EL CAPITALISMO NEOLIBERAL CONCENTRA EL PODER Y LA RIQUEZA, AL TIEMPO QUE GLOBALIZA LA POBREZA, EL DESPOTISMO Y LA IMPUNIDAD

por Luis Alberto Matta Aldana[1]

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EL CAPITALISMO NEOLIBERAL CONCENTRA EL PODER Y LA RIQUEZA, AL TIEMPO QUE
GLOBALIZA LA POBREZA, EL DESPOTISMO Y LA IMPUNIDAD


Luis Alberto Matta Aldana[1]


Agradezco a los integrantes del centro ecuménico AGAPE de Prali, la amable
invitación a participar de este campo político internacional, donde vamos a
reflexionar sobre las graves consecuencias sociales de la globalización y
del consumismo, esas dos funestas manifestaciones del sistema capitalista
contemporáneo que hoy afectan a la mayor parte de la humanidad.

Estamos padeciendo una etapa de la historia en la que el poder
dominante pretende una civilización donde se pueda comprar y vender todo,
inclusive los seres humanos. Una tienda universal de la infamia donde el
15% de la población más rica de la tierra -lo que llaman "primer mundo"-,
consume el 86% de todos los bienes, productos y servicios que se generan en
el planeta.

Es un sistema cínico, defensor de una falsa modernidad en la que realmente
prevalece la injusticia y la desigualdad. Un "primer mundo" que justifica
la exclusión, la pobreza y el trabajo esclavo para más de tres mil millones
de seres humanos, como si se tratara de un destino inexorable. Esta
pretendida civilización global, niega la diversidad cultural y se propone
imponer una lengua única, una moneda única, un modelo de "progreso" y unos
valores supuestamente únicos e infalibles, ignorando la tragedia ambiental y
humana que vive nuestro planeta.

Esta grave amenaza que enfrenta la humanidad actualmente, obliga a construir
alternativas de lucha contra esta impresionante avalancha de injusticias que
impone el sistema capitalista. Luchar contra la tiranía del poder y la
riqueza, constituye un asunto ético ineludible.

En este sentido el campo político internacional organizado por AGAPE, como
encuentro ecuménico en lo religioso, lo político y cultural, constituye una
bonita ocasión para reconocer y expresar nuestro afecto, nuestra admiración
y profundo respeto por quienes han luchado contra las injusticias sociales a
lo largo de nuestra historia, y especialmente por quienes hoy continúan
sublevando su voz, su pensamiento y su accionar cotidiano, a favor de
construir una sociedad humana mejor.

Los espacios de discusión popular, plural y colectiva, como este campo
político, deben tener entre sus deberes éticos, recrear la memoria viva y
ejemplar de aquellos seres humanos que dedican todo su tiempo, su trabajo y
los más hermosos ideales humanos a la causa liberadora de los pueblos
oprimidos y excluidos. Igualmente evocar la memoria inolvidable de quienes
han ofrendado su vida, en cumplimiento de tareas relacionadas con esta bella
causa.

IMPORTANCIA Y SIGNIFICADO DE LAS LUCHAS DE LIBERACIÓN NACIONAL FRENTE A LA
PRETENDIDA GLOBALIZACIÓN - EL CASO COLOMBIANO.

Antes de contextualizar el conflicto social y armado que vive Colombia hace
ya cinco décadas, a causa del violento esquema de exclusión y desarrollo
capitalista impuesto, y analizar la muy probable agudización de esta guerra
civil no declarada, como consecuencia de la descarada intervención
norteamericana a través del llamado Plan Colombia -que tiende a convertirse
en una Iniciativa Regional Andina, como estrategia claramente ligada a la
próxima declaración del ALCA[2]-, deseo plantear dos consideraciones
antagónicas y concretas en torno a la llamada globalización y una breve
reflexión sobre la actual etapa del capitalismo:

(Primera consideración): La fase neoliberal es el más salvaje período de
la historia capitalista. En la actual etapa este sistema ha alcanzado el
máximo extremo de poder y voracidad económica, acrecentado por su afán
político de dominar al mundo... La globalización que nos plantea el
capitalismo, amplía las desigualdades, la pobreza y la exclusión social, al
tiempo que agrava el deterioro de la tierra y el atraso de la humanidad.

