Nación Humana Medios de comunicación para la no-violencia
 Red de corresponsales humanistas  nacionhumana@uol.com.ar 

Imprimir  

Reportaje
Daniel Barenboim: sinfonía de paz
El gran músico, que acaba de ganar el Premio Príncipe de Asturias, cuenta su conmovedora lucha por la concordia entre árabes e israelíes

Hay un lugar en el que palestinos e israelíes conviven en armonía. Una versión reducida y más modesta de la Utopía imaginada por Thomas More, habitada por una comunidad joven cuyo líder (querido y respetado) no es un político, sino un artista. Daniel Barenboim, uno de los pianistas y directores de orquesta más importantes de nuestro tiempo, lleva adelante, desde hace tres años, The West-Eastern Divan Project, una orquesta integrada por 78 músicos israelíes y de los países árabes, de entre 13 y 26 años. Por esa iniciativa sus impulsores, Barenboim y el escritor palestino Edward W. Said, fueron distinguidos recientemente con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, dotado de 50.000 euros. Con el West Eastern Divan el músico argentino israelí ha estado ofreciendo una serie de conciertos en Europa, después de su inolvidable visita a Buenos Aires, en julio y agosto últimos, invitado por el Mozarteum. Un delicado experimento itinerante con el que Barenboim, artista excepcional y activo protagonista de los debates de su época, hace por la paz en Medio Oriente mucho más que cualquier tratado que puedan suscribir los líderes políticos de la región bajo el ojo vigilante de las grandes potencias.

El proyecto de la orquesta mixta nació en 1999, fruto de una idea compartida por Barenboim y su admirado amigo Said, gran escritor palestino radicado en los Estados Unidos y mundialmente reconocido por títulos como Orientalismo y Cultura e imperialismo, entre otros ensayos centrales sobre la situación de MedioOriente.

“Said y yo nos conocimos a comienzos de los años noventa, de pura casualidad –cuenta Barenboim a La Nacion–. Se me acercó en el vestíbulo del hotel londinense en el que yo paraba en ese momento; me dijo que había leído Una vida para la música, libro con ciertos datos autobiográficos que escribí en 1991, y me empezó a hablar de ese texto y de su opinión sobre el conflicto entre Israel y Palestina. Estuvimos conversando un rato largo y nos sentimos tan bien el uno con el otro que nos hicimos muy amigos y fuimos inseparables desde entonces."

En 1999, Barenboim y Said coincidieron en la ciudad de Weimar,en Alemania, que había sido nombrada Capital de la Cultura de Europa en coincidencia con la celebración de los 250 años del nacimiento de Goethe. Entonces fue cuando ambos decidieron reunir músicos árabes, israelíes y alemanes para que integraran una orquesta. El proyecto prosperó y la agrupación sigue presentándose por el mundo con el nombre de West-Eastern Divan, traducción al inglés del título del libro Poemas del Divan de Oriente y Occidente (West-östlicher Divan), con el que Goethe dio a conocer los textos que escribió inspirado por su descubrimiento del islam y la poesía persa.

En Weimar, la orquesta juvenil ensayaba todos los días, a la mañana y a la tarde, conducida por Barenboim. Por la noche, varias veces a la semana, Said coordinaba discusiones sobre música, cultura y política.

"Lo que me pareció extraordinario fue cuánta ignorancia había acerca del otro –dijo Barenboim tiempo después–. Los chicos israelíes no podían imaginar que había gente en Damasco, Amman y El Cairo que podía tocar el violín o la viola; y creo que los árabes sabían que había vida musical en Israel, pero no conocían mucho acerca de ella. Un muchacho de Siria me dijo que nunca antes había conocido a un israelí y que, para él, un israelí es alguien que representa un ejemplo negativo de lo que puede ocurrirles a su país y al mundo árabe. Este mismo muchacho se encontró luego compartiendo un ensayo con un chelista israelí. Ambos procuraban tocar la misma nota. Trataban de hacer algo juntos, tan simple como eso; algo que a los dos les importaba y los apasionaba. Habiendo logrado esa nota, ya no podían mirarse el uno al otro de la misma manera porque habían compartido una experiencia. Eso era, para mí, lo importante de aquel encuentro."

