El CELCIT EN ACCIÓN  (Argentina) 26/8/02 

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ENTREVISTA A GRISELDA GAMBARO

“Paradójicamente, el despertar nos permite soñar un país mejor”

En “Lo que va dictando el sueño”, la pieza que estrena hoy, Griselda Gambaro ensaya un atípico cruce entre los sueños y la realidad. 
Los títulos de las seis escenas de Lo que va dictando el sueño, obra de la dramaturga y novelista Griselda Gambaro que se estrena hoy en la Sala Casacuberta del San Martín, pueden servir de guía para introducirse en una historia quebrada, donde los sueños y la realidad conforman un entramado tan inquietante y poético como la frase en que se inspiró la autora: “Lo que va dictando el fuego”, de Sor Juana Inés de la Cruz. Escrita en 1999, pero nunca antes llevada a escena, será además publicada en las próximas semanas por el grupo editorial Norma. Los nombres que preceden a cada escena son “Sueño perfecto”, “Algo se mezcla”, “En otra época”, “Recomposición imposible”, “Rebelión del soñado” y “Lo que va dictando el sueño”. Casi un rompecabezas donde cada pieza (el personaje y su situación) adquiere significados que se develan y modifican. Conducida por Laura Yusem (una de las directoras que más trabajó en el montaje de obras de Gambaro), la pieza cuenta con un elenco de primer nivel: Alicia Zanca, Jorge Suárez, Horacio Peña, Julia Calvo y Luis Machín. La música es de Carmen Baliero, el diseño de luces Roberto Traferri y el vestuario y escenografía de Graciela Galán. En esta historia, la protagonista (Ana) se sitúa en el bando de quienes, cercados por la hostilidad, hallan refugio en los propios sueños. 
En diálogo con Página/12, la autora desbroza sueños y pesadillas y aporta datos. "Se trata de el sueño de lo deseado pero en un espacio que no es el real, sino ese otro en el cual la realidad se introduce en el sueño y éste a su vez en aquella”. En esa zona de tránsito se produce un combate, cuya consecuencia es a veces la destrucción del sueño. De ahí la pregunta que plantea la obra, de la existencia o no de la autonomía del sueño y de la posibilidad de “volver a soñarlo”. Esa continuidad implicaría un resguardo no sólo de la fantasía sino de la esperanza: Ana sueña con un viaje en velero junto a su hermano y con otras formas de atenuar una circunstancia penosa, como aquella por la que atraviesa un anciano olvidado por su familia en un geriátrico. O la de plasmar un anhelo que ahuyente el horror y el miedo. 
Emociones que Gambaro retrató de modo diferente en sus obras, entre otras las iniciales Las paredes, El desatino y El campo y las posteriores a la publicación de Ganarse la muerte (1976), novela prohibida por la dictadura, que obligó a la autora a exiliarse en España, de donde regresó en 1980, participando poco después en el Teatro Abierto 1981 con Decir sí. La opresión social y política y la complejidad de las relaciones personales son materias a apreciar en sus narraciones y piezas, escritas en su mayoría para “intranquilizar conciencias”, como Antígona furiosa, La casa sin sosiego, Es necesario entender un poco, Dar la vuelta, De profesión maternal, y en sus numerosas piezas breves, algunas de éstas reunidas en un único espectáculo. Un ejemplo es En la columna, donde se escenificaron Segundas opiniones, Caminos indirectos y Razones de espacio.
–¿Cuánto modificó el montaje a un texto escueto pero generador de imágenes como Lo que va dictando el sueño?
–La puesta de Laura me sorprendió un poco. En el paso que va de la obra escrita a la escena uno mismo descubre otros significados, por ejemplo que el sueño de Ana se conecta muy fuertemente con nuestra Argentina, hoy tan patética. Sacando la imagen, bastante convencional en mi texto, de un velero y de una isla en mar abierto, los suyos no son grandes sueños. Al contrario, se relacionan con gustos simples, como el deseo del viejo internado en el geriátrico de comer bizcochitos con grasa, o fumarse un cigarrillo, o asistir a una velada en el Colón. Este montaje revela más exactamente en qué lugar (o país) estamos soñando.
–¿Qué problemas plantea mantener vivo un sueño?
–Muchos, pero sobre todo cómo lograr que el sueño, algo tan impalpable, sea creíble en el teatro, que es un espacio bien concreto, sin tener que apelar a una parafernalia de humos y otros elementos. Con Laura decidimos que éstos no eran necesarios. En la obra, el paso de la realidad al sueño, y viceversa, está dado por la actuación. 
–Y, supuestamente, por la dualidad de los personajes...
–Los “soñados” no son dóciles siempre. A veces se niegan, y hasta de manera cruel, a ser tal como Ana quiere. 
–¿Por eso la “recomposición” de esta historia parece imposible?
–Eso se percibe cuando los soñados se muestran muy rebeldes. Esta es una obra que exige una lectura cuidadosa. Los personajes pasan continuamente de la vigilia al sueño, y al revés. Esto descoloca, y hasta puede angustiar. Creo que la forma en que se encara la actuación es fundamental. Aclara mucho qué se está buscando. En la lectura “no está cantado”. Ahí no puedo imponer ni el sueño ni la realidad: trabajo con la fantasía de quien está leyendo. En esta puesta tengo a mi favor un elenco que es devoto de la obra. Me encariñé con los ensayos a los que asistí y creo que me va a costar ver la pieza desde la butaca. Para mí es muy traumática la presencia del público. 
–La muerte y el desamparo son temas básicos en esta obra. ¿Los relaciona con este tiempo y con el propio país?
–Sí, pero no de una manera dolorosa, porque a pesar de la infelicidad de este momento, pienso que cuando los seres humanos se reconocen en el desamparo, como sucede en Ana y el Viejo, se abre un camino, distinto y posible de ser transitado. Y tanto en la realidad como en el sueño, que está siempre ahí, a la espera de que uno se acerque a él. Las ideas de desamparo y muerte tienen mucho que ver con nuestra situación actual de habitantes de una Argentina sin proyectos ni programas a futuro. 
–¿Advierte una mayor conciencia en la población?
–La actitud de la gente indica que hoy los argentinos están despertando. Hasta hace poco nuestros problemas permanecían subyacentes, demasiado tapados y con ninguna gana de verlos. Es importante estar despiertos, porque eso nos da, aunque parezca contradictorio, más impulso para atrevernos a soñar con un país mejor, para acercarnos a los que están, como nosotros, desamparados. Si uno tiene presente ese desamparo, lo reconoce y se une a los que están en una situación semejante podrá avizorar formas de pelear por un deseo colectivo de crecimiento. 
–¿Tiene en preparación algún otro texto?
–No, porque entre los ensayos y el estreno no encuentro la serenidad que necesito para escribir. En el teatro la exposición es muy fuerte. Es una suma de voluntades, y poner en escena una obra propia requiere un impudor que a mí me sigue costando. En los estrenos me inquieta todo, los silencios del público, las opiniones. Me sensibilizo demasiado. No aprendí a tomar distancia.
Hilda Cabrera. Página 12. 22 de agosto de 2002


