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Inéditos
Washington Cucurto
Veinte pungas contra un pasajero
Washington Cucurto en su periplo chileno retratado junto
a Condorito y al perro Whashington, mascota del ave.
Jazmines negros, claveles blancos
Compadre, no sea nabo, no mezcle nunca jazmines negros con claveles
blancos. Y si mezclados están, vuélvase invisible o escóndase debajo
de la cama. Pues no hay remedio para jazmines negros con claveles
blancos. Ahí, ay, vuelve la nieve ardiente llorando de los Emiratos
Árabes. Despiertan las niñas enamoradas, sábanas negras vuelan
buscando a mujeres blancas. Los geranios se vuelven Gerardos púberes en
sus macetas. Los nardos del Reino de la Muerte descienden pariendo
papayas carnívoras. Retroceden los jazmines cubriéndose de los
claveles blancos. ¿Morirán los jazmines negros? ¿Ganarán los
claveles blancos? Una hermosa arequipeña sale al balcón. En el cielo
se larga una lluvia de aviones, de papayas carnívoras, de cangrejos
nudistas, de negras desnudas con una naturalidad que espanta. ¿Ve?,
desde abajo de la cama el mundo se ve mejor. A babucha en aerolito
vienen en picada mis seis negras, como brasas abrasadas o estalactitas
de un diente de Dios. ¡Ñandecó!, no sea ganso, no mezcle nunca
jazmines negros con claveles blancos. En el aire todo se transforma y un
puñado de negras bien puede ser un rebaño de nubes. Ah, mis negras
dominicanas, qué cosa tan linda y extraña, mucho tienen de sándalas y
gansas pero ni una gota tienen de blancas. No caben en tres o cuatro
renglones, para eso se necesita una página.
Mis negras dominicanas de tan negras
se vuelven blancas, grises, finas, amarillas,
recién salidas de un frasco de mayonesa.
Andan por el aire mis negras dominicanas
ñoñas y monas como ellas solas;
¡cuánto me alegra mirarlas sin
pensar siquiera en tocarlas!
Si usted anda por la calle las puede ver,
en un afiche, por el aire y por doquier.
En fin, ni una italiana, ni una francesa,
vi yo en vida más dulce que una mulata.
Sí, las pelirrojas son bárbaras.
Pero no hay nada como mis negras dominicanas.
No sabe lo que son en San Juan de Maguana,
por eso me encanta nombrarlas
porque de blancas no tienen nada.
lluvia de estrellas
Idalinas, Justinas, Miguelinas,
Carolinas, Karinas, Cilicias y Ferisbundas
Clarisas, Clementinas, ¡Arielinas!
Marielqui, Marielbi, Marilyn Sunildas
Maripili, Mandalia, Mariola, Mariolga,
Yulis, Yulisas, Sunilditas,
Chechés, Casianas, Ignacias,
Janiras, Zenaidas, Yunisleidi.
Macorinas, Miraflorinas, arequipeñas
maguaneras, itacurubienses, coqueñas,
risas, llantos, ruegos, alegres alegrías,
risas, rosas, flamboyanes, flanes,
pitaháyas, sancochos y sandias,
chipaguazús, añaretás, yasiterés,
curepís, mombayés, porá limbós.
Negrura ascendente
Celebrando alegres funerales o fiestas fúnebres mortales
vienen a oscuras rascándose la ñema,
vienen flotando tercetos de negras testarudas;
¡son la partitura oscura de los ángeles!
El conventillo entero vuela por los cielos,
las cañerías se piran por las tardes.
A mí se me van con sueño los desvelos y al rato
vuelven mis sueños desvelados.
Y así se va quedando el infinito sin estrellas
y la alta mar sin vanidad se queda. Todo ocurre de puro zopetazo
como arte fresco o muerte suave.
Y todo tiene tal locura que hasta la nieve emigra
hacia los Emiratos Árabes; y la locura sigue por ser loca
y cruza el cielo como estalactitas o partes ínfimas
de un gran cometa.
Ahí vienen,
-palomas negras de mal agüero-
subidas en una alfombra voladora
lésbicas, sexuales, besándose de a pares:
Carolina, Karina, Cilicia y Ferisbunda.
Las negras hijas del demonio se divierten por los aires,
dejando chancros en mi corazón ardiente.
Vuelan los tickis besándose a las chiris,
tomados dulcemente de la mano.
En su honor octogenarios niños bailan un cumbiazo,
y dale que dale las sillas boxeándose de a pares.
El conventillo entero vuela por los cielos
¿Señor, habrá un diáfano caer de multitudes negras?
¿Vendrán al cabo asopranados protestando?
Las chipas refulgen en el cielo.
Arde el sancocho enamorado de las peras.
El chipaguazú amargo se chivea.
Se chivean las peras y los chivos de la Cordillera.
Marchan los ladrones de guantes blancos.
y sueltan a los ladrones de pies descalzos, ¡bravo!
Ardiendo estan las negras en mi corazón helado
y tiritando estan las mongas en el yoti ardiente
como hojas secas o flores de la muerte.
Sobre una vieja marca de zapatillas…
(versión 1)
Yuni, siempre dándole un toque de sabor a todo
incluso cuando la rabia general tomaba ribetes inesperados:
para el lado de los kinotos.
Y todo minutos antes de hacer las calles sucias del Once
con un par de Flechas blancas puestas.
Flechas que hallaste entre los saldos
de una antiquísima fábrica de zapatillas.
(¿No habían -¡esas típicas!, azules con líneas blancas?)
Fanfa populachera, subías las escaleras del yoti
luciendo tus cordoncitos mínimos. Y era tal
la atracción que produjo rechazo inmediato.
¡Ya hay bronca al calce justo de tus tobillos de tenista!
Le hiciste un favor detrás del mostrador
ay, Yuni de mi corazón, a ese viejo judío que jamás
ni en broma, conoció una breva morada de mulata.
Y he aquí que le enseñaste la locura del mundo:
el vellón que escondés debajo de las piernas.
Y este Principito octogenario, de golpe ecuánime
a la influencia de esta catorceañera madreselva,
sólo atinó a dejar aquello que le sobra y a vos te falta:
el dinero-money
La muerte es una ticki
- a la manera de Faustino Sotolongo-
I
No hay dudas, desenmascaré a la muerte
no me tomen por demente, pero acá voy
a tutiplén, agarrensé: la muerte es una ticki
¡Sí!, una ticki sin sentido es la muerte,
una ticki que ni jota sabe de la muerte
Una ticki blanca, casi transparente
que de un saque se vuelve gris, negritita
Parece mentira: todo blancor negrecerá?
Una ticki asunceña, itacurubiense,
¿por qué no chaqueña, ché?
¿Podrá ser una ticki chaqueña la muerte?
Te lo digo yó que vivo a tickazos plenamente
la muerte es una ticki y acá la mando al frente:
la muerte es una ticki más no así su viceversa:
una ticki que no quiere saber un pito con la muerte
La muerte es una ticki enamoradiza, creyente,
pongamos nomás de trece, y en el súper
se enamora todas las mañanas del cadete.
La muerte es una ticki formidable,
te lo digo yó que hace diez años
voy de tickis y de muertes
II
Andaba una ticki tomando aire
hasta que vio algo que la seguía,
como en las películas.
Y como en las películas no había que darse
vuelta, y siguió pateando por las anchas
veredas de mi barrio, presintiendo que era
la muerte. "Me late que es la muerte",
se mentía y después se desmentía.
"Puede ser el cadete del súper,
o el portero ese de la otra cuadra.
¡Má sí!, me doy vuelta y que sea lo que Dios quiera."
III
(Más nunca se dio lo que Dios quería,
¡pobre ticki!, tan chiquita, más se dio
lo que Dios no quiso.
Cuando se dio vuelta supo que no era
ningún cadete,
…¡Era la muerte, era la muerte!…)
Por una sonrisa transparente
Que daría por una sonrisa transparente,
de esas ebullescentes, una ticki carcajada
sin dientes o con mil caries diferentes.
Así es el mundo en que vivimos careciente
de sonrisas, de caballares margaritas…
Anoche soñé que me moría
y en el cielo del sueño de mi muerte
había una gran sonrisa dibujada por mi hija.
¡No puede ser, no tengo hija!
No importa, era sin dudas, una sonrisa hermosa
tickesca, entre nubes, árboles y llaves,
se evaporaba en el cielo como pucho
y en medio de la evaporación de la sonrisa
me iba muriendo un cacho mucho
y terminé tildando al despertar del todo.
Más la sonrisa sigue ahí, eternamente,
en el tickesco cielo de mi sueño.
Por la calle Paso
- a la típica de la española retrotradicional-
Temprano por la calle Paso
pasé esta mañana,
un congestionamiento
había en el tránsito,
sonaron dos gritos,
y dos o tres disparos
a una ticki linda
yo le eché un vistazo
y corrí a seguirla
entre los balazos.
En la calle Paso
entre Lavalle y Cevallos
robaron a un judío,
mataron dos guachos;
las telas llenas de sangre,
la vidriera hecha pedazos.
A la balacera
no le hice caso,
seguí a mi ticki
entre los balazos
de árbol en árbol
me le fui acercando.
Sentí su corazoncito
con su tikití.
Cuando la tenía
entre mis brazos
En Lavalle y Paso
me la arrebataron.
¿De dónde vino la bala?
Yo no lo sé,
si fue de goma o de 33.
Un tiró le entró por el labio
y le salió por un costado.
¡Mi ticki vidrieriando
se me fue llorando!
Por la calle Paso
nunca pases muy temprano.
La muerte en San Juan
Iba yo una mañana
Bajando un cerro de plata
De esos que sólo crecen
En San Juan de Maguana.
Dos mulatas hermosas
Me salieron al paso
Se identificaron con sus
carnets carneos: pechos,
piernas y nalgas.
Todo de mas
de suprema calidad.
¡La naturaleza,
que tamaña hazaña!
Como solo se halla
en San Juan de Maguana
Una tenía una rara tonada
y otra un revoltijo en el pelo
ambas espantados los ojos.
Me dijeron que la muerte
me andaba con urgencia buscando
Les dije que yo nada
que ver con nada.
Me miraron asustadas
como si fuese
un fantasma
¡Yo sólo deseaba sus pelos,
sus pechos, sus nalgas!
Mis flores dominicanas
me dijeron que la muerte
las enviaba
para matarme en el cerro
o en cualquier calle
de esas que solo se hallan
en San Juan de Maguana.
Justo un olor a margaritas
Salía de ese cerro
Por qué yo?
"Porque sí,
porque sino
matará a mis hijos
primos y vecinos,
todos desnutridos.
Si llevamos tu carne
habrá comida para todos".
Lo que me dijeron
me llegó al corazón.
Y ahí mismito me dejé
tajar como si fuera una res.
Por el cerro verde,
la muerte como un tirano
se disfraza de tuna,
se hace pasar por mulata,
como sólo pasa
en San Juan de Maguana.
............... ....................
Macorinas, maguaneras, cibaeñas,
Yo quiero hacer el amor con ellas,
Con esas negras preciosas,
En el medio de este cerro.
Murámonos los tres abrazaditos
como hermanitos desnutridos
Con voz tronitinante
Que la muerte nos llame.
Abrazado a mis negras
Me iré cantando bajo,
Y llorando alto
en este cerro precioso
Veleidoso, ardoroso,
con ramitos de eucaliptus
Y tecito de jengibre y enjambres.
Esos que solo se hallan
En San Juan de Maguana.
La cartonerita
"Guárdate de los señalados de Dios…"
Roberto Arlt
De una cartonerita
yo me enamoré,
la seguí cerquita
sin saber por qué
por Coronel Díaz
hasta Santa Fe.
Si era mas linda
que un no sé qué!
Por Coronel Díaz
rumbo a Santa Fe
juntando cartones,
trastos, botellitas
iba solita
con su carrito
de cachivachitos;
qué feliz sería
yendo en cacharrito
en ese carrito
de cachivachitos!
A las siete en punto
yo me enamoré
de una cartonerita
sin saber por qué
fuimos con Ricardo
a fotocopiar
Un libro de
Juan José Julián.
A las siete en punto
mi vida era tal cual
a las siete y cinco
era ¡sensacional!
de una cartonerita
rumbo a Santa Fe
yo no sé por qué,
yo me enamoré.
......... ..........
Aunque no me crean
que exagero, dirán
era casi igual ¡karac!
a Ana Kurnikova:
rubia de ojos claros
su carrito de cacharritos
para nada la afeaba
todo lo contrario
como la resaltaba!
.............. ............
Con una prole de cartoneritos
en un camión ella se subió,
entre las luces de la Santa Fe
sin decir adios desapareció,
en tiempos de total evasión
me pasó muy cerca
un gran amor.
Ricardo se borró
se fue a tomar el subte
rumbo a Santa Fe.
Yo me volví solo
sin saber por qué
caminé diez cuadras
leyendo sin leer
a Juan Julián José.
a R.Z.
30 millones de negros sobre un palmar
colorado
¿Qué cosa hay más popular en el mundo que 30 millones de negros
desnudos bailando sobre un palmar colorado? ¡Mamañema curepí! 30
millones de negros lanzados a su suerte a una altura de los mil diablos y
más; gracias al fenomenal lagrimón que se mandaron los peruanitos sobre
el Africa, y desde el yoti. Pues las vegetaciones al sentir una gota de
lágrima superrefrescante, crecieron con una fuerza inusitada, arrastrando
-además de toda su fauna y su flora ictícola-, millones de negros
aferrados a lo que sea, a sus ramas, a sus troncos, a sus cocos, y hasta a
sus mismísimas raíces; mulatos zaireños, zambos congolíes, sultanes
marroquíes, se encontraban entre las nubes más altas, más alto de lo
que su imaginación podía llegar; loros, tukus, tucanes, alacranes
pechitos colorados, pecarís quimileros, boas constrictoras, tigres de
Bengala, tarántulas, ranas terneras, panambís, añaretás, yasiterés,
yacarés, jaguarettes, todo un mundo flotante se presentaba sobre el cielo
del viejo mundo. De pronto, las palmeras dejaron de crecer y se afianzaron
lozanas entre las nubes, como un zeppelín multicolor y viviente. La
alegría de conocer algo un poco mejor que la pobreza hacía que los
negros bailaran sin parar, muertos de alegría, sobre las ciudades mas
importantes de Europa: Budapest, Oslo, Copenahue, Barcelona... Ese
alboroto carnavalesco y liberador, más las corridas de los elefantes, las
trepadas de los tigres de Bengala, los chillidos de los monos tatús, más
el gran bolonqui de la felicidad bardera de los negros; en fin, todo ese
cocktel explosivo hizo que las palmeras se inclinaran volteando
generaciones enteras de horangutanes, leones, infinidad de dátiles,
cocos, y un sinnúmero de oscuras nigerianas. A todo esto, los negros
continuaban bailando a una altura inclasificable; ya eran la atracción
del momento y nadie en Madrid, Praga, Sevilla, Budapest, en la isla de
Creta o en las lujosidades de Milán, le daba la menor bola a la
política, la liga de fútbol, a Bin Laden, a las armas químicas, o al
internet. ¡Mamañema curepí, el internet eran ellos mismos! A mucha
altura se apiolaban y viendo que les encanta la cámara y el
conventillerío, mostraban la hilacha haciendo todo tipo de monerías. En
fin, eran negros. Artistas irremediables de nuestra especie humana. Pronto
le hicieron saber al mundo sus honorarios y pedían, fortunas, palacios,
Ray Bands de oro y no sé qué guarrabasadas más por una foto o una
declaración en vivo para la RAI o la BBC de Londres, no había caso los
negros eran hinchas del bolsillo y así les fue. Los medios le cortaron el
rostro de unísima, ninguna empresa neoliberal del mundo capitalista se
iba a dejar apurar por un par de ñatos saltarines. En segundos la
morochada voladora se sumío en el más absoluto ostracismo; decíale
adios al marcketing, al merchandinsing, a las vinchitas colorinches con
sus nombres. ¡Chaú negocio, chaú fama, chaú money, y otra vez estamos
en lo mismo curepí! No hay caso, el pobre lleva la pobreza atada. Otra
vez quedaban afuera de la repartina de la torta, pero acá es apropiado
explicar que a la negrada en masa, en el fondo le importaba un reverendo
huevo el silencio de Londres y los negocios del mundo capitalista. En
reprimenda continuaron con todo su proceder germinativo: comenzaron a
singar, a culear, a sonsear, a soñar, a jilguerear, a jugar fútbol hasta
el amanecer. El gigantísimo palmeral colorado se sacudía como un
sonajero. Curepí, ¿qué otra raza humana puede mantenerse singando día
y noche sin parar? ¿Qué otra especie puede mantener la verga siempre
firme ante la mirada del mundo? ¡Día y noche sin pedir permiso! Esos
indecentes ilegales seguían provocando al mundo con su espantosa pobreza.