(Segunda consideración): Hoy, más que en ninguna otra época, el reto de
los pueblos excluidos debe ser la profundización y articulación -posible- de
todas las luchas de resistencia y liberación nacional... La causa
liberadora de los oprimidos y excluidos debe ser el elemento unificador de
los mejores sueños, con el objetivo de vencer el perverso desafío que impone
la opulencia imperial del poder capitalista: el reto de los
ueblos -nuestro reto-, es detener la globalización de la pobreza y la
tristeza, del despotismo y la impunidad.

Asistimos a una época en que la insolencia de los más ricos no tiene
límite. El poder dominante determina los factores de desarrollo y progreso
según criterios de valor material, cuya base principal es el dinero y el
aumento de ganancias. Para este sistema lo importante es que la economía
funcione bien, sin que importe el empobrecimiento, la situación social y la
dignidad de la mayoría de los seres humanos.

"Es la lógica del sistema capitalista contemporáneo, un sistema que aliena e
impone a la humanidad un modo de supervivencia que eleva el valor del dinero
a la forma grotesca de un Dios, mientras mercantiliza la felicidad,
elimina la solidaridad, valora la belleza a través de estúpidos reinados y
pasarelas, envenena el aire y el agua en nombre del progreso, destroza las
culturas y niega la cosmovisión de los pueblos. Un poder mercenario que
interviene, somete y bombardea donde se le antoja, en nombre de la
democracia y la libertad"[3].

Nunca antes se produjo y se derrochó tanta riqueza en el planeta. Nunca
hubo tantos seres desterrados sobre la tierra, sometidos a la soledad, a la
violencia y al hambre, sin opciones de trabajo, negados y excluidos. Según
estimativos e investigaciones de Naciones Unidas, se afirma que en la
actualidad al menos 30 millones de personas padecen el desplazamiento
forzado. Es pertinente mencionar que 3 millones de estos desterrados son
colombianos.

En Colombia el desplazamiento forzado de población es sistemático y responde
a una estrategia violenta y calculada, de la que se han favorecido los
corruptos oligarcas y terratenientes que detentan el poder político.

Desde mediados del siglo pasado, cuando fueron asesinadas más de 200.000
personas, en su mayoría campesinos, en pugnas que instigaron los jefes de
los partidos políticos tradicionales -Liberal y Conservador- en aras de
consolidar poder y riqueza, nefasto periodo conocido en la historia de
Colombia como LA VIOLENCIA, se provocó el desplazamiento forzado de dos
millones de labriegos. Desde entonces, el desplazamiento ha sido una
estrategia calculada y permanente, para expandir el latifundio y desterrar a
los campesinos de las zonas productivas.

En la última década y en el marco del neoliberalismo se ha agudizado esta
estrategia criminal. En los últimos doce años han sido víctimas del
desplazamiento violento, producto de masacres paramilitares o presionados
por los efectos de la pobreza y la importación masiva de alimentos, algo más
de 3 millones de personas[4]. La mayoría de desplazados perdió sus tierras
a manos de poderosos terratenientes frecuentemente ligados al narcotráfico.



El latifundio es uno de los pilares fundamentales del poder político en
Colombia[5], por lo que no es raro que buena parte de los principales
voceros del Establecimiento colombiano hayan sido y sean terratenientes.

Esta clase política excluyente, atrasada y lacaya del imperio gringo,
protegida por un descomunal aparato militar, policial y paramilitar,
ahijada vergonzante del narcotráfico, cofinanciada por poderosas industrias
locales y transnacionales, y bendecida por jerarcas de la iglesia católica
como Pedro Rubiano Sáenz, es la orgullosa representante del "progreso"
neoliberal. Estos profetas de la rabia y la riqueza, se aprestan felices a
definir sus previsibles sucesores para la próxima contienda electoral del
2002, entre los más delirantes defensores de la guerra, hoy envalentonados
con el Plan Colombia.

Los principales candidatos -Horacio Serpa, Alvaro Uribe Vélez, Nohemí
Sanín, el exgeneral Serrano, entre otros- se destacan por ser acérrimos
feligreses del credo consumista y globalizador yanqui. Por ser los máximos
defensores del ALCA y de la Iniciativa Regional Andina, y tan lacayos como
amigos de la guerra, constituyen un verdadero peligro para los anhelos de
paz, justicia social y vigencia de los derechos humanos, no-solo en
Colombia sino en América Latina.

