José de San Martín, El Libertador - por Martín Cerri

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Martín Cerri

José de San Martín, El Libertador

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"A mi regreso de Buenos Aires encontré que la generosidad de V.E. había puesto a mi disposición una vajilla completa de plata. No estamos en tiempo de tanto lujo. El Estado se halla en necesidades y es necesario que todos contribuyamos a remediarlas. Por lo tanto, doy orden para que se ponga a disposición de V.E. dicha vajilla, como, asimismo, el sueldo que se me tiene asignado por ese Estado, con advertencia de que del que he tomado daré a V.E. una noticia reservada de los fines en que ha sido empleado...". (José de San Martín)

Para contribuir a consolidar la situación en Chile, desde un punto de vista fundamentalmente político, San Martín y O'Higgins resolvieron declarar la Independencia, cosa que se cumplió el 12 de febrero de 1818 en la plaza de Santiago, en el aniversario de la batalla de Chacabuco, frente al entusiasmo de todo el pueblo.

Después de Chacabuco, la victoria en Maipo tuvo una importancia estratégica para consolidar la Independencia de las Provincias Unidas y de Chile, y para poder iniciar la Campaña al Perú, asegurando así la suerte de todo el continente.

Con Bolívar derrotando a los españoles en el norte y San Martín haciendo otro tanto en el sur, los territorios dominados por los colonialistas se fueron reduciendo cada vez más; sus recursos se fueron extinguiendo y su resistencia cada vez fue más débil. La dominación española tenía sus días contados.

Maipu fue una batalla cruenta; los colonialistas dejaron 2000 cadáveres, y cerca de 3000 fueron tomados prisioneros, entre ellos 190 jefes y oficiales, con todo el armamento, el parque y cuatro banderas. El Ejército Libertador tuvo alrededor de 1000 muertos. Iniciada a mediodía, la batalla culminó a las seis de la tarde.

Después de su histórica victoria en Maipo, el Libertador escribió en carta al gobierno de Buenos Aires lo siguiente:

"Nada existe del ejército enemigo. El que no ha sido muerto es prisionero. Artillería, ciento sesenta oficiales, todos sus generales, excepto Osorio, están en nuestro poder. Yo espero que a este último me lo traigan hoy... En una palabra: ya no hay enemigos en Chile. Dios guarde a V.E. muchos años. Cuartel general en el campo de Maipo". (José de San Martín).

Al frente de los gauchos salteños, Martín Miguel de Güemes había cumplido la importantísima misión de "cubrirle las espaldas" al Ejército Libertador, impidiendo que los colonialistas penetraran por el norte mientras aquél cruzaba la cordillera y cumplía con la campaña en Chile. A él, San Martín escribió lo siguiente:

"Mi amigo amado: hemos triunfado completamente de los godos, y hemos asegurado la libertad en Chile. Sé cuánto agradará a V. esta noticia. Probablemente La Serna se retirará precipitadamente, y las Provincias del Perú serán libres; vamos amigo a trabajar con tesón ya que la Causa de la Patria va ganando terreno. Yo parto esta noche para Buenos Aires a objetos del servicio; si en aquella o en cualquier distancia puedo serle útil, mande con franqueza a su afectísimo paisano y amigo. Q. B. S. M. José de San Martín".

Manuel Belgrano, el otro hombre en quien el Libertador había puesto su confianza, le escribió desde Tucumán: "Al enemigo...no se le ocurrió por lo visto que aún existía el general San Martín y que capaz de transmitir su heroísmo al último de sus subalternos, haría prodigios aún con la espada...". (Manuel Belgrano).

El secretario de una comisión norteamericana en Chile, sr. Brackenridge, le escribió al presidente de su país, Jaime Monroe, informándole acerca de José de San Martín, y le dijo que "...la América del Sur tiene también su Washington...La república independiente de la Plata y Chile, mediante San Martín, con toda probabilidad, por este tiempo, ha dado libertad e independencia a sus hermanos del Perú."

En 1819, habiendo finalizado totalmente su misión en Chile y ya en camino de cumplir con la expedición al Perú, San Martín consideró oportuno dejar en claro a nuestros hermanos chilenos que ponía formalmente en sus manos los destinos del país, advirtiéndoles, inclusive, que el enemigo que deberían enfrentar de ahí en más sería, no ya España, sino el grupo de ambiciosos que fomentaban la división y la anarquía:

"Individuos del Ejército de Chile: el General que ha tenido el honor de mandaros, y de contribuir a la formación de vuestros cuerpos, se despide de vosotros reconocido a la honorable comportación que habéis observado; vuestra Patria queda a vuestro cuidado, sostenida con la honradez que habéis manifestado; no son sólo los españoles los que hay que batir. Los ambiciosos y díscolos no son mejores enemigos; sostened el orden: con él afianzaréis la libertad, independencia y felicidad del hermoso Chile". (José de San Martín).

