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De prostitutas
En la semana de cine uruguayo, vi "En la puta vida", dirigida si no me equivoco por Beatriz Flores Silva (no daban programa ni había afiches en el cine). La particularidad de esta película es que fue seleccionada especialmente para que coincidiera con el día mundial de rechazo a todas las formas de violencia contra la mujer.
El hecho es que una vez más, desde una perspectiva "progre", se presenta a las prostitutas como heroínas románticas, además de nobles, sensibles, generosas, solidarias y madres cariñosas y abnegadas, aunque, por cierto, a la vez se denuncia el sistema de explotación al que están sometidas.
La protagoniza la lindísima y simpatiquísima ¿Marina/Mariana? Santangelo, quien hace gala de una pródiga gestualidad, muuuy a lo Natalia Oreiro. Es a ella a quien más se le entiende lo que habla -el eterno problema del sonido- y en una escena lanza la frase: "Yo no soy puta, yo trabajo de puta" (¡ah!), como si fuera la llave que abre la comprensión de las complejidades psicológicas y sociales que la envuelven a ella y a las de su oficio. A mí la frase me parece bastante endeble, y lo digo yo, que no soy gráfico sino que trabajo de gráfico.
Pero parece que, además, el filme sirve a otro proyecto: los españoles deben de haber puesto la plata para la película -por otra parte un producto cinematográfico muy decoroso- porque sus instituciones quedan en ella muy bien paradas... al revés de las uruguayas: la policía española lucha contra la explotación de las mujeres y se desespera al chocar contra la red de intereses y de terror montada por los tratantes. La policía uruguaya, en tanto, es cómplice. En el consulado uruguayo en Barcelona se abren de gambas y medio que la patean a la protagonista, a pesar de que ésta plantea que su vida está en peligro. En cambio, el embajador español en persona, cual un James Bond, arranca en el aeropuerto de Carrasco a la prostituta de las manos de los torvos policías uruguayos. Por fin, el policía español la cuida, la espera, la arropa y, fiel a su apostolado de servir a la comunidad... bueno, no cuento más.
Vuelvo al principio: "En la puta vida" contribuye a destacar el potencial de liderazgo social de las prostitutas, lo cual para nosotros sería una suerte porque, ¡gracias a Dios!, la marginalización y desintegración social han arrastrado a esa vida a miles de mujeres y niñas. Pero, ¿será tan así? ¿Serán tan fuertes y combativas las prostitutas y tendrán tanto predicamento, conciencia y audacia como lo pretende toda una corriente zurdoide babosa?
¿O, por el contrario, estarán en una posición en extremo frágil y coactible, y esta posición las conducirá a estrategias de supervivencia muy individuales y primitivas?
La respuesta, próximamente en esta sala.
Gentileza:: Antonio Marín antoniod17@ono.com
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