—Es sin duda la más popular, pero hay muchas, entre las que componen su ingente catálogo, muy interesantes. Esta obra partió de un reto de sus amigos el guitarrista Sainz de la Maza y el diplomático, el Marqués de Bolarque, animándole a escribir un concierto para guitarra y orquesta, combinación insólita hasta entonces en 1939. Le inspiraron los paseos por los jardines del Palacio de Aranjuez que hacía con su esposa en el período de su luna de miel y su interés por la historia del siglo XVIII. —A lo largo de su longeva vida él mereció altos honores académicos y sociales, entre ellos la Orden Félix Varela de Primer Grado que otorga el Gobierno y el pueblo cubanos. ¿Cómo su padre recibió este homenaje venido desde una lejana Isla? —Con inmenso halago y agradecimiento, pues era consciente del honor que suponía. Yo misma recibí la condecoración de manos del Ministro de Cultura en medio de una inmensa ovación. —Siendo su padre invidente desde niño, ¿qué inquietudes se le agolpaban para lograr la tan variada obra, no sólo escrita para guitarra, sino para piano, flauta, oboe, coro etc.? ¿Cómo llevaba ésta a la partitura y quién le ayudaba a transcribirla en papel pautado? —Muchas pueden ser las inquietudes que animan a un creador. En este caso se trata de un ciego luminoso, un hombre de inspiración natural. Una lectura, un paseo, un paisaje, un acontecimiento o amor podían servirle como fuente de inspiración. También los encargos que le hicieron los grandes intérpretes le animaban a escribir obras de muy difícil técnica que supusieran un verdadero reto para el solista. Es así en todos sus conciertos. Escribía la obra primero en sistema Braille, y después dictaba nota por nota a un copista, lo cual suponía una ardua tarea todavía más larga que la de componer la obra. Por último la corregía con su esposa. —¿Cuál de los músicos cubanos ha trabajado con más empeño la obra de su padre? —Es difícil contestar pues son muchísimos los músicos cubanos que conocen sus creaciones, dentro y fuera de Cuba. Creo que no hay un solo guitarrista cubano que no conozca sus obras. Asimismo sé que Leo Brouwer ha dirigido muchas de sus sinfonías. El magnífico pianista Jorge Luis Prats ha interpretado muchas veces su concierto para piano y otras obras. Otro ejemplo reciente es el de ayer, que asistí a una magnífica disertación sobre sus obras para piano en la Universidad de Winona, a cargo de una estudiante americana de la Universidad de Arizona, y su profesora y guía es cubana, Nohema Fernández.
|
||||