LA ESCENA IBEROAMERICANA 

Argentina 

El teatro como un refugio 

La temporada actual demuestra que los costos de producción se acrecentaron al mismo ritmo que la asistencia del público. Hoy los espectadores se han incorporado activamente al rito de la escena, haya que pagar entrada o no. El teatro, en este caso, pero también en buena medida el cine y la música, parecen haberse convertido en paliativos en los casi ocho meses que han corrido de este año dramático para la Argentina. 
Tal vez como en ningún otro momento Buenos Aires ha ofrecido un panorama tan amplio de actividades artísticas como ahora, con muchas menos figuras internacionales es cierto, aunque también sea milagroso, que en los tiempos que corren se haya podido disfrutar de Daniel Barenboim tocando al piano el ciclo completo de las sonatas de Beethoven en el Colón. Es que la ciudad tiene un público para todos los gustos, desde aquellos que disfrutan viendo por la pantalla chica los "realities shows", cuya nueva vertiente es ser testigos en directo de la emoción que, lógicamente, muestra una persona desocupada cuando le es adjudicado un trabajo, hasta la ilusión de los chicos que sueñan con poder emular al "10", el Diego (Maradona).
LA ACTIVIDAD NO CESA. Lo concreto es que si el teatro continúa, como siempre, en crisis, la imaginación de los empresarios y artistas, a veces para estrenar un espectáculo con lo mínimo (en otros casos con recursos), a pesar de que los costos se han acrecentado, las entradas bajaron o se mantienen casi igual que cinco años atrás, y la actividad no cesa porque el público no dejó de ir al teatro. Su concurrencia se ha acrecentado y, felizmente, se logra agotar las localidades de muchas salas.
En entrevistas de años atrás, algunos directores expresaban sus dificultades para poder emular desde el escenario una realidad tan avasallante. Hoy cuando los tremendos hechos que se suceden a diario sobrepasan los límites de nuestra imaginación, la metáfora artística se ha convertido en una necesidad, en un espacio de reflexión para la mente y el cuerpo.
Porque el teatro no sólo es aquel que está en las salas comerciales, también está en la calle a través del incansable movimiento de las murgas barriales, que ofrecen actuaciones, durante todo el año, en fiestas populares o centros culturales de la periferia. 
De una punta a la otra de la ciudad, pueden citarse algunos ejemplos claros de técnicas de teatro. Desde el incesante éxito de Enrique Pinti con su actual "Candombe nacional" en el Maipo; las ciento cincuenta mil personas que entre abril y el pasado julio vieron a Nito Artaza, Miguel Angel Cherutti, Moria Casán y Graciela Alfano en "Cantando bajo la deuda", que los miércoles a la noche, convierte a la desolada calle Corrientes en una colorida manifestación que une a argentinos, uruguayos y chilenos; hasta la continuada repercusión de "El Fulgor Argentino" que presenta el Grupo de Teatro Catalinas Sur, en su sala del barrio de La Boca; o la inesperada convocatoria de público (40.464 espectadores) que despertó "El zoo de cristal" de Tennessee Williams, dirigido por Alicia Zanca, que el Complejo Teatral de Buenos Aires presentó en el teatro Regio (en Córdoba al 6000...) desde mediados de marzo y que todavía continúa allá.
DESCUENTOS Y "A LA GORRA". Con descuentos a estudiantes y jubilados, entradas a la "gorra" u ofreciendo una copa de vino o gaseosa, incluso un plato de comida, las obras, en muchos casos agotan sus localidades.
Enrique Pinti que tuvo un resonante éxito con su recordada "Salsa criolla", convirtió su último espectáculo "Candombe nacional" en otro suceso. Estrenado el 5 de enero, al 4 de agosto, convocó 114.988 personas, con funciones de miércoles a domingos y entradas que oscilan entre los treinta (platea) y quince pesos (pullman) y descuentos del cincuenta por ciento a jubilados y estudiantes.
"Les Luthiers" sigue con su indiscutido poder de convocatoria: con funciones de jueves a domingos, en el Coliseo consigue un promedio de 6.500 a 8.000 espectadores por semana (sus entradas están entre los 5 y los 35 pesos). "Monólogos de la vagina" cuyo gran anzuelo es contar con un trío distinto de actrices por mes, desde su estreno en mayo del 2001 hasta ahora convocó alrededor de 250.000 personas.
"De rigurosa etiqueta" escrita y dirigida por Norma Aleandro y estrenada a mediados de mayo en el Payró, con entradas a 10 y 20 pesos y descuentos a jubilados y estudiantes, trabaja con un promedio de cincuenta personas por función.
Otro hecho inusual (o no tanto), es el que protagoniza el grupo Los Macocos, que con el sistema de "teatro a la gorra" en el cine Lorange, los fines de semana consigue que el público haga casi una cuadra de cola para verlos. 
Lo mismo ocurre con el Grupo de Teatro Catalinas Sur, que con su espectáculo "El Fulgor Argentino", prácticamente desde su estreno en noviembre del 98, convoca a 300 personas por función, con una entrada que cuesta 6 pesos los viernes y 8 los sábados. 
En el ámbito de los teatros oficiales, el Cervantes, con "Nuestro fin de semana" -que baja hoy-, con una platea a 5 y a 8 pesos, consigue 250 espectadores por función.
El Complejo Teatral de Buenos Aires batió récord de concurrencia durante las vacaciones de invierno. Según se averiguó, más de 52.000 espectadores concurrieron a las salas que dependen del gobierno porteño, para ver once obras de teatro, tres ciclos de cine y cinco conciertos. 
La oficina de prensa del Complejo que dirige Kive Staiff, que nuclea a los teatros Regio, Presidente Alvear, Sarmiento, De la Ribera y el San Martín, señala que el primer semestre del 2002 se vendieron 223.342 entradas y en la misma fecha el año pasado 210.772. En esas cifras se incluye una amplia convocatoria de público con localidades agotadas para "Copenhague", que debió continuar su temporada más allá de lo previsto y "La casa de Bernarda Alba" (con decorado de Guillermo Kuitca) que en algunas funciones agotó el total de las setecientas cuarenta y tres plateas de la sala Martín Coronado.
El teatro parece haberse convertido en un refugio. No es la primera vez. Ni será la última. 
EL "OFF" NO SE DA POR VENCIDO. El "off" que ha sido el semillero de las nuevas tendencias cuenta con sus propios éxitos. También en este caso el teatro se extiende de un extremo al otro de la ciudad. En la zona del Abasto, "La escala humana" (en El portón de Sánchez) de Javier Daulte, Rafael Spregelburd y Alejandro Tantanián; "Open house" (Callejón) de Daniel Veronese y "Proyecto Siberia" (Falsa escuadra), comenzaron su segunda temporada. En el barrio de Villa Crespo, "Marta y Marta" (El Excéntrico de la 18) inició su tercer año de funciones. Este espectáculo que continúa los domingos, ofrece como incentivo sorpresa al espectador, que la comida que cocinan las actrices durante el espectáculo luego le es servida al público con una copa de vino. A pocos metros del anterior, "Las polacas" (Patio de actores), una trilogía de piezas sobre el tema de la prostitución a mediados del siglo XX, también incluye con su entrada unos bocaditos de la cocina judía y un vaso de jugo o de vino. 
En la zona de Balvanera Sur, "Un enemigo del pueblo" (El Bardo) comenzó su segundo año de representaciones y antes de disfrutar de la pieza -sábados y domingos, a las 21.30-, al público se lo convida con una porción de pizza y una copa de vino. Otras obras que van por su segunda temporada son "Intimidad" (que obtuvo elogiosas críticas cuando se presentó en el Lliure de Barcelona, España), de Javier Daulte y Gabriela Izcovich, basada en la novela de Hanif Kureishi, en La Carbonera, de San Telmo y "¿Quién cocinó la última cena" de Alfredo Allende, en Belisario, de Corrientes al 1800. 
J. C. F. La Prensa. 18 de agosto de 2002

