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José de San Martín, El Libertador - por Martín Cerri
Martín Cerri
José de San Martín, El Libertador
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"A mi regreso de Buenos Aires encontré que la generosidad
de V.E. había puesto a mi disposición una vajilla completa de plata. No estamos
en tiempo de tanto lujo. El Estado se halla en necesidades y es necesario que
todos contribuyamos a remediarlas. Por lo tanto, doy orden para que se ponga
a disposición de V.E. dicha vajilla, como, asimismo, el sueldo que se me tiene
asignado por ese Estado, con advertencia de que del que he tomado daré a V.E.
una noticia reservada de los fines en que ha sido empleado...". (José
de San Martín)
Para contribuir a consolidar la situación en Chile, desde un punto de vista
fundamentalmente político, San Martín y O'Higgins resolvieron declarar la Independencia,
cosa que se cumplió el 12 de febrero de 1818 en la plaza de Santiago, en el
aniversario de la batalla de Chacabuco, frente al entusiasmo de todo el pueblo.
Después de Chacabuco, la victoria en Maipo tuvo una importancia estratégica
para consolidar la Independencia de las Provincias Unidas y de Chile, y para
poder iniciar la Campaña al Perú, asegurando así la suerte de todo el continente.
Con Bolívar derrotando a los españoles en el norte y San Martín haciendo otro
tanto en el sur, los territorios dominados por los colonialistas se fueron reduciendo
cada vez más; sus recursos se fueron extinguiendo y su resistencia cada vez
fue más débil. La dominación española tenía sus días contados.
Maipu fue una batalla cruenta; los colonialistas dejaron 2000 cadáveres, y cerca
de 3000 fueron tomados prisioneros, entre ellos 190 jefes y oficiales, con todo
el armamento, el parque y cuatro banderas. El Ejército Libertador tuvo alrededor
de 1000 muertos. Iniciada a mediodía, la batalla culminó a las seis de la tarde.
Después de su histórica victoria en Maipo, el Libertador escribió en carta al
gobierno de Buenos Aires lo siguiente:
"Nada existe del ejército enemigo. El que no ha sido muerto es
prisionero. Artillería, ciento sesenta oficiales, todos sus generales, excepto
Osorio, están en nuestro poder. Yo espero que a este último me lo traigan hoy...
En una palabra: ya no hay enemigos en Chile. Dios guarde a V.E. muchos años.
Cuartel general en el campo de Maipo". (José de San Martín).
Al frente de los gauchos salteños, Martín Miguel de Güemes había cumplido la
importantísima misión de "cubrirle las espaldas" al Ejército Libertador, impidiendo
que los colonialistas penetraran por el norte mientras aquél cruzaba la cordillera
y cumplía con la campaña en Chile. A él, San Martín escribió lo siguiente:
"Mi amigo amado: hemos triunfado completamente de los
godos, y hemos asegurado la libertad en Chile. Sé cuánto agradará a V. esta
noticia. Probablemente La Serna se retirará precipitadamente, y las Provincias
del Perú serán libres; vamos amigo a trabajar con tesón ya que la Causa de la
Patria va ganando terreno. Yo parto esta noche para Buenos Aires a objetos del
servicio; si en aquella o en cualquier distancia puedo serle útil, mande con
franqueza a su afectísimo paisano y amigo. Q. B. S. M. José de San
Martín".
Manuel Belgrano, el otro hombre en quien el Libertador había puesto su confianza,
le escribió desde Tucumán: "Al enemigo...no se le ocurrió por lo visto que aún existía
el general San Martín y que capaz de transmitir su heroísmo al último de sus
subalternos, haría prodigios aún con la espada...". (Manuel Belgrano).
El secretario de una comisión norteamericana en Chile, sr. Brackenridge, le
escribió al presidente de su país, Jaime Monroe, informándole acerca de José
de San Martín, y le dijo que "...la América del Sur tiene
también su Washington...La república independiente de la Plata y Chile, mediante
San Martín, con toda probabilidad, por este tiempo, ha dado libertad e independencia
a sus hermanos del Perú."
En 1819, habiendo finalizado totalmente su misión en Chile y ya en camino de
cumplir con la expedición al Perú, San Martín consideró oportuno dejar en claro
a nuestros hermanos chilenos que ponía formalmente en sus manos los destinos
del país, advirtiéndoles, inclusive, que el enemigo que deberían enfrentar de
ahí en más sería, no ya España, sino el grupo de ambiciosos que fomentaban la
división y la anarquía:
"Individuos del Ejército de Chile: el General que ha
tenido el honor de mandaros, y de contribuir a la formación de vuestros cuerpos,
se despide de vosotros reconocido a la honorable comportación que habéis observado;
vuestra Patria queda a vuestro cuidado, sostenida con la honradez que habéis
manifestado; no son sólo los españoles los que hay que batir. Los ambiciosos
y díscolos no son mejores enemigos; sostened el orden: con él afianzaréis la
libertad, independencia y felicidad del hermoso Chile". (José de
San Martín).
