TV y cementerio.
Ediciones del Jilguero - 17/3/02

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TV y cementerio

Un texto de Jorge Nielsen


Gente viajada recomienda que si se quiere conocer rápidamente las costumbres de un país extranjero, lo primero que hay que hacer es ver la televisión de ese país y concurrir a un cementerio.
Un par de amigos extranjeros recién llegados a Buenos Aires siguieron el sabio consejo; vieron televisión, y acto seguido fueron a un cementerio, abrieron un par de tumbas y se metieron adentro.
¿Que exageramos? Tal vez, pero poquito.

Curtidos en estos menesteres, quizá los argentinos (nativos o por opción) no lleguemos a recursos tan extremos. Pero habrá que estar preparados a la segunda semana de la reyerta Velasco Ferrero-Zorzenón y su pobre hija de cerca de catorce años que quiere ser vedette. Y a tener que soportar a cuanto pelafustán anda rondando por ahí.

Y tal vez, encontrarse con algunas desagradables sorpresas como la que nos deparó Juan Castro hablando sobre Juan Carlos Calabró.
No vimos el programa "Kaos en la ciudad", pero tres personas de confianza, indignadas, nos comentaron el episodio. En síntesis, tergiversando declaraciones de Calabró el periodista "fashion pensante" (lo de pensante está en seria controversia) comparó al cómico con Fernando Siro y Elena Cruz (públicos reivindicadores de la dictadura), y lo acusó implícitamente de ser cómplice de la dictadura de Videla, por haber participado en la película "La fiesta de todos", dirigida por Sergio Renán en 1979, el film oficial sobre el mundial de fútbol celebrado el año anterior en la Argentina.

O la actitud de Juan Castro es propia de un hijo de puta o de un ignorante.
No dudamos que sobre el tema en cuestión Castro es un ignorante.



DECLARACIONES EXCLUSIVAS DE JORGE GUINZBURG
PARA ESTE BOLETIN

‹¿Qué programas de televisión veías de chico?
‹Fui un televidente compulsivo. Yo debo ser el único argentino
que vio la serie "Hoppalong Cassidy", que iba a las 4 de la tarde
por canal 7 y yo iba al colegio de 1 a 5 de la tarde, o sea
que faltaba para verla. Lo único que me gustaba de esa serie
era que se tiraba del primer piso, del saloon, hasta la planta baja,
donde quedaba en el lomo en el caballo.
Por ese motivo la veía. Veía cosas que no eran propias de mi edad,
como el "Teleteatro para la hora del té", con Fernando Heredia y
María Aurelia Bisutti, veía por supuesto "La familia Gesa",
"La patrulla de caminos". Todavía hoy me puedo acordar de la apertura:
"Cuando faltan las leyes de un país o cuando el bienestar de los ciudadanos
está en peligro se puede llamar a la milicia, la policía federal
o la patrulla de caminos. Estas son las historias de esas organizaciones
y de los hombres que hacen cumplir y respetar las leyes".
Veía el "Cisco Kid", veía "Papá lo sabe todo", veía todo.
"De lo nuestro lo mejor", que era el cine de los domingos a la noche.
Estoy hablando del 59 más o menos, porque antes
vivía en Capilla del Monte, un pueblo de Córdoba que no tenía televisión.
Al poco tiempo logré que mi viejo compre un televisor, un Dumont,
de esos que tenían un vidrio adelante de la pantalla,
que cada dos meses había que sacarlo porque se llenaba de moscas.
Tenía un elevador de tensión, porque tenía rayas horizontales
y era como que bailaba la imagen. Veía a María Antinea,
había un programa de ballet que teníamos que ver
porque a mi abuela le gustaba.

‹¿Era la típica familia judía numerosa?
‹Vivíamos en el departamento de mi abuela hasta que cumplí los 13 años.
Mi vieja, mi viejo, mi hermana, mi abuela y yo.
Cuando llegué a Buenos Aires durante unos meses
no tuvimos televisor. Primero íbamos a lo de un tío a ver televisión.
Me estoy olvidando de "Lassie", "Rin Tin Tin". Yo iba los sábados a la tarde
a la peluquería del barrio a ver "Rin Tin Tin". Con el teniente Rip Master,
el sargento Bip O¹Hara y naturalmente, Rin Tin Tin.

‹Y el pequeño cabo Rusty.
‹Y el pequeño cabo Rusty. Y los domingos a la 1 de la tarde "Lassie".
Estaba el padre Gardella los domingos a la mañana. Estaba "Furia".

‹Antes de "Lassie" estaban Miranda-Córdoba-Serrano.
‹"Mi marido y mi padrino".

‹En mi casa era una ceremonia verlos, después de los ñoquis
amasados por mi abuela.
‹En la mía era estofado hecho por mamá.