ARGENTINA. 

La discreción del maestro 

A los 82 años, Carlos Gorostiza, el escritor de obras clave del teatro local participa en la reposición de Aeroplanos, que él mismo dirigió hace 12 años. Con Clarín evocó su infancia y habló de sus ideas sobre ficción y realidad. 
Carlos Gorostiza ha sido el anfitrión esta tarde. En su departamento de Palermo —donde vive desde hace casi treinta años con su mujer, Teresa— recibió a los actores que acaban de estrenar su obra Aeroplanos y al director que la puso en escena. El grupo estuvo de amena tertulia en el living. Dispuestos los invitados alrededor de la mesa baja, Gorostiza (82 años) reservó la silla más dura para sí. A los demás, ofreció la comodidad de los sillones y la vista panorámica de los elemen tos decorativos: una extraordinaria colección de daguerrotipos y, aún más asombrosa, la manta pluvial que cuelga de la pared: una de esas enormes capas bordadas que se usaban siglos atrás para proteger de la lluvia a los obispos. El tono afable del dueño de casa, su humor y su discreto sentido de lo mundano le han dado a la charla un marco de cordialidad que es inusual en el contexto de los diálogos que se escuchan hoy en día. Así, durante todo el encuentro, Gorostiza fundió la belleza señorial del paisaje con la calidez de su conversación. Tema principal: Aeroplanos. 
La obra que Gorostiza mismo dirigió en 1990, protagonizada entonces por Pepe Novoa y Carlos Carella, está en cartel desde el viernes. En ella, Novoa interpreta a Cristóbal (o Cristo) y Claudio García Satur es Paco: son dos inmigrantes octogenarios que sobreviven al paso del tiempo y a la indiferencia de una sociedad egoísta gracias a la solidez de su amistad y a sus ganas de vivir. El espectáculo comienza y termina con el valsecito criollo El aeroplano, de Pedro Data —"Un tema que marcó mi juventud y mis bailes"—; inclusive el contenido dramático de la obra parece seguir el ritmo del vals: una melancolía inicial que va creciendo en intensidad y que de pronto estalla, como si remontara vuelo.
Ahora que el grupo de invitados se ha retirado, Gorostiza se dirige hacia un escritorio alejado del ventanal y de la luz de la tarde. Muestra unas fotos color sepia tomadas en los años 20. Un hombre saluda desde un automóvil Overland; el mismo hombre, con sombrero Panamá, junto a dos niños en bicicleta; el mismo hombre en cuclillas al pie de un aeroplano de los que se utilizaron en la Primera Guerra. "Mi padre, Fermín Gorostiza —explica el anfitrión—, fue uno de los primeros pilotos del país". En otra foto, a bordo del avión, aparece un niño de traje oscuro y mirada seria. Es Carlos Gorostiza a los cuatro años, al cabo de su primer vuelo: "Fue un vuelo corto, hecho seguramente a escondidas de mi madre. Recuerdo que me pusieron antiparras y un gorro. Estaba nublado y para aterrizar debíamos guiarnos por la visión de unos molinos de viento".
"¡Qué casualidad! ¿no? Aeroplanos... Papá era gerente de la empresa de bebidas Bilz, y como era piloto, usaba los vuelos en aeroplano para arrojar volantes publicitarios. Salía de San Fernando y con mi hermano lo veíamos pasar desde la vereda de casa, en Santa Fe y Ecuador. Para nosotros era un paseíto... Como podían serlo el paseo por el Balneario Municipal o por el Jardín Japonés. Conocer el mundo era viajar en un barco como el Infanta Isabel de Borbón, en el que hice, a los seis años, mi primer viaje a Europa, a España."
"Escribí muy rápido Aeroplanos, hace doce años. Ya era viejo: tenía 70. Mi amigo Pedro Doril, que tiene mi misma edad, había venido a visitarme, como todas las semanas. Ese día, cuando se fue, yo estaba tosiendo. Cuidate, me dijo. Sin humor. Y se fue. Evidentemente yo tampoco recibí su comentario con humor porque al día siguiente me apareció la obra —en la cual la tos es signo de una dolencia más grave—, escrita como en un brote". 
- Los personajes de Aeroplanos están rodeados de gente que emigra. ¿Por eso se decidió reestrenarla ahora?
- No creo. La emigración no es tema sólo de hoy: viene desde hace rato; en la Argentina, el movimiento migratorio es ya un movimiento continuo, con algunas pausas. Me parece que la pieza necesitaba volver porque en su momento bajó de cartel antes de tiempo (era un éxito pero los actores ya tenían otros compromisos) y entonces ésta será una nueva maduración. Y lo digo más allá del cariño que le tengo a la pieza. Porque no es cierto que uno quiera igual a todas sus obras. Hay un cariño transitorio, momentáneo, por algunas de ellas. Por ejemplo yo ahora quiero muchísimo a Toque de queda, mi última obra, que se estrenará el año próximo en el San Martín. Pero si me olvido de ésta, más actual, quiero especialmente a El acompañamiento, por lo que significó su creación para Teatro Abierto, o El pan de la locura, que sigue representándose aquí y allá.
En la enumeración de Gorostiza están ausentes sus obras narrativas: la novela Los cuartos oscuros (Premio Municipal en 1977), Cuerpos presentes, El Basural, Vuelan las palomas (premio Planeta en 1999) y La buena gente. También están ausentes los versos "cochinos, irrepetibles" que escribía a los 12 años para las murgas de Palermo, o sus tímidas poesías de adolescencia, o las obras que escribió desde los 17 para los actores de trapo de su teatrito itinerante, "Los títeres de la estrella grande". No menciona con especial énfasis obras memorables como El puente (1948), un texto fundamental para la dramaturgia argentina del siglo XX, o Los prójimos (1966). Alguna vez dijo que sólo escribía acerca de "sus dolores".
- ¿Su teatro siempre nació de un contacto estrecho con actores y directores?
- Así nació El puente, porque en el grupo La Máscara me pedían obras. Pero hay otro contacto fundamental. La creación se origina en el contacto de un artista con su realidad circundante. Con mayor o menor talento, conscientemente o no, el artista interpreta esa realidad y al hacerlo busca la verdad. La verdad misma es inalcanzable; la vida no es sino un tránsito por la incertidumbre; el que escribe no busca la base para un nuevo orden de vida; su verdad es más modesta, inicialmente más modesta. En cambio discursos del tipo "A mí no me importa qué es lo que digo" me parecen muy discutibles. No los entiendo. No hay teatro apolítico y no hay artistas que no quieran decir algo. 
- ¿Decir algo es siempre referir a la realidad circundante?
- No. Toque de queda, por ejemplo, transcurre al final de la Segunda Guerra, en junio de 1945. Se oye un toque de queda y en ese interior, en ese presente terrible, aparece un personaje que permite adivinar el futuro —en un extraño juego con el tiempo— y es a la vez representación del mal. Sin embargo dirán que es una obra realista.
- : ¿Le molesta que lo llamen realista o más bien que lo critiquen por eso?
- Hinchan tanto con eso... Cuando me preguntan si soy realista yo contesto que no, que soy republicano... En el fondo la oposición al realismo no es más que una propuesta por ser original. ¿Quién a los 20 años no quiso, equivocado o no, romper con todo lo anterior? De eso se trata: de no ser igual a todo lo que se vio. 
Ivana Cosa. Clarín. 18 de agosto de 2002

ARGENTINA. 

“Aún no exorcizamos los fantasmas de la dictadura”