No les importaba más que vivir. Uno del montón en vez de eyacular dentro
de una rojísima guayaya mulata la sacó afuera y mandó la leche sobre
una ciudad europea. Al rayo la multitud singante lo imitó y se largó una
lluvia de leche pegajosa. Las españolas y las francesas se excitaban con
tantas vergas chorreando leche sin parar; corrían alzadísimas hacia los
barrios pobres de Madrid y de París y se llevaban a la rastra a los pocos
ecuatorianos que quedaban en España y a los friolentos colombianos de los
barrios latinos de París. A todo esto las alemanas hacían lo suyo con
los cubanos en Berlín, y las suecas desastres con los bolivianos de
Estocolmo y hasta con un chileno extraditado del régimen de Pinochet
perdido en el frío de los Países Escandinavos. El frío continente se
convirtió en una gran culeadera fenomenal, un tickigarche sin precedentes
en la historia del mundo, con cumbia incluída, bachata, merengue y lo que
ustedes quieran. Acá hay que parar y decir la verdad, desteñir la
historia rosa. Y la verdad es que a los negros les vino una envidia
imparable de sus descendientes latinoamericanos y no les cabió ni ahí,
que garchen gracias a ellos. ¡Qué gran verdad! No hay nada mas racista
que un negro. Envilecidos de egoísmo, muertos de envidia, se compelían
mutuamente a lanzarse al vacío para aclarar los términos. (Acá si o
sí, hay que dejar entrar al verdadero protagonista de esta historia:
nuestro héroe dominicano, el gigantísimo Tedoycontodo que estaba
dándole con todo a la mujer del Presidente de los Estados Unidos de
vacaciones en Europa al enterarse de todo este bochinche monumental y
¡qué mejor para veranear que unas playas donde cayeran negros a piladas!
En realidad fue toda la familia presidencial a hacerse bajar la caña a
Europa tuviendo la suerte milagrosa de encontrarse con Todoycontuti. La
cuestión es que entre meta y soga, entre raspe y sangre, entre ahogados
susurros y sábanas bañadas, entre glug glug, ploc, chac, chazz, y ay,
ays, se le escapó a la dama presidencial que todo este revuelo
colorinche, este despelote, era una maniobra de Estados Unidos para acabar
con la especie negra). A todo esto los negros, viendo que les quedaba poco
hilo en el carretel, se tiraban con la garcha inflada en busca de una
gringuita calenturienta. Por primera vez en la historia de la Europa
renacentista y católica fervorosa, hubo semejante peregrinación áerea
de la raza plebeya por excelencia, jamás en la pedorra vida de este mundo
moderno hubo semejante demostración de hermandad porque aquel que vuela
se hermana, semejante ímpetu de comunicar la alegría de vivir
simplemente… Las palmeras aplaudían en el aire, las titánicas
tarántulas rezaban del miedo, los elefantes relinchaban de placer, y las
negras, muertas de celos, se tiraban siguiéndolos. Al momento, hubo una
lluvia de negras africanas cayendo panza al aire, con las gambas abiertas,
alisando sus trenzas de saltimbanquis entre cabriolas por el aire. Por
ahí caían. Y algunas hasta daban en el blanco: la emperejilaban o
empomaban como se dice, ¡cosa no tan imposible para ellos! De golpe el
cielo se llenó de un atronador chaparrón de negros desnudos lanzados a
lo que Dios quiera. Y no quiero contar más porque esto ya es un desastre.
Imagínense ustedes, todo este bolonqui armado por los preferidos del sol,
en estos países fríos y horribles como todo lo horrible que hay en esta
tierra.
Washington Cucurto nació
en 1973 o 1943 (?) en San Juan de la Maguana, República Dominicana. Publicó
Zelarrayán, Ediciones del Diego (edición resumida), 1998; (edición
completa) 2000; La máquina de hacer paraguayitos, Siesta, 1999;
y Oh tú dominicana del demonio, Belleza y Felicidad, 2002. Veinte
pungas contra un pasajero está en este momento girando en las imprentas
de la editorial VOX. Ya los estará esperando en su librería amiga.
Tickismo a full / Gustavo López
Como un barman excitado por la aceptación de sus tragos Cucurto vuelve
a sorprendernos a alegrarnos a juntarnos las cabezas.
En veinte pungas contra
un pasajero (libro que esperamos publicar, antes mejor que después,
en la colección de poesía de VOX) el frangollo, la mezcla poderosa de
distintos registros poéticos, la prosa refalosa, el choreo de una musiquita,
frase o guiño de estilo que pocos detectan y muchos disfrutan, se presentan
trabajados con mayor intensidad que en sus libros anteriores, generando
por momentos una distorsión que, lejos de saturar, favorece la potencia
de esta poética cucurtiana.
Alentado por el escandalete
incendiario que provocó el relato de la venganza del salteño que se embambina
a la coreanita en Zelarrayán el Cucu se cebó con los guascazos,
las negras lenguaraces y el desenfreno de sus heroicas tickis (publicamos
en esta selección una muestra homeopática de tales calenturas como para
que el lector se entusiasme y vaya juntando para el libro). Algún jodido
seguro que piensa que vio la oportunidad y le saca punta al lápiz, pero
nada tiene que ver esto con el culto al efecto, si no mas bien con la
treta del tero que grita acá y pone los huevos allá lejos. En este caso
entre los pajonales de la desmesura y el encanto: sabe esconder líneas,
palabritas, versos de una ternura torpe y sobre todo alentar la reflexión
sobre la poesía que se escribe y se escribirá.
Hace un tiempo en un reportaje publicado en un diario de tirada nacional,
describía a su escritura como "realismo atolondrado", una especie de sin
razón, de falta absoluta de programa, pura torpeza y bartoleo; pero a
medida que rascamos en la lectura vemos que poco ha sido soltado con descuido
o al azar. La preocupación por hacer foco, por ajustar el trabajo sobre
el decir del arte de estas épocas se percibe camuflado en las reescrituras,
en el esfuerzo por presentar unas cuartetas simplonas y forzadas, en los
homenajes a tales o cuales poetas y sobre todo en el entrelazamiento con
los desvelos poéticos y formales de sus contemporáneos, amigos, colegas
y Salieris.
Lo que debe ser dicho con precisión
está medido con el calibre del tornero y contrabandeado entre la desmesura
y el fanfarroneo. Vean estos ejemplitos :
"Flechas que hallaste entre los saldos
de una antiquísima fábrica de zapatillas.
(¿No habían -¡esas típicas!, azules con líneas blancas?) ..."
.............................
"No hay dudas, desenmascaré a la muerte
no me tomen por demente, pero acá voy
a tutiplén, agarrensé: la muerte es una ticki ..."
¡Qué cancha Cucu querido tenés para cortar los versos! Cortos y largos,
intermedios con las sílabas de una sola mano y algún que otro dedo prestado
y así con esta puntuación y escanciando con variados alientos nos desgrana
distintas lógicas del pensamiento, ideas y construcciones poéticas sorprendentes
y amables. Nada que ver con el relativismo. Placer de pensar y sentir
de sentir y de pensar.
Ana Miravalles
Arte cisoria
Elena parte el pan
recién sacado del horno
de ladrillos las gallinas
pisotean las migas
embarradas y la sombra
de la parra seca,
deshaciéndolas
con sus patas
en el agua mansamente turbia
de la acequia;
con sus dedos
ajados
parte, Elena,
el tierno bollo
salado
para que Alvarito coma.
Parece que el tajo no fue
seco y preciso; se ve
que el cuchillo no estaba
bien afilado. Una pena,
la carne del chivito queda
mucho más tierna cuando
no patalea ni grita y la sangre
cae en seguida en el tacho.
(Y es que se nota la diferencia
se nota en la consistencia
al asarlo).
Hendir la hoja cada vez
hasta el más oscuro rincón
descoyuntando los huesos,
sin que se rompa la carne;
deslizar la pulpa despacio
con las manos para dejar
limpio el cartílago, la carcasa entera,
alas patas pechugas; sí,
fueron varias las navidades
hasta la madrugada deshuesando;
después lo rellenás
con ananá jamón nueces lo cosés
con hilo y lo dejás
listo para meterlo al horno.
Habría que terminar
de pelar la fruta;
¿y esa manzana que está,
así, como machucada?
¿la habrán dejado crecer
demasiado tiempo en su árbol,
o madurar al sol y podrir
bajo el calor áspero o algún
pájaro, tal vez
la habrá picoteado?
Habría que pelarla, cortar
lo poco o mucho que se pueda usar
y lo demás,
tirarlo.
Los confites guardados
por demasiado tiempo se ponen
viejos y toman
un, más bien, desagradable
gusto a humedad, en su caja
con su moño y su papel
metalizado sabrían
a amarga
herrumbre empapelada
y quién sabe
si algún gusano no habrá
horadado
el azúcar
apelotonada.
Habría que haberlos
picado a su tiempo
los confites picados se usan
para cubrir tortas o para
aventar la ansiedad de que queden
así como pegoteados.
Huecas carcasas
cartílagos
Leticia apila
en tierna
montaña
descoyuntada
(después tendrá
que retocar un poco
el esmalte en esa uña
que se ha quebrado).
Una varita así
en una lata de aceite
este eucaliptus
hace veinte años,
de Polvorines lo traje.
Miralo ahora, las raíces
están partiendo
la casa por debajo; en el techo
la fisura y también en las paredes
del frente
y en piso se abre.
Descuajada,
está a punto
de caerse,
la rama y el techo
podría
terminar de partirse;
nafta
pasame la nafta
a ver si la encendemos;
la motosierra se llama
Poulan Pro.
Hace bien el aserrín
así, fresco para las plantas;
las otras ramas
antes
las habían cortado a serrucho;
vamos a juntar el aserrín
de los troncos
recién cortados
con la motosierra
para que se abonen las macetas
de las plantas
que están en el comedor.
Había un método,
para las sequoias
para saber cuántos miles
de años tenían
los troncos contándoles
concéntricos los aros;
el primero, el de afuera,
aquí se te pierde,
el de la corteza
carcomida por las chinches
que dibujan
sus jeroglifos en la madera;
al final, hacia el centro
se pierde la cuenta, igual
con esos colores
las rodajas
se ven
de todas maneras,
bastante bien.
¿Cómo las trozamos?
En cuartos
para que entren
en la cocina,
y con hacha, mejor, ¿no ves
que esas ruedas más chicas
con la vibración
del motor se mueven
se deslizan
saltan
como si trataran
de escaparse?
A cada hachazo
las rodajas viejas
saltan en pedazos
las grietas
en la madera reseca
a cada golpe
torpe:
para la económica igual
esos pedazos
informes
sirven;
tal vez mejor.
Nada,
nada tiene que ver con cuestiones de higiene:
la transpiración cae
en la masa del pan
cerca del horno a la madrugada
la sangre del dedo
apenas tajeado
sobre la paleta entera.
Los tubos de luz enceguecen
a esta hora y más
cuando uno llega tarde cansado y tiene
que agarrar el martillo y darles
a los animales seco no más
tratando de no romper el seso
mientras callados los viejos
terminan
antes que enciendan la noria
de afilar su cuchillo
en las piedras.
Se te acerca despacio
el caballo sin recelo
te conoce
lo vas trayendo
le clavás
hasta el corazón el puñal;
se desangra lento
tambalea
al final
se le abren las patas
se cae.
Lo charquean después
y en bolsas
en pozos
ponen la carne
para que no se pudra.
No es común un toro blanco en la manga.
Ni tan inmenso,
ni tan hermoso.
Ocupa solo todo el cajón; y con él, el ritmo
monótono de los golpes
en la nuca se corta.
Cabecea, se mueve, se agita;
pero no cae.
Catorce veces. Al final,
hasta el capataz viene.
Recién ahora logran
colgarlo en la noria; y tienen
que llevar agarrada esa cabeza,
para que no se enganche en el piso,
para que llegue al sitio del degüelle,
desangre,
y se la corten.
Cabría un dedo
entero en lo hondo
del tajo recién
abierto venciendo
el dedo el espacio
de la milimétrica
espesura de la hoja
entre esas fibras
cabría
si no estuviera lleno
de sangre
todavía
demasiado fresca.
El acero no se repara
al quebrarse
tampoco la carne
mal tajeada.
Ninguna enmienda es posible
sí la compensación:
una hoja nueva,
otro cabo,
y el propio,
en lugar
de algún cuerpo mal
despostado.
Ana Miravalles nació en Bahía Blanca en 1965.
Participó del taller Vox - Antorchas (2001). Es inédita.
[Índice] [Principio del Poema]
¿Cuchillito que no corta? / Marina
Yuszczuk
Uno podría apurarse a leer los poemas de Ana en relación con una tradición
nacional donde figuran la ley del cuchillo, el trabajo de campo, el frigorífico,
y demás, tentado más que nada por la presencia fuerte de la carne, del
tajo, de las reses. Y todo eso, desde luego, está: a favor de esa lectura,
entonces, se aceptan argumentos.
Buscando, sin embargo, un elemento que permita en lo posible pensar todos
los poemas, me encuentro con el corte, como es obvio, aplicado a distintos
objetos, o mejor dicho a todos: cualquier cosa se puede cortar. Por eso
el corte revela semejanzas perturbadoras entre los objetos, a la vez que
permite leer aquello que los diferencia, es decir, el punto en el que
se resisten a ser puestos al mismo nivel y asumen, aún frente al corte,
características propias.
En este sentido, hay una batería de recursos que Ana despliega en sus
poemas y que tienen que ver con el corte, a distintos niveles y direcciones
y sobre distintos materiales. Aparecen, por ejemplo, versos tajeados casi
a cuchillazos y, por eso mismo, filosos, cuando el acento cae en la última
sílaba ("Parece que el tajo no fue/ seco y preciso; se ve"). Este mismo
filo es el que sirve, en otro poema, para cortar elementos bien distintos:
los pollos para comer en Navidad, por un lado ("Hendir la hoja cada vez/
hasta el más oscuro rincón/ descoyuntando los huesos"), y el tiempo, después
("alas patas pechugas; sí/ fueron varias las navidades/ hasta la madrugada
deshuesando"), porque en el texto que había empezado en presente se produce
un corte sobre el orden temporal a partir del filo de ese "sí", que nos
lleva al pasado como un tajo en la memoria, y que a su vez corta al poema
en dos mitades. En otro de los textos se da el movimiento contrario: con
un verso afilado donde el acento cae precisamente en la palabra "cortar"
se interrumpe la especulación sobre el pasado del objeto, una manzana
en este caso, y se vuelve bruscamente al presente y al objetivo concreto,
inmediato ("Habría que pelarla, cortar/ lo poco o mucho que se pueda usar/
y lo demás,/ tirarlo."), cortando esa pregunta que atentaba contra la
eficiencia de la tarea.
De un par de tajos, también, se vale Ana en otra ocasión para trozar al
poema como hace Leticia con los pollos. La palabra "descoyuntada" queda
aislada en el centro de un texto también descoyuntado, y a pesar de los
cortes tajantes, se derrama con todo su peso hacia el resto del poema,
irradiando sentido: ¿descoyuntada Leticia, la montaña de cartílagos, la
uña quebrada? Y se puede plantear, entonces, qué pasa con el cuerpo que
corta, que descoyunta y es quebrado a su vez.
Porque el riesgo del corte tiene que ver con su carácter definitivo; de
ahí la necesidad de precisión. El corte se juega en un intento; no hay
posibilidad de reparación, ni segundas oportunidades. Si sale mal, no
queda otra que poner el cuerpo ("Ninguna enmienda es posible/ sí la compensación…y
el propio,/ en lugar/ de algún cuerpo mal/ despostado.").
De todas maneras, aunque el tajo no se pueda reparar, hay cosas que subvierten
su eficacia, y esto, como en el caso del corte, sucede de diversas maneras,
y genera tensión. Hay, por ejemplo, elementos que se intenta separar pero
se mezclan a nivel fónico, como "carne" y "sangre", "tacho" y "asarlo",
porque "Parece que el tajo no fue/ seco y preciso", entonces se contaminan,
al resonar unos en otros, lo que se come y lo que se tira; elementos problemáticos
como el inmenso toro blanco, que parece rebelarse y hace sentir su impacto
sobre el ritmo de la matanza, sobre el ritmo de los versos y la separación
de las estrofas ("Ocupa solo todo el cajón; y con él, el ritmo/ monótono
de los golpes/ en la nuca se corta"), acapara la atención del capataz
y hasta extiende el poema; objetos que rehúyen el corte porque se le adelantan,
como esos confites que se humedecieron antes que se alcanzara a picarlos,
y pegoteados, pegotean el verso, ese que dice, justamente, "así como pegoteados",
y que se estira por ser el único en el texto en el que quedan cuatro sílabas
entre los dos acentos; o cosas que se mezclan sin querer, a pesar de las
"cuestiones de higiene", en un corte involuntario ("la sangre del dedo/
apenas tajeado/ sobre la paleta entera.").
Elementos distintos, es cierto, y recursos distintos. Sin embargo, uno
puede preguntarse, a partir de estos textos: debajo del cuchillo, o de
cualquier otro instrumento cortante, ¿en qué se diferencia mi cuerpo,
es decir yo, de una vaca, de un árbol, una manzana, un pan o unos confites?
El corte acerca de repente estos objetos, que en nuestros esquemas habituales
de pensamiento tienen una jerarquía bastante definida, y diferencias claras,
casi obvias, y tranquilizadoras. Tal vez es ahí donde reside el potencial
atroz de estos poemas, en lo que dejan flotando en el aire: cualquier
violencia haría de mí, o haría del toro blanco, o del caballo, una víctima,
pero el corte impasible sólo vuelve puro objeto. Objeto, además, que ni
siquiera es el centro de la atención, ocupada (y preocupada) más bien
por la eficacia del corte. Por eso, aunque haya demoras, disgresiones,
preguntas por la historia de la cosa que se está por cortar, como en el
caso de la manzana, que casi hacen esperar atisbos de compasión, en el
momento preciso del corte se anulan las historias y las identidades, y
lo que cuenta únicamente es cómo aprovechar el cadáver, los pedazos, los
restos, que entran así en una cadena de usos donde las cosas importan
solamente según su utilidad.
