Naufragios en el Río de la Plata 
Arqueología submarina/2002

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NUESTRA SEÑORA DE LORETO

Relato del naufragio – 1792

Río de la Plata

La fragata de guerra del Rey Carlos IV, llamada "Nuestra Señora de Loreto", era un navío de 47 metros de eslora por 16 metros de manga. Estaba artillada con 42 cañones, una tripulación estable de 300 hombres y era del mando del Capitán de Navío Don Diego Guiral.

El 29 de febrero de 1792 zarpó" del puerto de Cádiz con destino al puerto de Perú, transportando a su bordo una importante cantidad de azogue quesería utilizado en las minas americanas para el proceso de refinamiento de los metales preciosos.

Antes de cambia de océano a través del peligroso cruce del Estrecho 

de Magallanes, recaló en el puerto de San Phelipe y Santiago de Montevideo el 27 de mayo de 1792 para reaprovisionamiento y otras tareas. A las pocas horas de su arribo se desató una de las tantas y terribles tormentas que dominan con soberbia al Río de la Plata. El temporal tomó una fuerza tan grande que el ancla de la fragata comenzó a garrear inevitablemente. Vanos fueron los intentos de los asustados marineros para hacer firme el fondeo arrojándolos anclas más. Sin recibir compasión, la nave garreaba por el fondo lamoso del puerto de Montevideo, dejando un surco de desesperación en el lecho del río por donde era impunemente empujada hacia la Punta San José, una peligrosa saliente de piedras dentro del mismo puerto de abrigo...

Al considerar el Capitán Guiral que el navío sería condenado al naufragio de no remediarse la situación, con señales de disparo de cañón advirtió" a quién pudiera socorrerle sobre su seria situación. Dos navíos próximos a "La Loreto", la "Magdalena" y la "Rufina", enviaron sendas lanchas con cabos en la intención de hacer firme la toma de "La Loreto".

El temporal castigaba tanto al desprotegido puerto que ya se había adueñado de él, provocando que las lanchas zozobraran y se ahogaran tres de esos marineros que intentaron auxiliar la nave compatriota. Desde tierra los españoles observaban con pena y dolor como la nave era juguete de la tormenta. Intentaron en dos oportunidades acercarse con las diez mejores lanchas que disponían a "La Loreto". El mar había elegido otra víctima y decretó el fracaso de ambos intentos, sin ni siquiera permitir que los botes cruzaran la línea de la rompiente. A casi 24 horas de su arribo al puerto de Montevideo la fragata dominada por la tormenta, golpeaba de popa con retumbos mortales en la Punta de San José. Se había perdido el timón y comenzaba inevitablemente a inundarse...

El Capitán al ver con dolor que la fragata ya estaba sometida por el viento y las olas, decidió" ordenar a sus mejores marinos que picaran los palos con la esperanza de aligerar la nave y ofrecer menos resistencia a la voluntad de la tormenta...

El temporal continuaba con toda su fuerza y no ofreció" perdón al navío, en corto tiempo el codaste de la embarcación acabó" por destrozarse contra las piedras y el agua inundó" la fragata con un caudal mayor al que podían desalojar las bombas de achique, llegando as! el nivel del mar hasta la altura de las escotillas del sollado, buscando reunirse con quién de donde había venido... El Capitán Guiral humillado en su orgullo español ante semejante panorama, decidió" que lo único que quedaba por hacer era salvar a su tripulación... En una mezcla de dolor e indignación, orden" a sus marineros el abandono de su nave...

La tripulación valiéndose de todo recurso para no ser devorada por el mar que los reclamaba, construyeron una jangada con las vergas y botalones del moribundo barco. La primera que estuvo armada partió" rumbo a tierra llevando abordo unos pocos hombres y la esperanza de todos... Intentaría alcanzar con un cabo la costa para que éste sirviera de guía a las otras jangadas que le siguieran.