El periodista y dramaturgo argentino Mario Diament, que estrenará el próximo viernes la obra “Esquirlas”, cuenta por qué su mirada de los años de plomo es “políticamente incorrecta”.
”Somos una generación jodida. Nos hicieron explotar como una bomba y salimos disparados en cualquier dirección, como esquirlas. Somos fragmentos de vida... Seres incompletos, amputados.” Esta reflexión, teñida por el dramatismo de quien padeció las torturas y humillaciones más escalofriantes durante la dictadura militar, pertenece a uno de los personajes de Esquirlas, la última obra del periodista y dramaturgo argentino Mario Diament, que se estrenará el próximo viernes a las 21.30 en el Teatro del Pueblo (Roque Sáenz Peña 943). La pieza, dirigida por Víctor Mayol, cuenta con las actuaciones de Alejandra Darín, Edgardo Nieva, Tony Lestingi, Mario Alarcón e Isaac Haimovici. La acción se inicia cuando el periodista David Rabinovich regresa de Israel a Buenos Aires para el entierro de su padre, un viejo actor de teatro judío, sobreviviente del Holocausto. Cuando visita a sus dos viejos amigos, Hugo, un reconocido cineasta, y Claudia, abogada de derechos humanos, la evocación del pasado remueve las heridas porque afloran los reproches mutuos sobre las responsabilidades que cada uno tuvo en los años ‘70. 
“Me interesa entender lo que nos pasó a los que formalmente hemos sido víctimas, y cómo vivimos con esas culpas. Si uno explora en las conciencias de cada argentino, nadie está exento de algún grado de culpabilidad, hasta por el hecho de no querer enterarse. El problema es que la gente no sólo trató de olvidar sino que menoscabó todo lo que sucedió porque le resultaba muy difícil de digerir, pero además porque no lo quería digerir”, señala Diament en la entrevista con Página/12. 
Radicado en Miami hace diez años, Diament fue jefe de redacción del diario La Opinión (renunció cuando fue intervenido por los militares), trabajó dos años en Clarín y en 1979 fue corresponsal de la Editorial Abril en Medio Oriente. Un año después lo enviaron a Nueva York, donde permaneció durante siete años. Regresó al país por la revista El Expreso, un proyecto que sólo duró seis meses. Cuando se cerró la revista volvió a Estados Unidos para trabajar en el Miami Herald. Diament escribió piezas como Crónica de un secuestro, El invitado, Interviú (nominada para los premios ACE y Gregorio de Laferrere), Equinoccio (premiada por Argentores) y El libro de Ruth, que fue estrenada en abril de 2000 en Estados Unidos, premiada en el festival Streisand de San Diego y actualmente permanece en escena en Bucarest (Rumania). Hasta la escritura de Esquirlas, que se estrenó en marzo en Miami y que el cineasta argentino Eduardo Montes Bradley quiere filmar, el dramaturgo y periodista no se había animado a encarar el tema de la dictadura. “En Equinoccio, estrenada en el teatro Payró y también dirigida por Víctor Mayol, abordé la dictadura de lo cotidiano, desde un teatro más del absurdo, que era la manera en que me vinculaba con lo teatral en esa época, pero nunca hice una exploración tan directa del tema como en esta pieza”, confiesa Diament, profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad Internacional de la Florida y columnista del diario La Nación. Influido política y moralmente por Arthur Miller, Diament considera que su teatro se aproxima al de Harold Pinter. “Uno asimila un poco de todos hasta que encuentra su propia voz. La constante en todas mis obras es la relación con la mentira, con las máscaras, con el ser lo que no somos –explica–. Desde cómo aprendemos la historia hasta cómo evaluamos nuestra propia condición, siempre ha habido un elemento de ficción y de mentira.” 
–Los personajes tienen viejas culpas como adormecidas. Incluso Claudia, la más vulnerable porque fue torturada y dio nombres de personas que están desaparecidas... ¿El planteo es riesgoso?
–Por supuesto, no soy políticamente correcto ni me interesa serlo. Como generación, no estábamos preparados para enfrentar lo que sucedió. La decisión de un padre de cerrarle la puerta a su hijo que necesita refugio,porque eso pone en peligro a todo el núcleo familiar, es algo que nadie aprende. Eso es lo que nos planteó la dictadura y si mi generación no siente culpas es por la inconsciencia. 
–¿Por qué incorporó a la obra la cuestión judía, a través del padre del periodista, un actor que hace teatro en ídish?
–En la Argentina somos todos, de una manera u otra, hijos de inmigrantes, hijos de culturas diferentes. Si bien por alguna extraña razón tratamos de hacer tábula rasa con nuestros orígenes me parece que uno pierde riquezas si no parte de sus propios ancestros. Pero por encima de todo, en ese arco que va del Holocausto a la dictadura militar argentina quedó atrapada mi generación. No son experiencias similares, ni las maquinarias puestas en movimiento son comparables. Sin embargo, en ambos propósitos hubo una idea demencial de exterminar en un caso a un pueblo, en otro a una generación. 
–En el texto se dice que no pueden desaparecer 30.000 personas sin complicidades u omisiones de la sociedad. ¿Cuesta revisar este aspecto?
–Como ha quedado demostrado muchas veces en la historia, ningún golpe militar prospera si no tiene apoyo de la sociedad civil. Me encontré con gente extraordinariamente informada que sigue insistiendo que no sabía lo que sucedía hasta que terminó la dictadura militar. Me parece más grave lo que sucedió después. En determinado momento los familiares de los desaparecidos se convirtieron en “leprosos”, porque la sociedad se cansó de remover estas heridas como si uno pudiera olvidarse de que está enfermo, que tiene cáncer o una enfermedad mental y que por algún lugar va a aflorar. Mucho de lo que nos pasa como sociedad empieza por el olvido en el que sumergimos esa historia. La Iglesia hizo una tibia disculpa, los militares también, sin embargo la sociedad civil no hizo ninguna disculpa. La sociedad argentina no exorcizó todavía los fantasmas de esa época.
–Uno de los personajes, un cineasta que filmó una película sobre el Mundial 78, parece remitir a Sergio Renán. ¿Los personajes están inspirados en personas que conoció o son producto de su imaginación?
–Muchos me han planteado la relación con Renán. El episodio de la filmación de la película está inspirado en Sergio, pero las causas y las razones que lo llevan al personaje a hacer esa película son diferentes. Los personajes tienen retazos de gente que conocí, incluso hay aspectos de mí mismo en cada uno de ellos. El episodio que Claudia cuenta, el momento de su mayor vergüenza, es una historia que escuché y que entiendo. Jacobo, el padre del periodista, dice que uno puede sobreponerse al dolor pero que es muy difícil superar la humillación total. Eso es lo que nos hicieron como sociedad, entre otras cosas porque lo permitimos. Al desalojar espacios, éstos los va ocupando el enemigo hasta que ya no queda más que el abismo. El miedo te permite entender algunos aspectos pero hay otras partes de nuestra historia reciente que para mí siguen siendo misteriosas. 
–¿Cuáles?
–La ambigüedad del torturador. Cómo entender a un tipo que a la mañana torturaba y a la tarde tomaba mate con su mujer. Necesitás hacer un ejercicio de extrema sofisticación para dilucidar qué hace ese torturador cuando se peina a la mañana, cómo se ve frente al espejo. No eran locos que andaban sueltos, no son entelequias, son personas que hoy caminan por la calle, tienen familia, hijos, nietos. 
–En esos años, ¿sintió que su vida corría peligro? 
–Sí. La máquina de mi desaparición se detuvo por una de esas cuestiones escalofriantes y fortuitas. Cuando volví de cubrir la guerra de Yom Kippur para La Opinión, un periodista de apellido Silva, que cubría Fuerzas Armadas, me dijo que el comandante del Primer Cuerpo quería que yo diera una charla para coroneles sobre lo que había visto en esa guerra. Después que di la charla, el comandante, del que no recuerdo su apellido, me dio la mano y me dijo: “Considérese un amigo del Primer Cuerpo”. Mucho tiempodespués me encuentro con Silva, ya en democracia, y me cuenta que el comandante me vio en una lista y me tachó. Clarín realizó una investigación sobre las personas que estaban en las listas negras de la dictadura y ahí está mi nombre.
Silvina Friera. Página 12. 19 de agosto de 2002