El escritor cubano José A. Benitez, en su libro "El pensamiento revolucionario
de los hombres de Nuestra América", expresó lo siguiente: "Chacabuco
y Maipo, ciertamente, fueron dos batallas de la Independencia llamadas a representar
un papel primordial en la Historia de América del sur por la significación que
tuvieron en el mapa político del continente y en los acontecimientos que se
desarrollaron posteriormente
...El mérito militar de la batalla
de Chacabuco ha sido reconocido por todos, pero la acción también obedecía a
un plan político de San Martín relacionado con los destinos del continente.
La batalla de Chacabuco, en el contexto de ese plan, no solamente aseguró la
revolución argentina, sino que ganó una base de operaciones en el mar y en las
costas del Pacífico contra el colonialismo español...la victoria de Maipo abrió
las puertas a los soldados de la independencia suramericana para que pasaran
a combatir en Perú, corazón de la dominación colonialista, y el 9 de julio de
1821 San Martín hacía su entrada en la capital peruana, y el 28 del mismo mes
proclamó la Independencia de Perú y con ella vio cumplida la Empresa que se
había trazado al cruzar Los Andes...si no se hubieran dado las batallas de Junín,
Chacabuco y Maipo, no habría sido posible la de Ayacucho."
(José A. Benitez).
San Martín: la Independencia del Perú:
La Campaña de Chile había sido terminada con éxito, y ahora faltaba marchar
al Perú y encontrarse con Bolívar, que venía desde el norte, y concluir la gran
obra revolucionaria. Pero en tales circunstancias, llegó la noticia de que Fernando
VII, rey de España, preparaba una poderosa expedición que a principios de 1820
debería zarpar para Nuestra América con el pretendido objetivo de reconquistarla
para la corona. Fue entonces que el Libertador dio su famosa "Orden General"
del 27 de julio de 1819, para su tropa y para todo nuestro pueblo, a fin de
impulsarlos, una vez más, a continuar la lucha revolucionaria hasta las ultimas
consecuencias:
"Orden General
del 27 de Julio de 1819".
Compañeros del exercito de los Andes.
...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos: sino tenemos dinero,
carne y un pedazo de tabaco no nos tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios,
nos vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres, y sino andaremos
en pelota como nuestros paisanos los indios: seamos libres, y lo demás no importa
nada...
...Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente
libre, ó morir con ellas como hombres de corage. Jose
deSan Martín.
Mientras San Martín llevaba adelante la lucha por la Independencia, el gobierno
de Buenos Aires, que no representaba los intereses de todas las provincias del
Río de la Plata sino exclusivamente los de la elite porteña, se preocupaba más
por imponerse en la insensata guerra civil que había promovido que en otra cosa.
Así, pretendió poner al Ejército del Norte a pelear por sus intereses de clase
contra los caudillos provinciales. Recordemos que ése era el ejército que San
Martín había reorganizado y que había dejado para que le cubriera las espaldas
contra los españoles que pretendían penetrar desde el Alto Perú.
Afortunadamente, la conciencia de los oficiales que estaban a cargo de esas
tropas hizo que no se dejaran utilizar para una cuestión tan indigna y antipatriótica,
que además ponía en peligro el proyecto del Libertador. El 5 de enero de 1820,
se sublevó en Arequito el Ejército del Norte, precisamente para poder continuar
la Guerra de la Independencia.
Ante semejante acontecimiento, y sin más recursos para su alocada guerra civil,
el gobierno de Buenos Aires pretendió que el Libertador dejara de lado la guerra
contra los colonialistas y que, en lugar de marchar al Perú, regresara a Buenos
Aires para pelear contra nuestras provincias.
Frente a esto, San Martín optó por renunciar al mando de sus tropas, pues ni
siquiera podía caber en su cabeza la más mínima idea de utilizar al Ejército
de Los Andes contra nuestro propio pueblo. Pero sus oficiales, formados según
los valores de patriotismo y de honor que el Libertador les había inculcado,
rechazaron su renuncia por medio de la solemne "Acta de Rancagua", en la cual
expresaron, entre otras cosas, que "...la autoridad que
recibió el señor general para hacer la guerra a los españoles y adelantar la
felicidad del país, no ha caducado, ni puede caducar, porque su origen, que
es la salud del pueblo, es inmutable".
San Martín, entonces, decidió mantener el mando del Ejército de Los Andes y
desconoció la autoridad del gobierno de Buenos Aires, ubicándose a sí mismo
y a sus tropas bajo la autoridad exclusiva del gobierno de Chile.
La conciencia americana de San Martín permitía que concibiera la posibilidad
de poner a su ejército (como efectivamente lo hizo) ya fuera bajo la bandera
de las Provincias Unidas o bajo la bandera de Chile o de la del Perú indistintamente,
ya que para él, al fin y al cabo, eran todas regiones de una misma Patria.
