Naufragios en el Río de
la Plata
Arqueología
submarina/2002
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UN NUEVO TESORO
EN LA ORILLA MISMA DE LA PLAYA CARRASCO
FIEBRE DEL ORO EN EL PLATA
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Collado sigue tras el oro. Ya no es el único. La búsqueda
de tesoros se expande en aguas uruguayas.
JOEL ROSENBERG
EL LUNES 2 DE SETIEMBRE
la bajante del Río de la Plata permitió divisar un pequeño trozo del barco:
un detalle de 20 centímetros, imperceptible para quien no estuviera trabajando
en el rescate del naufragio. "Es la parte superior del palo de la proa. Es la
primera vez que lo vemos fuera del agua", explicó Luis, el jefe de operaciones
del equipo del buscador de naufragios Ruben Collado.
El trabajo había
dado sus frutos. Se sacó mucha arena del lugar y la bajante regaló, por un día,
esa postal única en la costa de la playa Carrasco: un pedazo de madera al sol
de un barco hundido hace 250 años.
Un año antes, en
agosto de 2001, Collado había localizado en ese lugar la proa y parte de la
cubierta de la fragata portuguesa Nuestra Señora de la Luz. Allí, enterrado
increíblemente cerca de la orilla, Collado cree que hay un tesoro: 53.000 monedas
y 400 lingotes de oro. Un tesoro que el barco llevaba de contrabando, según
las investigaciones de Collado, cuando naufragó en 1752. Un tesoro cuyo valor
se estima en más de 100 millones de dólares.
La idea de Collado
es intentar extraer, además del oro, la mayor parte del barco, para crear un
parque temático. "Sería un punto de referencia para el turismo en Uruguay. Ese
barco en tierra va a ser una de las maravillas del mundo", afirmó el buscador
de naufragios.
Como en cada rescate
marino, el escepticismo y la ilusión rodean el trabajo. Si bien puede parecer
difícil que un tesoro tan grande se encuentre tan cerca de la orilla sin haber
sido hallado nunca, la ilusión de Collado está basada en sus investigaciones,
que le dan la certeza de que el oro permanece en esa parte del barco hundida
en la playa.
Collado tiene el
aval de sus hallazgos anteriores. En 1992 encontró la bodega de este barco en
una restinga a 200 metros de distancia de donde hoy trabaja. Allí se hallaron
cañones, anclas, petacas y 3.000 monedas de oro.
En realidad, Collado
había iniciado la búsqueda de otro barco, llamado El Preciado, pero encontró
a Nuestra Señora de La Luz. De cualquier forma, por contrato, se puede rescatar
el barco buscado y/o cualquier otro que esté en la zona concedida para explorar.
Ese rescate fue
el mayor éxito de Collado en sus 18 años de trabajo en el Río de La Plata; las
monedas y piezas de oro fueron subastadas en Nueva York por un monto de tres
millones de dólares, otorgando al buscador de naufragios fama y prestigio internacional.
A partir de ese
momento comenzó a crecer, de forma incesante, la demanda de permisos para rescate
de naufragios ante las autoridades uruguayas. Exploradores, empresarios e inversores
nacionales y extranjeros comenzaron a trabajar para rescatar otros barcos.
Desde 1993 fueron
hallados cinco naufragios históricos en el Río de La Plata y el océano Atlántico.
Otras siete operaciones se encuentran en etapa de búsqueda y 80 solicitudes
de permiso esperan la aprobación del Estado para comenzar a trabajar. Cada mes
se suman nuevos pedidos.
Locura por
el mar
Ante la creciente
demanda de permisos de rescate, la Prefectura Nacional Naval, que tiene la potestad
de controlar y habilitar las investigaciones submarinas, creó en 1997 la oficina
de Trámite de Buques Históricos Hundidos.
Esta dependencia
se encarga de estudiar las solicitudes y otorgar los permisos correspondientes.
La habilitación
que se expide es una concesión de una zona para explorar. Actualmente la costa
uruguaya está casi toda "loteada" por las solicitudes. Incluso, la Prefectura
tuvo que achicar varias zonas de búsqueda y pedir cuidados extremos en otras
para mantener la seguridad en la navegación.
"Existe una fiebre
del oro en las aguas uruguayas", dijo un funcionario de la Prefectura.