El escritor cubano José A. Benitez, en su libro "El pensamiento revolucionario de los hombres de Nuestra América", expresó lo siguiente: "Chacabuco y Maipo, ciertamente, fueron dos batallas de la Independencia llamadas a representar un papel primordial en la Historia de América del sur por la significación que tuvieron en el mapa político del continente y en los acontecimientos que se desarrollaron posteriormente







...El mérito militar de la batalla de Chacabuco ha sido reconocido por todos, pero la acción también obedecía a un plan político de San Martín relacionado con los destinos del continente. La batalla de Chacabuco, en el contexto de ese plan, no solamente aseguró la revolución argentina, sino que ganó una base de operaciones en el mar y en las costas del Pacífico contra el colonialismo español...la victoria de Maipo abrió las puertas a los soldados de la independencia suramericana para que pasaran a combatir en Perú, corazón de la dominación colonialista, y el 9 de julio de 1821 San Martín hacía su entrada en la capital peruana, y el 28 del mismo mes proclamó la Independencia de Perú y con ella vio cumplida la Empresa que se había trazado al cruzar Los Andes...si no se hubieran dado las batallas de Junín, Chacabuco y Maipo, no habría sido posible la de Ayacucho." (José A. Benitez).







San Martín: la Independencia del Perú:

La Campaña de Chile había sido terminada con éxito, y ahora faltaba marchar al Perú y encontrarse con Bolívar, que venía desde el norte, y concluir la gran obra revolucionaria. Pero en tales circunstancias, llegó la noticia de que Fernando VII, rey de España, preparaba una poderosa expedición que a principios de 1820 debería zarpar para Nuestra América con el pretendido objetivo de reconquistarla para la corona. Fue entonces que el Libertador dio su famosa "Orden General" del 27 de julio de 1819, para su tropa y para todo nuestro pueblo, a fin de impulsarlos, una vez más, a continuar la lucha revolucionaria hasta las ultimas consecuencias:








"Orden General del 27 de Julio de 1819".






Compañeros del exercito de los Andes.
...La guerra se la tenemos de hacer del modo que podamos: sino tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos tiene de faltar: cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mugeres, y sino andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios: seamos libres, y lo demás no importa nada...
...Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, ó morir con ellas como hombres de corage.
Jose deSan Martín.






Mientras San Martín llevaba adelante la lucha por la Independencia, el gobierno de Buenos Aires, que no representaba los intereses de todas las provincias del Río de la Plata sino exclusivamente los de la elite porteña, se preocupaba más por imponerse en la insensata guerra civil que había promovido que en otra cosa. Así, pretendió poner al Ejército del Norte a pelear por sus intereses de clase contra los caudillos provinciales. Recordemos que ése era el ejército que San Martín había reorganizado y que había dejado para que le cubriera las espaldas contra los españoles que pretendían penetrar desde el Alto Perú.

Afortunadamente, la conciencia de los oficiales que estaban a cargo de esas tropas hizo que no se dejaran utilizar para una cuestión tan indigna y antipatriótica, que además ponía en peligro el proyecto del Libertador. El 5 de enero de 1820, se sublevó en Arequito el Ejército del Norte, precisamente para poder continuar la Guerra de la Independencia.

Ante semejante acontecimiento, y sin más recursos para su alocada guerra civil, el gobierno de Buenos Aires pretendió que el Libertador dejara de lado la guerra contra los colonialistas y que, en lugar de marchar al Perú, regresara a Buenos Aires para pelear contra nuestras provincias.

Frente a esto, San Martín optó por renunciar al mando de sus tropas, pues ni siquiera podía caber en su cabeza la más mínima idea de utilizar al Ejército de Los Andes contra nuestro propio pueblo. Pero sus oficiales, formados según los valores de patriotismo y de honor que el Libertador les había inculcado, rechazaron su renuncia por medio de la solemne "Acta de Rancagua", en la cual expresaron, entre otras cosas, que "...la autoridad que recibió el señor general para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país, no ha caducado, ni puede caducar, porque su origen, que es la salud del pueblo, es inmutable".

San Martín, entonces, decidió mantener el mando del Ejército de Los Andes y desconoció la autoridad del gobierno de Buenos Aires, ubicándose a sí mismo y a sus tropas bajo la autoridad exclusiva del gobierno de Chile.

La conciencia americana de San Martín permitía que concibiera la posibilidad de poner a su ejército (como efectivamente lo hizo) ya fuera bajo la bandera de las Provincias Unidas o bajo la bandera de Chile o de la del Perú indistintamente, ya que para él, al fin y al cabo, eran todas regiones de una misma Patria.