"La bandera chilena cubría la expedición con su responsabilidad
nacional, según lo convenido con San Martín, concurriendo Chile a ella con la
decisión de su pueblo y su gobierno, con su escuadra, su tesoro y con la recluta
con que había engrosado los dos cuerpos aliados que formaban el Ejército Unido...".
(Busaniche).
El Gran Capitán debió emprender la Campaña al Perú no sólo con muy escasos recursos
y con débil apoyo político, sino también con una salud absolutamente quebrantada,
hecho que había estado presente a lo largo de toda la Campaña de Chile y que,
en esos momentos, se había agravado.
Recordemos alguno de los informes de su médico personal, en los cuales se decían
cosas como las siguientes: "La Patria, el honor y la
gratitud me obligan a dar a V. S. la pesadumbre que yo siento. Preveo muy próximo
el término de la vida apreciable de nuestro general si no se le distrae de las
atenciones que diariamente le agitan; a lo menos por el tiempo necesario de
reparar su salud, atacada ya en el sistema nervioso.
El cerebro viciado con las continuas imaginaciones y trabajos, comunica la irritabilidad
al pulmón, al estomago y a la tecla vertebral, de donde resulta la hematoe,
o sangre por la boca, que si antes fue traumática o por causa externa, hoy es
por lo que ya he dicho.
El mismo origen tienen sus dispexias y vómitos, sus desvelos e insomnios, y
la consunción a que va reduciéndose su máquina. Empeñe Ud. toda su amistad para
que este hombre todo del público se acuerde alguna vez de sí mismo, y que dejando
de existir no servirá a esa Patria para quien debía vivir, y por quien él se
hace inaccesible al consejo. Yo me enternezco...". (Dr. Juan Isidoro
Zapata, en carta a Guido).
Mientras contemplaban los barcos que se habrían de utilizar para la Campaña
del Perú, O'Higgins le dijo a San Martín lo siguiente:
"Tres barquitos dieron a los reyes de España la posesión del nuevo mundo; cuatro
o seis se la van a quitar...".
"El día más celebre de nuestra revolución está próximo
a amanecer; voy a dar la última respuesta a mis calumniadores: yo no puedo hacer
más que comprometer mi existencia y mi honor por la causa de mi país, y sea
cual fuere mi suerte en la campaña del Perú, probaré que desde que volví a mi
Patria, su Independencia ha sido el único pensamiento que me ha ocupado, y no
he tenido más ambición que la de merecer el odio de los ingratos y el aprecio
de los hombres virtuosos...". (José de San Martín).
El 20 de agosto de 1820, zarpó la Expedición Libertadora al Perú. El ejército
tenía 2300 soldados del Río de la Plata, 1800 de Chile, con 35 piezas de artillería
y repuesto de armamento y vestuario para equipar 15000 hombres. La escuadra
naval estaba compuesta por ocho buques de guerra y 16 transportes, con los cuales
se trasladaron desde las costas de Chile hasta las del Perú. Las Heras era Jefe
del Estado Mayor; Arenales, Luzurriaga y Guido estaban entre los generales;
Alvarez Jonte iba como auditor y Monteagudo de secretario. El General San Martín,
su máximo conductor.
Como lo había dicho el propio Libertador, su plan desde un comienzo había sido
organizar un fuerte ejército que cruzara Los Andes, que libertara a Chile y
que de ahí marchara al Perú. Mientras tanto, el Ejército del Norte haría una
guerra defensiva, hasta el momento indicado: al llegar San Martín al Perú, entre
los dos ejércitos actuarían como tenaza sobre las tropas colonialistas, exterminándolas.
"Póngase usted a la cabeza del ejército que debe operar
sobre Salta; la campaña es segura si usted me apoya los movimientos que 4500
hombres van a hacer por intermedios al mando de Alvarado; éste lleva órdenes
de ponerse a las de usted. Yo espero un buen resultado; la Patria lo exige y
el honor de nuestras provincias lo reclama. No hay que perder un momento, mi
amigo; la cooperación de esa división va a decidir enteramente la suerte de
la América del Sud...". (José de San Martín).
Pero el Libertador fue traicionado; las tropas, oficiales y jefes del Río de
la Plata tuvieron que permanecer inmóviles, sin avanzar, por falta de armas
y dinero. Esos recursos Buenos Aires los tenía, y de sobra, pero no los envió.
El 8 de septiembre de 1820, el "Ejército Unido" desembarcó en la Bahía de Paracas,
Perú. El mismo día el Gran Capitán de Los Andes se dirigió en solemne proclama
a sus tropas diciendo lo siguiente:
"Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino, y sólo falta que el valor consuma
la obra de la constancia. Acordáos que vuestro gran deber es consolar a la América,
y que no venís a hacer conquista sino a libertar pueblos...". (José
de San Martín).