El corte tiene fines prácticos; lo que se puede se aprovecha y lo demás
no se lamenta, se tira. Cosas en las que uno, tal vez, preferiría no tener
que detenerse. Pequeñas salvajadas, oportunamente aisladas en la cocina,
o en el frigorífico.
[Índice] [Principio del comentario]
Cristián Gómez O.
Oscuro como la tumba donde yace mi
enemigo(Sigbjorn Wilderness)
De
quien se pide que declare y atestigue
La fugacidad del instante y los compromisos adquiridos
se negocian con la primera línea. Un tono vulnerablemente
eterno y sepia le convendría a tus recuerdos así como a esos
rostros que amarillean en las fotografías del álbum subrepticio y
subcutáneo donde guardas los daguerrotipos de un tiempo que abundaba
en lo referente a esta cuestión imprescindible de las sombras -que no
tienen
ni tendrán derecho a ocupar un lugar de nuestra noche. Hay que pagar una
alta
cuota de incomprensión y menosprecio para contemplar las casas de Kulcevzky.
Hay que pagar una parte importante de nuestros estipendios en la elaboración
de
nuestras armas de cetrería, en la confección de nuestras capas con alforzas
y revestimientos (lino o cachemira). Y hay que pagar para entrar a los
recitales de poesía.
Y también para entrar a los bautizos y a los funerales. De cualquier manera,
dejaste empeñada parte importante de tu vida y la pecuniae de tus últimos
esfuerzos
por seguirle el rastro a aquellos botes -los que no dejaban surcos sobre
el agua:
-como los borrachos, que tampoco dejan huellas sobre el pavimento.
Hay para quienes el vuelo de las gaviotas
vistas junto al atardecer y la caída paulatina
pero instantánea del último de los rayos deste sol
es motivo inevitable/mente de alegría o de tristeza:
los pescadores (para no hablar otra vez de los botes)
no dejan surcos en el agua o en el mar. Vuelven
al muelle como quien vuelve a pisar en terreno firme. Nosotros
volveremos a pisar en terreno firme el día en que volvamos
a sacar el habla y al ver los primeros espejismos (el océano
es otra clase del desierto), en lugar de proclamar a voz en cuello
la tierra que después de tanto (tiempo, horizonte, cansancio) al
fin se encuentre al alcance de nuestra vista, gritemos solamente
océano, gritemos solamente
océano -las gaviotas aún volaban a nuestro alrededor.
De todas las gaviotas que volaban alrededor
hay una que es la que recuerdo. De hecho sigue volando
como si las horas no se hubiesen venido encima y yo
no estuviera aquí acostado acordándome de ella. Cuando
regresé a mi casa, ya hacía frío a esa hora en el muelle y no quedaban
pescadores en faena (ni los turistas, ni nadie) la única que seguía
como una especie de volantín suspendido en el aire
era esta gaviota de la que ahora me acuerdo. Si vuelvo al muelle ya
no va a estar. Si vuelvo será de noche y tendré que abrigarme
y los faroles que rodean la entrada del muelle estarán prendidos
como una advertencia de los nuevos invitados: alguna pareja,
cierto número de gente más o menos joven divertidos alrededor
del último cogollo y las pinzas a las que más de alguno recurre
para que no se termine. Y no va a estar. Se habrá retirado con
las otras supongo que a dormir. Sólo en esta pieza
puede seguir volando. Sólo si alguien se mantiene aferrado
al abrigo de las frazadas o del sueño. Un recuerdo que la mantenga
viva o volando. De eso depende que mañana los pescadores
tengan a quien echarle las sobras y la basura: y el paisaje
pueda ser el mismo que mañana.
El rastro de la piedra sobre el agua: la huella que los botes
ni los borrachos dejan sobre el mar. En alguna de las piezas
colindantes, alguien habla de la conveniencia de acostarse peor
que un estropajo. Anécdotas y otras historias semejantes
se acumulan entre esos labios que no han recibido la
bendición paulatina de tus besos: que en su estupefacción
la aurora demore un par de horas su llegada, no hace sino
refrendar tu pertenencia a la raza pudorosa de los suicidas. Se
te nota en ese rostro diáfano y alegre como si fuera la moción de
confianza que no te compra nadie, mucho menos tú y tu mirada
repentinamente adusta ante el impertinente iluminar de las estrellas
mortaja a estas alturas cursi pero imponderablemente fiel: no
hay nadie en ese balcón y los transeúntes -precavidos y desconfiados
hace tiempo que ya no van ni se devuelven por esta acera.
Savonarola
IV
Aquí los álamos se llenan de zorzales.
La resignación que a otros
no acompaña los llevaría simplemente a decir: aquí los árboles
están llenos de pájaros.
Hoy estuve en el Casino (veinte mil pesos menos). Salí a comprar
el pan. Busqué una orquídea
que no hubiera nacido entre medio del fango.
Aquí los álamos se llenan de zorzales.
Entré a una librería. Fui a caminar por la playa.
Compré un boleto de regreso.
Aquí los álamos se llenan de zorzales
(a pesar de la ausencia de las hojas
las ramas no estarán tan desnudas
como el día en que los pájaros se marchen
cuando aún no sea otoño cuando aún no sea invierno).
Visité a un par de amigos y vi una película.
Ya no están los zorzales (pájaros). Han abandonado
los árboles, así como también
los álamos.
Y en la palabra pájaro ya no quedan más zorzales.
Canción
del recaudador de impuestos
Por ahora me tienen sin cuidado
los anuncios de lluvias y temporales.
Lluvias y temporales no pueden evitar
sí algunas súplicas e injurias, desmayos
y artimañas de toda especie, no pueden,
decía, impedir o posponer o derogar
las facultades que el emperador en su nombre
delegó en mi nombre: dejar entre mis claros
y mis oscuros el misterio que añoran
esos labios pendientes de una próxima palabra
ausente, por supuesto, del retrato.
Por lo pronto me tienen sin cuidado esos saludos,
esos gritos, esas postreras despedidas: una mano
agitándose en el viento, cumple, con creces, mi tarea.
Pero cuando vuelva el recaudador de impuestos
no caerá tenuemente la luz
para ocupar con sutileza los errores
en la distribución de muebles y otros objetos
de escaso y extraño valor: un ejemplar
del Breviario de las costumbres extintas
entre los pueblos de Normandía y Bretaña (1598),
los pabilos desparramados de la última noche
en que estuviste en esta pieza y el retrato inconcluso
del innoble funcionario y su esposa cogidos de la mano
para que una imagen les devuelva (dependiendo
de la vulnerable generosidad de mis honorarios)
todo el regocijo y la alegría que uno supone
el recaudador imperial de los impuestos y su esposa
tendrían a raudales como el dinero con que cuentan
a raudales para pagar, sin ir más lejos
las bromas sin gracia de un bufón
dispuesto a pintar, aún con lluvias y temporales,
que lo tienen, como dije, sin cuidado,
los denarios que bien sabe esconder
tras frases como las que exclama
aparentando sorpresa:
0h!, este año no crecerán las azaleas
en mi jardín, no podré por tanto
cubrir con ellas las impudicias
de vuestra esposa.
Hamlet, o la muerte de un vendedor de pinturas
1.- Para aquellos de 1971, con
dos citas de Malcolm Lowry
Dicen los que saben que al norte de tus cabellos, al norte exacto
de tus cabellos, le falta horizonte como para perpetuar esa inocencia
incrédula y mentirosa que practicas
con destreza y aplomo semejantes a los de tus compañeros
-la palabra no es gratuita- arrojando sus juveniles
y tampoco gratuitas bombas de fabricación casera o universitaria:
los accidentes se suceden unos a otros en una complicidad de la que no
tenemos
ni el menor aviso así es que prepárate, Medea, para asistir al banquete
de tus entrañas
como si esto fuera un ritual en el que todos los días
el destino se encargara de hacernos de entender
que podemos tensar el arco, no soltar la flecha: que nadie me culpe, entonces,
si no he cambiado como no han cambiado las nubes ni el océano.
Antes del vuelo sin dirección de la corneja: los cofres de arena sobre
la mesa
se esgrimen como los seguros de vida que los personajes de la literatura
clásica
se sienten con la obligación de exigir: un pedazo de carne, por ejemplo,
a requerimiento expreso del judío: tanto tiempo, como estai,
donde habiai estao.
En la edad media los goliardos bebían hasta quedar tirados por el suelo,
lo demás -decían- ya es vicio.
-Tanto tiempo, como estás, donde habiai estao: el agua de la noche
pasa por debajo de los puentes de tu lengua.
Dicen que las bacanales de nuestro tiempo
-ojo que esto es una reunión de amigos-
guardan una lamentable solución de continuidad
con un bautizo de pobres o la elección de la reina de la primavera
entre las madres solteras fecundadas por un amigo o el espíritu santo.
Ifigenia, muerta en Áulide, por obra y gracia de los dioses volvió a la
vida.
Por obra y gracia de la verdad sospechosa
la noche rueda cuesta
abajo
de manera semejante y en un compás que reproduce el mismo ritmo
del rodar permanente y hacia abajo
-del vientre de c/u de los comensales
-de las miradas antaño altivas
-de lo que solíamos denominar con inocencia
"la vida (tiene todo el futuro por delante)".
En la edad media los goliardos, etc: "La última esperanza
es el próximo vaso". Nuestro decálogo recomienda
aferrarse por ende al próximo trago, dedicarle más tiempo
que a la conquista de una mujer hermosa y sin consecuencias:
(De la mano de tu mujer, el fotógrafo huye como huiste
de la mano de tantas otras mujeres. El Cónsul que no es cónsul
quisiera detenerlos y en su camino-azares de la vida,
necesidades del relato- se topa con el contenido frenético e imperturbable
de un tequila de esos que no perdonan. Los próximos días se resumen
en esa frase que lo resume todo: no es manera de morir.
Aferrado a la piedad de las cunetas, a la caricia indolente de la lluvia.
No es manera de morir).
Cristián Gómez O. nació en 1972 en Santiago de Chile.
Es Licenciado en Letras. Participó de los talleres de poesía de la Fundación
Neruda y compiló, junto a Germán Carrasco la antología de joven poesía
chilena Al Tiro. Actualmente se encuentra en Iowa, como escritor residente.
[Índice] [Principio del Poema]
Los "Grandes Poemas"
de Cristián Gómez O. / Mario Ortiz
Me explico: la aproximación más gruesa
y general que se me ocurre de este libro de Gómez es la de calificarlo
como una "poética de lo grande" (el adjetivo "grande" es vago, pero dije
que estamos dentro del ámbito de lo grueso). Habría que pensar, en primer
término, en la relación de la poesía de Gómez con algunos tópicos tradicionales
de lo "grande", evidente desde lo más concreto e inmediato: el tamaño
de sus versos. Por momentos abarcan el ancho de una página, desbordando
una cadencia marcada y propendiendo hacia otra más cercana al "tempo"
de la prosa. Tomo un ejemplo al azar:
"los accidentes se suceden unos a otros en una complicidad de la que no
tenemos
ni el menor aviso así es que prepárate, Medea, para asistir al banquete
de tus entrañas "
Los antiguos preceptistas lo llamaban "versos de arte mayor". En el caso
de la poesía de Gómez, estos períodos largos, la escansión, el ritmo vienen
dados más bien por el trabajo con las ideas que maneja el poema y con
sus peculiares modos de variarlas y entrelazarlas. Así, por ejemplo, en
el poema "De quien se pide que declare y atestigüe" hay al principio un
trabajo sobre la idea de la memoria
"(... ) Un tono vulnerablemente
eterno y sepia le convendría a tus recuerdos así como a esos
rostros que amarillean en las fotografías del álbum subrepticio y
subcutáneo donde guardas los daguerrotipos de un tiempo que abundaba
en lo referente a esta cuestión imprescindible de las sombras -que no
tienen
ni tendrán derecho a ocupar un lugar de nuestra noche."
Hay un interesante desplazamiento en el que el tono sepia de las fotos
se vuelve atributo de los recuedos en un álbum interior. Podría pensarse
que el libro en buena medida está pensando su ritmo a partir de un montaje
de imágenes/ideas que van estructurando al poema. Más adelante, en este
mismo texto, hay una fina labor de trenzado, como en un telar: si las
imágenes y tópicos las proponemos como hilos, hebras de lana, lo que hace
es entramarlas para formar la figura completa. En efecto, a esta idea
del recuerdo, y de las marcas que deja en la fotografía, se le contrapone
las no-marcas, la ausencia de huellas que dejan las gaviotas en el aire,
lo borrachos en la calle, y quizá extendiéndose, el paso fugaz de la pareja
a la noche en el cuarto.
Pero también hay que señalar el riesgo más evidente de este "arte mayor",
que
es el exceso, el desborde de palabras, adjetivos y giros que vuelven al
verso por momentos inflado, demasiado perifrástico. En el fragmento de
arriba lo veo claro en el pasaje "que abundaba / en lo referente a esta
cuestión imprescindible de las sombras". Veamos que el encabalgamiento
no hace sino estirar un período demasiado largo; además, los giros "en
lo referente" y "cuestión imprescindible", casi yuxtapuestos, suman una
sobrecarga de tono formulario/periodístico que producen un efecto de lastre.
Ahora bien, yo no me apresuraría a atribuir esto a una falta de destreza
exclusiva de Gómez; pienso si no se trataría de un tipo de riesgo que
se puede correr en la poética que él elige trabajar, y que tiene una prestigiosa
tradición en Chile. Pienso en algunos pasajes de los poemas extensos de
Pablo de Rokha o incluso en algún verso en Enrique Lihn, especialmente
el de Escrito en Cuba. Con lo cual lo que estoy queriendo decir
es esto: aunque se trata de una cuestión de grado, aquí reside una problemátca
más honda, que es la del verbalismo en un tipo de poesía que por su tono
o extensión propende hacia lo épico, o al menos hacia el poema de largo
aliento.
Pero Gómez demuestra que también puede manejar la precisión de los ritmos
más breves, como en el maravilloso poema "Aquí los álamos se llenan de
zorzales."
Hablamos de lo "grande", y recién mencionamos a los grandes de Chile,
y en la poesía de Gómez veo un tono, una dicción y un manejo de las imágenes
que creo muy deudora de Lihn; vemos citada a Medea, y más adelante aparece
una Filis que parece un directo homenaje a Al bello aparecer de este
lucero.
Y, para finalizar por ahora, la última referencia a lo "grande" sería
la temática del amor, la erótica. Este es uno de los grandes temas clásicos
de la poesía occidental (en el caso de la chilena vuelvo a pensar en Lihn,
en el tan denostado Neruda): muchos poemas de Gómez se construyen alrededor
de la presencia de la amante, o de alguna mujer ocasional. Y aquí las
comparaciones son inevitables: pienso que la temática erótica está comparativamente
muy poco tratada en la poesía argentina contemporánea, sobre todo si consideramos
la gravitación de una figura como Leónidas Lamborghini, que construye
su poética a partir de la parodia y del rechazo de lo lírico.
[Índice] [Principio del
comentario]
Reseñas
Delicado minimalismo / Elsa Drucaroff
Kodak / María Teresa Andruetto
Argos, Córdoba, 2001
Una mujer observa fotos, lenta y delicada. Se trata del álbum de su vida.
Cada poema de Kodak es una instantánea y desata la memoria, el
presente o el futuro, el viaje por la infancia, la interrogación por el
origen y constitución de la propia identidad, la subjetividad reflexiva.
En la escritura femenina es frecuente esta persecución de la historia
propia e interna, este modo de sumergirse en el pasado para explicarse
a una misma, este trabajo con el yo. Y sin embargo, Kodak hace
algo esencialmente diferente.
¿En qué reside ese plus por el cual el libro, al mismo tiempo en que se
instala en lo que ya puede considerarse una tradición en la literatura
femenina, se aparta para instaurar otra cosa? Es probable que la respuesta
pase por una entonación donde se han superado la crispación y el desgarramiento.
En el mundo femenino que construye este libro, el dolor, la alegría, el
placer, la vida y la muerte, la nostalgia y el proyecto, todo encuentra
su lugar. En ese sentido, aunque interroguen cada acontecimiento, cada
escena mínima que los inspira, hasta extraerles una médula, se diría un
secreto, los poemas de Kodak no formulan preguntas y escapan tanto
de la nostalgia masculina por la infancia perdida como del gesto dramático
femenino frente a las humillaciones y privaciones de nuestra niñez.
Las escenas contienen preguntas y misterio pero la escritura los acepta
sin crispación y sin grandilocuencia, no se retuerce en el dolor, no se
revuelve en la rabia y en la reivindicación, ni en la compasión por la
niña que se fue, ni por los seres queridos que se perdieron, ni en el
clamor inútil ante el dolor. Como un rollo de fotos, como una cámara tantas
veces herida por la luz, Kodak no gime, constata dulcemente, incluso
si lo que hay para constatar también es la devastación.