CUBA

Viaje al punto de partida

En 1994, La Gaceta de Cuba publicó el artículo Para entender la totalidad del teatro cubano, del crítico Rine Leal donde se hablaba del teatro hecho por cubanos fuera de la Isla. Ese artículo permitió que se conociera la labor de algunos grupos y directores, entre ellos Alberto Sarraín, director del grupo La Ma Teodora, un defensor del teatro cubano en los Estados Unidos que trabaja actualmente en Cuba para la realización del anhelado propósito de una puesta escénica entre artistas cubanos residentes en cualquier lugar del mundo.
Sarraín recuerda que en el 90 dirigió La verdadera culpa de Juan Clemente Zenea; anteriormente había estrenado mundialmente La caja de zapato vacía, de Virgilio Piñera. Esos fueron los antecedentes, explica, "de ese proyecto que llamamos La Ma Teodora, un grupo que es una demostración de interés por la cultura cubana, elemento que no perdimos al salir de aquí y el cual es muy importante para acercarnos todos".
¿Por qué La Ma Teodora?
"Por el sentido carpenteriano de que el son de la Ma Teodora fue la primera manifestación musical auténticamente cubana. Siete años llevamos defendiendo ese sentido en la Florida y en diferentes festivales del mundo donde resalta el éxito de obras como Delirio habanero, de Alberto Pedro, y La noche, de Abilio Estévez, nada menos que con 23 premios de las distintas asociaciones de crítica en Norteamérica.
"Esto nos situó a la vanguardia dentro de la política de acercamiento con la Isla y nos llevó a lograr que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos levantara la prohibición de presentar obras de artistas de Cuba en el condado de Miami Dade. Actitud que mereció dos premios importantes: el Pen Newman Award y el Carbonell Award, y un gran respaldo a La Ma Teodora por nuestro trabajo de tender puentes artísticos con nuestro origen."
¿Se está concretando ese puente ahora en Cuba?
"Creo que este nuevo proyecto de la coproducción entre el Consejo Nacional de las Artes Escénicas de Cuba y La Ma Teodora, para montar Parece blanca, va a allanar dificultades y concretar aquí en la Isla nuestras intenciones de hacer teatro para todos los cubanos. Un grupo de artistas de la diáspora se hermanarán con otros artistas de la Isla mediante esa pieza fundacional donde se habla de la cubanía y la aparición de la nacionalidad como bien sabe hacerlo ese decano de los dramaturgos cubanos que es Abelardo Estorino."
Además de aportar el texto, ¿cómo asume Estorino tu visión de Parece blanca?
"Estorino es como un ángel de la guarda, está al tanto de todo. Como director sabe que este trabajo complementa la conclusión de toda obra teatral, por eso tengo su respeto y la libertad de hacer la puesta dentro de mi respeto a un texto sagrado. Yo doy mucha importancia a lo físico y a la belleza del movimiento. Para mí el teatro es acción y he llamado a trabajar a Rosario Cárdenas por su experiencia en la danza teatro. A esto se añade un elenco de actores muy conocidos aquí, como Miriam Learra, Pancho García, y Amarilis Núñez, entre otros. De Miami verán a dos jóvenes actores cubanos Pablo Durán y Michel Hernández. El resto del equipo artístico y técnico también es una unión de ambas partes."
El 12 de septiembre en la sala Covarrubias del Teatro Nacional está previsto el estreno de este suceso teatral. En esta sala permanecerá hasta el día 15, pero no serán esas sus únicas funciones.
"De aquí vamos para Villa Clara, agrega Sarraín. Compartiremos en La Macagua con Teatro Escambray, nos presentaremos en el teatro La Caridad, de Santa Clara y luego en el Teatro Sauto, de Matanzas. A finales de octubre queremos estrenar Parece blanca en Miami y luego en Tampa. Creo que esta obra puede ser una oportunidad de aprender culturalmente y, a la vez, una pequeña y modesta contribución a que las relaciones entre los dos países se normalicen." 
Andrés Abreu. Granma. 19 de agosto de 2002

ESPAÑA. Cinco mujeres 'muypicadas.com' 
Esta noche, el quinteto de damas, armadas con todo tipo de argumentos, estrenan en el Palacio Euskalduna la versión femenina de '5hombres.com'.
Cinco mujeres picadas son capaces, por lo pronto, de hacer una replica de '5hombres.com' para probar que pueden vender más y poner los puntos sobre las íes. ¿Cómo ven ellas las relaciones de pareja? 
eñores y caballeros! Prepárense porque ya están aquí las chicas de 5mujeres.com, dispuestas a lanzar verdades con el arcabuz de la palabra. Han elegido el Palacio Euskalduna de Bilbao para el «estreno universal» porque están un poco picadas -«un poco no, estamos muy picadas», aseguraron- con las 33.000 entradas que vendió el quinteto masculino el año pasado. 
En realidad, el dato no les altera el biorritmo porque en el umbral de su bautismo artístico, ellas han vendido 15.000. Teniendo en cuenta que lo van a hacer «infinitamente mejor» -lo han prometido-, las expectativas de taquilla hasta el 8 de septiembre ascienden a 40.000 entradas. Todo un récord. 
Beatriz Carvajal, Pilar Bardem, Nuria González, Llum Barrera y Toni Acosta se han tomado muy en serio su papel y han decidido hacer un bien a la humanidad. ¿Cómo? «Hemos elaborado un manual de uso para que los hombres nos duren más». Y en mejores condiciones porque: «¡Hay que ver qué deteriorados están los pobres!». 
Invitan a mirar un poco más allá del ombligo masculino, a diluir los tópicos... Lo que pretende 5mujeres.com es poner un poco de perejil -ahora que se lleva tanto este condimento-. Y que queden claras dos cosas desde el primer momento. Una: «Esto no es una secuela, es la vida en pareja, vista con lentes de mujer», coincidió el quinteto. Y dos: «Tampoco es una revancha», más bien un tirón de orejas para aclarar algunos renglones torcidos del guión conyugal. 
ALGUNOS DISPAROS. Las protagonistas, que quieren guardar la munición hasta esta noche, soltaron, sin embargo, unos cuantos balines para mostrar por dónde van los tiros. Empezó Llum Barrera: «Soy una treintañera que no termina de encontrar el amor de su vida ni un hombre en condiciones. Pero no desespero. ¿Que hay que ir al fútbol? Pues se va. ¿A escalar? También. No hay problema». 
Nuria González tampoco lo tiene fácil con su Pepe: «Llevamos 20 años de matrimonio. El está como despistadillo y yo estoy como aburrida», reveló. Más aún: «Ahora nos comunicamos por onomatopeyas, grrrrr...». 
Beatriz Carvajal es una cincuentona «que ni es feliz ni es infeliz».Y además, le toca acarrear «con la adolescencia de mi marido y mi hijo». «Una buena dosis de peluquería» y a aguantar. 
A Toni Acosta los problemas le acosan de otra manera: «He probado tantas naranjas para ver si daba con la media adecuada que he descubierto lo defectuoso que llega el género». Se refería al masculino, desde luego. Pero no pasa nada porque ahí está Pilar Bardem, «de vuelta de todo», revelando la fórmula para apañar una convivencia medianamente potable. ¿Lo consigue? «Bueno, intento sacar partido de los ronquidos de mi Manolo». 
Idoia Ariznabarreta. El Mundo. 21 de agosto de 2002