- ¿Cómo ve la etapa actual del conflicto palestino-israelí?

- Hoy más que nunca hace falta un cambio radical en la forma de pensar tanto de los israelíes como de los palestinos. Muchos israelíes sueñan cada noche que a la mañana, cuando despierten, los palestinos habrán desaparecido, y los palestinos sueñan lo mismo sobre Israel. Por eso fracasaron las negociaciones iniciadas en Oslo, en 1993, con el acuerdo entre el primer ministro israelí Yitzhak Rabin y el líder palestino Yasser Arafat: faltó un proceso educativo previo, que necesariamente tiene que ser lento. Los preparativos fueron apresurados por la euforia que generaba el acontecimiento y luego, cuando empezaron las negociaciones, se anduvo con excesiva lentitud. Es como si yo tocase rápidamente la introducción grave de una sonata de Beethoven y lentamente el allegro principal: no se respetó el equilibrio necesario entre velocidad y contenido. Igual que en la música, en las relaciones humanas y en las políticas es necesario respetar los contrastes dinámicos, los intervalos y los silencios para que los contenidos puedan desarrollarse. Por otra parte, tengo poca fe en la capacidad de análisis del gobierno de Israel. No hay duda de que la violencia palestina es inaceptable y de que, a la larga, no ayuda a los propios palestinos en la consecusión de sus fines. Pero la forma en que Israel reacciona contra esa violencia no tiene ninguna razón de ser desde el punto de vista moral ni estratégico. No hay que olvidarse de que el único capital que tiene el pueblo judío es el capital moral, y el gobierno lo dilapida todos los días.

- Si es así, lo ha empezado a dilapidar el propio pueblo al elegir un líder como Ariel Sharon.

–Evidentemente. Pero la historia del pueblo judío es muy compleja porque durante dos mil años fue minoría en todo el mundo, a veces tratada mejor; otras, peor, y en casos extremos, horriblemente. Después de dos mil años se creó el Estado de Israel. Entonces hubo que hacer la transición de un pueblo que dejaba de ser minoría para convertirse en mayoría; un pueblo que además es una religión. Esa transición, a mi modo de ver, desde el punto de vista puramente israelí se hizo con mucho éxito. Pero solamente diecinueve años más tarde, Israel se vio en control de otra minoría, la palestina, después de la Guerra de los Seis Días, en 1967. Entonces se tendría que haber producido otro cambio, esta vez filosófico, mucho más difícil de hacer y que debía ser el fruto del análisis de lo que significaba ser israelí, ser judío. Ese análisis nunca se hizo, y en cierto modo, el pueblo judío, ya convertido en nación, siguió viviendo como si fuera una minoría. La forma que Israel tiene de reaccionar ante los palestinos lo retrotrae a la mentalidad de la Europa de la Segunda Guerra Mundial, y por eso ve en los palestinos una continuación del antisemitismo alemán y europeo, cuando yo estoy convencido de que las cosas no son así. Que hay antijudíos entre los palestinos, seguro. Pero ese no es el punto. Esto es muy difícil de decir, pero los israelíes todavía no se deshicieron del trauma provocado por el Holocausto, el nazismo y el antisemitismo, y eso les genera una inseguridad incomprensible en una potencia, como lo es Israel.

- ¿Qué secuelas dejó el trauma provocado por el nazismo?

–Como la nación judía no hizo el autoanálisis que debía, tampoco pudo realmente dialogar con la otra minoría. Porque si se hubiese hecho eso –y ahora no hablo de moral, sino puramente de estrategia, desde el punto de vista de Israel–, no estaríamos donde estamos. Si se hubieran devuelto los territorios ocupados, ahora el problema palestino sería un problema jordano, no israelí, porque ocurriría en territorios jordanos. Hubo una total falta de visión desde el punto de vista estratégico. Y a partir de allí se produjeron hechos donde entran también elementos de justicia y de moral, que no se pueden tolerar por parte de ningún pueblo, y menos del judío, que sufrió tanto.

-¿Cómo se pueden acercar posiciones tan distantes?