Una fiebre que cuenta
con el visto bueno del Estado que, después de años de postergar indefinidamente
cada solicitud cambió de postura y, en los últimos dos años comenzó a agilizar
los trámites. Una fiebre que el Estado desea aprovechar, teniendo en cuenta
que le corresponde el 50% de lo extraído en cada rescate. Una fiebre que puede
convertirse en epidemia, ya que los naufragios en aguas uruguayas superan los
2.000 según algunas estimaciones serias.
Dobles de riesgo
Antiguas cartas
náuticas y libros de historia coexisten con fotos satelitales y equipos de última
generación; historia, leyenda y avance tecnológico están presentes y mezclados
en cada rescate.
Es un trabajo que
tiene muchas etapas, dura muchos años y no tiene garantías de éxito.
Si bien hay documentos
históricos como los del Archivo de Indias en Sevilla o los del museo Alvaro
de Bazán en Madrid que dan datos precisos de los hundimientos y las cargas
de los barcos, no es fácil saber exactamente dónde están y, lo más importante,
qué queda de lo que transportaban hace más de 200 años.
"Uno busca y muchas
veces no encuentra ni el barco. Hay cientos de expediciones que gastaron dos,
tres, cinco millones de dólares y no encontraron nada", contó Collado.
"El negocio es relativo",
continuó. "Si fuera un gran negocio yo sería un tipo recontra millonario y no
tengo un dólar".
Lo que cuesta entender
es por qué, si el riesgo es tanto, todos quieren tirarse al agua.
El buscador
de naufragios Horacio Pardo tiene su propia idea de por qué se han presentado
tantas solicitudes ante la Armada. "Es producto del facilismo utópico de quienes
desean hacerse millonarios de la noche a la mañana. Creen que encontrar un naufragio
es cosa de ir, bucear, encontrar un cajón lleno de oro y luego venderlo. La
realidad demuestra que no es así. Nosotros llevamos más de diez años dedicados
a esta actividad y no nos domina la fiebre del oro".
Pardo, un argentino que integró muchos años el equipo de
Collado, hoy es encargado de operaciones del Proyecto Ánimas, un grupo que trabaja en la
desembocadura del río Santa Lucía donde ya halló un barco --El Francia, naufragado
en 1720-- y busca otros dos.
Héctor Bado, otro
buscador de naufragios que está al frente de un equipo que trabaja en el rescate
del barco inglés H.M.S. Agamemnon en Punta del Este, asegura que la fiebre se
debe a que ha habido un importante cambio en la actitud del gobierno en los
últimos años. "Ahora se empieza a impulsar a la actividad", afirmó. Pero Bado
cree que esa fiebre inicial se aplacará muy rápido "por los altos costos operativos
y los problemas burocráticos que se deben enfrentar".
Banco de
oro
Para iniciar una
búsqueda, lo que se solicita es la concesión de una zona para explorar.
El concesionario
puede realizar el rescate él mismo o contratar buscadores más experimentados.
Por ejemplo, el empresario Roberto Chiodoni Más tiene la concesión de la zona
donde está Nuestra Señora de La Luz y contrató al equipo de Collado para la
tarea.
Otro empresario
uruguayo tiene la concesión de la zona del banco Inglés, en el Río de la Plata,
y contrató al equipo de Bado para que en breve comience a trabajar allí.
El banco Inglés
se considera el mayor cementerio de barcos en las aguas uruguayas; hay quienes
especulan con 500 naufragios en esa zona. Como los contratos estipulan que los
exploradores pueden rescatar el barco que están buscando y/o cualquier otro
que aparezca en la zona de concesión, ese lugar podría ser una mina de oro.
Años antes de empezar
el trabajo en esa zona, los responsables de la búsqueda abrieron un portal en
internet (www.englishbanksllc.com) donde se explica el potencial de los tesoros
sumergidos en el banco Inglés y los detalles del trabajo a realizar en Uruguay.
Es una página de publicidad del proyecto, ya que para llevar adelante una empresa
de búsqueda de naufragios se necesitan inversores, generalmente internacionales,
dispuestos a arriesgar mucho dinero.
Collado tiene su
fama propia pero igualmente tuvo muchos problemas para conseguir quien le financiara
su nueva búsqueda. "Pusieron dinero unos argentinos, pero fue una lucha, hoy
conseguir un dólar es muy difícil", dijo.
Otras expediciones
han conseguido apoyo fuera de la región.
En el mismo sentido,
la Universidad de Oxford supervisa con un equipo de investigación el rescate
del H.M.S Agamemnon en Punta del Este. Los investigadores de Oxford estudian
la viabilidad de recuperar el barco entero, un rescate que necesitaría del apoyo
de muchos nuevos inversores.