"La bandera chilena cubría la expedición con su responsabilidad nacional, según lo convenido con San Martín, concurriendo Chile a ella con la decisión de su pueblo y su gobierno, con su escuadra, su tesoro y con la recluta con que había engrosado los dos cuerpos aliados que formaban el Ejército Unido...". (Busaniche).

El Gran Capitán debió emprender la Campaña al Perú no sólo con muy escasos recursos y con débil apoyo político, sino también con una salud absolutamente quebrantada, hecho que había estado presente a lo largo de toda la Campaña de Chile y que, en esos momentos, se había agravado.

Recordemos alguno de los informes de su médico personal, en los cuales se decían cosas como las siguientes: "La Patria, el honor y la gratitud me obligan a dar a V. S. la pesadumbre que yo siento. Preveo muy próximo el término de la vida apreciable de nuestro general si no se le distrae de las atenciones que diariamente le agitan; a lo menos por el tiempo necesario de reparar su salud, atacada ya en el sistema nervioso.
El cerebro viciado con las continuas imaginaciones y trabajos, comunica la irritabilidad al pulmón, al estomago y a la tecla vertebral, de donde resulta la hematoe, o sangre por la boca, que si antes fue traumática o por causa externa, hoy es por lo que ya he dicho.
El mismo origen tienen sus dispexias y vómitos, sus desvelos e insomnios, y la consunción a que va reduciéndose su máquina. Empeñe Ud. toda su amistad para que este hombre todo del público se acuerde alguna vez de sí mismo, y que dejando de existir no servirá a esa Patria para quien debía vivir, y por quien él se hace inaccesible al consejo. Yo me enternezco...".
(Dr. Juan Isidoro Zapata, en carta a Guido).

Mientras contemplaban los barcos que se habrían de utilizar para la Campaña del Perú, O'Higgins le dijo a San Martín lo siguiente: "Tres barquitos dieron a los reyes de España la posesión del nuevo mundo; cuatro o seis se la van a quitar...".

"El día más celebre de nuestra revolución está próximo a amanecer; voy a dar la última respuesta a mis calumniadores: yo no puedo hacer más que comprometer mi existencia y mi honor por la causa de mi país, y sea cual fuere mi suerte en la campaña del Perú, probaré que desde que volví a mi Patria, su Independencia ha sido el único pensamiento que me ha ocupado, y no he tenido más ambición que la de merecer el odio de los ingratos y el aprecio de los hombres virtuosos...". (José de San Martín).

El 20 de agosto de 1820, zarpó la Expedición Libertadora al Perú. El ejército tenía 2300 soldados del Río de la Plata, 1800 de Chile, con 35 piezas de artillería y repuesto de armamento y vestuario para equipar 15000 hombres. La escuadra naval estaba compuesta por ocho buques de guerra y 16 transportes, con los cuales se trasladaron desde las costas de Chile hasta las del Perú. Las Heras era Jefe del Estado Mayor; Arenales, Luzurriaga y Guido estaban entre los generales; Alvarez Jonte iba como auditor y Monteagudo de secretario. El General San Martín, su máximo conductor.

Como lo había dicho el propio Libertador, su plan desde un comienzo había sido organizar un fuerte ejército que cruzara Los Andes, que libertara a Chile y que de ahí marchara al Perú. Mientras tanto, el Ejército del Norte haría una guerra defensiva, hasta el momento indicado: al llegar San Martín al Perú, entre los dos ejércitos actuarían como tenaza sobre las tropas colonialistas, exterminándolas.

"Póngase usted a la cabeza del ejército que debe operar sobre Salta; la campaña es segura si usted me apoya los movimientos que 4500 hombres van a hacer por intermedios al mando de Alvarado; éste lleva órdenes de ponerse a las de usted. Yo espero un buen resultado; la Patria lo exige y el honor de nuestras provincias lo reclama. No hay que perder un momento, mi amigo; la cooperación de esa división va a decidir enteramente la suerte de la América del Sud...". (José de San Martín).

Pero el Libertador fue traicionado; las tropas, oficiales y jefes del Río de la Plata tuvieron que permanecer inmóviles, sin avanzar, por falta de armas y dinero. Esos recursos Buenos Aires los tenía, y de sobra, pero no los envió.

El 8 de septiembre de 1820, el "Ejército Unido" desembarcó en la Bahía de Paracas, Perú. El mismo día el Gran Capitán de Los Andes se dirigió en solemne proclama a sus tropas diciendo lo siguiente:

"Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino, y sólo falta que el valor consuma la obra de la constancia. Acordáos que vuestro gran deber es consolar a la América, y que no venís a hacer conquista sino a libertar pueblos..."
. (José de San Martín).

