Floriano Martins
Agulha - Revista de Cultura
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CONVERSANDO CON FLORIANO MARTINS

Harold Alvarado Tenorio

Poeta, ensayista, traductor y editor, Floriano Martins (Fortaleza, 1957), es sin duda uno de los escritores mas interesantes de las letras latinoamericanas de hoy. Su poesía, reunida en Alma en llamas (1998), es una prologada discusión sobre el destino y la condición del hombre, una rara aventura acerca del ser. Una visión rebelde y subversiva, contra todo lo establecido y formal, pero anclada en esa ansia de totalidad que caracteriza a mucha de la poesía de nuestro tiempo.

Traductor de la obra de Federico García Lorca y Guillermo Cabrera Infante, Martins también se ha destacado como crítico e historiador de la literatura, en especial la latinoamericana, a la cual ha dedicado libros de entrevistas como Escritura Conquistada (1998), y de ensayos como Fogo nas Cartas (2001).

O Começo da Busca

O Surrealismo na Poesia da América Latina 

 

¿Cuál era el estado de la poesía brasileña cuando comenzaste a publicar?

He comenzado a publicar tempranamente, y en realidad considero una infelicidad asomarse tan de inmediato a los primeros escritos. Pero es un desafío que creo haber vencido. Me siento por completo ajeno a mi generación, dado que había una patología del yo, un egocentrismo excesivo del cual yo no me sentía partícipe. Luego esa condición pasó a ser una decoración; es decir, el descubrimiento del yo hacía posible llegar a una comprensión del mundo en el que el hombre no fuera simplemente víctima. Pero los poetas no tenían mucho más que su propio ego para ofrecer. Y un ego, separado de la vida misma, no puede ser más que una decoración.

¿A que grupo o colectivo de poetas te sientes mejor vinculado?

No creo en una concepción de grupo con sentido crítico. Los grupos suelen ser masónicos, cartoriales, y en ellos la coherencia está al servicio de la amistad o simplemente de un intercambio de intereses. Sin embargo, mi relación con el Surrealismo, en los ochenta, probablemente ofrece una perspectiva al respecto: ser parte de un grupo surrealista ha significado llamar la atención en algo que sin la pertenencia al grupo hubiera sido imposible. No creo en ortodoxias y pienso que hay una prevaricación moral en ese sentido: los abusos ya por todos conocidos. Soy un franco tirador, así me considero. Lo que hago con Claudio Willer en la revista Agulha (www.revista.agulha.nom.br) o con Soares Feitosa en la Banda Hispánica (www.jornaldepoesia.jor.br/bhportal.htm), define un tipo de complicidad en el que estamos libres y abiertos a muchas cosas.

¿Qué tienes que decir sobre el Surrealismo en Brasil?

Acabo de publicar un libro titulado O Começo da Busca - O surrealismo na poesia da América Latina (Escrituras Editora, São Paulo, 2001). Es un libro que intenta abrir una perspectiva sincera acerca del surrealismo en Latinoamérica. Puedo ver las cosas sin el sectarismo de un Stefan Baciu o sin los preconceptos de gran parte de nuestra crítica. Y esto brinda la posibilidad de comprender que hubo una actividad surrealista en Brasil, lo que ha sido negado por la ausencia de grupos. En Colombia, por ejemplo, es posible pensar en las relaciones que el grupo Mito tuvo con el Surrealismo; en Medellín hay una revista, Punto Seguido, que es un valioso medio de difusión de ideas muy cercanas al tema. En Brasil nos encontramos con un positivismo abusivo que ha borrado las posibles relaciones con el Surrealismo o con el Barroco. Y no tanto tiene que ver con las vanguardias, sino fundamentalmente con nuestra concepción política de la historia.  Hubo sin duda actividad surrealista en Brasil –documentada y conocida– pero sin embargo no del todo aceptada. Confío en que mi libro sea una posibilidad de poner en claro los aportes que el Surrealismo ha hecho a la cultura brasileña.

¿Desde cuando y porque estableciste vínculos con escritores de habla española?

Ahora mismo he concluido una entrevista con Américo Ferrari y tu pregunta me recuerda que mi primera aproximación significativa a la poesía hispanoamericana fue gracias a las obras completas de César Vallejo que un amigo español me obsequió. El libro había sido preparado por Ferrari y desde su prólogo hacía referencia a poetas que en ese entonces yo desconocía: Julio Herrera y Reissig y Vicente Huidobro. La curiosidad fue la muerte del ratón, y así he comenzado un proceso de búsqueda en la poesía de lengua española en mi continente. Con el tiempo he percibido la manera ingenua como Brasil ha evitado el diálogo con esa poesía.  En un sentido amplio podría pensarse en la opción por una sumisión a la cultura de la otra punta del Atlántico, en detrimento de la búsqueda de una relación abierta con lo que está más cerca.

¿Qué tanto se conoce la poesía de expresión española en Brasil?

Hay ediciones erráticas, pero no hay una política editorial que tenga como resultado la búsqueda de diálogo. No conocemos la poesía del argentino Enrique Molina, pero si su novela Una sombra donde sueña Camila O'Gorman. Empezamos a conocer a Octavio Paz como ensayista. Pudimos conocer dos novelas de Álvaro Mutis publicadas en Brasil, y muy recientemente se ha editado una antología de su poesía. Lo mismo ha sucedido con Lezama Lima. Lo que existe son fundamentalmente lecturas críticas, acercamientos más a cargo de los intereses de turno, y en ese sentido una contra-legitimación de aquella poesía directamente amparada por la Poesía Concreta: es decir, la interferencia criminal de un poeta como Haroldo de Campos, quien no ha hecho más que crear un mecanismo falso en la lectura poética. Por supuesto que no es posible caer en la ingenuidad de creer que un solo individuo tiene la responsabilidad absoluta. Se trata de una coyuntura de nuestra realidad cultural que lo ha permitido. En Brasil padecemos de una miseria cultural de la que todos somos cómplices. Y es necesario que esto se discuta abiertamente.