El 12 de julio de 1821, San Martín entró en Lima ante la apresurada huida del
virrey español.
Según relató Basilio Hall, testigo de aquellos gloriosos momentos,
"...el 28 de julio se celebraron ceremonias para proclamar y jurar la Independencia
del Perú. Las tropas formaron en la plaza mayor, en cuyo centro se levantaba
un alto tablado, desde donde San Martín, acompañado por el gobernador de la
ciudad y algunos de los habitantes principales, desplegó por primera vez la
bandera independiente del Perú, proclamando al mismo tiempo con voz esforzada:
'...¡desde este momento el Perú es libre e independiente por voluntad general
del pueblo y por la justicia de su causa, que Dios defiende!'. Luego, batiendo
la bandera, exclamó: '!Viva la Patria! !Viva la Independencia! !Viva la Libertad!',
palabras que fueron recogidas y repetidas por la multitud que llenaba la plaza
y las calles adyacentes, mientras repicaban todas las campanas y se hacían salvas
de artillería entre aclamaciones tales como nunca se habían oído en Lima...".
(Basilio Hall).
San Martín recibió una carta de Sucre, futuro Gran Mariscal de Ayacucho, en
la cual éste le manifestó lo siguiente:
"Mi alma ha gozado el placer más puro y singular cuando he recibido la noticia
fausta del acontecimiento más brillante con que V.E. va a terminar o ha terminado
ya la Campaña del Perú guiado siempre por la filantropía que lo distingue.
Los rasgos célebres de la vida militar de V.E. se disputan en preferencia; pero
es cierto que la realización de un inmenso país y de una sección inmensa de
América sin comprometer una batalla, es el resultado de los cálculos más bien
combinados y de la dirección más rara en una campaña en que el arte y la prudencia
han suplido al poder colosal del enemigo.
Nada debe V.E. a la fortuna y puede decirse más bien que la fortuna le ha seguido
sus pasos.
La división de mi mando presenta a V.E. las felicitaciones más respetuosas y
fraternales. Sírvase V.E. aceptarlas...". (Antonio José de Sucre).
"La Causa del continente americano me lleva a realizar un designio
que halaga mis más caras esperanzas. Voy a encontrar en Guayaquil al Libertador
de Colombia; la enérgica terminación de la guerra que sostenemos, y la estabilidad
del destino a que con rapidez se acerca la América, hacen nuestra entrevista
necesaria, ya que el orden de los acontecimientos nos ha constituido en alto
grado responsables ("árbitros") del éxito de esta sublime empresa...".
(José de San Martín, en carta a Simón Bolívar).
"En los últimos años he estado ocupado constantemente
contra los españoles, o mejor dicho, a favor de este país, porque yo no estoy
contra nadie que no sea hostil a la causa de la Independencia. Todo mi deseo
es que este país se maneje por sí mismo y solamente por sí mismo. En cuanto
a la manera de gobernarse, no me concierne en absoluto. Me propongo únicamente
dar al pueblo los medios de declararse independiente y de establecer una forma
de gobierno adecuada; y verificado esto consideraré hecho bastante y me alejaré...".
(José de San Martín).
"Nada presenta la Historia comparable con el paso de Los Andes por el General
San Martín; no merece ciertamente entrar en paralelo el de los Alpes y el de
San Bernardo por Aníbal y Napoleón...". (Ricardo Gual y Jean).
"Se carteaba mucho San Martín con los hombres políticos:
"existir es lo primero, y después ver cómo existimos"...vio, sólo, el peligro
que corría la libertad de cada nación de América mientras no fuesen todas ellas
libres: !mientras haya en América una nación esclava, la libertad de todas las
demás corre peligro! ...nunca en las cosas de América pensó en un pueblo u otro
como entes diversos, sino que, en el fuego de su pasión, no veía en el continente
más que una sola nación americana...". (José Martí).
Conferencia de Guayaquil y culminación de la Guerra de Independencia:
26 de Julio de 1822: el encuentro de los Libertadores.
Desde un punto de vista militar, la Guerra de Independencia concluyó con la
batalla de Ayacucho, bajo la conducción del Mariscal Sucre; desde un punto de
vista estrictamente político, finalizó con la reunión en Guayaquil entre los
Libertadores José de San Martín y Simón Bolívar. Como dijeron ellos mismos,
a esa altura de las circunstancias, la Independencia de Nuestra América era
ya irreversible.
En carta a Bolívar, San Martín manifestó que "Sean cuales
fueren las vicisitudes de la presente guerra, la independencia de la América
es irrevocable...". (José de San Martín).
Muchas batallas se habían ganado y poco quedaba del poderío español en el continente;
pero además de esto, la propia conciencia nacional de los criollos se había
desarrollado a tal punto que ya no concebían la posibilidad de volver a la condición
de vasallos del rey de España.