El 12 de julio de 1821, San Martín entró en Lima ante la apresurada huida del virrey español.

Según relató Basilio Hall, testigo de aquellos gloriosos momentos, "...el 28 de julio se celebraron ceremonias para proclamar y jurar la Independencia del Perú. Las tropas formaron en la plaza mayor, en cuyo centro se levantaba un alto tablado, desde donde San Martín, acompañado por el gobernador de la ciudad y algunos de los habitantes principales, desplegó por primera vez la bandera independiente del Perú, proclamando al mismo tiempo con voz esforzada: '...¡desde este momento el Perú es libre e independiente por voluntad general del pueblo y por la justicia de su causa, que Dios defiende!'. Luego, batiendo la bandera, exclamó: '!Viva la Patria! !Viva la Independencia! !Viva la Libertad!', palabras que fueron recogidas y repetidas por la multitud que llenaba la plaza y las calles adyacentes, mientras repicaban todas las campanas y se hacían salvas de artillería entre aclamaciones tales como nunca se habían oído en Lima...". (Basilio Hall).

San Martín recibió una carta de Sucre, futuro Gran Mariscal de Ayacucho, en la cual éste le manifestó lo siguiente:

"Mi alma ha gozado el placer más puro y singular cuando he recibido la noticia fausta del acontecimiento más brillante con que V.E. va a terminar o ha terminado ya la Campaña del Perú guiado siempre por la filantropía que lo distingue.
Los rasgos célebres de la vida militar de V.E. se disputan en preferencia; pero es cierto que la realización de un inmenso país y de una sección inmensa de América sin comprometer una batalla, es el resultado de los cálculos más bien combinados y de la dirección más rara en una campaña en que el arte y la prudencia han suplido al poder colosal del enemigo.
Nada debe V.E. a la fortuna y puede decirse más bien que la fortuna le ha seguido sus pasos.
La división de mi mando presenta a V.E. las felicitaciones más respetuosas y fraternales. Sírvase V.E. aceptarlas...".
(Antonio José de Sucre).

"La Causa del continente americano me lleva a realizar un designio que halaga mis más caras esperanzas. Voy a encontrar en Guayaquil al Libertador de Colombia; la enérgica terminación de la guerra que sostenemos, y la estabilidad del destino a que con rapidez se acerca la América, hacen nuestra entrevista necesaria, ya que el orden de los acontecimientos nos ha constituido en alto grado responsables ("árbitros") del éxito de esta sublime empresa...". (José de San Martín, en carta a Simón Bolívar).

"En los últimos años he estado ocupado constantemente contra los españoles, o mejor dicho, a favor de este país, porque yo no estoy contra nadie que no sea hostil a la causa de la Independencia. Todo mi deseo es que este país se maneje por sí mismo y solamente por sí mismo. En cuanto a la manera de gobernarse, no me concierne en absoluto. Me propongo únicamente dar al pueblo los medios de declararse independiente y de establecer una forma de gobierno adecuada; y verificado esto consideraré hecho bastante y me alejaré...". (José de San Martín).

"Nada presenta la Historia comparable con el paso de Los Andes por el General San Martín; no merece ciertamente entrar en paralelo el de los Alpes y el de San Bernardo por Aníbal y Napoleón...". (Ricardo Gual y Jean).

"Se carteaba mucho San Martín con los hombres políticos: "existir es lo primero, y después ver cómo existimos"...vio, sólo, el peligro que corría la libertad de cada nación de América mientras no fuesen todas ellas libres: !mientras haya en América una nación esclava, la libertad de todas las demás corre peligro! ...nunca en las cosas de América pensó en un pueblo u otro como entes diversos, sino que, en el fuego de su pasión, no veía en el continente más que una sola nación americana...". (José Martí).

Conferencia de Guayaquil y culminación de la Guerra de Independencia:
26 de Julio de 1822: el encuentro de los Libertadores.

Desde un punto de vista militar, la Guerra de Independencia concluyó con la batalla de Ayacucho, bajo la conducción del Mariscal Sucre; desde un punto de vista estrictamente político, finalizó con la reunión en Guayaquil entre los Libertadores José de San Martín y Simón Bolívar. Como dijeron ellos mismos, a esa altura de las circunstancias, la Independencia de Nuestra América era ya irreversible.

En carta a Bolívar, San Martín manifestó que "Sean cuales fueren las vicisitudes de la presente guerra, la independencia de la América es irrevocable...". (José de San Martín).

Muchas batallas se habían ganado y poco quedaba del poderío español en el continente; pero además de esto, la propia conciencia nacional de los criollos se había desarrollado a tal punto que ya no concebían la posibilidad de volver a la condición de vasallos del rey de España.