URUGUAY

Aniversario

La Comedia Nacional celebra los cincuenta y cinco años de su fundación, que se cumplen el próximo 2 de setiembre, con el estreno de cinco obras y una gira por ocho ciudades del interior. Estrenan un clásico nunca visto. "Pericles, Rey de Tiro" es una obra de la vejez del poeta inglés que nunca se hizo en Uruguay.
La Comedia Nacional se apresta a celebrar su 55 aniversario y lo festeja con una nutrida agenda de estrenos. Cinco nuevos títulos hará el elenco municipal después que bajen de cartel las exitosas Turcaret y La misión, cuyas últimas funciones serán esta tarde, aunque dentro de un mes volverán pero en distinto régimen de días. Entre todos ellos se destaca la puesta en escena de Pericles, rey de Tiro, una obra de Shakespeare que se hará por primera vez en Uruguay el próximo miércoles 21. Esta obra también marca el regreso a la dirección teatral de Héctor Manuel Vidal, actual director artístico del elenco, quien desde el exitazo de Rompiendo códigos no dirigía una obra. 
La puesta de Pericles responde a uno de los lineamientos trazados en la política de estrenos de la Comedia: el de darle cabida a obras clásicas que por distintas razones han permanecido en condiciones marginales, casi desconocidas. "Todavía hay muchos clásicos ineludibles que seguimos eludiendo", bromea Vidal. "Por eso, aún dentro de los clásicos, queda mucha cosa para hacer", asegura el director artístico de la Comedia, a quien el primero de mayo, a las siete y media de la mañana, lo despertó una revelación: debía hacer el Pericles de Shakespeare. 
Estreno absoluto para Uruguay, Pericles, rey de Tiro es la obra que inaugura el último período creativo de William Shakespeare. Luego de dar a conocer la formidable tetralogía conformada por las tragedias Hamlet, Otelo, El rey Lear y Macbeth, el genio de Stratford inicia lo que sería su última etapa creativa. Con una buena posición económica y un sólido prestigio conquistado con su iridiscente talento para exponer con profundidad, humor y sentido trágico la esencia de las conductas humanas, hacia 1609 Shakespeare va evolucionando hacia una concepción más serena y reflexiva del mundo, elaborando obras donde fusiona elementos de la realidad con la fantasía. "Pericles inicia el último período de Shakespeare. Está antes de Cimbelino, Cuento de invierno y La tempestad y tiene algunas puntas que luego desarrolla en Cuento de invierno y en La tempestad", explica el director. 
COMPLEJIDADES. Según Vidal esta es una obra "linda, pero dificilísima, porque pasa de todo". La siempre discutida autoría de las obras de Shakespeare, es particularmente opinada en Pericles. "En esta obra Shakespeare retoma viejas leyendas, plagia, recorta, roba distintas fuentes. Una de ellas es un anónimo español que se llama Apolonio de Tiro, que fue también recreado por Gower, un poeta inglés del 1400, que incluso Shakespeare lo pone como personaje de la obra. Pero lo que hace Shakespeare es tomar la historia de Apolonio y poner Pericles en toda esa historia que está llena de viajes, ciudades, naufragios, muertes. Fue una obra que cuando Shakespeare la estrenó, fue un éxito total", cuenta Vidal. 
El director agrega además que luego, el inglés George Willkins escribe una novela sobre el mismo tema, algo que generó toda una discusión sobre si Willkins le escribió o no partes de la obra a Shakespeare. "Hay partes que no parecen de Shakespeare, otros dicen que no es nada de Shakespeare. Es cierto es que Shakespeare no controló nada de la edición de esa obra, pero la verdad que él no controló casi ninguna de las ediciones de sus obras. Yo creo que como todo gran creador que perdura, no se preocupó por perdurar. Sus obras fueron básicamente reconstruidas por los apuntadores, los actores que recordaban sus parlamentos y fragmentos sueltos. Aparentemente a esta obra le falta esa mezcla de filosofía en medio de la acción que caracteriza a Shakespeare, acá hay mucho más juego. Pero cuando te ponés a trabajarla hay por lo menos tres escenas --una de ellas maravillosa-- que sólo puede escribir él. De repente en la trasposición se perdieron imágenes, se trasvasó u omitió algo, eso puede ser. Pero sostener un cuento atractivo donde un héroe pasea por todos lados durante cinco actos, sólo Shakespeare", asegura el director, quien se suma a los que creen que Shakespeare está en el centro del canon de la literatura universal. 
