS







Gentileza:: 
Rodolfo agenciawalsh@yahoo.com.ar 

 

 

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