El
escritor norteamericano denuncia la contrarrevolución
cultural del capitalismo globalizado, como parte del
oscurantismo y la dictadura que ha impuesto en el mundo.
En los últimos 25 años, ha habido
un ataque generalizado a la solidaridad, a la democracia, al
derecho social o a cualquier cosa que interfiera con el
poder privado; son muchos los objetivos. Uno de esos
objetivos es indudablemente el sistema educativo. De hecho,
un par de años atrás, ya los grandes inversores como
Lehman Brothers y otros, mandaban a sus clientes folletos
diciendo, "Mira, ya nos hemos encargado del sistema de
salud; nos encargamos del sistema carcelario; el próximo
gran objetivo es el sistema educativo. Podemos privatizar el
sistema educativo, hacer mucho dinero de él".
Además, observemos que privatizándolo
debilitamos el peligro, es algo así como una ética con la
que debemos acabar, la idea de que tú te puedas preocupar
por alguien más. Un sistema público de educación se basa
en el principio de que unos se preocupan por otros. Te
preocupa que el joven de la calle reciba una educación. Y
eso se tiene que acabar. Esto es bastante parecido a las
preocupaciones que tenían los obreros en las fábricas de
Lowell, Massachusetts hace 150 años. Ellos trataban de
detener lo que llamaban el nuevo espíritu de la era:
"Enriquécete, olvídate de todo menos de ti
mismo." Queremos detener eso. No somos así. Somos
seres humanos. Nos preocupamos por otras personas. Queremos
hacer cosas juntos. Nos preocupamos porque el joven de la
calle reciba educación. Nos preocupamos de que otros tengan
un camino, aunque no lo transiten. Nos preocupa la
esclavitud infantil en Tailandia. Nos preocupamos por que
una persona mayor pueda comer. Eso es seguridad social. Nos
preocupamos por que otros puedan comer. Hay un gran esfuerzo
en debilitar todo eso, en tratar de privatizar las
aspiraciones para así controlar totalmente a la gente.
Privatizando las aspiraciones estaremos completamente
controlados. El poder privado va por su propio camino, el
resto de las personas tienen que subordinarse a él. Bueno,
eso es parte del argumento para atacar el sistema de educación
pública, que se está extendiendo rápidamente a las
universidades. En las universidades hay un movimiento hacia
la corporatización y esto tiene muy claros efectos. Se
puede observar en el MIT (Instituto Tecnológico de
Massachussets), donde enseño, lo puedes ver por todas
partes. Se quiere crear, como en la industria, una fuerza de
trabajo más flexible. Esto significa debilitar la
seguridad. Significa tener mano de obra temporal y más
barata, como estudiantes graduados, que no deben ser bien
remunerados y que pueden ser descartados -son temporales.
Está bien, ellos van a estar por aquí un par de años,
luego los desechas y contratas a otros temporales.
Esto afecta notablemente la
investigación. Estoy seguro que lo puedes ver aquí, pero
una institución de investigación como en la que yo estoy,
el MIT, lo puedes ver bastante claro. El financiamiento de
entidades públicas se está reduciendo, incluyendo
incidentalmente al Pentágono (de hecho principalmente al
Pentágono) quien desde hace mucho había comprendido que su
rol doméstico consistía en encubrir las transferencias de
los fondos públicos en beneficio privado. Cuando la
financiación va desde el Pentágono y la Fundación
Nacional de Ciencia hacia las corporaciones, hay una
transferencia evidente. Una corporación, digamos, una
corporación farmacéutica no está particularmente
interesada en invertir en una investigación que nos ayude a
todos. Hay excepciones, pero en general, no va a querer
invertir, digamos en biología fundamental, algo que podría
ser de beneficio público y que todos podríamos usar dentro
de 10 o 20 años. Va a querer invertir en algo de lo cual
pueda obtener ganancias, y más aún, ganancias a corto
plazo. Hay una importante tendencia, -y perfectamente
natural para las corporaciones inversoras-, al secretismo y
a llevar a cabo más proyectos aplicables a corto plazo;
proyectos propiedad de las mismas, cuyo uso y publicación
puedan controlar como propietarios. Bien lo saben, técnicamente
las corporaciones de inversión no pueden reclamar mantener
el secreto, pero esto sólo técnicamente. De hecho sí
pueden, con la amenaza de no invertir imponen el secretismo.