VIGENCIA. Dos aspectos de esta complicada obra del genio del teatro inglés atraparon al director uruguayo. Uno de ellos fue el desafío teatral que una obra tan compleja le demanda resolver. El otro, es la naturaleza misma de esa complejidad. "La obra pone en juego los sistemas de pensamiento que se ponen en escena. Hay un cambalache de ideologías, la griega, la renacentista, la medieval. Me parece muy interesante revisar un texto como este en un momento en el que estamos reviviendo un choque de civilizaciones. Eso es algo muy atractivo, diría que imprescindible en este momento. Además esto está visto desde la lucidez enorme que tenía Shakespeare, que se toma toda la libertad para decir cosas muy babilónicas, porque acá están presentes varias concepciones ideológicas", indica. "Es una locura de anacronismos que yo traté de no acentuar y ni meter mano porque tiene un hilo muy fuerte, y un grado de convicción que me pareció que tenía que preservar. Es lindo, pero complicado. Las dos escenas de personajes populares que tiene la obra dan la pauta de que Brecht sacó todo de ahí. Son de una claridad materialista, de una ironía frente a las diferencias de clase que sólo Shakespeare puede expresar". 
Para llevar a escena esta obra Vidal ha optado por recursos de riesgos. La obra tiene como Pericles al joven actor Pablo Varrailhon, y a otros once actores entre los que se destacan Estela Medina, Levón y Andrea Davidovics, quienes encarnarán varios personajes. Además se incorpora un coro de títeres y música en vivo, a cargo de Fernando Ulivi. A esto Vidal sumará un recurso de riesgo cuyo funcionamiento todavía está probando. "Tengo la intención --y esto está todavía en proceso, no es seguro que sea así-- que los actores manejen todo, luces, sonido, títeres y que el público lo vea. Es como desnudar el pacto de ficción y que igual se produzca, que igual funcione", adelanta el director. 
Héctor Manuel Vidal no había vuelto a dirigir desde Rompiendo códigos, una obra que protagonizada por Roberto Jones marcó un verdadero suceso teatral de mediados de los noventa (sí dirigió obras de teatro leído). Desde el año pasado se hizo cargo de la dirección artística de la Comedia Nacional, una tarea que le demanda estar pendiente de las múltiples obras que el elenco desarrolla. Pero para poner en escena Pericles, admite que le ha robado algo de tiempo a este cargo. "Por unos días puse toda mi concentración en Pericles. De otra forma, sería imposible", confiesa. 
PROPONEN UNA NUTRIDA AGENDA DE ESTRENOS. En el marco del 55 aniversario de su fundación, la Comedia Nacional ofrece un programa atrayente con cuatro obras de interés que se suman a Pericles: una paradigmáticamente uruguaya, otra poco conocida de un clásico contemporáneo, una que se realiza por las ferias de los barrios y, por último, otra que aborda un drama reciente. 
Esta última es la primera en estrenarse. Se trata de Diktat, de Enzo Corman, una pieza que va en Sala Verdi desde el jueves 29 de agosto y recrea la guerra de los Balcanes, realizada bajo la dirección de Jaime Yavitz, quien ya la había hecho en el ciclo de teatro leído "Los nunca vistos". A partir del 13 de setiembre Diktat saldrá a recorrer ocho ciudades del interior. El 31 de este mes se estrena en El Galpón la obra Benedetti, nuestro prójimo, sobre el poeta uruguayo más famoso en el mundo. Está basada en textos poéticos y narrativos del propio Benedetti que fueron en ensamblados por Horacio Buscaglia, quien también dirige. 
El lunes 2 de setiembre la directora Mariana Percovich estrena Feria, precisamente en un mercado barrial a confirmar. Este espectáculo, que como es el estilo de Percovich se realiza en un espacio no convencional, recorrerá diferentes ferias de Montevideo. Armada a partir de varios cuentos tradicionales y otros creados para la ocasión, la obra cuenta con un elenco de actores avanzados de la Escuela de Arte Dramático. Este estreno coincide con la fecha aniversario del elenco municipal. 
Finalmente El 7 de setiembre se estrena El último yankee, una pieza escrita e 1993 por Arthur Miller. El espectáculo, que se podrá ver en la sala Del Notariado, estará dirigido por Mario Ferreira, quien el año pasado obtuvo un éxito rutilante con Muerte de un viajante, también de Miller. 
Gustavo Laborde. El País. 18 de agosto de 2002