Era tal la furia del temporal negando la salvación, que enredó" fatalmente el cabo y los marineros de esta primera jangada se vieron obligados a picarla para poner a salvo sus propias vidas y poder alcanzar la costa, su único recurso para no morir ahogados. La tripulación que había quedado en la agonizante fragata, en medio del silencio de sus rezos, cobraba el cabo de vida que les había sido cortado para usarlo obstinadamente en otro intento de sobrevivir... Los marinos que completaron a nado el camino a la costa desde la primer jangada, finalmente sólo pudieron acompañar a sus camaradas en el silencio de la oración...

Para la noche del 29 la fragata estaba casi hundida del todo. La tripulación se había agrupado en la toldilla, una de las partes más altas del navío, tratando de conservar su vida en este altar de esperanza mientras se sometía incondicionalmente a la espera de que la tormenta que llevaba y a dos días amainase.

Para las primeras luces del día siguiente, los hombres que no renunciaban a su lucha por la vida, extenuados pero con la tozuda convicción de sobrevivir, habían preparado otra jangada para repetir el intento de llevar un cabo a tierra. Esta vez el mar no los perdonó" en su vanidoso desafío y los veinte hombres embarcados perecieron ahogados a poco de partir rumbo hacia la costa que estaba tan sólo a unos 400 metros. La tripulación que quedaba agotada y ya contaba sus horas en este mundo, por reflejo inconsciente otra vez cobraba el cabo de vida que el mar les dejaba a modo de testimonio por la osadía de sus compañeros.

La tripulación que aún estaba sobre lo poco que quedaba de la fragata fuera del agua, preparó" con el coraje de quién jamás se rinde otra tercera jangada. De repente, el mar se conmovió" por esos corazones españoles que no renunciaban a su derecho a vivir y dejó" que el viento calmara lo suficiente, sólo como para que desde tierra salieran todos los botes que estaban ala espera para el socorro de la desgraciada "Loreto".

Apenas la tripulación fue arrancada de los restos mortales de la otrora orgullosa fragata y no bien éstos alcanzaron la costa, el temporal se reinició con más furia y arrogancia que antes, acabando con lo poco que quedaba del navío y demostrando el mar que a pesar de todo se había conmovido y les había dado la oportunidad de vivir.

Ante la mirada de sus hombres, "La Loreto" en un último adiós y libre para entregarse sin pena, se acostó" mortalmente sobre una de sus bandas y se sumergió" en la noche del Río de la Plata. El terrible temporal, que duró" hasta el 30 de mayo, fue descripto por el Brigadier Don Antonio de Córdoba a Su Majestad como "...un temporal que no han visto los nacidos y los tres días de él, tres días de juicio. Pedían socorro La Loreto y cuantas embarcaciones había fuera y a ninguna se podía socorrer porque la mar eran montañas y el viento se llevaba las gentes..."

Arqueología Submarina en el Río de la Plata

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LA OTRA CARA DE LA MONEDA

Diario EL OBSERVADOR

Montevideo; Uruguay

Agosto 21; 2001.

Correo del Lector


Sobre la burocracia

Los felicito por la claridad del artículo "Costos que se sienten", publicado el domingo 5 de agosto en el suplemento Café y Negocios, y la precisión con la que refleja el "drama" de iniciar un expediente, la máquina de matar ideas. Me adhiero completamente al contenido de su artículo. Ojalá algún día me toque a mí poder explicar lo que es renegar contra la Comisión del Patrimonio Histórico del Uruguay. Un dato: dicha comisión declaró monumento histórico el naufragio de La Loreto. Por eso, Rubén Collado próximamente será indemnizado. Y, ¿ dónde está el monumento histórico ? ¿ Dónde está La Loreto ? Bajo el agua, tapada por cuatro metros de barro y próxima a ser sepultada por las modificaciones y reformas que se hagan para la playa de contenedores del puerto de Montevideo. ¿ Qué tal ? Patrimonio Histórico la declaró monumento, el Estado uruguayo pagó y la dársena de contenedores la tapará. ¿ Burocracia o burrocracia ?

Horacio Pardo

Leer artículo del diario; click aquí:

http://www.observa.com.uy/elObservador/ed010821/COR/indice.html




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