Tanto las condiciones concretas como la propia mentalidad de la gente habían evolucionado de tal modo de hacer francamente imposible un retorno a la situación de esclavitud que se había vivido hasta entonces. De esto tenían clara conciencia San Martín y Bolívar, y por eso se reunieron en Guayaquil para establecer, de común acuerdo, la mejor forma de concluir la Guerra de Independencia.

Ambos habían desarrollado un extraordinario esfuerzo para darle la victoria a la Patria; los dos encontraron ante sí una dura realidad de anarquía, desorganización, falta de moral, ausencia de recursos humanos y materiales apropiados, y sin embargo organizaron grandiosos Ejércitos Libertadores de la nada, como si los hubieran dibujado en un papel y después, por simple arte de magia, les hubieran dado vida.

Instruyeron a cada uno de sus hombres, uno por uno, pacientemente, con dedicación, inculcándoles determinados valores y principios, y predicando en todo momento con su propio ejemplo.

Tanto San Martín como Bolívar estaban obsesionados por conquistar el objetivo de la Independencia y la organización en Estado nacional de Nuestra América. Y fue justamente el hecho de estar como "poseídos" lo que les permitió concentrarse en las cuestiones verdaderamente importantes, dejando de lado las pequeñeces.

Trataron de impedir la lucha entre las distintas facciones de americanos, y cuando no pudieron lograrlo, directamente ignoraron esos conflictos, tomando distancia, y se dedicaron a su Empresa Libertadora. No sólo no contaron en muchas oportunidades con el apoyo de las elites que se habían entronizado en el gobierno, sino que inclusive tuvieron que esmerarse para no caer en sus conspiraciones. Así, vemos que los Libertadores tuvieron que enfrentar no sólo a los españoles, sino a la naciente oligarquía local, que en esos momentos los enfrentaron y conspiraron contra ellos, inclusive con atentados a sus propias vidas, y después de muertos los "reivindicaron" hipócritamente como fundamento de las distintas repúblicas en que dividieron a Nuestra América. A ellos, Simón Bolívar reclamó: "No seáis los asesinos de la Patria..." (Simón Bolívar).

Bolívar enfrentó la rebelión de La Mar, la rebelión de Córdoba, y las conspiraciones de Páez, entre otras. Algunos grupos de estudiantes y de hombres de letras se reunieron en secreto y comenzaron a planear el asesinato del Libertador.

Florentino González, uno de los cabecillas de la conspiración contra el hombre que les acababa de dar la libertad, contó por sí mismo acerca del asunto: "Ya no podíamos lisonjearnos de triunfar sino con la impresión del terror que causase en nuestros contrarios la noticia de la muerte de Bolívar, y ella fue resuelta en aquel momento supremo..." (Florentino González).

Una noche penetró en el palacio donde dormía el Libertador un grupo numeroso de conspiradores armados con la intención de cumplir con su eliminación física; Bolívar salvó la vida gracias al oportuno aviso de su amante.

Por su parte, San Martín regresó de la entrevista de Guayaquil a Mendoza donde tenía intención de permanecer alejado de la vida pública, dedicándose exclusivamente a su hija y a su chacra, pero ni siquiera esto le permitieron hacer. Bernardino Rivadavia y sus secuaces, que expresaban los intereses de la naciente oligarquía porteña vinculada a Inglaterra, se ocuparon de conspirar en su contra hasta hacerlo abandonar el continente rumbo a Europa.

"Rivadavia me ha hecho una guerra de zapa, sin otro objeto que minar mi opinión, suponiendo que mi viaje a Europa no ha tenido otro objeto que establecer gobiernos en América; yo he despreciado tanto sus groseras imposturas, como su innoble persona...en todo el tiempo de la administración de Rivadavia mi correspondencia ha sufrido una revista inquisitorial, la más completa, yo he mirado esta conducta con el desprecio que se merecen sus autores...confinado en mi hacienda de Mendoza y sin mas relación que con algunos vecinos que venían a visitarme, nada de esto bastó para tranquilizar a la desconfiada administración de Buenos Aires; ella me cercó de espías, mi correspondencia era abierta con grosería, los papeles ministeriales hablaban de un plan para formar un gobierno militar, bajo la dirección de un soldado afortunado, etc., etc., en fin, yo vi claramente que no era posible vivir tranquilo en mi Patria, ínterin la exaltación de las pasiones no se calmase, y esta certidumbre fue la que me decidió pasar a Europa...entonces se me manifestó una verdad que no había previsto, a saber: que yo había figurado demasiado en la revolución para que me dejasen vivir en tranquilidad..."
. (José de San Martín).

Finalmente, el hombre que nos había dado la libertad fue obligado a dejar nuestra tierra; marchó a Europa, desde donde no se cansó de repetir que "... prefiero la vida que seguía en mi chacra a todas las ventajas que presenta la culta Europa...". (José de San Martín).