VENEZUELA

"80 dientes, 4 metros y 200 kilos" transforma el Teresa Carreño en un campo de juego

Ganadora del Premio Municipal de Teatro 2002 en los renglones de Mejor Producción y Escenografía, esta obra del dramaturgo Gustavo Ott, producida por la Compañía Nacional de Teatro, vuelve durante cinco únicas funciones para relatar una historia donde el béisbol aparece como metáfora de los sueños y de las formas que adopta la alineación en el imaginario de nuestro tiempo 
Sueños, monstruos y cadáveres, configurados en el desinterés patético que sentimos los unos por los otros, gestados en nuestra ausencia trágica de sensibilidad, fluyen en "80 dientes, 4 metros y 200 kilos", pieza estrenada mundialmente en enero de este año por la Compañía Nacional de Teatro y merecedora del Premio Municipal de Teatro 2002 como Mejor producción y Mejor escenografía.
Escrita por Gustavo Ott, "80 dientes, 4 metros y 200 kilos" es una épica sobre el mal, la culpa y, al mismo tiempo, resume, con una alta dosis de humor negro, la decadencia de una generación durante las últimas décadas del siglo XX. 
Se trata de un espectáculo teatral donde el pilar fundamental es el béisbol, deporte que, en una dimensión poética, permite a cinco actores llevar a cuestas treinta años de la vida de unos personajes consumidos por el peso de la conciencia.
Roque Valero, Fernando Then, Héctor Moreno, Anibal Grunn y Nattalie Cortez han asumido el reto de interpretar esta compleja obra que, bajo la dirección de Julio Bouley, se presentará ahora en la Sala José Félix Rivas del Teatro Teresa Carreño del 11 al 15 de septiembre en cinco únicas funciones.




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