Tanto las condiciones concretas como la propia mentalidad de la gente habían
evolucionado de tal modo de hacer francamente imposible un retorno a la situación
de esclavitud que se había vivido hasta entonces. De esto tenían clara conciencia
San Martín y Bolívar, y por eso se reunieron en Guayaquil para establecer, de
común acuerdo, la mejor forma de concluir la Guerra de Independencia.
Ambos habían desarrollado un extraordinario esfuerzo para darle la victoria
a la Patria; los dos encontraron ante sí una dura realidad de anarquía, desorganización,
falta de moral, ausencia de recursos humanos y materiales apropiados, y sin
embargo organizaron grandiosos Ejércitos Libertadores de la nada, como si los
hubieran dibujado en un papel y después, por simple arte de magia, les hubieran
dado vida.
Instruyeron a cada uno de sus hombres, uno por uno, pacientemente, con dedicación,
inculcándoles determinados valores y principios, y predicando en todo momento
con su propio ejemplo.
Tanto San Martín como Bolívar estaban obsesionados por conquistar el objetivo
de la Independencia y la organización en Estado nacional de Nuestra América.
Y fue justamente el hecho de estar como "poseídos" lo que les permitió concentrarse
en las cuestiones verdaderamente importantes, dejando de lado las pequeñeces.
Trataron de impedir la lucha entre las distintas facciones de americanos, y
cuando no pudieron lograrlo, directamente ignoraron esos conflictos, tomando
distancia, y se dedicaron a su Empresa Libertadora. No sólo no contaron en muchas
oportunidades con el apoyo de las elites que se habían entronizado en el gobierno,
sino que inclusive tuvieron que esmerarse para no caer en sus conspiraciones.
Así, vemos que los Libertadores tuvieron que enfrentar no sólo a los españoles,
sino a la naciente oligarquía local, que en esos momentos los enfrentaron y
conspiraron contra ellos, inclusive con atentados a sus propias vidas, y después
de muertos los "reivindicaron" hipócritamente como fundamento de las distintas
repúblicas en que dividieron a Nuestra América. A ellos, Simón Bolívar reclamó:
"No seáis los asesinos de la Patria..." (Simón
Bolívar).
Bolívar enfrentó la rebelión de La Mar, la rebelión de Córdoba, y las conspiraciones
de Páez, entre otras. Algunos grupos de estudiantes y de hombres de letras se
reunieron en secreto y comenzaron a planear el asesinato del Libertador.
Florentino González, uno de los cabecillas de la conspiración contra el hombre
que les acababa de dar la libertad, contó por sí mismo acerca del asunto: "Ya
no podíamos lisonjearnos de triunfar sino con la impresión del terror que causase
en nuestros contrarios la noticia de la muerte de Bolívar, y ella fue resuelta
en aquel momento supremo..." (Florentino González).
Una noche penetró en el palacio donde dormía el Libertador un grupo numeroso
de conspiradores armados con la intención de cumplir con su eliminación física;
Bolívar salvó la vida gracias al oportuno aviso de su amante.
Por su parte, San Martín regresó de la entrevista de Guayaquil a Mendoza donde
tenía intención de permanecer alejado de la vida pública, dedicándose exclusivamente
a su hija y a su chacra, pero ni siquiera esto le permitieron hacer. Bernardino
Rivadavia y sus secuaces, que expresaban los intereses de la naciente oligarquía
porteña vinculada a Inglaterra, se ocuparon de conspirar en su contra hasta
hacerlo abandonar el continente rumbo a Europa.
"Rivadavia me ha hecho una guerra de zapa, sin otro objeto que minar mi opinión,
suponiendo que mi viaje a Europa no ha tenido otro objeto que establecer gobiernos
en América; yo he despreciado tanto sus groseras imposturas, como su innoble
persona...en todo el tiempo de la administración de Rivadavia mi correspondencia
ha sufrido una revista inquisitorial, la más completa, yo he mirado esta conducta
con el desprecio que se merecen sus autores...confinado en mi hacienda de Mendoza
y sin mas relación que con algunos vecinos que venían a visitarme, nada de esto
bastó para tranquilizar a la desconfiada administración de Buenos Aires; ella
me cercó de espías, mi correspondencia era abierta con grosería, los papeles
ministeriales hablaban de un plan para formar un gobierno militar, bajo la dirección
de un soldado afortunado, etc., etc., en fin, yo vi claramente que no era posible
vivir tranquilo en mi Patria, ínterin la exaltación de las pasiones no se calmase,
y esta certidumbre fue la que me decidió pasar a Europa...entonces se me manifestó
una verdad que no había previsto, a saber: que yo había figurado demasiado en
la revolución para que me dejasen vivir en tranquilidad...". (José
de San Martín).
Finalmente, el hombre que nos había dado la libertad fue obligado a dejar nuestra
tierra; marchó a Europa, desde donde no se cansó de repetir que
"... prefiero la vida que seguía en mi chacra a todas las ventajas que presenta
la culta Europa...". (José de San Martín).