Desde el viejo continente, su mirada y su pensamiento se fijaban permanentemente en nuestra Patria: "A pesar de haberme tratado como un ecce homo y saludado con los honorables dictados de ladrón y tirano, la amo y me intereso mucho, mucho, en su felicidad...". (José de San Martín).

Entre los papeles del cónsul norteamericano en Río de Janeiro, Henry Hill, se encontraron constancias de la existencia de una conspiración para asesinar a San Martín, en la cual estaba implicado el cónsul norteamericano en Buenos Aires.

En estos papeles está escrito que "Una conspiración ha sido detectada para asesinar a Pueyrredón y al General San Martín, con otros jefes, en la cual sospechas han recaído sobre el Sr. Halsey, su ultimo cónsul... La conspiración iba a ser realizada en lo que concierne al General San Martín, y los últimos arreglos de los conspiradores serían llevados a cabo en Chile con la ayuda de cierto número de franceses, que habían partido con ese propósito, al mismo tiempo que el Sr. Halsey...".

El 26 de julio de 1822, llegó San Martín a Guayaquil y ese mismo día, por la tarde, se entrevistaron los dos Libertadores. Mucho se ha dicho sobre los temas tratados en esa conferencia, pero son todas especulaciones pues la misma se efectuó a puertas cerradas, sin testigos, con la sola presencia de Bolívar y de San Martín. Lo que sí resulta posible analizar es la importancia política de semejante encuentro, que es justamente sobre lo que han querido mantenernos distraídos.

Dicen que el tero es un animal que, para proteger el nido, intenta desconcertar a quienes lo amenazan, chillando en un lugar distante del mismo. Y acá pasa igual; mientras nos tienen discutiendo acerca de lo que se habló en Guayaquil (sobre lo cual no existen constancias verídicas), consiguen que no pensemos en la verdadera importancia de fondo de dicho evento, en lo realmente trascendental.

La importancia política de la Conferencia de Guayaquil está en que constituye todo un símbolo para nosotros los americanos, que nos muestra cómo los Libertadores trabajaron en forma coordinada por la Emancipación y cómo tuvieron que ponerse de acuerdo hasta en el último momento para concluir su genial obra.

Guayaquil es todo un símbolo que, indudablemente, nos señala el camino que debemos seguir: se trata de ponernos de acuerdo, de coordinar la acción para vencer; de lograr la necesaria unidad de concepción y unidad de acción para poder enfrentar a nuestro enemigo con posibilidad real de vencer. Porque como dijo San Martín, "... divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos..."; y como dijo Bolívar, "... una debe ser la Patria de todos los americanos...".

Junín y Ayacucho: el final de la guerra:

Existen muchas teorías, como ya dijimos, acerca de lo hablado en la Conferencia de Guayaquil entre nuestros Libertadores. Indudablemente, aquello tuvo una importancia determinante en cuanto a lo que ocurrió después, en la ultima etapa de la Campaña Emancipadora. Lo que rescatamos de Guayaquil es que los dos grandes de América se pusieron de acuerdo en que, dado los triunfos obtenidos hasta entonces por ambos, nuestra Independencia era irreversible, y que sólo faltaba darle el golpe final a las fuerzas realistas que se habían refugiado en las sierras del Perú.

Si bien éstas eran considerables en número, lo importante desde el punto de vista estratégico es que estaban aisladas totalmente, encerradas entre territorios que, en todas direcciones, estaban ocupados por las fuerzas patriotas, y sin posibilidad de recibir refuerzos a tiempo de la lejana España. En realidad, los Ejércitos Libertadores dominaban la totalidad del continente, y era absolutamente imposible, por más que las españolas fueran tropas numerosas, que pudieran lograr algo.

Los Libertadores ya tenían conciencia de su triunfo militar, lo que les daba el convencimiento político acerca de lo irreversible de nuestra Independencia.

Después de la conferencia, San Martín renunció al mando de sus tropas y emprendió el regreso al Río de la Plata. Dejó en el Perú un considerable ejército de 8000 hombres bajo el mando del General Alvarado y de Arenales. A ellos encargó la tarea de colaborar con las tropas de Bolívar para finalizar la guerra; ambas fuerzas, actuando en conjunto sobre los últimos realistas que quedaban en Nuestra América, alcanzaron la victoria final.

Bolívar se dedicó entonces a preparar a sus tropas para el último asalto; fundamentalmente, solicitó refuerzos humanos y materiales al gobierno de Colombia.