"Yo miraba,
tras la lente de una Kodak
con la que él sacó fotos de la guerra,
antes que la muerte disolviera
sus pupilas y delegara en mis ojos
el dolor de mirarme desbastada
por la ausencia"
De instantánea en instantánea, Kodak desarrolla una teoría de la
mirada como herencia, mirada femenina construida sin embargo desde un
legado viril (tal vez paterno).
"Como un poeta minimalista, Andruetto se detiene en la evocación detallada
de lo nimio, pero a diferencia del minimalismo, tan masculino en su vocación
sistemática, en su negación de la subjetividad, ella se deja llevar por
el saber de los sentimientos, por el capricho y la arbitrariedad de la
memoria afectiva, por la fuerza simple y desnuda del simple y desnudo
amor.
Es una foto de blanco
y negro, con los bordes ajados,
te diría (causa gracia esa remera
de banlon, sobre los pantalones
nuevos). Tu madre, escondida
tras los niños, sostiene todo.
Veo las piernas y la pollera;
es su fuerza lo que miro,
te diría."
Kodak explora vivencias de niña que casi no han tenido representación
en la literatura: la mirada del amor entre mujeres, la mirada amante de
la niña a la madre, de la niña a la hermana. Ésas apasionadas relaciones
que nos constituyen y casi no han sido antes escritas:
"Te sacaste el vestido, la campera
te sacaste la blusa, las hombreras,
te sacaste el turbante, la remera,
e sacaste el corpiño, la bolsita de mijo,
te miraste al espejo y me miraste
y yo vi tu pecho crudo, las costillas
al aire, y después tu corazón
como una piedra, fuerte y fatal
como una piedra."
Las mujeres de Kodak, en efecto, están llenas de fuerza, pero no
se trata de la fuerza fálica: no supone la impotencia del otro, ni su
miedo, no precisa, para ser, mantener al otro en la debilidad. Es la fuerza
de la madre, una fuerza que construye, que afirma, que permite el crecimiento
del ser más débil. Versión femenina de la autoridad y el poder, versión
que tampoco tiene palabras y casi no se concibe en nuestra cultura, aunque
también "sostiene todo", porque nos ha sostenido a todos los humanos que
poblamos esta tierra.
La madre de Kodak "sostiene todo", y por eso también sostiene la
escritura. En "Visita", el poema casi final, el hacer femenino de la hija
-es decir su libro- se entrelaza con uno previo y ancestral de la madre
("y dice: "Ayer / hice dulce de duraznos" y yo digo / que hablaron de
mi libro / en el diario"). Antes, la voz de la madre anciana ha cumplido
la mítica tarea femenina de mantener tibio el hogar, de encender el fuego
en la tierra que se habita: "Otra vez yo critiqué / al gobierno y ella
dijo otra vez / "Es un país tan grande!". No quiere / que me queje: "¡Este
país generoso / recibió a tu padre!"
Delicado, casi diminuto, extrañamente fuerte en esa apuesta al susurro
y lo pequeño, Kodak explora un minimalismo femenino que tolera
el hiato, el misterio, la impotencia, el fracaso, la muerte, sin renunciar
por eso a la alegría, distribuyendo con serenidad palabras simples y seguras
para construir otra poesía de la mirada y la memoria.
Ver poemas de Kodak, de María Teresa Andruetto, en Vox virtual 3.
[Índice] [Principio de la Reseña]
Aparecieron los tanos / Beatriz Vignoli
El astro disperso:
últimas transformaciones de la poesía en Italia (1971-2001) / Pablo Anadón
(selección, traducción
y notas) Antología bilingüe con estudios críticos
Colección Fénix, Ediciones del Copista,
Alta Gracia (Córdoba), 2002
¿Qué tienen en común Dario Bellezza, Rita Baldassarri, Maurizio Cucchi,
Giuseppe Conte, Paolo Ruffilli, Milo de Angelis y Valerio Magrelli?
Todos son poetas italianos que comenzaron a publicar entre 1975 y
comienzos de la década del ochenta. Versiones al castellano de algunos
de sus poemas, junto con las versiones originales en italiano, pueden
leerse en El astro disperso: últimas transformaciones de la
poesía en Italia (1971-2001).
Advierte su autor, respecto de esta "limitada" selección, que la misma
se encuentra a mitad de camino entre "la muestra meramente informativa
y el cuaderno personal de notas y traducciones". Pablo Anadón nació en
Villa Dolores en 1963. Es licenciado y profesor en Letras Modernas por
la Universidad Nacional de Córdoba, especializado en poesía italiana contemporánea
en la Universidad de Florencia. Ha publicado cuatro libros de poesía,
además de traducciones, antologías y ensayos que reflejan sus estudios
literarios de varios años en Italia. Vive en Alta Gracia (Córdoba), donde
dirige la revista de poesía y ensayo (también colección de libros) "Fénix".
En la revista, fueron publicados previamente algunos de los ensayos críticos
y selecciones que constituyen este libro (Valerio Magrelli en el número
3, Mirella Muiá en el número 6). A la colección de libros, pertenece esta
nueva recopilación.
Según Anadón "la idea primera fue presentar un panorama amplio de la poesía
italiana de las últimas décadas, escasamente conocida en nuestro país".
Pero como "la llamada 'primavera poética italiana', que se extiende desde
1975 hasta los primeros años de la década siguiente ... ha dado al fin
pocas flores que conserven aún el prefume intenso que tuvieron en su momento"
el compilador optó sólo por aquellos autores nacidos en la segunda posguerra
cuya escritura le resultara suficientemente atractiva. Y en su lúcido
estudio preliminar demuestra que ha seguido a través de una bibliografía
crítica en italiano sorprendentemente vasta los avatares de la poesía
italiana desde la neovanguardia del '68 hasta su aparente esterilidad
actual.
Abren esta selección dos muertos jóvenes. La poesía confesional de Dario
Bellezza (Roma, 1944 - 1996) lleva a preguntarse cuán cursi sería un poema
de amor si no fuera por la condición gay del autor (y qué serio resulta
en cambio: "Intenso o sofocado tu amor es / el único sonido de los días
pasados / que todavía me ilusiona"). Mientras que Rita Baldassarri (La
Spezia, 1944 - Pisa, 1999) ha dejado una obra obstinada y excelente, cuya
solitaria ternura hacia el mundo se expresa a través de un continuo desplazamiento
metafórico que transmuta los reinos, animalizando, por ejemplo, las plantas
("También el cactus en forma de mundo / se ha excavado su nido en la maceta").
Su original mirada lo humaniza todo: "Pero luego no llueve. / Queda una
pena honda que no se entrega al llanto".
Si por esta selección solamente fuese, es posible pensar que con la muerte
de las utopías, la influencia de las vanguardias dejó sueltas a pasiones
que quedaron vacías de su objeto; y, dada la obsolescencia en que las
vanguardias mismas habían dejado además el amor por el oficio, estas pasiones
fluyeron hacia el yo. Como confirmando la teoría freudiana del narcisismo
(o el legendario ensayo "The Me Generation", de Tom Wolfe), la poesía
posvanguardista italiana, la de los últimos treinta años, está signada
por la pasión y la obsesión del yo. Existir o ser, parece ser la cuestión,
como si la elocuencia de la vocación poética la hubiera dotado –igual
que a la vocación de santidad– de la posibilidad de elegir entre habitar
un yo o trascenderlo. (Un caso extremo de trascendentalismo es el del
poeta cristiano Mario Luzi, quien pertenece a una generación anterior
a la representada en esta antología).
La importancia de una antología de contemporáneos es siempre vital. Para
los poetas argentinos hallar, reunidas, en el propio idioma, las voces
de la misma generación en otra latitud cantando experiencias parecidas
sobre el horizonte de una misma época, amplía el alcance de la propia
obra. Aquí nos enteramos, por ejemplo, de que en Italia también la asociación
entre fútbol, padre y niñez ha formado parte de la experiencia poética.
Al menos para Maurizio Cucchi, al menos en su poema "'53", que parece
escrito en el mismo momento, a comienzos de los años noventa, por los
más jóvenes Fabián Casas o Eduardo Ainbinder. Generación a la que pertenece
también el santafesino Osvaldo Aguirre, cuyos poemas largos de versos
breves parecen prefigurados por el intimismo sigiloso y el coloquialismo
"miniaturista" de Paolo Ruffilli (Rieti, Toscana, 1949): "El viejo parqué
/ del piso huele / a cera y cruje / continuamente / a cada movimiento.
// 'Si escucharan de allá...'"
Sin esta antología, tampoco nos hubiéramos enterado de que toda una generación
de poetisas que anda por los cincuenta años ha enfrentado problemas parecidos
y los ha resuelto (existencial y literariamente) de similar manera, tanto
en Calabria como en Santa Fe o Rosario. Mirella Muiá, quien sin duda ha
aportado la selección más contundente de esta antología, trasciende el
yo individual a través de un tejido tramado entre el mito antiguo, cierta
intensidad cinematográfica de la imagen, y la memoria de los propios ancestros;
al leerla es imposible no evocar a Concepción Bertone, a Marilyn Contardi
o a Mirta Rosenberg, aunque el estilo terso, denso en afecto implícito,
del libro de esta última El arte de perder esté más cerca del de
Patrizia Cavalli (traductora de teatro isabelino, lo que no es un dato
menor) y el lirismo de la imagen en La tela (1986) de Muiá recuerde
más a la poesía que escribía por entonces Rafael Bielsa. Seis años antes,
el romano Valerio Magrelli publicaba un celebrado primer libro, cuya poesía
estoica remite a su contemporáneo porteño exacto, Alberto Girri.
Pero hay aspectos de la poesía peninsular, sobre todo los más líricos
–como los diversos intentos de resucitar el orfismo y practicar poéticamente
el reencantamiento del mundo, corriente donde se inscribe Giuseppe Conte
(Liguria, 1945)– que no tuvieron eco literario en Argentina. Sí mediático:
Conte tuvo una celebrada participación en la edición 2000 del Festival
de Poesía de Rosario. Su obra oscila entre un panteísmo paradójicamente
amargo y maravillado ("Lo he olvidado todo, escribo / porque olvidar es
un don: no deseo / más que árboles, árboles y proas / de viento, olas
que van y vuelven, el eterno/ renacer estéril y mudo de las // cosas")
y una banal perplejidad ("No sé, a veces, quién soy"). La fascinación
ejercida por la figura del poeta ligur sobre el antólogo es algo que éste
no ha creído necesario ocultar; el contrapunto entre su ensayo entusiasta
de los treinta años y el comentario desencantado al último libro de Conte
le aporta a la compilación un raro sesgo personal.
También la poesía hermética fue de escasa difusión fuera de Italia, pero
tuvo sus continuadores: entre ellos Milo de Angelis (Milán, 1951): "Con
una media sonrisa señalas / una salida, una escalera cualquiera. / Ni
siquiera ahora tienes símbolos para quien muere" . Coetáneo del surrealismo,
el hermetismo era un resabio de los tiempos en que no se dudaba de que
la poesía fuese una "escritura sagrada". Hoy es, con gran esfuerzo, todavía
palabra humana. Eso al menos parece decirnos esta obra, cuyo título es
formalmente feliz, pero de sentido apocalíptico: en italiano, "disperso"
significa también "desaparecido".
Antología de la antología
Rita Baldassarri
(S. Stefano Magra - Le Spezia, 1944)
Todas las chimeneas se tienden en hilera...
Todas las chimeneas se tienden en hilera hacia la luna,
se adentran en un mundo esmaltado de azul
en donde el viento frota las estrellas
hasta hacerlas brillar.
Falta ese centro, ese recogimiento:
falta un punto de amor en el que cada cosa se conforte.
Aquí se cuentan las penas de los otros
como si fuesen fábulas.
Ya casi es invierno y un grillo canta todavía.
Tutti i camini in fila s'allungano... Tutti i camini in
fila s'allungano verso la luna, / s'immergono in un mondo smaltato d'azurro
/ dove il vento strofina le stelle / e le fa luccicanti. / Manca quel
centro, quel raccoglimento: / manca un punto d'amore verso cui ogni cosa
si scaldi. / Fra noi si raccontano i dolori degli altri / come fossero
favole. / E quasi inverno e un grillo canta ancora .
[ Ojos de gato / Occhi di gatto , 1986]
Y volvernos pequeños...
Y volvernos pequeños
como la mosca bajo la sombrilla de la hoja:
desde allí ver el paso del sol
y nubes deshaciéndose en el cielo
y aprender el sentido
de esta gran libertad
de la luz que brincando entre la hierba
se astilla y recompone y otra vez se refracta,
de la sombra que juega a que nos muerde,
del sueño y lo real que riñen
allá sobre el alambre de púas del horizonte
y se sientan, después, en paz, a consolarse;
y aquí, nosotros, quietos, en el pliegue de una hoja
mirando
con ojos de insecto.
E farsi piccoli... E farsi piccoli / come la mosca sotto
l'ombrello della foglia: / di là vedere scorrere il sole / e frantumarsi
nuvole nel cielo / ed acquistare il senso / di questa enorme libertà /
del ricomporsi e frangersi di nuovo / della luce che capriola sull'erba,
/ del buio che gioca a mordere, / del sogno e del reale che s'azzuffano
/ lungo il filo spinato dell'orizzonte / e poi siedono in pace a consolarsi;
/ noi, fermi qua, nella piega di una foglia / a guardare / con gli occhi
di un insetto.
[ Via di Goletta trece / Via di Goletta tredici ,
1993]
Maurizio Cucchi
(Milán, 1945)
'53
El hombre aún era joven y vestía
un sobretodo gris muy fino.
tenía de la mano a un niño
silencioso y feliz.
La cancha era la calma y la aventura,
estaba el Kamikaze, estaban
Nacka, el Apólida y Veneno.
Era la primavera del '53,
cuando comienza mi memoria.
Luigi Cucchi
era el inmenso orgullo de mi corazón,
pero él tal vez no lo sabía.
'53. L'uomo era ancora giovane e indossava / un soprabito
grigio molto fine. / Teneva la mano di un bambino / silenzioso e felice.
/ Il campo era la quiete e l' avventura, / c'erano il kamikaze, / il Nacka,
l' apolide e Veleno. / Era la primavera del '53, / l'inizio della mia
memoria. / Luigi Cucchi / era l'immenso orgoglio del mio cuore, / ma forse
lui non lo sapeva.
Sopor de la mañana
En el sopor de la mañana
se esfuma el remordimiento
y el ocio casi hace prodigios.
Pero la noche aún se resiste
y en el alba se impregna de basura.
Luego se recompone,
en el vagar primero de la luz
y entre la gente de estas calles,
como una especie de alegría.
sonno del mattino. Nel sonno del mattino / sfuma il rimorso
e l' abbandono / genera quasi dei prodigi. // Ma la notte è ancora combattuta
/ e all' alba s'impregna di sporcizia. // Poi si ricuce / nel primo oziare
della luce, / e tra la gente delle vie qui intorno, / come una specie
di allegria.
[ Poesía de la fuente / Poesia
della fonte , 1993]
Milo de Angelis
(Milán, 1951)
En los pulmones
La frazada, su fuerza, mientras crecíamos.
O los ojos que ayer estaban ciegos,
hoy tuyos, ayer lo inseparable. Las ampollas,
el arroz blanco, se vuelven el único
mundo sin símbolo. Materia que
fue sólo materia, nada que
fue sólo materia. Velar, no velar, poesía,
cobalto, padre, nada, álamos.
Nei polmoni. La coperta, la sua forza, mentre crescevamo.
/ O gli occhi che ieri furono ciechi, / oggi tuoi, ieri l'inseparabile.
Le fiale, / il riso in bianco diventano l'unico / mondo senza simbolo.
Materia che / fu soltanto materia, nulla che / fu soltanto materia. Vegliare,
non vegliare, poesia, / cobalto, padre, nulla, pioppi.
[ Tierra del rostro / Terra del
viso , 1986]
Valerio Magrelli
(Roma, 1957)
La playa, los maderos podridos, las cubiertas...
La playa, los maderos podridos, las cubiertas
hinchadas, las botellas, esas cosas
corrompidas y rotas, todo esto
me es querido,
lo que se queda al margen,
negado, sin propósito,
lo que ninguno roba,
lo que sobra.
En abril, la brisa
vuelve a tener un poco de tibieza.
Parece una mejilla.
La spiaggia, il legno fradicio, i copertoni... La spiaggia,
il legno fradicio, i copertoni / gonfi e le bottiglie, cose / guaste e
corrotte, tutto questo / mi è caro, ciò che resta astenuto, / rimesso,
senza scopo, / ciò che nessuno ruba, / ciò che avanza. / D'aprile / l'aria
si fa appena calda. / Pare una guancia.
Amo los gestos imprecisos...
Amo los gestos imprecisos,
el que tropieza, ese otro
que hace chocar el vaso,
aquel que no recuerda,
el distraído, el centinela
que no es capaz de detener el breve
palpitar de los párpados,
me son queridos porque veo en ellos
el temblor,
el tintineo familiar
del mecanismo roto.
Calla, intacto, el objeto,
sin voz sólo le queda el movimiento.
Aquí, en cambio, ha fallado
el mecanismo,
el juego de las partes,
una pieza se suelta,
se anuncia.
Adentro, algo baila.