Buscadores
de...
Collado guarda la
moneda de oro en una pequeña bolsa de cuero, en su bolsillo. Fue fabricada en
la Casa de la Moneda de Chile en 1751, pesa una onza y tiene una efigie de Fernando
VI, rey de España.
Collado rescató
3.000 de esas monedas en 1992. "Como esta son las 53.000 monedas que tienen
que estar allí abajo", dijo señalando la playa.
Los exploradores
submarinos que buscan naufragios son conocidos como buscadores de tesoros, una
denominación que la mayoría de ellos rechaza.
Collado afirmó que
encontrar oro no es el fin de su trabajo, sino que es la excusa de "un espíritu
aventurero de búsqueda incansable".
Su ex compañero Horacio Pardo consideró despectiva la denominación
de "buscadores de tesoros". "Para los detractores somos simples buscadores de
oro porque sólo miran si ganamos dinero o no; como si fuera un pecado tener
ganancias como fruto del trabajo. Me pregunto si esos mismos detractores no
cobran un sueldo del Estado".
Bado, quien dirige
las expediciones de rescate del Agamemnon, navío de guerra inglés que supo comandar
el almirante Nelson, afirmó que en general los buques que se están buscando
en aguas uruguayas se hundieron cerca de la costa "por lo que el tesoro se recuperaba
casi todo en los años posteriores. Quedan pocas posibilidades de encontrar oro,
esa es la realidad".
Sin embargo, que
no haya oro no significa que no haya valor monetario en lo que se busca. El
rescate de naufragios es un buen negocio para los exploradores submarinos.
El equipo de Bado
está rescatando desde hace varios años piezas de enorme valor testimonial del
Agamemnon. Se han hallado infinidad de artefactos de interés histórico, como
un cañón que combatió en la batalla de Trafalgar y el sello personal del almirante
Nelson. "Hallamos, por ejemplo, un tesoro en copas de cristal. Cada una puede
valer más que una moneda de oro", explicó el buzo.
En el caso del otro
buque localizado por el equipo de Bado cerca de la isla Gorriti, el barco español
Salvador, se han encontrado miles de objetos que según el investigador
merecen exponerse porque "son una muestra de la vida cotidiana a bordo de un
buque de principios del siglo XIX".
También tiene
su historia El Francia, un navío portugués que naufragó el 26 de enero de 1720
al chocar con lo que hoy es conocido como el banco de Santa Lucía. El barco
fue localizado por el equipo del Proyecto
Ánimas, que trabaja desde 1995 en su rescate en la en la desembocadura de
ese río.
"El naufragio
de este barco permitió al gobernador de Buenos Aires encontrar la excusa perfecta
para pedirle al rey que fundara Montevideo", contó Pardo.
Claro que en
El Francia se busca también un tesoro y cuando en octubre se reanuden los trabajos
intentarán hallar la carga de oro y plata que llevaba de contrabando. Según
informa la página de Ánimas en internet (http://www.animas.com.ar) el tesoro del barco
tiene un valor de 30 millones de dólares.
Según Pardo, en 1995 los tesoros del Proyecto Ánimas fueron estimados en 700 millones
de dólares. "Para nosotros valen más. No nos desprenderemos de ninguna pieza
porque rechazamos la comercialización y preferimos la exhibición, que durará
para siempre", señaló.
Tal es la
idea de muchas de las empresas que hoy buscan tesoros: instalar museos en lugar
de vender las piezas.
A mano
El equipo de Collado
está dejando todo pronto para la etapa final del rescate de la cubierta de Nuestra
Señora de La Luz, que estiman ocurrirá antes de fin de año.
Collado explicó
que intentará realizar un operativo sin precedentes en Uruguay, rodeando el
barco con una piscina metálica de 60 metros de largo, succionando la arena de
ese lugar y aclarando el agua con un químico especial. Allí trabajarán los buzos.
Primero se intentará sacar las piezas y el tesoro. Luego lo más difícil, el
barco, tan entero como sea posible.
Es un enorme despliegue
en plena playa Carrasco, un trabajo que cuenta con el permiso de la Intendencia
de Montevideo y el aval del gobierno, ya que el rescate fue declarado de interés
nacional por la Presidencia en febrero.
Se trata de un cambio
en la posición del Estado y las autoridades respecto a lo que ocurrió cuando
Collado logró el primer hallazgo en el Río de la Plata: los restos de Nuestra
Señora del Loreto, en 1986.