El 6 de agosto de 1824, Bolívar se impuso a las fuerzas del español Canterac en una aplastante victoria en la planicie de Junín. El ejército patriota estaba compuesto por fuerzas americanas de Colombia, de Perú (a las órdenes de La Mar), de Chile (bajo el mando de Pedro Juan Luna), y del Río de la Plata (conducidas por Necochea).

Aquí está nuevamente la lección de la Historia, la más importante de todas: la Independencia de Nuestra América sobrevino como consecuencia de la acción conjunta y de los esfuerzos sumados de todos los americanos, porque de una forma o de otra, en mayor o menor medida, todos aportaron a la Causa. No hubiera sido posible de no ser así, y no será posible conquistar la segunda y definitiva Independencia de Nuestra América sino aprendemos esa lección y nos decidimos a luchar todos juntos, unidos frente al mismo enemigo.

Después de la batalla de Junín, Bolívar anunció su marcha para la costa del Pacífico y designó a Antonio José de Sucre como Comandante Supremo de las fuerzas patriotas en la sierra. Si bien las instrucciones de Bolívar le indicaban a Sucre esperar para enfrentarse a las tropas enemigas, éste no tuvo paciencia para ello: "La guerra defensiva es tan desagradable y a mi entender tan desventajosa que confieso que me atormenta estar sujeto a oponer cuando más una tranquila presencia a las maniobras del enemigo, y mucho más con nuestras tropas que son de obrar a la ofensiva..." (Sucre en carta a Bolívar).

El 9 de diciembre de 1824, el Mariscal Antonio José de Sucre presentó batalla a las últimas fuerzas colonialistas españolas en la planicie de Ayacucho. En esa oportunidad, confió el ala izquierda a La Mar y el ala derecha a Córdoba; además, había una pequeña reserva que estaba también a las órdenes de La Mar.

El combate fue duro y cruento; en un momento, el enemigo pareció asegurarse el triunfo al lograr quebrar el ala izquierda del Ejército Libertador. En momentos en que Sucre recibía el pedido de socorro de esa parte de su ejército, el Mariscal Monet inició su ataque contra las tropas de Córdoba, en el ala derecha. Entonces ordenó a La Mar usar su pequeña reserva en el ala izquierda y resistir hasta morir. A partir de ahí, José María Córdoba, con ejemplar sangre fría y sin vacilar un sólo instante ante la ofensiva enemiga que le caía encima, ordenó a su tropa que esperara inmóvil al enemigo, y en el momento oportuno, con el temple que caracteriza a los héroes de máxima jerarquía, dio su histórica orden: "¡Soldados! ¡Armas a discreción, paso de vencedores!".

La victoria patriota fue total y completa; en su informe, Sucre manifestó: "Se hallan, en este momento, en poder del Ejército Libertador, los tenientes generales Laserna y Canterac; los mariscales Valdés, Carratala, Monet y González; los generales de brigada Bedoya, Ferraz, Camba, Somocursio, Cancho, Atero, Landazuri, Vigil, Pardo y Tur, con dieciséis coroneles, setenta y ocho tenientes coroneles, cuatrocientos ochenta y cuatro mayores y oficiales, más de dos mil prisioneros de tropas, inmensa cantidad de fusiles; todas las cajas de guerra, municiones y cuantos elementos militares poseían; mil ochocientos cadáveres y setecientos heridos han sido en la batalla de Ayacucho las víctimas de la obstinación y de la tenacidad española. Nuestra pérdida es de trescientos diez muertos y seiscientos nueve heridos..." (Antonio José de Sucre).

Tal cual lo expresó José A. Benítez, "Ayacucho no solamente representó la Independencia de Perú, cimentada por San Martín, sino que fue el punto culminante de la epopeya de los pueblos de América del Sur y expulsó, definitivamente, el colonialismo de una región sobre la cual había ejercido su poder durante tres siglos...". (José A. Benítez).

La lucha por la Emancipación de Nuestra América fue llevada adelante por una generación de compatriotas bajo la conducción de Francisco Miranda (el Precursor de nuestra Independencia) y de Simón Bolívar y José de San Martín (los Libertadores). Para ello se utilizaron recursos humanos y materiales de todos los rincones del continente: hombres de los actuales Argentina, Uruguay, Bolivia, Chile, Perú, Venezuela, Colombia, Brasil, Panamá, Cuba y Ecuador, fueron los soldados que nutrieron las filas de los Ejércitos Libertadores.

Los recursos materiales, en dinero, armas, alimentos, vestuarios, animales de carga y de transporte, etc., fueron provistos por los Cabildos y las Juntas de todas las gobernaciones.