Amo i gesti imprecisi... Amo i gesti imprecisi, / uno
che inciampa, l'altro / che fa urtare il bicchiere, / quello che non ricorda,
/ chi è distratto, la sentinella / che non sa arrestare il battito / breve
delle palpebre, / mi stanno a cuore / perché vedo in loro il tremore,
/ il tintinnio familiare / del meccanismo rotto. / L'oggetto intatto tace,
no ha voce / ma solo movimiento. Qui invece / ha ceduto il congegno, /
il gioco delle parti, / un pezzo si separa, / si annuncia. / Dentro qualcosa
baila.
[ Naturaleza y vetas / Nature
e venature , 1987]
Desde el interior
La función profiláctica
del lenguaje político
consiste en impedir un contacto
directo entre las cosas. Gracias al
desarrollo de nuevos materiales,
el código ya se ha convertido en un velo
imperceptible (casi diría inconsútil),
que logra que se sienta todo
donde no pasa nada.
Dall' interno. La funzione profilattica / del linguaggio
politico / consiste nell' impedire un contatto / diretto tra le cose.
Grazie allo / sviluppo dei nuovi materiali, / il codice è oramai ridotto
a un velo / impercettibile (starei per dire inconsutile), / che fa sentire
tutto / dove non passa niente.
Farmacias de turno
Ya transcurren las letras del final
y el diario se termina.
Ya los espectadores se levantan
y se dirigen hacia la salida.
Pero no hay que apurarse,
falta aún conocer las direcciones
donde acudir cuando caiga la noche,
cuando la noche blinde los negocios
y gracias a las ruedas giratorias
detrás de las cortinas de metal
médicos blancos, desde su clausura
defendida por micrófonos, deslicen
por la angosta rendija
un eucarístico analgésico.
Farmacie notturne. Già scorrono i titoli di coda / e il giornale si
avvia alla conclusione. / Già il pubblico si alza / per avviarsi all'
uscita. / Eppure non bisogna avere fretta, / rimane da sapere a quali
mai indirizzi / rivolgersi quando verrà la sera, / quando la sera blinderà
i negozi / e dietro le serrande, / grazie a ruote girevoli, / medici bianchi,
nella loro clausura / schermata da microfoni, lasceranno / passare sotto
un piccolo spiraglio / l'eucarestia di un antidolorifico.
Envoi
Dormido oyes aún chirriar
remotas
las rotativas
que rotan en la oscuridad
para dar forma
al más acá.
ENVOI. Dormi ma senti frinire / remote / le rotative /
rotanti nell' oscurità / per dare forma / all' aldiquà.
[ Acotaciones para la lectura de un diario
/ Didascalie per la lettura di un giornale , 1999]
[Índice] [Principio
del Artículo]
Fábula y melancolía / Cristián Gómez
O.
Día
Quinto / Manuel
Silva Acevedo
Editorial Universitaria, Santiago
de Chile, 2002
Dos vertientes a primera vista cultiva
este último libro de Manuel Silva Acevedo (Stgo., 1942): la poesía de
corte ecológico, por una parte, la fábula por la otra. Ambas, sin embargo,
no agotan el entendimiento de este conjunto cuando alcanza sus mejores
momentos.
Si se puede establecer una línea de lectura para este Día Quinto,
posiblemente la mirada ecológica sea la más evidente, pero asimismo la
más fácil y engañosa. El lamento y la imprecación por el desastre de la
naturaleza, i.e, la polución medioambiental y la extinción generalizada
de un largo número de especies, los dos fenómenos provocados por la mano
del hombre, abunda en estas páginas. Aún así, los mejores poemas de este
volumen trascienden la mera propaganda ecológica y el grito en el cielo,
para aunar con la denuncia la incisiva e inconforme diagnosis del hombre
contemporáneo: panorama más bien incómodo, en el que el hablante toma
el camino más largo -el de la alegoría, el del referente aun cuando presente,
lejano- para tamizar la denuncia a través de la literatura, o más bien:
para hacer de la denuncia, literatura.
Es lo que ocurre, anáforas de por medio, en "División de las aguas", en
"El alma de la tierra". También lo vemos en ese poema brillante como es
"Cisne coscoroba", donde fábula y melancolía son puestos al servico del
poema, tocando las más altas cotas del libro.
Otro de los disfraces a los que Silva Acevedo recurre, pero estrechamente
ligado con los anteriores, es el de utilizar formas hechas del lenguaje
-lugares comunes, fragmentos del habla coloquial, o jergas pre-establecidas
como la judicial- para dar inicio al texto a partir de esta especie de
pie forzado. Por ahí, creo, anda "Recurso de amparo", donde la no tan
velada referencia al contexto de la dictadura militar es la excusa para
dejar en los ojos del lector una metáfora que se repetirá a lo largo del
poema: la de estar en presencia no ya de una dictadura de botas, sables
y uniformes, sino en otra más sutil pero no por eso menos eficiente, una
que se vale de números, rentabilidades y especulaciones bursátiles para
ver la suerte que correrán, de acuerdo a su valor de cambio, las especies
tanto animales como vegetales. Aquí se ejerce un razonable tour de
force, obligándose al lector a aceptar una demonización del universo
capitalista -a costa de las complejidades de la sociedad contemporánea,
ajena al maniqueísmo de buenos y malos, donde alternativamente todos son
buenos y todos son malos- para darle paso a una larga jaculatoria, valga
el oxymoron, donde todas las invectivas se dirigen a refrendar la ausencia
de un paraíso irremediablemente perdido y destruido a causa del apocalipsis
cotidiano y economicista en que estamos viviendo. Ese paraíso donde hombre
y naturaleza coexistían armónicamente antes de "la caída", tiñendo por
completo el discurso poético de Silva de una nostalgia que no poco tiene
de cristiana.
Esto, sin embargo, no es nuevo para el autor: tanto en Lobos y ovejas,
como en Palos de ciego o Monte de Venus, Silva había
explorado las posibilidades de un lenguaje que le permitiera sacarle todo
el partido que pudiera a la expresión coloquial, puesta en el contexto
de una metáfora de conjunto que formara la matriz de (los múltiples) sentido(s)
del poema: el cazador y la presa en el texto de mediados de los setenta,
la destrucción sin matices en esta nueva publicación. Aquí, probablemente,
es donde comete su mayor error el prologuista del libro, Gastón Soublette,
según el cual Día quinto"parece trascender la cuerda
de su reflexión poética anterior. Diríase que la urgencia del mensaje
le exigió ser como nunca directo, sencillo, coloquial. Con esos elementos
construyó un discurso sin muchas metáforas".
En este sentido, quizás
uno de los poemas más ilustrativos de todo lo que se ha dicho hasta ahora
sea "Culpeo de Tierra del Fuego", texto donde el despliegue de esa metáfora
de la que habla Grínor Rojo -una que opera como modelo de toda la serie
de poemas, "referente semántico que aglutina la diversidad y que orienta
el flujo siempre expansivo de la serie" (cfr. "Con motivo de la publicación
de un célebre inédito", de Grínor Rojo, en Yamal, Ricardo, La poesía
chilena actual (1960-1984) y la crítica, LAR ediciones, 1988)- cubre
prácticamente todos los sentidos posibles del volumen. Por una parte fábula,
por una parte denuncia, el poema también remite, quiéralo o no, a la historia
magallánica y su triste historial de genocidios y torturas. Los recursos
antipoéticos se engarzan con la devastación ecológica e histórica: el
zorro culpeo sufre la persecución sistemática como los onas en una primera
instancia. No hace falta recordar que lo único que se transmite en un
poema es el poema mismo. "Si la poesía es una forma de 'comunicación',
lo que se comunica es el poema mismo, y sólo incidentalmente la experiencia
y el pensamiento que se han vertido en él". De estas palabras de
T.S. Eliot se desprende lo que a estas alturas casi parece un lugar común:
la inextricable relación entre forma y fondo, entre estructura y contenido.
Y Silva Acevedo resuelve no sin maestría las variables de la ecuación.
El poema ha puesto a "su servicio" una determinada causa, en este caso
la ecológica, para mantener vigentes sus privilegios, no sin antes haber
dejado muy en claro para qué sirve y para qué no sirve la poesía.
Día Quinto / Manuel Silva Acevedo
Cisne
Coscoroba
De todas las emociones tornadizas que de súbito
nos toman,
la más vaga es la melancolía.
De un momento a otro, sin saber por qué,
se impregna el ánimo de lasitud, y el cuerpo
parece deshuesarse.
Sólo por un instante, la belleza se ha desnudado
ante nuestros ojos y al minuto siguiente
nos ha sumido en el desconsuelo
de no poder retenerla un poco más.
Un cambio imperceptible de matiz
hace que un semblante que parecía banal
se rodee de un aura que deja sin habla,
bajo la mortecina lividez del ocaso
después de un día abrasador;
dorados racimos de un esplendor fugaz
diseminados por la tierra abatida,
gajos de carne tersa macerados en el lagar.
Pasó la gloria, se marchitó la lozanía,
la otoñada cierra el cortejo.
Pese a todo, ni su expresión doliente de mujer vencida,
ni la cera de su rostro de diosa profanada
consiguen eclipsar la belleza
que no más hasta ayer debió lucir su avasallante
plenitud de hembra.
¿Qué es todo esto?
Provisoriamente le llamaremos melancolía.
Más adelante, cuando se infiltre entre estas líneas
una visión que casi no es de este mundo,
nos atreveremos a llamarle cisne coscoroba.
Mientras tanto, perseguimos esfumaturas,
escualos que se escapan desgarrando redes,
punciones que alcanzan el corazón y lo laceran en un remolino
de contradicciones,
en la fatiga de ver, oír, sentir hasta el hartazgo.
Y sin embargo, de algún lugar nos llaman,
con vigor se nos invita a volver la cabeza,
pero ignoramos hacia dónde.
Padecemos, pues quisiéramos recordar cómo se obedece,
pero es inútil,
por más que intentamos alzarnos de la caída
volvemos a abatirnos como las olas del mar.
Todo esto que trato vanamente de decirte
me navega por dentro cual una silueta alba e irreal
que se desliza en el espejo de la fuente
donde el cielo se refleja complacido,
o tal vez son el agua y la silueta las que se reflejan
en el cielo
que abre su ventanal para que vuele el cisne
de la melancolía,
como vuela veloz el pensamiento de los que se aman
sin recurrir a las palabras,
así como nosotros nos comunicamos,
yo en Santiago, tú en Berlín,
sin necesidad de email, internet o red satelital alguna.
Horroroso sería que a ese cisne no lo viéramos más,
que su existir llegara a sernos indiferente
o que su sola presencia nos incomodara,
mudo testigo de nuestro mal vivir, enervado y oscuro.
Entonces la más densa polución
terminaría por cernirse sobre estos cielos que no aprendimos
en justicia a bendecir.
Nada más recordemos a Leda,
que a Zeus mismo gozó en sus entrañas
bajo la forma del cisne.
Hoy es el cisne coscoroba quien nos trae a la memoria
que por haber endurecido el corazón hemos perdido
el favor de los dioses
Soy el alma de la tierra
A Constanza
S.
Soy el alerce desnudo bajo la
lluvia
Soy el percherón nimbado por el vaho de sudor
Soy la manta empapada del peón taciturno
Soy el trigo puesto a buen recaudo
Soy la vía férrea abandonada a su propia suerte
Soy la moneda oxidada de un peso de otra época
Soy la piedra de tope de una estación cargada de pesares
Soy el peuco emboscado esperando que escampe
Soy la liebre alerta en el bebedero
Soy el chonchón titubeante de la carreta chancha
Soy el hacha ociosa clavada en el tocón
Soy el zorro que bosteza de hambre en su madriguera
Soy el coipo soterrado en sus túneles
Soy la bosta humeante en el corral
Soy el bote solitario amarrado al embarcadero
Soy la hechona afilada en la piedra del herrero
Soy el gallo giro picoteando nervioso
Soy el perro del hortelano que gruñe sin saber por qué
Soy el relámpago que hace relinchar a la yegua
Soy la luna escurridiza como un espejo entre los cirrus
Soy el tucúquere mimetizado con el ramaje
Soy el murciélago colgado de la viga en la capilla
Soy el humo que se desprende de la choza con pesantez
Soy la veleta que nortea inclemente sobre el tejado
Soy la gotera intermitente en la galería
Soy la puerta que se abre para el huésped
Soy el leño que gime lamido por las llamas
Soy el niño que garrapatea sus deberes a la lumbre del fuego
Soy el plato de sopa humeante servido por la madre
Soy el pan mordido y desmigajado sobre el mantel
Soy el rubor en las mejillas de las jóvenes confidentes
Soy la coliza de pasto que sirve de lecho al afuerino
Soy la savia que palpita en el interior del tronco
Soy el trueno que pugna en el seno de la peña
Soy la sangre que bulle por todo el cuerpo
Soy el silencio que nutre y apacienta el corazón
Soy el alma de la tierra como la brasa entre las cenizas.
[Índice] [Principio de la Reseña]
Traducciones
Hilde Domin / Silvana Franzetti
Canciones / Lieder
Cinco canciones
de exilio / Fünf Ausreiselieder
1
Acá
Niños no deseados
mis palabras
se hielan.
Vengan
quiero ponerlos
sobre las puntas
de mis dedos calientes
mariposas de invierno.
El sol
pálido como la luna
brilla también acá
en este país
donde probamos
el ser extranjero hasta el final.
1. Hier
Ungewünschte Kinder / meine Worte / frieren. // Kommt / ich will
euch / auf meine warmen / Fingerspitzen setzen / Schmetterlinge im Winter.
/// Die Sonne / blass wie ein Mond / scheint auch hier / in diesem Land
/ wo wir das Fremdsein / zu Ende kosten.
2
Poema de exilio
Los objetos me ven llegar
descalza
les devuelvo la libertad
a mi cama que quiso ser mi cama
a mi mesa
a las paredes que prometieron esperarme
como las paredes de la infancia.
Mis objetos suaves,
ustedes quisieron coleccionarme.
Objetos,
ustedes me ven partir.
2. Ausreisegedicht
Die Gegenstände sehen mich kommen / barfuß / ich gebe ihnen die Freiheit
wieder / meinem Bett das mein Bett sein wollte / meinem Tisch / den Wänden
die auf mich zu warten versprachen / wie die Wände der Kindheit. / Meine
sanften Gegenstände / ihr wolltet mich sammeln. // Gegenstände / ihr seht
mich gehen.
3
Me refugio en la cosa más pequeña
Me refugio en la cosa más pequeña
en la eternidad del musgo
húmedo
del tamaño de un dedo
desde la infancia
hasta hoy.
Yo, Gulliver
pongo mi cara en este musgo
Gulliver
cuyo paso traspasa
cuando me levanto
la frontera del país.
3.
Ich flüchte mich zu dem kleinsten Ding
Ich flüchte mich zu dem kleinsten Ding / der Ewigkeit eines Mooses
/ feucht / fingergroß / von der Kindheit / bis heute. // Ich Gulliver lege
mein Gesicht in dies Moos / Gulliver / dessen Schritt / stehe ich auf /
die Grenze des Lands überschreitet.
4
No es tiempo de aventuras
Cuando los fines del mundo son para vos suburbios
conocés el olor
corrés las letras que abren
una al lado de la otra
y entrás
no
en la amplitud
en otra estrechez.
Salir desde tu puerta
¿hacia dónde, entonces?
¿no sos hogareño
como cualquiera
solitario
como cualquiera
en la garganta de tu tigre?
No, no es tiempo
de aventuras.
4.
Keine Zeit für Abenteuer
Wen die Enden der Welt dir Vorstädte sind // du kennst den Geruch / du
rückst die Buchstaben nebeneinander / die öffnen / und gehst hinein / nicht
/ in Weite / in andere Enge. // Aus deiner Tür / wohin denn? / Wohnst du
nicht häuslich / wie jeder / einsam / wie jeder / im Schlund deines Tigers?
// Nein, es ist keine Zeit / für Abenteuer.
5
›Silence and exile‹
Exilio imperdible
lo llevás con vos
te deslizás adentro
laberinto plegado
desierto
transportable.
5. ›Silence and exile‹
Unverlierbares Exil / du trägst es bei dir / du schlüpfst hinein / gefaltetes
Labyrinth / Wüste / einsteckbar.
Canciones para dar coraje / Lieder zur Ermutigung
I
Nuestras almohadas están mojadas
por las lágrimas
de sueños alterados.
Pero otra vez se eleva
la paloma
de nuestras manos vacías
desamparadas.
I. Unsere Kissen sind nass / von Tränen / verstörter Träume. //
Aber wieder steigt /
aus unseren leeren / hilflosen Händen / die Taube auf.
II
Mucho tiempo fuiste perseguido alrededor
de los muros sin puertas de la ciudad.
Huís y esparcís
los nombres confusos de las cosas
detrás tuyo.
Confianza, el más difícil
ABC.
Hago un pequeño signo
en el aire
invisible
donde comienza la ciudad nueva
Jerusalén
la dorada
de la nada.
II Lange wurdest du um türelosen / Mauern der Stadt gejagt. // Du
fliehst und streust / die verwirrten Namen der Dinge / hinter dich. // Vertrauen,
dieses schwerste / ABC. // Ich mache ein kleines Zeichen / in die Luft,
/ unsichtbar, / wo die neue Stadt beginnt, / Jerusalem / die goldene, /
aus Nichts.
III
Esos pájaros
sin dolor
esos pájaros
dorados, los más leves
flotando
sobre los techos.
Ninguno
preguntando
por el otro.
Sin ruego
sin anhelo
mezclándose, separándose.
Nosotros
debajo de los techos
aferrándonos.