En ese momento, la Comisión de
Patrimonio Histórico, que era presidida por Mariano Arana, declaró "monumento
histórico nacional" los restos del barco y le prohibió al equipo de Collado
trabajar en su rescate.
Fuentes de la Armada, inversores
y buscadores de naufragio están aún hoy asombrados por aquella medida.
Los restos de Nuestra Señora del
Loreto quedaron sumergidos por tres metros de fango y por el dictamen del Estado,
un lodazal que le costó una fortuna al Uruguay: Collado realizó un millonario
juicio contra el Estado alegando que en el contrato firmado se le permitía extraer
lo que entendiera necesario del barco encontrado.
Luego de un juicio que se prolongó
durante 15 años y terminó en la Suprema Corte de Justicia, el fallo fue favorable
a Collado y el Estado deberá abonarle en poco tiempo cerca de un millón y medio
de dólares.
Una cifra que deja en cero las
ganancias obtenidas por el Estado a través del rescate de naufragios: lo único
que había recaudado hasta ahora era la mitad de lo obtenido en 1993 con el remate
de lo extraído en Nuestra Señora de La Luz.
Dólares más, dólares menos, es la misma cifra que tendrá que pagar
en breve por el juicio perdido.
PREFECTURA CONTROLA Y SUPERVISA
Orden en el mar
LA ARMADA RECIBE
SOLICITUDES de búsqueda de naufragios desde hace más de 100 años, la mayoría
de ellas de barcos hundidos antes de la independencia de Uruguay.
Pero hasta 1984,
cuando el argentino Ruben Collado llegó a Uruguay, el rescate de naufragios
era una actividad que no preocupaba a las autoridades marítimas y que carecía
de las normas adecuadas.
El primer hallazgo
de Collado, en 1986, obligó a adecuar y modernizar la ley 14.343 de 1975, que
regulaba las condiciones para autorizar la búsqueda y el rescate de embarcaciones
hundidas, semihundidas o varadas en aguas nacionales con anterioridad al 31
de diciembre de 1973.
En 1997, ante el
incremento de la demanda, se creó la Oficina de Trámites de Buques Históricos
Hundidos (Trabu). En esta oficina se presenta la solicitud de una zona de búsqueda:
un extenso informe, donde se debe indicar detalles del naufragio que se busca
y, además, presentar un proyecto arqueológico que debe ser aprobado por el departamento
de arqueología de la Comisión del Patrimonio Cultural de la Nación.
Este punto es importante
porque los arqueólogos y los buscadores siempre tienen visiones contrapuestas
acerca de la forma de rescate y el destino de lo extraído.
El contrato da seis
meses para la búsqueda y dos años para el rescate, aunque ambos plazos pueden
prorrogarse si se considera pertinente.
Para el contralor
de los rescates, Prefectura asigna un oficial que está permanentemente junto
a la expedición. Los buscadores del naufragio tienen 24 horas como máximo para
informar por escrito cada vez que sacan algo del fondo del agua.
Por contrato, el
Estado se queda con el 50% de lo extraído de los naufragios; todos los gastos
durante la etapa de búsqueda y rescate corren por cuenta de los exploradores.
COLLADO FUE EL PIONERO EN
EL RIO DE LA PLATA
Proa a un
nuevo hallazgo
EN 1986 COLLADO
fue el primer buscador de naufragios en hallar un galeón hundido del siglo XVIII
en el Río de la Plata. También fue el primero en rescatar un tesoro, en 1993.
Todos quienes rodean
el negocio de la búsqueda de naufragios, incluso algunos con los que no tiene
buena relación, lo reconocen como el pionero en rescates en aguas uruguayas.
Collado nació en
1936 en La Plata, Argentina. Es buzo profesional de primera categoría internacional
e instructor de buceo, aunque se define a sí mismo como buscador de naufragios.
Su pasión por la
exploración submarina comenzó en 1964 cuando llegó a la capital uruguaya luego
de leer en un libro la historia de un barco español hundido en la bahía de Montevideo
en el siglo XVIII. "Vine a buscar un galeón que se llama La Aurora. Tiene 70
toneladas de lingotes de plata y está dentro del puerto de Montevideo, por si
alguno quiere buscarlo".
Collado falló, pero
volvió 20 años más tarde y demostró que era perseverante en sus propósitos:
no rescató al Aurora, pero sí a Nuestra Señora del Loreto y Nuestra Señora de
la Luz.
El periodista Andrés
López escribió un libro sobre los hallazgos de Collado en el Río de La Plata.
En Galeones, naufragios y tesoros se describe la pasión de Collado por su actividad.