Tanto el proceso democratizador que vive Venezuela, como el movimiento
popular de Ecuador y Brasil, deben tomar medidas ante la prepotencia
guerrerista de la oligarquía colombiana, que sin recato alguno defiende las
políticas macroeconómicas que impone los EE.UU. a través del Fondo Monetario
Internacional -FMI-, el Banco Mundial -BM- y la Organización Mundial del
Comercio -OMC-. La oligarquía colombiana constituye una punta de lanza
para el ALCA.

No debe asombrar que los EE.UU. en estrecha alianza con los gobernantes
colombianos, se proponga convertir el Plan Colombia en un Plan de
características continentales a través de la Iniciativa Regional Andina, en
franca contravía con el amplio movimiento social y popular colombiano que
trabaja por la paz, que defiende el proceso de diálogo con la insurgencia, y
que se opone a las medidas neoliberales que afectan sin clemencia a la
población, especialmente a los sectores más pobres.

Mientras millones de colombianos reclaman trabajo, salud, educación,
vivienda y servicios públicos dignos, el gobierno pone a la vente las
empresas públicas, feriando el patrimonio social y estratégico del Estado.
En un verdadero plan de hostilidades contra el pueblo, la educación pasó en
un 70% a manos privadas. Con el cierre de hospitales y la crisis del seguro
social, la salud se alejó de la población, al punto que hoy constituye un
negocio descarado. Así mismo se viene fraguando otra reforma laboral, peor
a la realizada por el primer gobierno neoliberal a inicios del noventa, con
la que se pretende aumentar las horas de trabajo y disminuir los salarios,
implementar el empleo por horas, eliminar todas las garantías prestacionales
y sociales, es decir, precarizar totalmente lo poco que queda de trabajo.

Son los resultados visibles de la nueva etapa de acumulación capitalista
denominada globalización. En ella la Banca Internacional, el FMI, la OMC, y
otros organismos que funcionan bajo la égida de los gringos y de algunos
países europeos, están determinando el futuro no solo de Colombia sino de
la humanidad.

Es un momento en que la ciencia y la tecnología escarba las estrellas y el
mapa del genoma humano, lanza satélites e inventa proyectiles
intercontinentales de destrucción masiva, o los más sofisticados aparatos de
la informática, pero mientras eso sucede, centenares de niños que viven en
el Africa Negra o en los suburbios de la América Latina, mueren por
desnutrición o falta de vacunas, en el peor de los casos carcomidos por las
moscas, el olvido y las hambrunas.

Es el destino que nos propone la globalización capitalista, un mundo de
fronteras invisibles pero infranqueables para los seres sumidos en la
pobreza, mientras el capital transnacional recorre sin impedimento alguno
todas las esquinas del planeta. Para este sistema los habitantes del sur o
del mal llamado tercer mundo debemos ser excluidos y tratados como
ciudadanos de tercera.

Cayó el muro de Berlín, pero se alzaron muros invisibles y descomunales que
separan los pueblos de su propia tierra, tal y como sucede con los kurdos,
o con el criminal aislamiento que adelantan Israel y EE.UU. contra el pueblo
palestino. En el estrecho de Gibraltar los ingleses, los españoles y los
tiburones hacen fiesta con las pateras marroquíes. Los enmallados
eléctricos y los pistoleros gringos, masacran en la frontera Mexicana a los
latinos "ilegales" que van tras el "sueño americano". Son poderosos los
mantos de silencio que ahogan la validez de conflictos políticos enmarcados
en el anhelo popular de independencia y soberanía, como sucede en los casos
de Irlanda, Chechenia o del país Vasco.

Solo se globaliza la impunidad, no la justicia. Por eso no sorprende que
mientras la CNN muestra al transbordador espacial gringo cuando sube y baja
del firmamento -supuestamente para el "progreso" de la humanidad-, un
simple camión cargado de alimentos no sube a los más empinados y
empobrecidos barrios de las laderas de Cali[6].