Mirá
el sol
vuelve
como humo dorado.
Cayéndose sube.
Sube desde los techos de Job.
Amanece
hoy
por segunda vez.
III. für Li
Diese Vögel / ohne Schmerzen, / diese leichtesten goldenen / Vögel / dahintreibend
/ über den Dächern. // Keiner / nach den andern / fragend. // Ohne Bitte,
/ ohne Sehnsucht, / sich mischend, sich trennend. // Wir, / unter den
Dächern, / uns anklammernd. // Sieh, / die Sonne kehrt / wieder / als
goldener Rauch. / Die fallende steigt. / Steigt aus den Dächern Hiobs.
/ Es tagt / heute / zum zweite Mal.
Hilde Domin: Canción para dar coraje
II / Hans-Georg Gadamer
Ninguna palabra está aislada. Ninguna palabra comienza en sí misma. Uno
siempre ya ha escuchado. Uno siempre ya ha dicho algo. Siempre tiene algo
más que decir. Tampoco las palabras de un poema son pura información que
ha sido registrada. Son como signos y señas que nos indican la lejanía.
Si las líneas concisas que aquí leemos no estuvieran acompañadas de otras
"Canciones para dar coraje", tampoco estarían solas. Pertenecen a un contexto
de sentido que tiene, casi, algo así como un tema común. Desde luego,
es una contexto poético. Imágenes, gestos, metáforas (a lo que así llamamos)
son puestas unas al lado de las otras como si se sucedieran. En realidad,
gravitan unas contra otras y forman el campo de una experiencia. La línea
que nombra esta experiencia se encuentra en el medio del poema: "Confianza,
el más difícil ABC".
Uno pregunta enseguida: ¿debe uno aprender la confianza? ¿puede aprenderla
como se aprende a escribir? Como si uno pudiera vivir sin confianza. ¿No
está todo nuestro habla sostenido por la confianza, en los otros que lo
comprenden a uno, en las palabras que todos conocen, en el mundo que existe
en las palabras? Y, sin embargo, aquí la confianza es nombrada como algo
que se debe aprender completamente desde un principio. Cómo pudo haberse
perdido el más fácil, el que sirve de base a toda permanencia en la vida,
a todo discurso duradero, el ABC. ¿Se puede, simplemente, aprender de
nuevo? ¿Como algo todavía desconocido o como algo desaprendido? ¿No están
acaso sin puertas los muros a lo largo de los cuales uno busca? En efecto,
es el más difícil ABC, el que uno siempre olvida de nuevo, que siempre
pierde de nuevo, ¿cómo debe uno aprenderlo?
La primera parte del poema describe la pérdida de la confianza. La segunda
parte, el comienzo del regreso a la confianza. En la primera parte se
usa la segunda persona del singular, en la segunda parte, la primera del
singular -seguramente, no por casualidad-. Es el mismo yo lírico el que
primero se dirige a sí mismo como a un otro, -¿no es, entonces, otro distinto
a mí, siempre, el que pierde la confianza en la vida?- y el que después
se confiesa algo a sí mismo, en voz baja, y con ello comienza de nuevo
a estar de acuerdo consigo mismo.
La imagen que el poema evoca al comienzo, el ser perseguido (todavía no
se sabe bien por quién) despierta una de las escenas más terribles de
la Ilíada, cuando Aquiles persigue alrededor de los muros de Troya a Héctor,
presa del miedo a la muerte, a quien no lo recibe ninguna puerta salvadora.
La huida desesperada del más valiente está allí, en los versos del comienzo,
pero enseguida transformada y aumentada. El primer desconcierto llega
a uno por la expresión "los muros sin puertas". No son muros cuyas puertas
permanezcan inalcanzables y cerradas, sino muros a lo largo de los cuales
uno busca y no encuentra las puertas que lo dejan entrar y salir de la
ciudad de la confianza y del mundo familiar. Y el segundo desconcierto:
aquí no aparece ningún amigo dispuesto a ayudar al que huye, de modo que
éste se vuelve amo de su miedo y se enfrenta a la lucha; aquí no hay ningún
enemigo visible al que uno pueda hacerle frente o entregarse: aquí el
que huye ha arrojado todas las armas, ha arrojado detrás suyo los nombres
de las cosas, porque son confusos y ya no sirven. Esto otorga a la imagen
completa de la huida su sentido radical. La confusión de los nombres de
las cosas significa el peligro mayor y la máxima indefensión. No sólo
sabemos por Lao Tse que si él hubiera tenido que gobernar, habría querido
comenzar con la rectificación de los nombres; también sabemos que Tucídides
describe, mediante el cambio de significado de las palabras, la disolución
que atacó a Atenas, plagada por la peste. Conocemos, además, la falsificación
monstruosa de conceptos que causan los demagogos de todos los tiempos.
Aunque quizás esto sea visto todavía de manera demasiado particular. Que
los nombres de las cosas se confunden, que las palabras que valían antiguamente
se vuelven impotentes, siempre es la experiencia la que acompaña el derrumbe
de una confianza. El que deja de estar rodeado por la defensa protectora
de las palabras familiares, ya no entiende el mundo.
Este es el sentido de la metáfora homérica de estos versos: la ciudad
de la confianza, en la que uno puede permanecer y vivir solo, se ha vuelto
inaccesible. Es más, ¿existe aún la ciudad detrás de los muros del rechazo
alrededor de los cuales somos perseguidos?
Uno presta atención al cambio de tiempo verbal. La persecución aparece
en tiempo pasado, iniciada a través de "Mucho tiempo", la telaugés prósopon
[fachada que brilla a lo lejos] del poema, que enseguida indica
la transformación que se está gestando. Y, sin embargo, la huida y el
acto de arrojar los nombres se continúan en presente. No sólo, me parece,
para hacer que la persecución desesperada aparezca de manera totalmente
presente, sino porque este movimiento de huida de la vida, esta persecución
que va de decepción en decepción no termina de golpe. Continúa donde siempre
fracasa el acuerdo y la confianza.
A la inversa, no es lícito preguntar cómo pasa el poema de repente al
aprendizaje de la confianza. No pasa de repente. La confianza siempre
está ahí, siempre es necesaria. Incluso cuando está socavada, está ahí,
como eso que uno debe intentar aprender de nuevo. Del mismo modo, también
es válido: aprender de nuevo la confianza no es un nuevo comienzo inocente
y esperanzado que aprende paso a paso las letras de la confianza, después
de haber experimentado todas las decepciones, de haber saboreado toda
la desesperación. La confianza es un riesgo secreto, imperceptible, no
admitido. Tener confianza. Este giro de nuestra lengua contiene todo lo
que el poema evoca sensorialmente, lo que a uno se le desvanece constantemente,
aquello por lo que uno se ve permanentemente engañado, en lo cual uno
siempre fracasa y, sin embargo, en voz baja, regresa. Nunca hay pruebas
a las que la confianza pueda hacer referencia. No es una letra conocida
y una serie de letras que todos conocen con lo que comienza el nuevo aprendizaje
de la confianza. Son signos en el aire, por ningún otro reconocibles,
no enseñables, apenas concientes para uno mismo y, sin embargo, estos
signos arriesgados en lo más fugaz están plenos de referencia, de comienzo,
llenos de una primera permanencia.
Que la ciudad nueva de la confianza está construida "de la nada" se entiende,
si la confianza debe ser confianza y no seguridad bien fundada.
Que brille en el dorado resplandor de una eterna espera, una Jerusalén
divina, otorga a la verdad que yace en estos versos su último sello. No
se puede vivir sin confianza, sin familiaridad alrededor y sin aquella
última intimidad consigo mismo, que a uno le permite decir yo y ser yo.
Traducido de:
Hans-Georg Gadamer, Geammelte Werke (volumen 9),
Tübingen, J. C. B. Mohr (Paul Siebeck), 1993.
Hilde Domin nació
en Köln, Alemania, en 1909. Ante la inminente llegada al poder del nacionalsocialismo
se exilió en 1932, primero en Italia, luego en Inglaterra y finalmente
en República Dominicana. En 1954 regresó a Alemania. A partir de entonces
fue considerada en su país por el filósofo Hans-Georg Gadamer una "poeta
del regreso". Además de poesía, Domin escribió una novela y varios ensayos,
entre los que se destaca Wozu Lyrik heute (1968), traducido al
español con el título ¿Para qué la lírica hoy? (trad. de Juan Faber,
Barcelona, Caracas, Alfa, 1986). Entre sus libros de poesía se encuentran:
Nur eine Rose als Stütze (1959), Hier (1964), Traum I
(1981) y Der Baum blüht trotzdem (1999). Las siguientes series
de poemas escritos entre 1960 y 1964 fueron traducidas de Gesammelte
Gedichte (Frankfurt am Main, S. Fischer, 1999).
Silvana Franzetti es poeta y traductora.
Publicó Destino de un hombre agitado (Seis Sellos, 1994), Mobile
(Libros de Tierra Firme, 1999). Es autora, junto con Mariana Bustelo,
del objeto impreso Telegrafías (La Marca, 2000). Su libro inédito
en papel, Edición bilingüe (2000), se encuentra en www.poesia.com
<http://www.poesia.com/>.
Tanto la traducción
de las canciones de Hilde Domin, como del texto crítico de Hans-George
Gadamer, pertenecen a Silvana Franzetti, quien agradece a Inge Stache,
Mariana Amengual y Rolf Souschek sus atentas lecturas.
[Índice] [Principio del Artículo]
Obra en construcción
Qué hace un chico
como yo en un sitio como este? / Daniel Samoilovich
El Despertar de Samoilo es un
exagerado poema de unos seis mil versos en el que estoy trabajando hace
unos tres años. Lo de la medida viene a cuento, ya que es una historia
de gigantes; también hay fantasmas, sombras, muertos vivos, la perra Laika,
tártaros, mendigos, escorpiones y tigres de Bengala sospechosos (sospechosos
de no ser tan de Bengala). Estos personajes confluyen en una especie de
obra de teatro u ópera bufa, aunque yo prefiero considerarla una balada
o algo así, o en todo caso una obra para marionetas, o para voces, no
para actores (si puedo, después contaré por qué).
El poema nace de una equivocación. Hace tiempo leí Joyce and the making
of the Ulysses, de Frank Budgen, un pintor que fue amigo de Joyce
en los años 20. Se trata de un libro publicado originalmente en 1934,
infaltable en las bibliografías joyceanas y muy citado por todos los que
escriben sobre Joyce; sin embargo, pese a su carácter de testimonio privilegiado
y a la agudeza de algunas observaciones críticas, no ha tenido una buena
fortuna editorial (no ha sido traducido a ningún idioma, y aún las ediciones
en inglés son escasas).
El tiempo lo ha transformado en un libro raro; Budgen no era un escritor
"profesional", sino un entusiasta lector que decidió escribir sobre un
amigo suyo que en ese momento era el semidesconocido autor de un libro
escandaloso. Budgen juzga necesario, entonces, resumir y defender el argumento
del Ulysses, y, de paso el del Finnegan's Wake, a esa fecha
publicado sólo en parte. Esos resúmenes le toman páginas y páginas que
hoy parecen inútiles. Bueno, más o menos: a mí me sirvieron; porque yo
leí ahí un argumento del Finnegan´s Wake que me pareció fantástico,
que apunté y envidié, y que después no encontré para nada cuando laboriosamente
leí el Finnegan's Wake de verdad. O Joyce cambió mucho de idea
entre 1934 y 1939 (no creo, pero es una posibilidad), o Budgen entendió
mal, o yo entendí mal a Budgen o a Joyce, el caso es que de pronto me
encontré con que en una libreta de notas tenía una historia que no era,
digamos, de nadie; que era, digamos, mía.
Me tenté de escribirla. No tomé ninguna determinación especial acerca
de cómo. Yo venía de terminar Las Encantadas, que tiene un mínimo
esquema argumental y me pareció que se trataba de más de lo mismo. Hice
que Samoilo se despertara en una pieza de hotel después de haber estado
un tiempo muerto, y ya; un despertar siempre es una cosa interesante,
hay un momento de inadecuación, una solución de continuidad que tiene
sus posibilidades (piensen sino en Gregorio Samsa). Lo dejé hablar a Samoilo,
que no sabe que está muerto, le intercalé una suerte de narrador que sí
sabe que Samoilo está muerto, y todo iba más o menos normal. Pero lo que
de veras no "decidí" y que iba a ser la fuente de muchas tribulaciones,
es que detrás de Samoilo y el narrador otros personajes también tomaran
la palabra, que hablaran entre sí, que el fantasma de una representación
escénica tomara vida entre los muchos fantasmas que El Despertar de
Samoilo concitó. En esos meses Arnaldo Calveyra estaba parando en
mi casa - otro fantasma más, porque Arnaldo iba y venía, con su frágil
e incansable figura viajaba a Entre Ríos, a Luján, a La Plata; un día,
cuando uno se había acostumbrado a desayunar con él se había marchado
por una semana, de pronto volvía y era uno más de la casa, como si hubiera
vivido allí desde siempre y para siempre. Arnaldo es autor de más de una
obra de teatro, trabajó con Peter Brook en Inglaterra, y con su aspecto
distraído cuando no alucinado es un crítico fino y duro. "Arnaldo, ¿qué
será esto? ¿Es teatro, es un mamarracho, qué?". Leyó las 20 ó 30 páginas
que tenía El Despertar en esa época y me dijo: "Uno dice una cosa,
otro le contesta, es teatro, por supuesto". "Pero yo no tengo ni idea
de 'teatro', yo no sé siquiera si quiero 'personajes', y menos que menos
psicología o carácter para los personajes, preferiría que sean de un modo
u otro según como sople el viento, que la acción los arrastre. Entonces
¿qué clase de personajes van a ser?". En vez de contestarme, Arnaldo sacaba
de algún lado una libretita y anotaba: "Que la acción los arrastre". ¿Qué
hacer con este maestro ultrazen, carente incluso del autoritarismo de
un maestro zen?
Desde luego, persistí en mi equivocada preocupación por el género de lo
que estaba escribiendo. Buscando un modelo diferente del teatro naturalista,
leí teatro latino: vagamente me acordaba de El soldado fanfarrón
de Plauto, que en su exageración y burdo carácter podía acercarse a los
personajes machietta que yo buscaba; bueno, sí, cuando lo releí
comprobé que el miles gloriosus era suficientemente ridículo, era
como un personaje de historieta, pero había también una trama superelaborada,
juegos de equívocos y sorpresas que dependían de un dominio absoluto de
la acción que yo no podía ni quería tener. Otras obras de Plauto tampoco
me sirvieron; entonces, cuando estaba por tirarme a releer Ubú, paré:
me quedé con mi recuerdo de Ubú, con la idea misma de un teatro de marionetas,
con la convicción de que aun en Shakespeare la acción es más caprichosa
de lo que se cree: nada en Otelo prefigura los celos hasta que de repente
le da un ataque, que hay que creérselo porque sí, no porque Shakespeare
lo haya preparado. Ahí empecé a entender a Calveyra, mi maestro zentrerriano,
y seguí adelante con la hojita donde tenía anotada mi trama robada o heredada
por error; sin prisa y sin pausa; y que los géneros se los lleve el demonio,
si los quiere.
Poco a poco la cosa fue tomando forma. Si los personajes apenas tenían
marcas diferenciales, la obra, su desborde, su coqueteo con la broma idiota,
su disposición a entretenerse en disquisiciones más bien ociosas, eso
sí que existía. ¿Es mejor la vida vegetal que la animal? ¿En qué se ha
gastado más tiempo y rupias a lo largo de la historia: en acercarse a
los demás o en alejarse de ellos? ¿Por qué los individuos quieren vivir?
¿O son las especies las que quieren? Mi muerto vivo tenía que cumplir
una tarea para los dioses, e iba acercándose a ella lentamente; cada tanto,
como ramalazos aparecían los acontecimientos de su vida anterior. Aparentemente,
se había muerto para la época en que los sandinistas tomaron la ciudad
de León, pero él creía que habían tomado Lyon y estaban a unos kilómetros
de París; el tipo andaba a la deriva, igual que el poema, pero justamente
por eso la apelación brutal a cuanto estilo anduviera por ahí no se me
apareció bajo el signo del eclecticismo sino de la necesidad, cuando no
de la desesperación de tener que andar sin saber desde dónde ni hacia
dónde ni cómo ni por qué. El lenguaje mismo se doblegaba a esa necesidad,
y era deformado para alcanzar, corriendo siempre de atrás, a un impulso
que lo superaba. No sólo todo bicho, metro o asunto iba a parar a un gran
asador, sino que las palabras e idiomas también lo hacían. Por momentos,
aparecía también otra enormidad, pasiva esta, la de la república, la de
América del Sur, donde los sueños iluministas-revolucionarios, por más
grandes que fueran, eran una sábana chica para tamaña cama. Hubo días
extraños y vertiginosos en que acababa una jornada de diez horas escribiendo
sin parar y tenía cuatrocientos o quinientos versos más que al comienzo;
diciéndome por un lado que aquello tenía que ser basura, por el modo físicamente
brutal en que había surgido, mientras otro sector de la conciencia entendía
que aquel esfuerzo físico era congruente con mis esperpentos, con su extravío,
con su horror vacui. Me empecé a pensar como un pintor haciendo action
painting y me gustó; era mejor que pensarme como un imbécil atacado
de glosolalia.