¿Se estudia en colegios y universidades brasileñas nuestra poesía?

Nuestra academia ya no acepta la enseñanza de la literatura brasileña. En ese momento se discute –o mejor dicho: se impone– la erradicación del estudio de literatura brasileña en las escuelas. Estamos creando una falsedad social. No tenemos un país. Tenemos um magnífico Shopping Center en curso. La miseria está por todas partes. Somos un país de providencial analfabetismo. El Brasil es hoy una gran lección de impunidad criminal, de sobrevaloración del tener sobre el ser; es doloroso decirlo pero indispensable, y no menos necesario es que se realicen gestiones en contra de esta deformación cultural.

 

POEMAS DE FLORIANO MARTINS

(Traducidos al español por Benjamín Valdivia)

A LA SOMBRA DEL ORIGEN

¿Quién somos? Los magníficos restos de la especie,

sacerdotes de ruinas, vastas y frustrantes.

Proseguimos bañados de cenizas y fétidas

memorias, en comunión con el dolor infatigable.

Sumamos a los millares los lamentos de las divinidades,

féretro de peregrinos, mórbida cosecha

de cadáveres. En la isla entera nada se revela

que no sea la gran catarsis del vacío.

Todos los recuerdos alucinan, no hay dónde

olvidar el sufrimiento y los dolores humanos.

Sangra el encino de los celtas, el árbol cósmico

sumeriano, el jícaro del popol-vuh y el despreciado

ficus-benjamina del noreste brasileño. Decaen

las ciudades con el retraimiento de sus árboles

Solamente a Nergal tocaría el amor de Eresquigal.

Somos los magníficos trapos encharcados

de aceite y lodo. Invocados, una vez más seremos

el nacimiento y la caída. Abismos discontinuos.

ANOTACIONES DEL CARTÓGRAFO

Se busca la fuerza en el tiempo, en sus largas raíces.

Una noche me habló Alexander Search de los mapas

que él mismo esbozara, las distancias

que nos unen sin que lo percibamos. En las manos

del tiempo mismo las del alucinado cartógrafo,

explorando la memoria como un baño de aceites.

Paredes desfiguradas, suelo de restos, luz

casi nada. El incienso rastreador. Tejidos urden

el siniestro significado de sus vértebras antiguas.

Nada estaba descrito o clasificado, atormentado

mundo de insinuaciones. Allí no éramos sino bestias,

anotaciones basadas en nuestra propia estupidez.

Su mano, sin embargo, seguía trazando la contradicción

entre arte y ciencia. "No estamos retocando

los viejos traumas —me dice—, mas si elegiendo

mejor nuestros equívocos", y siguió convincente.

REINO DE VÉRTIGOS

A Socorro Nunes

Tu cuerpo y el mío cayendo sobre el mundo:

noche saqueada por una caravana de relámpagos.

Despojos del tiempo fugitivo de su fuente,

minando abismos a la deriva, pérdidas fluctuantes.

El deformado rostro de la belleza que las ruinas cultivan,

lenguaje extraviado al querer entrar en sí.

Tu cuerpo y el mío en su caída más secreta.

Un laberinto que fuese un desierto y un dios

sabedor que de allí no hay retorno. Fuga de tinieblas.

Los disfraces fatales de la memoria ante el infinito.

Indetenibles sombras cayendo sobre el mundo.

Tu cuerpo y el mío: lo que resta de uno en el otro.

UN ENCUENTRO SECRETO

Mendigo los pétalos de tu sabia

desilusión, algún verso escrito,

el rostro disipado de mi lívido

engaño. El tiempo nos tiene por

dos entretelas de sus capas.

Anhelas la valija de encantos

de lo que supone mi vago mirar.

Prontas mis formas aún,

mas en tus manos, ¿lo que serán?

Por dos ladrones de monederos

el tiempo nos toma. Mi gozo

mendigas y te eludes en el espejo.

DELANTE DEL FUEGO

Mi padre envejecido delante del fuego,

árbol no más resguardado en temblores.

Oh dulce tiniebla, ¿tu edad se extingue

para siempre? ¿Qué oscuro cántico

separa al hombre del júbilo de su muerte?

Tierra y hombre delante del fuego, niebla

la voz de las cenizas. La lengua no puede

contener su imagen derramada en cal.

Mi padre, con su pesado cuerpo ajeno

al tiempo, parece haber desnudado

el infierno, aprendido las palabras con que

se hace el abismo descarnar. Rodeado

por ávida quietud, el fuego, eterno súbdito

de impiedades, rige la mirada del muerto.

EL NOTARIO

Un nombre para las partes de tu cuerpo que emiten fuego,

otro para el rostro que se cubre de tus flamas.

Un nombre que sea para el guía de tus piernas fluctuantes,

y otro más para los campos que evitan tu morada.

Todos estarán felices con sus nombres. Unos con más de uno,

otros a punto de perderlo. El nombre los torna casi perfectos.

Anótame un dios sin nombre y de esto me hago cargo.

Serán bellos o tristes, vendados o traídos por la corte,

violentos o angustiados. Hay los que se sienten únicos

y se juzgan renacidos cada vez que el nombre es pronunciado.

Pues siendo iguales, los nombres también son distintos.

Los distribuyo cargados de ilusiones. Fábulas o decretos,

rúbrica de todo lo que somos o rechazamos. No te protege

el infierno del nombre cierto, traje con el que subes a la escena.

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