Castro debería estar en la primaria o primeros años de la secundaria durante 1979. Y seguramente no debería ganarse la vida en esos años.
Recordamos una frase muy utilizada en los movimientos de izquierda. "Hay obreros que miran hacia adelante [los revolucionarios], otros que miran hacia atrás [los reaccionarios] y muchos, lamentablemente, que miran hacia ningún lado."
¿Qué hicieron los actores argentinos durante el Proceso?
La enorme mayoría (Calabró incluido) siguieron trabajando, en televisión, en cine, en teatro.
Algunos, unos pocos debieron exiliarse (entre ellos Norma Aleandro, Norman Briski, Luis Politti, María Vaner, Héctor Alterio). Algunos sufrieron prohibiciones en televisión y cine (entre ellos Federico Luppi, Luis Brandoni, Víctor Laplace), y trabajaron en teatro. Otros como Carlos Carella recorrieron el país representando en bodegones el unipersonal "Martín Fierro" para matar el hambre. Otros sufrieron el exilio interior (Bárbara Mujica por ejemplo). Algunos fueron favoritos del gobierno de turno, algunas ofrecieron favores sexuales a cambio de papeles protagónicos. Varios dicen haber sido objeto de "feroces persecuciones" y releyendo sus actividades trabajaron activamente. Varios de nuestros más notables intérpretes trabajaron en los elencos estables de los teatros Cervantes y San Martín (eran empleados nacionales o municipales).
Calabró formó parte de "la inmensa mayoría". Trabajó, se ganó su lugar con armas nobles, no pisoteó a nadie. Probablemente "miró hacia ningún lado".
Citamos un párrafo inédito (del tomo 2 sobre televisión argentina, de pronta aparición):

1978 es el año del Mundial de Fútbol; curiosa relación entre deporte, televisión, política y guerra. Con un costo escandaloso (denunciado hasta por el propio número 2 de Economía, Juan Alemann), el Gobierno lo utilizó para intentar demostrar las bondades del país y de su propia gestión ante las críticas provenientes del extranjero; se batieron records de audiencia para la historia de la televisión; y mientras los comandantes en jefe Videla, Massera y Agosti celebraban los goles argentinos en los palcos (generosamente reflejados en la pantalla: la secuencia típica era gol argentino, celebración de los jugadores, celebración de los comandantes, repetición del gol), los mismos militares venían gestando el enfrentamiento armado con Chile. Cuatro años después, durante el mundial de fútbol de España se transmitirán los partidos en medio de la guerra de Malvinas, con sobreimpresos informando las novedades del conflicto; la rendición incondicional ante el Reino Unido se anunció casi perdida en algún entretiempo de partido.
Pocos de quienes colmaron el remodelado estadio de River Plate, sede principal del mundial, podían sospechar que a menos de 10 cuadras, en la Escuela de Mecánica de la Armada, funcionaba uno de los campos de concentración más sanguinarios de la dictadura.



Otro culebrón se avecina. ¿Es Carlos Menem padre el padre
del supuesto hijo de Carlos Menem hijo?
Alejandro Doria nos cuenta en exclusiva los pormenores
de un famoso capítulo de "Atreverse" en 1990, que el público identificó
con el desalojo de Zulema Yoma de la quinta presidencial de Olivos.

DECLARACIONES EXCLUSIVAS DE ALEJANDRO DORIA
PARA ESTE BOLETIN
Se armó gran revuelo con una emisión que trataba sobre la violencia familiar.
Langsner había escrito un libreto titulado "Feliz aniversario";
no terminó de convencerme y por fin, en el último capítulo del año,
la primera semana de diciembre de 1990, cambio algunos elementos
y lo titulo "Mejor me callo". Solá personificaba a un senador
y Graciela Dufau a su esposa. Mucho después que Langsner escribiera el libro
Menem echó a Zulema de la quinta de Olivos.
Al final hay un personaje que oficia como espectador de lo sucedido,
va hacia un espejo mirando al público y dice "¡la puta madre que los parió!".
No tenía ni idea de la repercusión que tuvo.
El público lo asoció con Menem y Zulema. Nos hicieron una querella
por desacato a la investidura presidencial a Telefé, a Yankelevich,
a Langsner, a los cuatro protagonistas, a mí. La cosa se disolvió cuando Avelino Porto,
que era uno de los propietarios de Telefé ingresó como ministro de Acción Social
al gobierno de Menem.
Pero el libro Langsner lo escribió cuatro meses antes de la pelea.