En la periferia de Cúcuta[7], ciudad donde campea en los barrios de
invasión la miseria, el desempleo, los paramilitares y la represión de la
policía, centenares de niños arrean burros y mulas cargadas de recipientes
con agua no potable, preciado líquido que compran los pobladores de las
casuchas de cartón y latas, donde no llegan los acueductos ni los
alcantarillados del "desarrollo" neoliberal.

Al menos 3.500 millones de personas -más de la mitad de la población
mundial-, viven en la miseria. Hoy, más que nunca, están revaluadas las
tesis capitalistas, de que la "libre competencia" y la globalización del
comercio mundial, traen beneficios para la población en general. Los
resultados de esta perversa política son otros: Primero) Se flexibiliza, se
agota y se deteriora el trabajo.
Segundo) Aumenta escandalosamente la brecha social entre los pobres y los
ricos. Tercero) Se incrementa como espiral la voracidad interminable del
capital transnacional. Cuarto) Se destruyen sin compasión las maravillosas
riquezas ambientales de la naturaleza, poniendo en riesgo nuestra propia
supervivencia.

La prepotencia norteamericana, como la del conjunto del poder
capitalista mundial y su combinación de símbolos y fuerzas como: -OTAN,
Pentágono, DEA, CIA, Organización Mundial del Comercio, Wall Street,
Fondo Monetario Internacional, etc.- se creen invulnerables, infalibles y
sin límite. Así lo da a entender George Bush en su primer discurso
dirigido al Departamento de Estado y al Pentágono, en calidad de presidente
de los EE.UU., donde anunció que sus armas y sus "procedimientos de control"
"serán más mortíferos y eficaces que núnca". Sus palabras imperiales
constituyen una verdadera amenaza para la paz mundial, y una clara
provocación para los pueblos que luchan por su soberanía, por su
independencia, y libertad.

En este contexto la lucha por la vigencia verdadera de los
derechos humanos, la cultura natural de los pueblos, por la identidad, la
independencia y liberación nacional, constituyen una respuesta organizada
contra la globalización del despotismo, la tristeza, la pobreza y la
impunidad. Nos corresponde reflexionar sobre la posibilidad de articular
buena parte de estas luchas populares contra el capitalismo. Como dice el
presidente cubano Fidel Castro, "hay que globalizar las luchas por una paz
democrática con justicia social".

La aparición de nuevos movimientos de masas, de los que ustedes hacen parte
aquí en Italia, y sus impresionantes protestas contra la globalización del
capital y el consumo, son una nueva e importante expresión de lucha popular.
Las enormes movilizaciones sociales en Seattle, Praga, Davos, Washington,
Quebec y especialmente la última aquí en Italia, en Génova, donde más de
doscientasmil personas dijeron NO A LA GLOBALIZACIÓN, encabezadas por
obreros, mujeres, desempleados, estudiantes, sectores progresistas de las
iglesias y de los partidos políticos, que a una sola voz se oponen a la
precarización del trabajo, a la desocupación, la carestía, al consumo
desmesurado, a los alimentos transgénicos, a la contaminación ambiental y a
la producción de armas, constituyen un hermosos grito de esperanza.

Es un verdadero torrente de luchas y resistencia, que presupone un renacer
interesante de las protestas populares en Europa y EE.UU.

En América Latina también, y particularmente en Colombia, las
luchas obreras y rurales abrazan las más diversas manifestaciones del
movimiento social y popular. En nuestro país se destaca el muy heterogéneo
movimiento a favor de la paz, cuya principal actividad se orienta a defender
el proceso de paz y la salida política para el conflicto social y armado que
vive Colombia.

No podemos olvidar que la insurgencia revolucionaria y armada en Colombia,
es parte integral del movimiento popular de oposición al sistema dominante,
y constituye, como lo han reiterado varios comandantes guerrilleros de las
FARC-EP, "el camino opcional de aquellos a quienes el Estado niega toda
oportunidad de lucha en el plano legal".

La penalización de la lucha popular en Colombia se comprueba con facilidad:
la mitad de los sindicalistas que se asesinan en el mundo son colombianos.
El lugar más peligroso sobre la tierra, para trabajar en la defensa de los
derechos humanos es Colombia. En este país sucede un promedio de 30.000
crímenes anuales, de los que según datos de organismos defensores de los
derechos humanos, al menos un 25% responden a razones políticas.