Salir a la calle, y no entender gran cosa. ¿Qué estuve haciendo? ¿Qué
hace toda esta gente? Con razón mis esperpentos son misántropos, y hasta
misóginos. La melancolía de Durero se rodea de figuras geométricas, en
ellas halla, se ve, su consuelo. Mientras estuve encerrado escribiendo
como un galeote, mi consuelo fue este icosaedro que mutaba a dodecaedro,
para retomar luego sus veinte caras, este objeto alquímico que a veces
era sueño y a veces espacio, a veces el paso vivo del octosílabo, otras
la cantilena decasílaba, otras el grave andar del verso de once o trece
sílabas, a veces piedad y a veces burla del que hace 35 años fui. El brusco
despertar de aquel Samoilo en el siglo XXI es paradójicamente para mí,
el escritor presente, un viaje hacia atrás, en su búsqueda, o en busca
del sentido de aquella fiebre, y, de paso, de aquel siglo XX. Con razón
al salir a la calle no entiendo nada. Algo parecido le debe pasar al investigador
del mal de chagas que se ha pasado el día con sus bichos; solo que aquí
la vinchuca vengo a ser yo.
¿Qué hace un chico como yo en un sitio como este? O, por decirlo de otro
modo ¿qué hace un poeta objetivista escribiendo seis mil versos de ogresas
y chistes malos, rimas tontilocas y debates de sabor martinezestradista?
Como dijo San Agustín del tiempo: "Qué sea eso, si no me lo pregunto lo
sé, si me lo pregunto no lo sé".
Por otra parte, ¿qué hace un chico como yo en un sitio como este?
debe estar entre las tres o cuatro preguntas humanas básicas (después,
claro, que la principal -¿qué voy a comer hoy?- está respondida). Contestarla
demasiado rápido es demasiado parecido a obviarla. Hay que detenerse en
ella, ponderar la extrañeza que representa, porque si hay una chance de
entender o cambiar algo en uno o en el mundo, debería ser tomando como
piedra angular ese instante de desajuste en que los sueños escapan por
la habitación y la realidad, sea ella lo que sea, no ha cerrado su malla
sobre el que soñaba. Eso es el despertar y eso es El Despertar de Samoilo,
precisamente, y por eso es pertinente y necesaria la inadecuación entre
la clase de poeta que yo era antes de empezar y el mamotreto de seis mil
versos gargantuescos que escribí. Y tal vez esto mismo vuelva necesaria
esa impresión de salir a la calle después de una jornada de un trabajo
que nadie me ha pedido, que el mundo no espera ni está dispuesto a pagar,
y al que le he dedicado, sin embargo, mis mejores horas.
La escena que acompaña a estas líneas es una suerte de intermedio musical,
bastante desgajado de la acción principal (apenas un poco más desgajado
que el resto; como dije, casi todo el poema es deriva). La elegí por su
relativa autonomía y extensión adecuada a lo pedido. En la escena anterior,
Samoilo acompañó a un amigo en un intento de asesinar a una pareja de
gigantes y fue detenido como sospechoso; en la siguiente, va a amanecer
en la cárcel. Entre ambas, la prisión es presentada y aparece Prisioner,
cuya voz se alterna con las del Coro y el Corifeo.
El Despertar de Samoilo
(fragmento) / Daniel Samoilovich
Escena IX:
La kansió de la prisión
"Antes podríais
prohibir al mar que obedezca a la luna."
Shakespeare
Una suerte de entreacto musical. La prisió. Corifeo, Coro y Prisioner.
CORIFEO
Ni la mala maleza sobrevive
ni la piedra ni la breña son inmunes
a la vida terrible.
¿Cómo se sabe que a la puerta
de aquella gruta una boka se abre
del infierno? ¿Acaso no se ve
agostarse los árboles allí
y hasta palidecer el pedernal?
¿Se capta o no se capta
el infausto siseo de nocturnas aves
de andar pesado y de vuelo grave?
Sólo estas agoreras allí medran
y alguno que otro arbusto se retuerce
a fin de que ninguno pueda
negar que fue advertido del peligro
de apropincuarse a esta lóbrega prisión:
y la discreta, lacónica inscripción,
pintada en negro, en grandes mayuscúlas,
sobre el muro perimetrinencial:
LA KONTXA DE TU MADRE PUTA.
Es posible pensar esta oración
cual exvoto de alguno que partiera
de esta cárcel y antes de marcharse
grabó su adiós con el extremo ennegrecido
de un rencor que ardió muy lentamente;
empero, me parece más probable
que este la concha de tu madre etcétera
sea un verso que rezuman las paredes,
algo que se escribe por sí mismo
en el muro cuando dentro cantan
-borón bon- la kansió de la prisión.
CORO
La kansió
de la prisión:
borón bon bon,
de tu madre puta la kon.
CORIFEO
¿Por qué esta notable afición,
esta casi devoción por la madre ajena?
¿Por qué escribir morosamente
el nombre y demorarse en el oficio
en que usado se habría el supuesto orificio?
¿No es un desatino tomarse tal trabajo
por el pinche carajo
de la progenitora del vecino?
PRISIONER
¿Quiere saber el motivo afectivo,
el motivo de la mi kansió?
Atención, yo te voy a splicar.
CORIFEO
Ah, buen senyor si tiene tiempo
sí, por favor, espliquemé.
PRISIONER
Tiempo es lo que me so
braquí. Evocar de tu madre la kón
es maldecir el putujero,
el mágico sombrero,
de donde el coneprójimo salió:
es maldecir la kueba
dondel destín del vecino fraguó.
CORIFEO
Diríase forma ublicua, sutil,
de maldecir del propio destino.
PRISIONER
¡No me vengas con cuentos, cretino!
Mi destino es mi propio destino,
y es distín bien distinto del tuyo.
Tú has tenido masuerte, cocuyo,
has tenido masuerte queyó:
mas no te salvas, no,
de venir de un aujer profanado:
no me quejo que soy desdichado
mas proclamo que tu gaya fortuna,
manchada está desde la kuna:
cogiéronse a tu madre un millón
de millón de cretinos percebes
y de esa incierta turbamulta vienes:
lo que invoko es el aujero la gruta
que más que entrada a tu madre puta
es entrada al infierno:
¿o qué crees que hacen en torno
a esta cárcel, a este buco podrido,
sos arbustos chaparros, sas taradas
y nocturnas y nefastas aves,
de andar pesado y de vuelo grave?
¿De ké sirve que guarden ahora
mil garitas mil perros la puerta
el roído portón del aujero
donde todo el que quiso entró?
Obvio es que no cuidan la entrada
- pues ya todo el que quiso, entró -:
lo que cuidan es que no se rebalse
la infausta progenie de tu madre
so toda la orbe. Y yo, ¿qué hago,
qué hago quiadentro? ¿Así
que robé, que maté, que rompí
las senyals del transisto, asesté
un martiyo de ocho tonladas
sobre la cabezo de un becino?
¿Rojé mi novia del piso trecero?
¿Misoginia armada, incomprensible saña?
¿Con violación de cerradura y en campaña
y en banda y en poblado? ¿Motosierra? ¿Levosía?
¿Menoscabé la honra,
el capital, la propietatis privadública,
sobedecí lautoridad, lesiones medias
y eskoriasiones graves?
¿Desacato, misisidio en rinia,
en concurso real con perjujurio? ¿Pude haberme
perfecto figurado las ecuencias
de mis actos y si se descuidan
hasta explicado las causales? ¿Husé
desaprensiva y alegrosamente
catorce credijetas Monstercard
que me ajensié urgando los bolsillos
ajenos en Lemetro Deparís? ¿Ah, oui?
¿Y qués que sá tiene que ver?
La problema no es ese, la problema
fue que me garraron, hideputas. La kulpa
es de Fortún, que no sonrió.
Consider cuántos cientos ficieron
lo mimismo que yo y ahora gosan
de lindas negritas pintadas
con Revlon y Crisdior y Paloma
Picasó, por lo demás desnuditas
en paisaje tropic, y buen Sena
en un fonda de lux près du Pont del Almá.
El problem evidement ne sont pas les crimes
que j´aurai commis, el problem es la sonrisa
absente de Fortún: ¡Fortún,
porké me fuiste tan esquiva!
¡Ah, Fortún, qué puteres!
¡Ha tatantos tantísimos sonriste
y a mí me malakara pusiste!
¡Hidepú, ketriste,
que irrevocablemén
tetrís
testoy!
¡A mí justo a mí no quisiste!
Una pena me embarga, un ideo amarga
y es justo la única ideo
que no puedo no debo pensar:
que no meresí mejor suerte, ¡qué!
Pero no puedo no debo no puedo
darme el lux de tal cosa pensar:
no se puede sumar más desgraz
al desgraz de ser un prisioner.
Ya saldré, saldré al cielo estrellado
de noviembre donde bate sus alas
pelusudas el alegre murciélago:
saldré
y en saliendo daré el súpergolpo,
y vengaréme de todos ustedes.
¡De un golpo! ¡De todos a una,
pero muy de a poco, sin empero!
¡De a uno! Me recontra requetevengaré.
Los cortaré en minimúsculos trozos,
picadillitos habrán de quedar.
Garantizo, hijitos, que seguirán sofriendo
aún después, chodespués de estar mortos
- aunque pensándolo bien, por las dúvidas,
mejor que sofran todo mientras viven.
Para entonces, quedará demostrado
que ni fui ni soy desgraciado
ni merecí de Fortuna desprecio,
tan sólo distrajóse quince años
los quince podridos añitos
que llevo en prisión. ¿Y por qué no atendió mi pedido
de mejor suerte tener?
No porque no haya querido: la cosa se complicó:
miles de tarados
yorando y yorando en la cola
de los recomendados, eso la distrayó.
Pero es nada, es mera postergatio
de la revelatio de mi naturo verdadero,
elegante, prosper, superiero.
Esta es, señores, hela aquí.
aquí, quiaquí la kansió
de la prisió,
y su motivo afektivo:
la ko-ko-koncha de tu madre pooh,
y el cu-cu-cu de tu padre putativo.
CORO
Y el culo pensativo
de tu padre putativo.
Y el col-chón-chón
de tu amargo corazón.
[Índice] [Principio del Artículo]
Arte
Por qué Paraguay
y la Masmédula Marciana / Rafael Cippolini
Al Gran Marciano Benito Laren
Girondo
tenía por entonces el cráneo trepanado y el profuso y desigual vendaje
lo remitía de inmediato a su querido Apollinaire tras el obús, auque,
dadas las proporciones, su volumen se mantuviera, de no tan lejos, en
un talle semijíbaro. Nunca habían sido infrecuentes en sus gestos las
maniobras de la impaciencia, pero esta vez su descoordinación muscular
proclamaba vivo rictus su magnificencia. Así sucedía cuando la
mucama anunció al poeta Madariaga.
El tal Coco (o Paco, según cual frente) ascendió en breves cuotas, un
tanto más inquieto que en otras oportunidades, la escalera de acceso
del domicilio en la calle Suipacha al mil doscientos. Los ojos de Don
Oliverio lo recibieron despidiendo puntos suspensivos. Pero poco se
continuaron y, en breve ademán, arrojó una billetera sobre el escritorio
que lo resguardaba (incluso de noche).
Madariaga no atinó a mucho, comportándose como un signo de interrogación
en sí mismo. El poeta de los tranvías rompió el naciente iceberg:
"Ahí están los boletos, fíjese. Los dos que nos hacen falta. Hace días
que no puedo pensar sino en nuestra expedición. Usted es el mejor guía
que conozco. Nadie sino usted puede llevarme de inmediato con los tesoros
que busco".
El poeta de los trenes fluviales, a su turno, multiplicó su tipografía
corporal y las interrogaciones se tornaron por completo capilares.
"Tesoros, tesoros - continuó el martinferrista - no me interesa nada
más. Por eso nos vamos al Paraguay. Porque nadie que no sea usted puede
conducirme en el menor tiempo a las más carnosas joyas adolescentes
de suspiros en guaraní. Quinciañeras, eso. Quinciañeras deliciosas".
El portazo fue más rápido que las cejas de Madariaga. Ahí estaba, cual
esfinge de acero, la impertérrita Norah Lange. De un tremendo manotazo
arrebató los boletos al tal Coco o Paco y sin que sus pupilas lo buscaran
dijo subida al más espeluznante gargarismo:
"Váyase, Madariaga; no es algo que a usted le incumba". Otro segundo
y el poeta de los gauchos surrealistas bajaba ya la escalera mientras
un nuevo portazo concluía la simetría de estruendos.
Pasaron las semanas y cada vez que el más joven de los poetas atendía
su teléfono, ahí se sucedían los gags guturales de quien había suspendido
su excursión a la fuerza. Hasta que la eternidad lo libró de sus propósitos
de convertirse en un caza tesoros.
Pero todo anhelo encarna. Un tanto menos de medio siglo después, el
artista extraterrestre Benito Laren cumplía, con exhaustiva minuciosidad,
el menú libidinal que el autor de "El Espantapájaros" había soñado para
la gloria de sus últimos momentos.
Ahora el desvelo de uno se transformaba en la euforia del otro: nada
se pierde.
Sólo que los tesoros modifican la identidad de sus pretendientes.
Aún en Villa Ballesta, agosto de 2002.
[Índice] [Principio de
la Reseña]
Rafael Cippolini y Benito Laren en espacio VOX en Arte BA
Benito Laren es
sin duda uno de los artistas mas peculiares del circuito del arte argentino
,calificación que le cabe no solo por su maravillosa producción de pinturas
y objetos sino también por el complemento que su figura , relatos , anécdotas
y abrumadora biografía articula con ella.
Afortunadamente toco al stand de VOX compartir medianera con la
galeria Sonoridad Amarilla donde el bueno de Benito deleitaba a los paseantes
con su batería de recursos plásticos . Pudimos escucharlo y aprovechar
para hacerle algunas preguntitas.
-¿Cuál es el tesoro mas preciado que busca un artista?
Fama, brillo y oro.
-¿Qué puede ofrecer una mujer a un ser que no es de este mundo?
Paz (porque todas las mujeres son requilomberas, encontrar una que
no pelee
ya es mucho ...) y que no hable...
-Dos artistas actuales a los que se sienta próximo.
Fabio Kacero y Miguel Harte.
-Qué está faltando en el arte argentino contemporáneo.
Más artistas que pinten sobre vidrio... y un artista bueno que se
destaque
internacionalmente... El único que se destaca es Kuitca, por el precio,
porque después... ¡Necesitamos otro Di Tella!
[Índice] [Principio de la entrevista]
El valor de las obras de arte / Mercedes D. Araujo
UNO: Ayer fui parte de un extraño suceso.
De manera espontánea y repentina pasé de una placida, cómoda y contemplativa
actitud de espectadora de obras de arte a un lugar de acción en el que
se llevaba a cabo un "juego" propuesto por la artista Marina De Caro.
Ella, bajo la premisa "El valor de las cosas: ¿cuál es el valor de las
obras de arte?" proponía en el stand de Lelé de Troya en la Feria de Arte
Arteba 2002, que la obra expuesta en ese espacio recibiera el valor que
el comprador considerara el equivalente a la obra/ objeto de intercambio.
Desde el primer minuto
en el que me involucré voluntariamente en su juego/propuesta de investigación,
una serie de consideraciones, deseos, sentimientos de pudor e incomodidad
comenzaron a entretejerse entre los pliegues de mi voluntad. Mi voluntad,
digámoslo claramente, de apropiarme del objeto de arte que de manera compulsiva
y rauda me había inducido a querer jugar. O sea, deseo.
DOS: Yo llamo
juego a lo que probablemente Marina De Caro llama, con mayor justeza,
proyecto de investigación. Pero lo llamo juego entendiendo que el juego
es un ejercicio recreativo sometido a reglas en el que se gana o se pierde
o se logra un fin o se resuelve una cuestión propuesta en términos de
acertijo.
La premisa de Marina
De Caro tenía un poco de todo esto. Cuál es el valor de una obra de arte
para quién la quiere comprar sin que el artista que la ofrece le haya
puesto un valor previo ni tampoco, una vez hecha la oferta, la pueda rechazar
por encontrarla injusta.
¿El precio o valor monetario
de esa obra de arte es una adivinanza o un acertijo que el comprador debe
descifrar si pretende no comportarse desmedidamente inequitativo o abusivo
respecto de lo que paga?
¿Es posible pagar un
precio justo por una obra de arte? Aparentemente esa posibilidad se podría
esbozar en un remate donde por lo menos dos o más personas pujan por la
obra que desean, partiendo de un valor base que el artista o marchand
o propietario de la obra considera justo.
Pero dentro del juego
propuesto no existían esas reglas. Sólo estaba yo con poca plata en el
bolsillo y debía tratar sencillamente de poner un precio que no me sería
rechazado. Lamentablemente, digo lamentablemente porque eso dificultó
mucho mi posición moral en el juego, yo solo tenía en mi poder veinte
pesos y las obras de Marina De Caro, multiplican en cientos o en miles
dependiendo de la obra, en su valor, los escasos dos billetes que yo tenía
en mi billetera.
Pero no debía poner
idealmente un valor y decirle a Marina "vale oro" porque entonces no podía
jugar. Así fue como la obra de Marina pasó a mi poder simplemente por
haberme animado a decir "el precio que tiene es lo que yo tengo en mi
bolsillo".