Actualmente hay casos como este, tan dramáticos que han
aparecido en el Wall Street Journal. Apareció un artículo
en el Wall Street Journal, el verano pasado, puede que lo
hayan visto, sobre el MIT, mi lugar. Lo que sucedió fue que
un estudiante de ciencias de la computación rehusó
responder a una pregunta en un examen. Cuando fue consultado
por el profesor, dijo que sabía la respuesta pero que
estaba bajo condición por otro profesor de no responderla,
y la razón fue esa, en la investigación que él estaba
realizando para este otro profesor, ya había trabajado en
la respuesta a esa pregunta; pero quiso mantenerla en
secreto porque ellos querían hacer dinero o alguna otra
cosa con ella. Bueno, esto fue tan escandaloso que hasta el
Wall Street Journal se escandalizó.
Pero este es el tipo de cosas que
se pueden esperar cuando hay un movimiento hacia la
corporatización. Después de todo, las corporaciones no son
sociedades benevolentes. Como dijo acertadamente Milton
Friedman aunque en otras palabras, la cúpula de directores
de una corporación, de hecho tiene una obligación legal de
ser un monstruo, un monstruo ético. Su obligación legal es
maximizar los beneficios para los accionistas. No están
obligados a hacer cosas lindas. Si lo estuvieran,
seguramente sería ilegal, a menos que estuviera dirigido a
apaciguar a la gente o a mejorar el intercambio comercial o
algo. Esta es la forma en que funciona. No esperes que las
corporaciones sean benevolentes, no más benevolentes de lo
que podrías esperar de una dictadura. Quizás puedas
forzarlas a que lo sean, pero el problema es la estructura
tiránica, y como las universidades están tomando ese
camino, debes esperar todos esos efectos.
Y uno de esos efectos, en cierta
forma yo creo que el más importante, es el debilitamiento
de la concepción de solidaridad y cooperación. Yo pienso
que eso es lo que radica en el corazón del ataque al
sistema de escuelas públicas, el ataque a la seguridad
social, el esfuerzo por bloquear cualquier forma de sistema
nacional de salud, que ha estado funcionando durante años.
Y, de hecho, esto ocurre en todas partes, y es comprensible.
Si quieres "regimentar las mentes de los hombres, tal
como lo hace el ejército con sus cuerpos", tienes que
debilitar esas nociones subversivas de apoyo mutuo,
solidaridad, simpatía, preocupación por la gente, etc,
etc...
El ataque a la educación pública
es un ejemplo. Yo no sé cómo funciona aquí, pero en
Massachussets, donde lo veo directamente, hay un ataque
comparable en las universidades estatales, donde estudian
trabajadores, gente que vuelve a la universidad luego de
dejar a medias su carrera, madres que vuelven, gente de los
ghettos urbanos, etc., etc. En eso consistía el sistema de
universidades estatales, y esto está sufriendo un serio
ataque por un interesante método. El método ha sido
aumentar los estándares de entrada para las universidades
estatales, pero sin desarrollar las escuelas. Entonces
cuando no se desarrollan las escuelas pero se aumentan los
estándares de entrada para las personas que están
intentando seguir estudiando, es obvio lo que sucede. Tienes
menor matrícula, y cuando baja la matrícula, tienes que
recortar personal, pues recuerda que debemos ser eficientes,
como las corporaciones. Entonces reduces el personal y
recortas servicios, con lo cual puedes recibir a mucha menos
gente todavía. Es como un proceso natural, y puedes ver dónde
termina. Termina con gente o bien no entrando a la
universidad, o bien intentando averiguar de alguna manera, cómo
gastar 30.000 dólares al año en universidades privadas. Y
sabes lo que eso significa. Todo ello es parte del esfuerzo
general, creo, de crear un orden socio-económico bajo el
control del poder privado. Esto aparece por todas partes.
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