Un caso que conmueve la conciencia humana, es el práctico exterminio de la
Unión Patriótica - U.P.. movimiento político legal, fundado en 1985 gracias
un acuerdo de paz y cese al fuego entre el gobierno de turno y las FARC-EP.
La Unión Patriótica fue sometida en los años siguientes a su fundación, al
más intenso baño de sangre de que se tenga noticia en el hemisferio
occidental contra un partido político y sus afiliados. Más de 4.000
simpatizantes asesinados en pavorosas masacres colectivas, y centenares de
crímenes selectivos dirigidos contra concejales, alcaldes, diputados,
congresistas y candidatos presidenciales de esta fuerza política.

El genocidio contra la Unión Patriótica, que hoy continúa contra los
sobrevivientes, alejó considerablemente las posibilidades de paz concertada
en Colombia, y acrecentó la beligerancia de los grupos guerrilleros. No
obstante las FARC en el marco del actual proceso de paz, han lanzado una
nueva propuesta de movimiento político; se trata ahora de un partido de
carácter clandestino, que según demuestran los hechos, es la única forma de
proteger la vida de sus simpatizantes. La nueva alternativa recibe el
nombre de Movimiento Bolivariano por una Nueva Colombia.

El panorama para la participación política de fuerzas democráticas de
izquierda en Colombia, es prácticamente imposible. Sobre esta posibilidad
se cierne la amenaza de sectores de derecha, que no consideran necesario ni
viable algún cambio en la estructura social y política del país. Al
contrario creen en la victoria militar sobre las guerrillas, en la
imposición de las políticas neoliberales y sueñan con el rompimiento del
proceso de paz.

El panorama apunta hacia una agudización de la guerra. La reforma laboral
de corte neoliberal, las privatizaciones a ultranza, el desempleo, la
corrupción ilimitada y hechos como la creciente tasa de secuestros,
desaparición forzada de líderes de oposición, la intensa confrontación
armada, la escalada armamentista, la represión y la pobreza, ensombrecen el
futuro del país.

PLAN COLOMBIA, INICIATIVA REGIONAL ANDINA Y AREA DE LIBRE COMERCIO PARA LAS
AMÉRICAS: FASE NEOLIBERAL DEL CAPITALISMO SALVAJE EN AMÉRICA LATINA.

Los EE.UU. que no son ajenos a esta situación, han diseñado una estrategia
para intervenir más directamente en el conflicto social y armado colombiano.
Se trata del Plan Colombia, una integral y genuina manifestación del
imperialismo contemporáneo. Este Plan contiene una alta dosis de
intervención política, económica y militar, pero hábilmente se presenta como
un plan humanitario para defender la supuesta "democracia colombiana" y
combatir la nueva amenaza mundial: el narcotráfico".

Con el Plan Colombia el ejército y la policía colombiana se
transforman aceleradamente en una poderosa máquina de guerra. El 80% de la
primera parte de "ayuda" norteamericana (Unos 1300 millones de dólares) está
representada en sofisticados radares, aviones espía, 30 helicópteros de
guerra Black Hawk y 75 Huey UH1H reartillados, entrenamiento y financiación
de 5 nuevos batallones hasta alcanzar 52.000 soldados profesionales que se
sumarán a más de 150.000 efectivos existentes, para un total cercano a
320.000 personas vinculadas a cuestiones militares, de inteligencia y
seguridad.

Los gringos se presentan al mundo como los enemigos del
narcotráfico y pretenden una cruzada contra este grave flagelo, solo que
esta se desarrolla por fuera de sus fronteras. Ignoran que su cruzada
debería orientarse contra los paraísos fiscales que funcionan en el centro
financiero de Wall Street. Ignoran la producción de insumos químicos en sus
fábricas, y hacen la vista gorda frente a los más de 25 millones de
consumidorres de drogas que deambulan por sus calles.