La bandera bajo la cual actuaron los Libertadores fueron indistintamente la de una región o de otra, sin prestar mayor atención a ello. Cuando San Martín efectuó el cruce de la cordillera con el "Ejército de los Andes", utilizó la bandera de las "Provincias Unidas"; cuando llevó adelante la campaña para la libertad del Perú, con el "Ejército Unido", lo hizo bajo la bandera de Chile. Estos datos demuestran en forma indiscutible que nuestra Primera Campaña Emancipadora fue una empresa americana en su totalidad y en el más amplio sentido de la palabra.

"Ante la causa de América esta mi honor; yo no tendré patria sin él y no puedo sacrificar un don tan precioso por cuanto existe en la tierra." (José de San Martín).

"No hay respeto humano que deba guardarse cuando se trata de la seguridad y libertad americanas." (José de San Martín).

"Querer contener con la bayoneta el torrente de la opinión universal de la América es como intentar la esclavitud de la naturaleza." (José de San Martín).

"El placer de un triunfo para un guerrero que pelea por la felicidad de los pueblos sólo lo produce la persuasión de ser un medio para que gocen de sus derechos; mas hasta afirmar la libertad del país, sus deseos no se hallan cumplidos, porque la fortuna varía de la guerra muda con frecuencia el aspecto de las más encantadoras perspectivas. Un encadenamiento prodigioso de sucesos ha hecho ya indudable la suerte futura de América, y la del pueblo peruano sólo necesitaba de la representación nacional para fijar su permanencia y felicidad. Mi gloria es colmada, cuando veo instalado el congreso constituyente; en él dimito el mando supremo que la absoluta necesidad me hizo tomar contra los sentimientos de mi corazón, y lo he ejercido con tanta repugnancia que sólo la memoria de haberlo obtenido acibarará, si puedo decirlo así, los momentos del gozo más satisfactorio; si mis servicios por la causa de América merecen consideraciones al congreso, yo los represento hoy, sólo con el objeto de que no haya un solo sufragante que opine sobre mi continuación al frente del gobierno. Por lo demás, la voz del poder soberano de la nación será siempre oída con respeto por San Martín, como ciudadano del Perú, y obedecida y hecha obedecer por el mismo, como el primer soldado de la libertad." (José de San Martín).

"Sean cuales fueren las vicisitudes de la presente guerra, la independencia de la América es irrevocable." (José de San Martín).

"El amor a la Patria me hace echar sobre mí toda responsabilidad si contribuyo a salvarla, aunque después me ahorquen." (José de San Martín).

"Ayacucho... es el triunfo intelectual de todos los grandes capitanes, desde la fantasía fascinadora que se llamó Bolívar hasta la conciencia impasible que se llamó San Martín." (Eugenio María de Hostos).

"En todo el siglo XX, América no ha dado otro Bolívar ni otro San Martín, hombres que trepaban a las montañas para no ahogarse en el egoísmo ni morirse de indiferencia. Para aquellos titanes, la libertad de una nación no estaba garantizada si en las vecindades había todavía pueblos esclavos."
(Juan José Arévalo).

"Los hombres dignos de Nuestra América debemos imitar a Bolívar, Hidalgo y San Martín... si los gobiernos de las naciones que van a la cabeza de Nuestra América estuvieran presididos por un Simón Bolívar, un Benito Juárez o un San Martín, otro sería nuestro destino, porque ellos sabrían que cuando la América Central estuviese dominada por los piratas rubios, seguirían su turno México, Colombia, Venezuela, etc...". (Augusto Sandino).

"Libres se declaran los pueblos todos de América a la vez.
Surge Bolívar, con su cohorte de astros... hablándoles a sus indios va el clérigo de México. Con la lanza en la boca pasan la corriente desnuda los indios venezolanos. Los rotos de Chile marchan juntos, brazo a brazo, con los cholos del Perú. Con el gorro frigio del liberto van los negros cantando, detrás del estandarte azul. De poncho y bota de potro, ondeando las bolas, van, a escape de triunfo, los escuadrones gauchos. Cabalgan, suelto el cabello, los pehuenches resucitados, voleando sobre la cabeza la chuza emplumada. Pintados de guerrear vienen tendidos sobre el cuello los araucos, con la lanza de tacuarilla coronada de pluma de colores; Y al alba, cuando la luz virgen se derrama por los despeñaderos, se ve a San Martín, allá sobre la nieve, cresta del monte y corona de la Revolución, que va, envuelto en su capa de batalla, cruzando los Andes."
(José Martí).







José de San Martín, El Libertador
Juan Manuel de Rosas y la Revolución Restauradora <JMR.htm>
Hipólito Yrigoyen y la Revolución Radical <Hip.yri.htm> Hip.yri.htm>
Juan Domingo Perón y la Revolución Justicialista <JDP.htm>
Menem y la burguesía transnacional <CSM.htm>
Manifiesto Patriótico <Manifies.htm>
Diario de la Argentina en Guerra
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