¿Es posible poner el
precio justo de una obra de arte? Indudablemente la obra de arte de Marina
De Caro tiene un valor o precio ideal y tenía otro en ese "aquí y ahora"
limitado por concretísimos datos fácticos: los pocos billetes que poblaban
mi billetera y la permisiva regla del juego de "el precio que le pongas
no será rechazado".
TRES: ¿Estamos
hablando de justicia? Creo que estamos hablando de justicia y no de verdad.
No hay un precio verdadero pero sí debería haber un precio justo. De diferentes
tipos de cosas se dice que son justas o injustas: no sólo las leyes, instituciones
y sistemas sociales, sino también las acciones particulares de muchas
clases, incluyendo decisiones, juicio o imputaciones. Llamamos también
justas o injustas a las actitudes y disposiciones de las personas.
Marina De Caro me entregó
la obra y yo me sentí obligada a decirle que el precio era injusto. No
voy a decir que me sentí mal porque era evidente que el juego me había
favorecido. Pero me sentí perturbada y desde ese momento no dejé de reflexionar
sobre lo que había pasado. Anoche en casa, en tertulia con amigos, algunos
artistas, pero también ingenieros, abogados y hasta algún economista,
la discusión se prolongó largamente sin poder llegar a una conclusión.
Creo que estábamos hablando
de justicia. John Rawls, en su Teoría de la Justicia, nos dice que los
principios de la justicia se escogen tras un velo de la ignorancia. Esto
asegura que los resultados del azar natural o de las contingencias de
las circunstancias sociales no darán a nadie ventajas ni desventajas.
Pero también nos dice que cuando existen acuerdos económicos justos, las
demandas de las personas son resueltas mediante la referencia a las normas
y preceptos (con sus valores respectivos) que estas prácticas consideran
relevantes.
También podemos decir
que hablando de obras de arte, las porciones distributivas justas no recompensan
según un valor moral. En este sentido podemos hacer una distinción entre
estar autorizados para algo y merecerlo en un sentido moral. No es lo
mismo. Y no lo fue en nuestro intercambio. Aún teniendo unas reglas de
juego claras es posible pensar que los que perdieron debían ganar por
merecerlo. Las soluciones económicas no necesariamente conducen a los
resultados más deseados. O lo que es lo mismo, aun cuando las cosas sucedan
del mejor modo dentro de unas determinadas reglas juego, no es posible
afirmar una tendencia a que la distribución y la virtud coincidan.
CUATRO: No obstante
todo lo dicho, una sola de las preguntas que Marina De Caro formula en
su estudio de investigación, es la que yo realmente puedo contestar. ¿Qué
hay en juego en el deseo de quién compra una obra de arte?
Creo que esa pregunta y mi respuesta a ella, me permitirá explicar el
motivo por el cual jugué el juego y aún con una actitud que podría ser
moralmente repudiable me apropié de su obra de arte sin pagar por ella
un valor justo. Y la mejor manera que tengo es con el poema de Marianne
Moore que dice:
"Cuando compro cuadros
o- lo que está más cerca de la verdad-
cuando contemplo aquello de lo que me puedo imaginar dueña,
prefiero lo que podría darme placer en cualquier momento:
la sátira de la curiosidad en la que sólo es discernible
la intensidad del ánimo;
o justo lo contrario - la antigüedad, la sombrerera con adornos medievales
en la que aparecen sabuesos con cinturas que se estrechan como la del
reloj de arena,
ciervos, aves y gente sentada.
Puede ser simplemente una losa, tal vez una biografía literal
(con letras espaciadas, sobre una especie de pergamino),
una alcachofa con seis tonos azules, el tripartito jeroglífico con patas
de agachadiza,
la cerca de plata que protege la tumba de Adán o Miguel tomando a Adán
por la muñeca.
El énfasis intelectual demasiado estricto sobre cual o tal cualidad
merma el placer.
No debe pretenderse desarmar nada, ni tampoco debe honrarse a la ligera
el éxito generalizado,
aquello que es grande por que otra cosa es pequeña.
En conclusión: sea lo que fuere,
debe estar "iluminado por miradas penetrantes en la vida de las cosas",
debe reconocer las fuerzas espirituales que los crearon.
Mercedes D. Araujo
Abogada y escritora
21/07/2002
[Índice] [Principio de la Reseña]
El valor de las cosas / Marina De
Caro
A veces los artistas intentamos predeterminar los contornos estéticos
de una obra transformando el espacio expositivo en una plataforma de discusión
aunque más no sea de utopías a pequeña escala.
¿Cual es el valor de una obra de arte?. "(...) los valores son relativos
y se insertan en un momento histórico", define alguien en el Diccionario
de Historias del Arte de Diana Aisemberg, edición 2001
Hay muchas definiciones y grandes disertaciones sobre el arte. Difícilmente
alguna se cierre sobre la palabra mercancía; sin embargo existe un mercado
del arte donde el objeto de trato y venta es la obra del artista.
Estando del lado de los artistas, nunca logro entender cuál es la economía
en el mercado del arte, como se define el ámbito que compromete a los consumidores
de arte a la formación del precio de este objeto tan preciado.
¿Cuál son los valores y cualidades en una obra de arte contemporáneo?
¿Qué hay en juego en le deseo de quién compra una obra de arte?
¿Cuánto de esos valores definen el precio de una obra?
¿Existe una demanda de obra de arte ?
¿ Que relación hay entre el trabajo artístico cristalizado en la obra y
el precio al que se la cotiza en el mercado?
¿Quiénes son los compradores que tienen influencia en la formación del precio
de una obra?
Premisas
La obra de arte es testimonio.
La obra de arte es reflexión.
La obra de arte es discurso.
La obra de arte es educación.
La obra de arte es metáfora de conocimiento de una realidad
La obra de arte es resistencia.
La obra de arte es expresión.
La obra de arte es campo sensible.
La obra de arte es objeto de deseo.
Argumento
El arte es la representación de una fuerza activa en permanente compromiso
con la realidad. Toda producción cultural afecta y repercute inevitablemente
en el conjunto del sistema social, intenta construir una mirada crítica
como forma de resistencia frente al imaginario social formateado y digitado
por los medios masivos. La reflexión, el pensamiento crítico es lo que construye
su valor de uso, nuestra necesidad de arte. El uso en el arte es la construcción
de sentido.
Sabemos que el intercambio de ideas, la circulación del pensamiento, y la
ampliación de nuestro horizonte de referencia permite que crezcamos como
individuos y como sociedad. Por lo tanto como artista el valor de la puesta
en circulación es innegable. Modos de circulación: , talleres y ámbitos
de estudio, muestras institucionales y privadas, espacios públicos, entrada
en la red, publicaciones, textos críticos, escritos y adquisición de la
obra.
El sistema del arte en Argentina no logra absorber la producción de los
artistas locales. La ausencia de un proyecto cultural que construya nuestro
contexto social y político con dignidad, dificulta la posibilidad de tener
una base cultural sólida y mina la continuidad del trabajo de un artista
y/o intelectual.
Hay un valor fundamental para el artista en la circulación de su producción.
En la situación actual el mercado no garantiza la imprescindible circulación
de las obras de arte.
El mercado de arte tiene como referencia un objeto de intercambio con todas
estas cualidades especiales que definen su valor
Generalmente los compradores y coleccionistas parecieran moverse por un
noble deseo de aprehender algunos de los misterios que encierran estos preciados
objetos. El acercamiento primero es intuitivo guiado por subjetivas preferencias
o asesoramiento de críticos profesionales. Cuando la obra se transforma
en el objeto de deseo del comprador. ¿ Cómo se establece el precio de una
obra?
El precio de mercado pareciera tener implícitos todas estas instancias que
caracterizan a una obra, su medio de producción y su circulación
Trabajo y fuerza creativa del artista
Formación, horas de estudio.
Textos e investigación por parte del artista.
Escritos y bocetos que en algunos casos, como lo propusieron muchas veces
los artistas conceptuales, su valor es mayor que el de la obra misma por
en cuanto descubren el proceso de construcción de la obra y los mecanismos
de pensamiento y accionar que llevaron a un artista a la realización de
un objeto de arte.
Ensayo y error en las obras, construcciones de prueba hasta llegar la obra
final
Costos de producción y distribución
Materialidad.
Horas de trabajo en la construcción de la obra
Costo de documentación de obra, piezas gráficas
Trabajo con galerista y porcentaje de la venta
Iluminación. Mailing y prensa
Realización, en algunos casos, por terceros. Asistentes. Fletes embalaje
de la obra. Marcos
Generalmente las obras que tardan meses en llevarse a cabo, quizás no en
su realización pero sí en su gestación.
La obra textil
La materialidad y el proceso a través del cual se construye una obra
definen una metáfora y el sentido en la obra
Texto tejido
Etimológicamente texto es tejido y como tal es posible
de ser editado.
Estrictos cálculos acompañan cada forma y permiten reproducirla con exactitud
Una máquina de tejer
Un ovillo de hilado.
Una línea se entrelaza a sí misma en un ritmo continuo. El tejido construye
un espacio, una geometría y un imaginario.
Vestir y desvestir formas, doblarlas y guardarlas; formas livianas frágiles,
actos cotidianos que pertenecen a nuestro entorno y construyen nuestro imaginario.
Hilo: principio y final, serie, sucesión continua cuya irrupción pone fin
a una existencia física o moral
Tejido de punto. Un hilo se teje, una línea se entrelaza a sí misma en un
ritmo continuo
Tejido plano: Trama y urdimbre, dos hilos entrecruzados. El encuentro
El hilado y le tiempo. El acto repetido como mantra.
El tejido y la memoria. El textil y el cuerpo receptores de cambios, permeables
y de memoria inmediata
Rara vez se pueda uno alejar de la referencia a lo cotidiano con que carga
los materiales textiles.
La organicidad y sensualidad de los objetos blandos definen una diferente
cualidad espacial que permite al espectador un nuevo acercamiento a la obra,
establecido no sólo por la mirada sino con la totalidad del cuerpo
La textil carga con la idea de no-permanencia, de fragilidad, de lo efímero
y de desgaste en su uso
Estos son diferentes ítems que considero importantes para que cada uno pueda
definir el precio de una obra. El día 20 de julio en el stand de Lelé de
Troya en la Feria de Arte Arteba 2002 se ofrecerá la obra expuesta en ese
espacio al valor que el comprador considere el equivalente a la obra/ objeto
de intercambio. De esta manera, se intenta hacer un ensayo sobre la construcción
de precios en le mercado de arte argentino.
Marina L. De Caro
ARTEBA 2002-
Espacio Lelé de Troya (E 09)
Curadora : Ana Gallardo
[Índice] [Principio
de la Reseña]
La Fotografía antes de la Fotografía
/ Alberto Passolini
Mientras en el circuito artístico de
la Ciudad de Buenos Aires se está llevando a cabo un desembarco de la fotografía
bajo el marco del Festival de la Luz 2002, una muestra de pinturas al óleo
que se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes fue la encargada de hacerme
reflexionar sobre la riqueza de la fotografía.
La muestra en cuestión es la de Rugendas, pintor viajero de mediados del
Siglo XIX. Un europeo en América que supo llegar a esta latitudes en diversas
expediciones. Me veo tentado de relatar los detalles novelescos de la vida
de Rugendas, saliéndome de la línea que enuncié al comenzar este texto,
por lo cual voy a dejar de lado sus datos biográficos.
Por empezar, no se si es casual que esta muestra comparta la misma época
que el Festival de la Luz. Si no es así, es una lástima que se halla pasado
por alto un contrapunto tan interesante como el que surge de ver a uno de
los últimos documentalistas antes de la mecanización del ojo y la subjetivización
de la imagen conseguida a través de la máquina hoy.
Una verdad de perogrullo: Hacia 1800 y algo, un artista se dedicaba a plasmar
sitios, flora, fauna y etnias para que a miles de kilómetros, otros ojos
vieran lo que él veía. Después, la máquina fotográfica apareció para sacudir
a esas imágenes de toda partícula interpretativa del artista, separando
muy bien las aguas entre ciencia y arte. Y más tarde el arte tomó para sí
ese arma que lo había desterrado: ahora son los fotógrafos los que les muestran
a otros ojos a miles de kilómetros de su interior lo que ellos ven con una
máquina.
De vuelta a Rugendas, la muestra está montada como una de fotos de viaje
donde es posible hacer el recorrido que él hizo desde Brasil subiendo hasta
México y después bajando hasta Chile, para cruzar a la Argentina.
Si bien el rasgo más característico de estos cuadros de pequeño formato
sobre cartón es la espontaneidad propia de los apuntes tomados a toda velocidad,
es asombroso ver el nivel de detalle de cada obra. En su afán de documentarlo
todo tal cual lo veía, al retratar a los nativos no solo estaba siendo el
primero en representar los rasgos característicos de cada raza sin los ideales
de belleza europea, además lograba individualizar al retratado.
Una curiosidad/ genialidad es la secuencia de aproximación al cráter de
un volcán en actividad, siendo la última imagen digna del mejor expresionismo
abstracto. ¿Cómo verían los ojos centroeuropeos que no habían subido hasta
la cima del volcán (que tampoco habían llegado a ver el océano que los separaba,
si es el caso) a esas manchas naranjas incandescentes, pintadas con trazo
suelto sobre una superficie negra? Y si se me permite la ironía, ¿Qué paisaje
habría pensado Rugendas que representaba un De Kooning?
Había prometido no dar detalles de la vida de Rugendas, pero debo traicionarme
para comentar un par de episodios relatados en uno de los videos que se
presentan dentro de la muestra: Si bien una vez de vuelta en Europa no regresó
jamás a América, hacia el final de su vida se hizo sacar una foto vestido
de gaucho.
Otra foto: Una de algún paisaje que alguien se encargó de documentar fotográficamente
fue retocada por él , que conocía cabalmente el paisaje y sabía que la máquina
se equivocaba. Esa fue su última obra.
[Índice] [Principio
de la Reseña]
Berni en la
cartera / David Wapner
Durante muchos días, mientras caminaba
por la calle, cargué en mi bolso un dibujo de Antonio Berni.
Confieso que aquella obra, casi un grafismo con dedicatoria para mí, tenía
por destino su venta o empeño.
Desistí cuando se me dijo "es un dibujo liviano, no lo van a tasar". Guardé
entonces mi cuadrito, enmarcado por "Enfoques 'Neri", una organización al
servicio de la fotografía".
A lo mejor, si yo hubiera continuado viviendo en Buenos Aires, el Berni
hubiera continuado en mi cartera.
Se trata de un boceto que durante años fue el orgullo de mi familia; por
transición, los gestos de admiración los recibía yo.
Una noche del año 1968, cuya fecha ahora no ubico, Berni ofreció una charla
en la escuela "Casilda Igarzábal de Rodríguez Peña", que quedaba a la vuelta
de mi casa. Corrió la noticia por el barrio y a la altura del quioskito
de enfrente fue interceptada por mi mamá. Yo, el mayor de mis hermanos --tenía
diez años--, fui el elegido para concurir. La sugestión de mi madre, que
se concretó en acto, fue llevar papel y lápiz para obtener un trofeo. En
realidad, mi mamá no sabía quién era Berni en el mundo del arte (tampoco
yo), pero su intuición, incentivada por el halo de prestigio que había copado
al barrio, le decía que se trataba de alguien importante que podía ayudarnos.
Fuimos entonces, aquella noche, los dos; yo, munido de hojas canson blancas
y un lápiz número seis, herramientas con las cuales yo cimentaba dentro
delcircuito familiar una fama de niño artista. Entramos a un aula acondicionado
para el evento (la Dirección, según me enteré hace algunos años atrás cuando
regresé a esa escuela para ofrecer
una función de títeres). Detrás del escritorio, en donde disertaría amplificado
por micrófono el pintor, había una pantalla para proyecciones. No recuerdo
en dónde estaba ubicado el proyector de diapositivas porque ese rincón de
mi mente pasó a ocuparlo para siempre un tocadiscos Wincofón estéreo en
donde giraba un disco de Mercedes Sosa: el espíritu de la época, voz de
militancia culta, zambas con armonías de bossa nova, niños pobres de Berni.
Se apagaron las luces, vimos un audiovisual sobre la Bienal de Venecia de1962
y se nos hizo conocer a Juanito Laguna. Luego, habló Berni. Sería sencillo
describirlo recurriendo a fotos que tengo a mi alcance, pero no puedo recordar
cómo lo vi en aquel momento: ¿usaba anteojos?, ¿era calvo? A lo mejor, era
de baja estatura, me jugaría por que usaba patillas tupidas ycanas.
Cuando terminó, y su aura se había ganado nuestra estima, me le acerqué
y le dije "¿me hace un dibujo?". El me miró, hizo un gesto que se podría
traducir como "siento sorpresa y curiosidad", tomó el lápiz y el papel que
le ofrecí, lo apoyó en el escritorio y dibujó lo siguiente:
El rostro de una niña o muchacha que es una y es dos, que es bella y triste.
Una muchacha asimétrica.
Un ojo, el grande, mira a donde Berni le indica; el más pequeño me mira
a mí.
Un lado de la boca es mudo, pero el otro quiere hablar.
Pelo revuelto, calidades de línea.
Cuello delgado, dentro de un suéter si acabar.
Todo en algo más de dos trazos, que no le llevaron más de diez segundos.
Me preguntó "¿cómo te llamas?"
Puso "Para David cálidamente"
Y firmó.
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