Desde el viejo continente, su mirada y su pensamiento se fijaban permanentemente
en nuestra Patria: "A pesar de haberme tratado como un
ecce homo y saludado con los honorables dictados de ladrón y tirano, la amo
y me intereso mucho, mucho, en su felicidad...". (José de San Martín).
Entre los papeles del cónsul norteamericano en Río de Janeiro, Henry Hill, se
encontraron constancias de la existencia de una conspiración para asesinar a
San Martín, en la cual estaba implicado el cónsul norteamericano en Buenos Aires.
En estos papeles está escrito que "Una conspiración ha sido detectada para asesinar
a Pueyrredón y al General San Martín, con otros jefes, en la cual sospechas
han recaído sobre el Sr. Halsey, su ultimo cónsul... La conspiración iba a ser
realizada en lo que concierne al General San Martín, y los últimos arreglos
de los conspiradores serían llevados a cabo en Chile con la ayuda de cierto
número de franceses, que habían partido con ese propósito, al mismo tiempo que
el Sr. Halsey...".
El 26 de julio de 1822, llegó San Martín a Guayaquil y ese mismo día, por la
tarde, se entrevistaron los dos Libertadores. Mucho se ha dicho sobre los temas
tratados en esa conferencia, pero son todas especulaciones pues la misma se
efectuó a puertas cerradas, sin testigos, con la sola presencia de Bolívar y
de San Martín. Lo que sí resulta posible analizar es la importancia política
de semejante encuentro, que es justamente sobre lo que han querido mantenernos
distraídos.
Dicen que el tero es un animal que, para proteger el nido, intenta desconcertar
a quienes lo amenazan, chillando en un lugar distante del mismo. Y acá pasa
igual; mientras nos tienen discutiendo acerca de lo que se habló en Guayaquil
(sobre lo cual no existen constancias verídicas), consiguen que no pensemos
en la verdadera importancia de fondo de dicho evento, en lo realmente trascendental.
La importancia política de la Conferencia de Guayaquil está en que constituye
todo un símbolo para nosotros los americanos, que nos muestra cómo los Libertadores
trabajaron en forma coordinada por la Emancipación y cómo tuvieron que ponerse
de acuerdo hasta en el último momento para concluir su genial obra.
Guayaquil es todo un símbolo que, indudablemente, nos señala el camino que debemos
seguir: se trata de ponernos de acuerdo, de coordinar la acción para vencer;
de lograr la necesaria unidad de concepción y unidad de acción para poder enfrentar
a nuestro enemigo con posibilidad real de vencer. Porque como dijo San Martín,
"... divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos...";
y como dijo Bolívar, "... una debe ser la Patria de todos los americanos...".
Junín y Ayacucho: el final de la guerra:
Existen muchas teorías, como ya dijimos, acerca de lo hablado en la Conferencia
de Guayaquil entre nuestros Libertadores. Indudablemente, aquello tuvo una importancia
determinante en cuanto a lo que ocurrió después, en la ultima etapa de la Campaña
Emancipadora. Lo que rescatamos de Guayaquil es que los dos grandes de América
se pusieron de acuerdo en que, dado los triunfos obtenidos hasta entonces por
ambos, nuestra Independencia era irreversible, y que sólo faltaba darle el golpe
final a las fuerzas realistas que se habían refugiado en las sierras del Perú.
Si bien éstas eran considerables en número, lo importante desde el punto de
vista estratégico es que estaban aisladas totalmente, encerradas entre territorios
que, en todas direcciones, estaban ocupados por las fuerzas patriotas, y sin
posibilidad de recibir refuerzos a tiempo de la lejana España. En realidad,
los Ejércitos Libertadores dominaban la totalidad del continente, y era absolutamente
imposible, por más que las españolas fueran tropas numerosas, que pudieran lograr
algo.
Los Libertadores ya tenían conciencia de su triunfo militar, lo que les daba
el convencimiento político acerca de lo irreversible de nuestra Independencia.
Después de la conferencia, San Martín renunció al mando de sus tropas y emprendió
el regreso al Río de la Plata. Dejó en el Perú un considerable ejército de 8000
hombres bajo el mando del General Alvarado y de Arenales. A ellos encargó la
tarea de colaborar con las tropas de Bolívar para finalizar la guerra; ambas
fuerzas, actuando en conjunto sobre los últimos realistas que quedaban en Nuestra
América, alcanzaron la victoria final.
Bolívar se dedicó entonces a preparar a sus tropas para el último asalto; fundamentalmente,
solicitó refuerzos humanos y materiales al gobierno de Colombia.
El 6 de agosto de 1824, Bolívar se impuso a las fuerzas del español Canterac
en una aplastante victoria en la planicie de Junín. El ejército patriota estaba
compuesto por fuerzas americanas de Colombia, de Perú (a las órdenes de La Mar),
de Chile (bajo el mando de Pedro Juan Luna), y del Río de la Plata (conducidas
por Necochea).
