La defraudación educativa - 12/12/02 (Argentina)

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La defraudación educativa

Muchas son las quejas que leemos u oímos a diario sobre la escasa preparación de nuestros adolescentes y jóvenes. Recuerdo, por ejemplo, la turbación rayana en el escándalo que manifestaba el actual rector de nuestra Universidad de Buenos Aires, por aquel entonces, simple docente de la Facultad de Medicina, al evaluar las cifras de los resultados de los exámenes de residencia de médicos recién egresados. Sólo pensar que esos médicos bisoños estaban habilitados (por lo menos teóricamente) para poder asistir a un ser humano ante una emergencia médica daba pánico. O artículos donde en los exámenes de ingreso a una carrera universitaria se hablaba de Eulogia Lautaro como la madre de nuestro prócer máximo. En fin quién no leyó y se llenó de estupor frente a esta triste realidad de nuestro sistema educativo. Ahora bien, el corolario es que hay que pensar que a todos estos alumnos se les exigió, se los sometió a evaluaciones, algunas quizás puerilmente permisivas, pero otras no tanto que los obligó, aun si a último momento, a leer un apunte o a confeccionar un machete, es decir se los instó a hacer un esfuerzo para poder aprobar y lograr así su título final de nivel. 

Otro corolario que puede derivarse es que denuncias hubo, pero como es frecuente que acontezca en un país con una opinión pública siempre desorientada como el nuestro, esas críticas de ninguna manera conmovieron a los funcionarios que no sólo podían hacer algo sino que debían hacer algo. Claro que, cuando se producen tales deficiencias es de práctica no demandar a nadie por incumplimiento del deber de funcionario. Así, este último, no se incomodará en tomar medidas reparadoras y menos aun incurrirá en molestos enfrentamientos, habituales para quien debe poner las cosas en orden. Tanto las excepciones como el desorden siempre cuentan con adeptos sentimentales. Si además se tiene en cuenta la incondicional solidaridad por amiguismo o afinidad ideológica, solidaridad que usualmente se transforma en protección mafiosa, se verá que tanto el sistema como sus custodios aparecen como inexpugnables. 

¿Por qué hablamos de fraude?. Simplemente porque el sistema educativo vigente hoy, en nuestro país, aun con la federalización del sistema, promete cosas que no brinda, confunde conceptos fundamentales. Perjudica al alumno haciéndole perder su esfuerzo, por grande o pequeño que sea. 

Promete brindarle una cultura que ningún egresado del sistema posee, si no la ha conseguido por su propia determinación y al margen del sistema mismo. Promete un saber que tampoco es capaz de brindar, a pesar de que ha obligado al alumno ha realizar un esfuerzo como para lograrlo. 

Un sistema que confunde saber con aprobar, a todo nivel aun para la credibilidad del educando.

Sus agentes y destinatarios confunden evaluar con calificar, trabajar con especular, motivar con interesar. Para ambos es lo mismo disciplina que sanción, justicia que fuerza, jerarquía que autoritarismo, democracia que desorden y libertad que libertinaje.

Un sistema que convierte al aula en un feudo docente hermético donde un señor feudal es el que imparte, evalúa y promueve caprichosamente, tomándose, a veces la atribución, que nadie le concedió, de politizar o hacer intervenir al alumno en problemas ajenos a su condición so pretexto de sensibilizarlo socialmente, sin haber alcanzado y ni siquiera propuesto lograr, las metas que exigen su delicada función que debería ser docente. 

Un sistema que equipara razón con fuerza para justificar acciones gremiales no justificables, pues desvirtúan el primado del pensar sobre la fuerza bruta, siendo el pensar uno de los fines últimos de la educación. Un sistema incapaz de exigir un verdadero y justo tratamiento y remuneración acordes con la importancia de la misión docente, empujando así a sus conciudadanos dedicados a la tarea de educar hacia el desánimo y a la frustración.

Un sistema que confunde calidad educativa con burocracia educativa porque cree que la primera depende de un incremento del escaso presupuesto, que producirá, seguramente, un aumento de la segunda. Un docente ineficiente bien remunerado sigue siendo un docente ineficiente. 

Un sistema que extravía su propia finalidad en discusiones bizantinas arrastrando inútilmente problemas de adecuación de niveles y ciclos durante décadas; que abraza el partidismo en lugar del pluralismo político; que practica la megadactilocracia, creando mecanismos pseudoevaluativos para cubrir las apariencias, en lugar de un justo y riguroso orden de méritos para sus cargos docentes y directivos, entronizando el nepotismo y el amiguismo y por lo tanto la arbitrariedad en lugar de la justicia y la equidad.

Un sistema que bajo la excusa y en nombre de la igualdad se dedica a discriminar a quienes no considera iguales. 

Un sistema que si bien conserva ritos y títulos rompe con las tradiciones que dan sentido a esos ritos y títulos. 

Un sistema que consagra profetas laicos advenedizos sin creencias, ni tradiciones, ni historia, en nombre de una falsa prescindencia religiosa basada en un revanchismo de minorías antipatrióticas.

Un sistema que, en el mejor de los casos, opta por la extensión en el tiempo sin tener en cuenta calidad ni intensidad y continuidad.. 

Un sistema en fin que no cumple con su finalidad primordial que es educar al soberano, del cual depende el futuro de la comunidad entera. 

Un sistema que vive a expensas de esa misma comunidad que condena al fracaso y por ende al futuro servilismo extranjero.

Y sin embargo unas pocas medidas, ideológicamente asépticas, mantenidas a ultranza es decir aisladas de los avatares electorales y por ende ajenas a todo partidismo, como si fuese una operación científica, corregiría definitivamente estas deficiencias y sin por ello hacer de la realidad una utopía. 

Mis palabras están avaladas por una vida dedicada: en primer lugar, al ejercicio de la decencia y de la docencia en el País, en el aula y en la dirección y, en segundo lugar, por una angustiosa y permanente meditación sobre este problema, que como hijo de esta tierra, me duelen los fracasos actuales de nuestra dirigencia en todos los órdenes producto de la mencionada defraudación educativa que supimos conseguir y mantener. 

En Buenos Aires, 25 de noviembre de 2002.


Prof. Ángel Fausto Di Risio


e-mail: faustodr@bancaria.com.ar  

 

 

  



 

 

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