–Es una situación muy compleja. Pero la diferencia entre Israel y los palestinos hoy es que las ambiciones nacionalistas judías, bien, mal o regular, fueron cumplidas en 1948, y las ambiciones nacionalistas palestinas, no: ni bien, ni mal, ni regular, ni nada. Y en ese punto estamos. Israel y el pueblo judío sólo estarán a salvo cuando sean aceptados por los palestinos. El día que los palestinos entiendan que los atentados y la violencia no les sirven y opten por una política de lucha no violenta, a lo Gandhi o a lo Mandela (y no estamos lejos de ese día, porque ya hay muchas fuerzas palestinas que están hartas de la corrupción del sistema), Israel se va a encontrar en una situación mucho más difícil, porque la presión moral y política será mucho más fuerte. Los palestinos tienen mucho en común con los judíos. Son un pueblo inteligente y secular en su gran mayoría. Y si Israel encontrase la forma de convencerlos de que vivan en paz con ellos, algo que no es fácil, los palestinos, directa o indirectamente tendrían una influencia muy positiva sobre el resto del mundo árabe, porque allí podría haber una democracia. Una unión política entre Israel y Palestina sería un gran contrapeso a favor de Occidente y de los Estados Unidos frente al mundo árabe. Del modo en que los Estados Unidos intervienen en la región, en cambio, se produce lo contrario: indirectamente se da más fuerza al fundamentalismo.

- ¿Considera que los Estados Unidos desarrollan una política exterior equivocada?

–El último paso adelante y muy positivo de la política exterior norteamericana fue el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa, después de la Segunda Guerra mundial. Pero luego creo que ha habido errores graves y reiterados en los últimos cincuenta años de la política exterior de los Estados Unidos, especialmente en América latina, Vietnam y Medio Oriente: es como si los norteamericanos, que todo lo tratan como una forma de negocio, tuvieran un talento especial para respaldar siempre a la persona equivocada.

–Usted visitó Cuba en 1998, ¿qué impresión se llevó?

–Viajé allí por pura curiosidad en muchos aspectos, entre ellos, el hecho de que un país tan pequeño pudiera contra la más poderosa potencia del mundo. Fidel Castro es uno de los ejemplos más claros de los errores de la política exterior estadounidense, porque fueron los Estados Unidos los que crearon el mito de Castro: ¿qué pueblo no estaría de rodillas, admirado ante un hombre que es capaz de enfrentar con éxito a la potencia más poderosa del mundo? Durante mi visita a Cuba me encontré con personas de diferentes campos; entre ellas, un periodista disidente que había estado preso y había sido torturado aparentemente como consecuencia de su postura política. Esta persona me contaba todas esas cosas terribles hasta que le pregunté: "Bueno, usted que es periodista, cuál cree que es la solución para Cuba". "¡Ah!, ése es otro tema –me dijo–. La única solución es Fidel Castro."

–¿A qué atribuye los errores?

–Los norteamericanos están convencidos de que todos quieren vivir como se vive en los Estados Unidos, la cantidad de inmigración que han tenido y tienen los ha llevado a pensar esto, pero es un concepto equivocado: hay mucha gente en el mundo que tiene otros gustos y otras maneras de pensar, no digo que sean mejores o peores.

–¿Los ataques a Nueva York y Washington ocurridos el 11 de septiembre de 2001 son el resultado de esas tensiones ?

–Lo que pasó ese día fue algo horrible para lo que no hay justificación, que aterrorizó no sólo a los Estados Unidos, sino a todo el mundo, y quién sabe lo que nos espera porque, lamentablemente, tengo poca fe en la capacidad de análisis de los norteamericanos. No hubo autocrítica, y nadie sabe cuál puede ser el futuro de los Estados Unidos. Creo y temo que puede haber una desintegración de ese país.

–¿Por el surgimiento de un bloque económico más poderoso?

–No, los grandes imperios, desde el romano en adelante, aun los que fueron derrotados, nunca cayeron porque hubiera otro más fuerte, sino por desintegración interna. Y con todos los latinos y asiáticos que tiene Estados Unidos, creo que un día algún puertorriqueño se va a preguntar seriamente qué tiene que ver con un esquimal de Alaska, por ejemplo. Hasta ahora, tanto el puertorriqueño como el esquimal obtenían grandes ventajas económicas por pertenecer a la misma organización política; pero el día en que esas ventajas no sean tan evidentes el separatismo puede llegar a ser muy fuerte. Quién sabe lo que va a pasar cuando se muera Fidel Castro entre Puerto Rico y Cuba, que están tan cerca y tienen tanto en común.