Aquí está nuevamente la lección de la Historia, la más importante de todas:
la Independencia de Nuestra América sobrevino como consecuencia de la acción
conjunta y de los esfuerzos sumados de todos los americanos, porque de una forma
o de otra, en mayor o menor medida, todos aportaron a la Causa. No hubiera sido
posible de no ser así, y no será posible conquistar la segunda y definitiva
Independencia de Nuestra América sino aprendemos esa lección y nos decidimos
a luchar todos juntos, unidos frente al mismo enemigo.
Después de la batalla de Junín, Bolívar anunció su marcha para la costa del
Pacífico y designó a Antonio José de Sucre como Comandante Supremo de las fuerzas
patriotas en la sierra. Si bien las instrucciones de Bolívar le indicaban a
Sucre esperar para enfrentarse a las tropas enemigas, éste no tuvo paciencia
para ello: "La guerra defensiva es tan desagradable y
a mi entender tan desventajosa que confieso que me atormenta estar sujeto a
oponer cuando más una tranquila presencia a las maniobras del enemigo, y mucho
más con nuestras tropas que son de obrar a la ofensiva..." (Sucre
en carta a Bolívar).
El 9 de diciembre de 1824, el Mariscal Antonio José de Sucre presentó batalla
a las últimas fuerzas colonialistas españolas en la planicie de Ayacucho. En
esa oportunidad, confió el ala izquierda a La Mar y el ala derecha a Córdoba;
además, había una pequeña reserva que estaba también a las órdenes de La Mar.
El combate fue duro y cruento; en un momento, el enemigo pareció asegurarse
el triunfo al lograr quebrar el ala izquierda del Ejército Libertador. En momentos
en que Sucre recibía el pedido de socorro de esa parte de su ejército, el Mariscal
Monet inició su ataque contra las tropas de Córdoba, en el ala derecha. Entonces
ordenó a La Mar usar su pequeña reserva en el ala izquierda y resistir hasta
morir. A partir de ahí, José María Córdoba, con ejemplar sangre fría y sin vacilar
un sólo instante ante la ofensiva enemiga que le caía encima, ordenó a su tropa
que esperara inmóvil al enemigo, y en el momento oportuno, con el temple que
caracteriza a los héroes de máxima jerarquía, dio su histórica orden: "¡Soldados!
¡Armas a discreción, paso de vencedores!".
La victoria patriota fue total y completa; en su informe, Sucre manifestó: "Se
hallan, en este momento, en poder del Ejército Libertador, los tenientes generales
Laserna y Canterac; los mariscales Valdés, Carratala, Monet y González; los
generales de brigada Bedoya, Ferraz, Camba, Somocursio, Cancho, Atero, Landazuri,
Vigil, Pardo y Tur, con dieciséis coroneles, setenta y ocho tenientes coroneles,
cuatrocientos ochenta y cuatro mayores y oficiales, más de dos mil prisioneros
de tropas, inmensa cantidad de fusiles; todas las cajas de guerra, municiones
y cuantos elementos militares poseían; mil ochocientos cadáveres y setecientos
heridos han sido en la batalla de Ayacucho las víctimas de la obstinación y
de la tenacidad española. Nuestra pérdida es de trescientos diez muertos y seiscientos
nueve heridos..." (Antonio José de Sucre).
Tal cual lo expresó José A. Benítez, "Ayacucho no solamente
representó la Independencia de Perú, cimentada por San Martín, sino que fue
el punto culminante de la epopeya de los pueblos de América del Sur y expulsó,
definitivamente, el colonialismo de una región sobre la cual había ejercido
su poder durante tres siglos...". (José A. Benítez).
La lucha por la Emancipación de Nuestra América fue llevada adelante por una
generación de compatriotas bajo la conducción de Francisco Miranda (el Precursor
de nuestra Independencia) y de Simón Bolívar y José de San Martín (los Libertadores).
Para ello se utilizaron recursos humanos y materiales de todos los rincones
del continente: hombres de los actuales Argentina, Uruguay, Bolivia, Chile,
Perú, Venezuela, Colombia, Brasil, Panamá, Cuba y Ecuador, fueron los soldados
que nutrieron las filas de los Ejércitos Libertadores.
Los recursos materiales, en dinero, armas, alimentos, vestuarios, animales de
carga y de transporte, etc., fueron provistos por los Cabildos y las Juntas
de todas las gobernaciones.
La bandera bajo la cual actuaron los Libertadores fueron indistintamente la
de una región o de otra, sin prestar mayor atención a ello. Cuando San Martín
efectuó el cruce de la cordillera con el "Ejército de los Andes", utilizó la
bandera de las "Provincias Unidas"; cuando llevó adelante la campaña para la
libertad del Perú, con el "Ejército Unido", lo hizo bajo la bandera de Chile.
