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Marcelo D.
Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina. marcfer@iespana.es
http://groups.msn.com/MarceloDFerrer/indice.msnw
DEJARSE LLEVAR
Marcelo D. Ferrer
Si la tarde cae o se levanta...
¿no da igual?
Hay razones pensables
para que esta bella soledad
sature de encantos esta tarde
y su pausado reposar...
La espontaneidad arrasa
la consistencia del tacto,
se masifica el espíritu
con la tarde que apenas cae.
La penumbra nos borronea la vista...
En abstracto se conectan las almas,
tu vestido... mi camisa.
comienza el dulce juego
de las almas cuando se acarician.
Si soltar pasiones es fusionar en éter corazones,
piel, pollera y pantalones,
que dormiten fuera los rosales
o que el tilo mude sus amarillos invernales...
Que anochezca!
Que amanezca!
Que se sature el aire del roce incansable de tocarse
¿hace eso la diferencia al expresarse?
Fusionar y dejarse llevar...
calentar el aire y flotar,
buscar una huella en tu cuerpo
y comenzarla a andar...
Amarnos en esta tarde
de caída leve pero magistral...
hasta que el ángel de esta
tan complaciente soledad
nos diga que hemos a la tierra
de regresar.
ELLA
Marcelo D. Ferrer
La armonía irreverente que solo lo bello de verdad tiene,
estaba ahí, entre la gente, sonriendo diferente...
Siempre me sorprende cuando la veo ahí,
entre la gente y de la nada se aparece...
Y del modo sublime en que la luz pinta colores
en lo tenue de un amanecer en calma,
o la agonía de una tarde imprime
en lo celeste del cielo diminutos agujeros...
ella, con solo una pizca de ella,
da presencia a mis vacíos de ausencia
y enciende luceros
que guían mi alma hasta su alma bella.
Habrá miles que se le asemejan
me digo sorprendido cuando la miro... ahí
entre toda esa gente que me resulta indiferente,
pero si ella un día cualquiera,
por razones que Dios no quiera,
no apareciera ...
los amaneceres perderían sus colores
si ya no pudiera amanecer con ella...
y las tardes...,
las tardes dejarían que las noches
se sorprendieran sin estrellas.
LEVE ME ACERCO
Marcelo D. Ferrer
A la distancia justa
del torbellino de tu aliento,
en tu rojo intenso
y la humedad de tus adentros.
Sin rozar la fragilidad.
Sin alterar sustancia.
Sin soltar destellos.
Sin controlar reflejos.
Sin excluir la mirada.
Como abarcando la nada
que ya tiene un cuerpo
que engendra un alma...
En la espera tensa
en medio de la urgencia
que acrecienta la llama
que mi pecho inflama
y deshace el esfuerzo
de contener las ganas...
leve,
me acerco,
te beso.
PLACERES
Marcelo D. Ferrer
Me has tocado mujer
y mujer que eres en mi lecho,
desde tus dedos de ti me has hecho.
Con mi palma te he recorrido toda,
con mi palma y mi piel lo he hecho...
desde mi palma y mi piel y con mis huesos,
desde mis huesos purificados en tu fuego
y mi boca encadenada a la miel de tus senos,
me has hecho...
Guardo tus ojos que gozan
y me buscan en la penumbra de mi sombra,
guardo los susurros bañados de tu sudor salado
que en la misma penumbra me nombran.
Y quedo en tu cuerpo contraído entre tus brazos ...
y pertenezco a tus viseras y pertenezco a tus labios...
me tienes unido a tus entrañas y temblando,
tu me tienes sujeto a tu alma y sometido a tus encantos...
No me dejes ahora ni me abandones tan luego, mujer,
que a un tiempo es más bueno,
que a un tiempo es supremo...
Como dos náufragos de los mares del éxtasis,
henos aquí exhaustos pero abrazados,
elevando plegarias al amor consumado,
temblando y jadeando en un lugar sin formas,
en un instante perpetuado por el gozo de lo gozado.
Sobreviene la calma en el torbellino de miembros enredados...
Sobreviene la calma en esos océanos salados de nuestros sudores mezclados.
Sigues presa de unas manos que todo tocan,
y te buscan a tientas en penumbras ya sin sombras.
Me has tocado mujer y mi alma ha gozado en ti
y mi cuerpo tiembla y mi boca aún busca tu boca...
Vengo desde ti y ya no soy quien era.
Soy la sensibilidad en las yemas de tus dedos,
la agonía de unos huesos que extrañan tus huesos,
la miel en los labios de la mujer que aún me nombra.
MI RISA
Marcelo D. Ferrer
Cayéronse como páginas amarillas
los florecidos días
para mis intentos.
Giros bruscos da la vida,
que de tan bruscos,
es de la inercia esta lástima autóctona
que se llevó el alma de las cosas.