–En ese contexto, ¿qué panorama se abre para la Argentina?

–La Argentina vive la catástrofe política de la segunda mitad del siglo XX, en la que fue un país que osciló entre el caos y la dictadura militar. No conozco en detalle la política argentina y no me permitiría expresar opiniones sobre un tema que no conozco a fondo, pero tengo la impresión de que falta no sólo un plan económico, sino también uno político. Sin embargo, lo que he notado, y me alegró enormemente, es que mucha gente con la que he hablado en la Argentina dice que se ha dado cuenta de que no se puede esperar que los otros (refiriéndose a los políticos) solucionen los problemas y que cada uno tiene su responsabilidad. Siento que en mucha gente hay un espíritu positivo, y eso me da esperanza. Porque, de algún modo, pertenezco a la Argentina, tengo recuerdos increíbles del país. Me fui con mis padres a los 9 años, y en realidad en los últimos cincuenta años casi no estuve en la Argentina, excepto por los últimos tres viajes, en 1995, en 2000 y este año. Mis padres nacieron en el país, me crié en un hogar judeoargentino. Cuando nos fuimos a Israel, mis padres tenían 40 años y no habían salido nunca de la Argentina. En Israel seguí creciendo en un hogar judeoargentino. Entonces, cuando estoy en el país me ocurren cosas extraordinarias, vuelven recuerdos, camino por las calles y resaltan a mi vista cosas sin importancia pero que significan algo para mí. Esto suena sentimentaloide, pero tengo un vínculo muy sentimental con la Argentina. Por eso me siento un poco confundido cuando la gente me agradece tanto mi presencia. Un domingo fui a San Telmo con mi primo y la gente me paraba por la calle y me decía gracias por haber venido; y yo no lo hice por altruismo, para mí fue necesario y muy importante estar, precisamente cuando el país pasa por una situación como la actual. Es en estos momentos cuando no se debe abandonar la cultura, porque si se la abandona cuando los tiempos son difíciles, en épocas de bonanza no vuelve sino reducida a la forma de espectáculo.

Texto: Verónica Chiaravalli
Fuente: www.lanaciononline
 

Información distribuida por la Red de Corresponsales Humanistas
NACION HUMANA - Medios de Comunicación para la No-violencia



--------------------------------------

Agradecemos a quienes publican, difunden o redistribuyen las notas suministradas por esta lista, hagan mención de la fuente de origen de la información y la red de distribución. Gracias.

---------------------------------------

Para suscribirse para recibir las notas de Nación Humana o recibir información sobre esta red, envíe un mail a nacionhumana@uol.com.ar 



  



 

 

© Copyright 1999-2010 Paginadigital®. - Hecho el depósito que marca la Ley 11723 - Derechos reservados  




|Pon a paginadigital en tu sitio | Sugiere esta página a un amigo | Responsabilidad |
info@paginadigital.com.ar
   |  Ayuda |

Web diseñado y producido por paginadigital®, Copyright 1999 - 2015, todos los derechos reservados. Los nombres e íconos de: paginadigital, Kids, art, pinturas, grabados, dibujos, objetos. Todos los derechos reservados. Hecho el depósito que marca la Ley 11723 - Derechos reservados | Términos y condiciones

| Home | Cursos y talleres | Servicios de Internet |Agenda de Ferias y Exposiciones | Exposiciones de arte y galerías | Becas, maestrias y posgrados | Programación de teatro, cartelera | Centros culturales | Concursos de pintura, literatura, arte, video, television, tv, teatro, casting | | Conferencias, seminarios, jornadas | cartelera de cine, tv, fotografía | Música, recitales, bandas, música clásica | Libreria, venta de textos y libros | Museos | Coros, operas, conciertos | Noticias, notas y artículos | Música de tango, cena show | Textos, poesía, prosa, cuentos, poemas | Solidaridad | Tarot, astrología | Mapa del sitio | Foro | Not | Cart | Salas | Tel | Taller | Taller literario | Enlaces útiles