Es un hombre incansable, que ya tiene proyectos para cuando termine el rescate
de Nuestra Señora de La Luz. Cuando eso pase, el equipo se trasladará a Colonia
para el rescate del Lord Clive, un barco inglés hundido en 1680 que hace seis
años fue localizado entre la ciudad de Colonia y la Isla San Gabriel. "Está
entero, a seis o siete metros de profundidad", señaló Collado.
Pero el principal
desafío de Collado pasa por crear un parque temático con los restos de los barcos.
"Un museo como sólo hay dos o tres en el mundo, que sea un punto de atracción
permanente en Uruguay", señaló.
COLLADO AFIRMA QUE EL ORO ESTA EN
LA PLAYA
Tormenta
y contrabando
NUESTRA SEÑORA DE
LA LUZ, el barco que hoy intenta rescatar Collado en la playa Carrasco, era
un velero de guerra portugués que estaba al servicio de España cuando se hundió.
El barco naufragó
el 3 de julio de 1752, cuando salía del puerto de Montevideo y fue sorprendido
por un fuerte temporal. Según los documentos históricos que maneja equipo de
Collado, el naufragio se fue desarrollando desde el puerto hasta la lo que hoy
es la playa Carrasco convirtiéndose en la primera gran tragedia marítima de
Montevideo.
Inmediatamente se
comenzó la búsqueda del tesoro, que fue localizado cinco meses más tarde. En
los años posteriores al hundimiento, "buzos de pecho" rescataron gran parte
del mismo. Estos buzos trabajaban cubriendo sus cuerpos con grasa y ropa de
cuero e ingiriendo bastante alcohol para evitar el frío. Cobraban el 3% de lo
que traían a superficie y muchas veces morían en el intento.
El equipo de Collado
encontró el resto del tesoro en 1992, pero lo que nunca se encontró fue el contrabando
que llevaba el galeón. Según los datos que maneja Collado, el capitán de la
embarcación, Feliciano Fonseca, no llegó a subir a bordo y confesó el 15 de
febrero de 1753 que el barco llevaba un contrabando de 200.000 pesos de la época.
Collado cree que, en realidad, el contrabando era de 2 millones de pesos.
Este contrabando,
típica maniobra de esos años para evadir los impuestos que había que pagarle
al rey de España, estaba escondido en la zona del barco que Collado piensa encontrar
en la playa Carrasco, a unos metros apenas de la orilla, frente a la avenida
Juan Manuel Ferarri.
Collado está seguro
de que encontrará el tesoro porque sabe que entre 1749 y 1751 la Casa de la
Moneda de Chile fabricó 65.000 monedas, 11.000 de las cuales fueron embarcadas
legalmente en este barco y halladas por los buzos de pecho y por la expedición
de Collado. "El resto no esta en ningún lado. Nunca circuló, por lo que tiene
que estar allí abajo", aseguró Collado, que espera encontrar también el resto
del contrabando: 400 lingotes de oro.
EN TODA LA COSTA
Los más buscados
LA OFICINA
DE TRAMITES de Buques Históricos Hundidos (Trabu) tiene expedidos, actualmente,
cinco permisos para rescates de naufragios ya localizados y otros siete permisos
para búsqueda.
En el Río de la Plata están en etapa de rescate dos barcos:
Nuestra Señora de La Luz en la costa de la playa Carrasco y El Francia, un barco portugués localizado
por el equipo de Proyecto Ánimas, en
la desembocadura del Santa Lucía.
En el mismo río
se buscan tres barcos más: Nuestra Señora de Asunción, Nuestra Señora del Pilar
y Santa Aurora.
En el oceáno Atlántico
el equipo dirigido por Héctor Bado trabaja en tres rescates: el barco español
Salvador y el inglés Agamemnon en las proximidades de la isla Gorriti y el acorazado
brasileño Solimoes, naufragado en Cabo Polonio en 1892. En el caso del Solimoes
las condiciones de las corrientes marítimas en esa zona de la costa están dificultando
el comienzo de las tareas de rescate.
En el Atlántico
se trabaja en la búsqueda de otros cuatro naufragios: Nuestra Señora del Rosario
y San José de Las Ánimas, San Rafel, Ganjes y Sea Horse.
En la zona
de la bahía de Montevideo el equipo de Ruben Collado asegura tener localizados
otros dos barcos españoles del siglo XVIII: el Burford y la Visitación. En este
momento esa zona no tiene permiso de Trabu para trabajar allí.
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