Estos datos demuestran en forma indiscutible que nuestra Primera Campaña Emancipadora
fue una empresa americana en su totalidad y en el más amplio sentido de la palabra.
"Ante la causa de América esta mi honor; yo no tendré
patria sin él y no puedo sacrificar un don tan precioso por cuanto existe en
la tierra." (José de San Martín).
"No hay respeto humano que deba guardarse cuando se trata
de la seguridad y libertad americanas." (José de San Martín).
"Querer contener con la bayoneta el torrente de la opinión
universal de la América es como intentar la esclavitud de la naturaleza."
(José de San Martín).
"El placer de un triunfo para un guerrero que pelea por la felicidad
de los pueblos sólo lo produce la persuasión de ser un medio para que gocen
de sus derechos; mas hasta afirmar la libertad del país, sus deseos no se hallan
cumplidos, porque la fortuna varía de la guerra muda con frecuencia el aspecto
de las más encantadoras perspectivas. Un encadenamiento prodigioso de sucesos
ha hecho ya indudable la suerte futura de América, y la del pueblo peruano sólo
necesitaba de la representación nacional para fijar su permanencia y felicidad.
Mi gloria es colmada, cuando veo instalado el congreso constituyente; en él
dimito el mando supremo que la absoluta necesidad me hizo tomar contra los sentimientos
de mi corazón, y lo he ejercido con tanta repugnancia que sólo la memoria de
haberlo obtenido acibarará, si puedo decirlo así, los momentos del gozo más
satisfactorio; si mis servicios por la causa de América merecen consideraciones
al congreso, yo los represento hoy, sólo con el objeto de que no haya un solo
sufragante que opine sobre mi continuación al frente del gobierno. Por lo demás,
la voz del poder soberano de la nación será siempre oída con respeto por San
Martín, como ciudadano del Perú, y obedecida y hecha obedecer por el mismo,
como el primer soldado de la libertad." (José de San Martín).
"Sean cuales fueren las vicisitudes de la presente guerra,
la independencia de la América es irrevocable." (José de San Martín).
"El amor a la Patria me hace echar sobre mí toda responsabilidad
si contribuyo a salvarla, aunque después me ahorquen." (José de San
Martín).
"Ayacucho... es el triunfo intelectual de todos los grandes capitanes,
desde la fantasía fascinadora que se llamó Bolívar hasta la conciencia impasible
que se llamó San Martín." (Eugenio María de Hostos).
"En todo el siglo XX, América no ha dado otro Bolívar
ni otro San Martín, hombres que trepaban a las montañas para no ahogarse en
el egoísmo ni morirse de indiferencia. Para aquellos titanes, la libertad de
una nación no estaba garantizada si en las vecindades había todavía pueblos
esclavos."
(Juan José Arévalo).
"Los hombres dignos de Nuestra América debemos imitar a Bolívar,
Hidalgo y San Martín... si los gobiernos de las naciones que van a la cabeza
de Nuestra América estuvieran presididos por un Simón Bolívar, un Benito Juárez
o un San Martín, otro sería nuestro destino, porque ellos sabrían que cuando
la América Central estuviese dominada por los piratas rubios, seguirían su turno
México, Colombia, Venezuela, etc...". (Augusto Sandino).
"Libres se declaran los pueblos todos de América a la
vez.
Surge Bolívar, con su cohorte de astros... hablándoles a sus indios va el clérigo
de México. Con la lanza en la boca pasan la corriente desnuda los indios venezolanos.
Los rotos de Chile marchan juntos, brazo a brazo, con los cholos del Perú. Con
el gorro frigio del liberto van los negros cantando, detrás del estandarte azul.
De poncho y bota de potro, ondeando las bolas, van, a escape de triunfo, los
escuadrones gauchos. Cabalgan, suelto el cabello, los pehuenches resucitados,
voleando sobre la cabeza la chuza emplumada. Pintados de guerrear vienen tendidos
sobre el cuello los araucos, con la lanza de tacuarilla coronada de pluma de
colores; Y al alba, cuando la luz virgen se derrama por los despeñaderos, se
ve a San Martín, allá sobre la nieve, cresta del monte y corona de la Revolución,
que va, envuelto en su capa de batalla, cruzando los Andes." (José
Martí).
José de San Martín, El Libertador
Juan Manuel de Rosas y la Revolución Restauradora <JMR.htm>
Hipólito Yrigoyen y la Revolución Radical
<Hip.yri.htm> Hip.yri.htm>
Juan Domingo Perón y la Revolución Justicialista <JDP.htm>
Menem y la burguesía transnacional <CSM.htm>
Manifiesto Patriótico <Manifies.htm>
Diario de la Argentina en Guerra
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(*) Criollos - en nuestra acepción - es toda persona de bien que se sienta
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fluir por sus venas, como propia, la sangre de sus mujeres y hombres maravillosos,
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