El Plan Colombia constituye una trampa, que de fondo oculta el interés
norteamericano por consolidar un modelo de acumulación hegemónica del
capital financiero y las transnacionales en Colombia y América Latina. En
realidad se trata de un salvavidas para la maltrecha y corrupta
institucionalidad colombiana, caracterizada por desconocer los derechos
humanos y ser incondicional aliada de las políticas económicas del imperio
gringo. Constituye además, la punta de lanza del intervencionismo yanqui en
esta región del mundo.

Dice el académico y lingüista estadounidense Noam Chomski, que Colombia goza
del peor expediente en violación a los derechos humanos en el hemisferio
occidental. Habría que agregarle que Colombia suscribe el mayor número de
acuerdos internacionales aprobados en materia de defensa de los mismos, pero
a la vez, es el tercer receptor de ayuda militar norteamericana en el mundo,
sin contabilizar el Plan Colombia.

No sorprende entonces que los norteamericanos hayan entronizado en Colombia
su cínica cruzada contra el narcotráfico. Para justificar este objetivo,
los gringos confunden intencionalmente los cultivos de coca y amapola con la
misma droga, y los empobrecidos campesinos cultivadores de estas plantas,
con avezados narcotraficantes.

Situar en un mismo plano los cultivos de coca y amapola, con el
narcotráfico, resulta una verdadera tontería. Estas plantaciones constituyen
cultivos incorporados a la economía campesina de subsistencia. Los
labriegos fueron lanzados a esa producción por circunstancias sociales y
económicas ajenas a su voluntad, y por consiguiente no son cultivos
ilícitos.

A la globalización neoliberal le sobran campesinos en el mundo. Los
cultivadores de coca y amapola, a mi modo de ver, constituyen una forma de
resistencia campesina... Sí otros cultivos no son viables ni posibles, los
labriegos acuden a una producto que les permita seguir practicando lo que
saben: cultivar la tierra. Para el imaginario del campesinado, los cultivos
de coca y amapola siguen siendo un fruto de la tierra.

No obstante el campesinado quiere alternativas viables para transformar esta
economía y su realidad, para lo cual plantea la realización de una reforma
agraria democrática e integral. El campesinado cocalero ha creado la
Coordinadora Nacional Campesina de Cultivadores de Coca y Amapola -COCCA-,
una organización que busca concertar políticas para la sustitución de
cultivos, mediante programas sociales de erradicación manual, gradual y
voluntaria de la coca y la amapola.

COCCA aglutina a unos 400.000 campesinos cocaleros comprometidos en la lucha
por la reforma agraria. Sus voceros indican la necesidad de separar dos
realidades: narcotráfico y cultivos de coca y amapola. El primero es un
fenómeno consubstancial al capitalismo, mientras el segundo, es el producto
de las injusticias del capitalismo, que en Colombia combina latifundio,
violencia y políticas antiagrarias contra el campesinado.

EE.UU. a pesar de conocer esta realidad, insiste en implementar el Plan
Colombia, inclusive orientando su aplicación en un ámbito más regional, con
la llamada Iniciativa Regional Andina. Esta es una forma descarada de
extender el Plan Colombia a buena parte de América Latina. Para iniciar tal
propósito, EE.UU. ha girado un primer desembolso por 676 millones de
dólares a Ecuador, Brasil, Perú, Panamá y Venezuela.

El militarista Plan Colombia y la Iniciativa Andina, esconden un propósito
real: crear y garantizar las condiciones ideales para la imposición del
Area de Libre Comercio para las Américas. Para nadie es un secreto, que los
gringos y sus transnacionales NECESITAN, para garantizar su actual etapa de
expansión y sostener un nivel competitivo frenrte a Europa, el enorme
mercado que significa una América Latina sin fronteras para su capital
financiero.

El sofisma de progreso constituye la estrategia principal de la
Banca Internacional y de los EE.UU., para imponer el ALCA. Exceptuando las
fuertes críticas del gobierno cubano y las objeciones del gobierno
venezolano, los demás Estados de Latinoamérica, asumiendo rol de vasallos,
han aplaudido la propuesta del ALCA.

El rechazo internacional contra la agudización de la guerra en Colombia
mediante la intervención yanqui y su Plan Colombia, y la pretendida
extensión geostratégica del imperialismo mediante la Iniciativa Regional
Andina, estrategias hermanas del ALCA, debe convertirse en el componente
unificador de la lucha política de los pueblos oprimidos y explotados de
América Latina.