Se ha marchado el tañer de mi risa.
Esta mueca híbrida con atisbos de simpatía
es el eco de lo que fue mi sonrisa.
Mis huesos no han sido capaces de seguirla,
han quedado a la orilla de las alegrías,
como residuos de toda aquella chispa.
Quiero rescatar de ese vacío inerte,
de un olvido piadoso,
al lienzo aquel donde pinté
como un sol vigoroso
la rebelión enloquecida
de mis esbozos cuando la vida era risa.
Quiero sepultar esta resignación
de esperar manso el final de este día
extraviado en signos remotos
ausentes de fantasías.
Quiero mi risa tonta
la de los días sin penas...
con glorias!
Quiero reirme
de mis injurias barrocas,
esas que emergían solas
al quebrárseme la boca
con soberbia idiota.
Quiero suplir esta
desgarbada gota
que es de mis ojos
ahora que añoran,
de mi risa,
su extravagancia sonora.
EMIGRANTES DE OTRAS VIDAS
Marcelo D. Ferrer
Una furibunda tormenta nos tendió
su mano suave en el caer gris de la tarde...
Nos buscamos con la mirada
amparados bajo un paraguas
que quiso Dios,
me acompañara siendo que jamás lo usaba.
Energía que fue prosa directa al alma
lo que me devolvió tu mirada...
Y la mía...,
que no supo decirte nada,
que desde hace tanto te buscaba!
quedó incrédula y desde ese momento, acompañada.
Luz divina que cauteriza las heridas
que el andar por la vida causa.
Eres tú una presencia tan sutil y santa
como lo era de niño mi ángel de la guarda.
Y fueron días con glorias
y temblores violentos los que siguieron...
Y fuiste mía en otro encuentro
y me entregue dócil a ti
como en este cuento que te cuento.
Paranoias del alma...
hasta hace un tiempo era yo un reducto de impurezas urbanas
y ahora, tu amor santifica mis andanzas.
¿Estaría escrito que alguna vez te encontrara?
Que tonterías pienso!
No hay escrito en ningún lugar nada...
Somos emigrantes de otras vidas,
un vendaval de lluvia con viento nos junta en ciclos eternos
desde que el tiempo es tiempo
y el amor ...
se recrea en nosotros como en un cuento.
Te extraño
Marcelo D. Ferrer
Tu hueco vacío de almohada
me apena.
Murmuran noctámbulas
las madreselvas... tu ausencia.
Las noches han perdido
su aroma a estrellas...
y deambula mi alma
por donde quedó
tu tibieza.
Me duermo...
Sueño desde que sueño...
mis sueños
de soñarte bella.
Siento que te siento
en mi sueños
al sentirte buena.
En noches gélidas...
como esas,
imploro al supremo
que vuelvas.
Nada más perfecto
Marcelo D. Ferrer
Lubrícanos la pasión
que desatamos.
Se desliza
el vigor al abrigo
de unos labios.
Entrañas penetradas del ser...
anatómica perfección
que eleva el gozo
y prodiga placer.
Suelta un suspiro el alma
que es plegaria...
y entre sudores
se mezcla la piel.
Docilidad y rebeldía
Marcelo D. Ferrer
El destino tiene dos maneras de herirnos :
negándose a nuestros deseos... o cumpliendo los de él.
Sin embargo, podemos rehusar a aceptarlo tal y como se nos presenta.
Desde aquellos primeros días de la razón,
he sido un espectador de la vida.
A veces mirando al mundo girar desde mi dócil pesadumbre pueblerina...
Tantas otras, observándolo desde el lugar reservado a las águilas;
elocuente, transgresor, actor o simplemente un sensible soñador...
Sin embargo,
cuando vuelvo al pasado trayendo recuerdos a mi mente vaga,
solo llegan hasta ella los momentos de audacia...
con algún esfuerzo logro capturar la chatura rutinaria.
Con todo, de cada cosa aprendí algo...
Todo conspiró! Vista, razón y omisión...
para construir la persona que soy.
Me modelaron del sutil modo que tienen los artistas desde sus dones,
o a golpes de chocar con las formas
con que los paradigmas modelan las razones...
Del modo en que viví,
del modo en que siga viviendo
y del modo en que algún día muera,
seguiré pensando que ese es el sentido de mi vida,
a veces la docilidad, a veces la rebeldía.
Pero si por los errores y aciertos cometidos,
pudiera llevarme al más allá un trozo de acá,
elegiría el amor y el odio,
porque ambos, como la docilidad y la rebeldía,
serán mis extremos en vida.
En ese viaje final pondría ...
de un lado a la persona que hice feliz
hasta los huesos con mi hidalguía.
Del otro,
a quien mortifiqué en lo profundo del alma con mi cobardía.

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