"La fiesta de todos" fue la película que reflejó el Mundial de 1978. El material específicamente futbolístico fue filmado por brasileños, que habían ganado la concesión ante la FIFA para realizar un documental sobre el mundial; los brasileños desistieron y las empresas Inversiones Cinematográficas S.A. y Arbol Solo S.A. contrataron a Sergio Renán para dirigirla. Renán adosó sketches para realizar un híbrido entre documental y ficción, con gran éxito de público en la Argentina y en general buenas críticas (salvo Daniel López, que la destrozó desde las páginas de "La Opinión", intervenida por el gobierno militar).
El gobierno utilizó a su favor una película que reflejaba a "un país triunfante", lo mismo que hizo con los éxitos deportivos del Mundial del 78 y del Mundial Juvenil de 1979.
Calabró representó a su personaje de El Contra (obviamente estaba en contra de la euforia del público argentino que pensaba que íbamos a ser campeones del mundo), Mario Sánchez a un oportunista vendedor de banderitas argentinas (cuando perdió Argentina contra Italia bajaron abruptamente de precio), Ricardo Espalter a un director técnico hipotéticamente soviético (repitiendo su personaje de televisión) y así sucesivamente. Participaron desde fervorosos partidarios del gobierno (José María Muñoz), fervorosos amigos del gobierno (Luis Sandrini, Luis Landriscina) hasta diversos actores que se limitaron a actuar (Graciela Dufau, Ulises Dumont, Silvina Rada, Susú Pecoraro).
Y algunos intelectuales dieron su opinión (Félix Luna, Marta Lynch). Y algunos periodistas deportivos también (Macaya Márquez, Néstor Ibarra, Roberto Ayala, Diego Bonadeo).

Hablemos de Calabró. Comenzamos con una confesión: cuando Nora Lafon nos sugirió entrevistarlo para el tomo 1 de "Nuestros actores" (estaba en pleno éxito con "Campeones de la vida"), amablemente le sugerimos que no. Nos parecía que había otros actores con una vida más interesante por contar.
Pero la carrera de Calabró es singular. Y ejemplar.
Como muchos cómicos de su generación, trabajó veinte años (desde los 15 hasta los 35) en un estudio contable. Como Sapag o como Balá, comenzó grande en la actuación (28 años cumplidos), en el ciclo radial "Farandulandia" escrito por Aldo Cammarota. Y bajo la batuta de Cammarota (que no se destacaba por pagar mucho a sus actores) ingresó a la televisión en 1962 con "Telecómicos", donde permaneció diez años, creando a personajes todavía recordados (el tanito inyeniere, el admirador [un antecedente de El Contra] o el locutor de las parodias a los teleteatros).
A los 20 años se recibió de locutor en el ISER y realizó pequeños trabajos en Rivadavia, Belgrano y Splendid.
En general escribía los libretos para sus personajes. Durante cinco años escribió los libretos para los ciclos de televisión de Carlitos Balá.
Y en una carrera ascendente, sin desmayos, tras abandonar "Telecómicos" pasa a tener mejor suerte (y mejores ingresos) en ciclos como "El pastito", "El chupete" (ahí da forma a El Contra), "Gorosito y señora", "Frac. Humor para la noche" o "Flash".
Hasta que tras más de veinte años de "yugarla" en 1978 le llega la oportunidad con "La vida en Calabroma". Citamos del libro sobre televisión argentina inédito:

"Un ya veterano de las pantallas tuvo su oportunidad: Juan Carlos Calabró encabezó La vida en Calabroma, con libro de Cacho Vilar y un elenco solvente con Mario Sapag, Hugo Arana y Camila Perissé, muy populares años después. Con sketches como El tanito, El contra, Los gauchos judíos y La dimensión descosida, debió compartir horario con Un mundo de veinte asientos; a pesar de ser derrotado en la batalla del rating (casi veinte puntos promedio contra doce) el ciclo dejó buena impresión y popularizó a una figura todavía vigente".

Y así siguió protagonizando hasta 1988, con el título reducido a "Calabromas", creando personajes inolvidables como Johnny Tolengo, Máximo Rigor, Batman y Robin o Aníbal. Hasta que en 1989 comienza su dupla con Antonio Carrizo en "Toda estrella tiene su contra".
Uno podría suponer que hacía el programa "de taquito". Pero no. Carrizo nos contó que abandonó el programa porque debían reunirse cinco días a la semana, cuatro horas diarias, en un bar de la Avenida del Libertador para escribir los libretos. Que no debían contemplar malas palabras, y donde estaba prohibido repetir un chiste.
Calabró también hizo mucho teatro (incluyendo teatro de revistas) y cine (en películas que posiblemente no pasen a la historia del séptimo arte).
Esto declaraba en agosto de 1989 a la revista de "Clarín": "No es mi personalidad ser hiriente. Puedo desmenuzar un personaje al mango, desnudar sus debilidades, pero eso de entrecasa, en mi escritorio, a solas; lo que no puedo es entregarle las llagas al público. Creo que mi programa Calabromas está situado entre los primeros de mayor audiencia justamente por eso, porque miro al tipo humano con cariño, con respeto, desde su misma altura, social, claro; no trato de «reventarlo». Entonces, puede producirse la identificación de parte del espectador. No me interesa la comicidad destructiva, feroz".

Reconstruir el país es la tarea que nos espera. Con mucha gente como Calabró la Argentina sería un país mejor.
Y a los cementerios concurramos cuando viajemos al exterior (quienes puedan), a despedir familiares y seres queridos, y dentro de un cajón, cuando todo acabe. Dios quiera que dentro de muuuuuuuchos años.



Pensábamos escribir sobre el estado de los libros en la Argentina.
Una nueva deuda que pronto saldaremos.


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