Oponernos al Plan Colombia, al ALCA y a la Iniciativa Regional Andina, es
oponernos contra la globalización hegemónica y militarista del capitalismo
neoliberal.

Antes de terminar mi exposición, deseo fijar varias consideraciones en torno
a la realidad de Colombia y la lucha por los derechos humanos, que quizá
también contribuyan a entender lo que pasa aquí en Europa:

El grave conflicto social y armado que padecemos, tiene profundas raíces en
la sistemática violación de los derechos humanos a lo largo de nuestra
historia. Pero la violación a los ddhh, y las desigualdades sociales no son
un mal endémico de Colombia, lo son del sistema político y económico que
predomina en el mundo... El capitalismo.

Sufrimos en nuestros días, una convergencia no declarada entre capitalismo
neoliberal y democracia representativa (en Colombia entiéndase partidocracia
bipartidista). En estas condiciones no son posibles ni son viables los
derechos humanos, al contrario, son una contradicción para el sistema, luego
entonces, no es coherente un compromiso con la defensa de los derechos
humanos, sin que a la vez se asuma, una actitud de oposición contra el
sistema de dominación capitalista.

Para enfrentar el desafío que nos impone la globalización del capital, el
consumismo voraz, y la salvaje destrucción ambiental de nuestro planeta, es
necesario entender que hoy estamos frente a uno de los más fecundos momentos
para luchar por la vigencia y cumplimiento de los derechos humanos en forma
multicultural e indivisible.

Es necesario buscar caminos de unidad y articular en lo posible, todas las
luchas de los pueblos por su soberanía, respeto a la cultura, la identidad,
la democracia verdadera y la liberación nacional. Hay que globalizar la
esperanza y los sueños por un mundo mejor.


LAM
AGAPE INTERNATIONAL POLITICAL CAMP
Prali (TO) - Italia
Agosto 19 al 26 de 2001





[1] El expositor es defensor de derechos humanos e investigador de la
cuestión agraria en Colombia. Trabaja con la Federación Nacional Sindical
Agropecuaria - FENSUAGRO, y con la Coordinadora Nacional Campesina de
Cultivadores de Coca y Amapola - COCCA.
[2] Area de Libre Comercio de las Américas
[3] Este párrafo y buena parte del texto contienen apartes de una
conferencia de Luis Alberto Matta, leída en el Foro Derechos Humanos y
Derecho Internacional Humanitario, actualidad y desafíos en Colombia,
organizado por la Fundación Universitaria Católica Lumen Gentium, en la
ciudad de Cali, el 27 de Mayo del 2000.
[4] Según datos publicados por el Consejo Nacional Campesino -CNC-, por la
Central Unitaria de Trabajadores -CUT- y por diversos organismos populares
para la defensa de los derechos humanos, se afirma que a partir del final
de la década de los ochenta, cuando Colombia es encaminada por Virgilio
Barco y posteriormente por Cesar Gaviria Trujillo hacia la neoliberalización
de su economía y su política, la importación de alimentos se ha elevado a un
700%, lo que hoy representa unos 8 millones de toneladas anuales de
productos, antes cultivados por nuestros labriegos, afectando gravemente la
economía campesina y nuestra soberanía alimentaria. A la vez ha sobrevenido
hasta nuestros días una impresionante ola de privatizaciones, ha crecido
desmesuradamente el desempleo y la pobreza, y han perdido la vida en
asesinatos selectivos centenares de lideres populares que hacían oposición
al régimen. Nota del Expositor.
[5] Colombia padece en pleno siglo XXI el dominio de un régimen
caracterizadamente feudal, en relación con la exagerada concentración de
tierra en pocas manos. El 80% de las mejores tierras han sido usurpadas por
el 1.5% de propietarios. FENSUAGRO - Federación Nacional Sindical
Agropecuaria, boletín publicado en Noviembre de 1999.
[6] Ciudad del suroccidente colombiano, ubicada a unos 380 Km. de la capital
Bogotá.
[7] Ciudad colombiana, situada al nororiente del país en la frontera con la
república bolivariana de Venezuela.

 

Gentileza de : Claudia Camba [ auer@red42.com.ar ]

  

 

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