José de San Martín, El Libertador - por Martín Cerri

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Martín Cerri

José de San Martín, El Libertador

José de San Martín nació el 25 de febrero de 1778, en el pequeño pueblo de Yapeyú, actual República Argentina. Sabido es que la personalidad del ser humano se forma en sus primeros años de vida, y fue precisamente aquí donde el futuro Libertador se hizo buen criollo y amante de su Patria.

A la edad de ocho, fue llevado por sus padres a España y, ya con trece, fue incorporado al ejército español como cadete del regimiento Murcia.

En las filas españolas, se desempeñó en la guerra de Africa, combatió contra Inglaterra y Portugal y, en 1808, producida la guerra contra Napoleón, cumplió un relevante papel en la batalla de Bailén, que le valió el reconocimiento público y su ascenso al grado de Teniente Coronel. Destacamos así, como primer dato, que cuando San Martín regresó a Nuestra América, en el año de 1812, no era ningún improvisado ni mucho menos un novato, sino que era un experimentado militar, joven sí, pero con veinte años de carrera profesional.

Al mismo tiempo que San Martín hacía su experiencia en los ejércitos de la península, Francisco Miranda iba desarrollando su estrategia para captar hombres útiles a su proyecto de emancipar a Nuestra América. En este sentido, después de haber creado la organización política "Gran Reunión Americana", Miranda procedió a organizar filiales de la misma en España, donde se encontraba un gran número de militares, profesionales y comerciantes nacidos en nuestro continente. En este marco se creó, en 1807, la logia "Caballeros Racionales", con sede en Madrid y en Cádiz. Ésta ultima fue la ciudad española más frecuentada por San Martín cuando integraba las filas del ejercito español, y fue justamente en ella donde tuvo conocimiento de los acontecimientos ocurridos en Nuestra América en 1810.

El propio San Martín, en su correspondencia privada, dejó en claro la forma en que se produjeron aquellos primeros contactos con gente de las organizaciones secretas a que hemos hecho referencia:

"Como usted, yo serví en el ejercito español, en la península, desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de caballería. En una reunión de americanos, en Cádiz y, sabedores de los primeros movimientos acaecidos en Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento, a fin de prestarle nuestros servicios en la lucha, pues calculábamos se había de entablar...". (José de San Martín).

El general Rivadaneira, refiriéndose a su reencuentro con el Libertador, en 1821, contó que "...me estrechó en sus brazos, recordó nuestra amistad antigua, nuestros trabajos en la sociedad de Cádiz, para que se hiciese la América independiente...".

En 1811, ya totalmente compenetrado con los objetivos de la Emancipación de Nuestra Patria, y participando activamente en la organización política dirigida por Miranda, San Martín tomó la decisión de abandonar su carrera en las armas españolas, donde tenía indudablemente un venturoso porvenir, y se fue a Londres a ponerse a las órdenes de la "Gran Reunión Americana" fundada por el Precursor.

A fines de ese año, San Martín pudo salir clandestinamente de la península ibérica y pasar a Londres. Allí, se reunió con otros americanos como ser Carlos María de Alvear, Zapiola, Manuel Moreno y Tomás Guido. Todos pertenecían a la "Gran Reunión Americana", que era matriz de las organizaciones clandestinas de la península; en ella, también Simón Bolívar acababa de prestar juramento frente al mismo Miranda, antes de regresar a Venezuela en compañía del ilustre maestro.

Así se ligaron por un mismo juramento y en el marco de la misma organización, en el viejo continente, el Precursor y los dos grandes Libertadores.

"En los primeros años del siglo XIX habíase generalizado en España una vasta asociación secreta, con la denominación de Sociedad de Lautaro o Caballeros Racionales, vinculada con la sociedad matriz de Londres, denominada "Gran Reunión Americana", fundada por el general Miranda...en sólo Cádiz, donde residía el núcleo, llegó a contar en 1808 con más de cuarenta afiliados, entre ellos algunos grandes de España...". (Bartolomé Mitre).

"San Martín era un americano de raza, un revolucionario por instinto, un republicano por convicción; era, tal vez sin él saberlo, un adepto de Miranda, que debía realizar el sueño del maestro...". (Fernández Cabrelli).

El Teniente Coronel San Martín regresa a la Patria:

El 9 de marzo de 1812, llegó al puerto de Buenos Aires, desde Londres, la fragata inglesa "Jorge Canning", a bordo de la cual venían San Martín, Zapiola, Chilavert, Alvear y Holmberg, entre otros. Apenas llegados, estos hombres crearon la "Logia Lautaro", entidad secreta a semejanza de la de Londres, con el propósito de ejercer influencia decisiva en los medios militares y políticos del Río de la Plata.

La Logia Lautaro de Buenos Aires fue creada en 1812 por los cuadros revolucionarios que pertenecían o estaban relacionados con la "Gran Reunión Americana" y sus filiales españolas, las cuales, dirigidas desde su sede londinense por Miranda, trabajaban en la preparación del tercer intento de levantamiento general en Nuestra América.

A la llegada de San Martín al Río de la Plata, la Revolución no se encontraba consolidada ni mucho menos; es más: tenía serias dificultades de tipo político, militar y financiero.
Montevideo estaba en manos de los realistas, constituida en el reducto de la reacción.

Los rioplatenses orientales, encabezados por el gran José Artigas, estaban en conflicto con el gobierno de Buenos Aires, que pretendía imponer su autoridad desconociendo sus más elementales derechos y la autoridad de sus líderes naturales. En el norte, los ejércitos españoles enviados desde el Perú para atravesar las provincias hasta Buenos Aires y aplastar la Revolución estaban en mucha mejor posición que las fuerzas patriotas.

A tal punto era así, que Pueyrredón, que hasta entonces había tenido el mando del "Ejército del Norte", renunció a su puesto, siendo reemplazado por Manuel Belgrano, abogado patriota convertido, por imperio de las circunstancias, en General. Una tropa desorganizada, sin moral y sin armas fue lo único que recibió para enfrentar a las tropas de línea españolas.

Dentro del gobierno de Buenos Aires, a su vez, la elite porteña controlaba el poder, caracterizándose por una política que no iba más allá de sus propios intereses de clase, a lo cual subordinaban todo, inclusive los destinos de la Revolución.

Podemos decir que la situación se caracterizaba por un caos a todo nivel y, lo que es peor aún, la más absoluta indecisión por parte de la dirigencia política en cuanto a los caminos que se debían seguir.

La estrategia del Libertador :

Frente a este difícil cuadro de situación, San Martín identificó los objetivos que se debían lograr para vencer a los colonialistas y estableció la estrategia a seguir para conquistarlos.
En lo político, debía asegurarse un mínimo de respaldo en el seno del gobierno de Buenos Aires, sin lo cual no tendría marco apropiado para el resto de las tareas que debía cumplir.

Así, intervino directamente en la destitución del Primer Triunvirato y su reemplazo por otro, más cercano a sus proyectos, y presionó para imponer la Declaración de Independencia a todos esos sujetos calculadores e indecisos que ocupaban el gobierno.

En lo militar, la importante victoria en "San Lorenzo" eliminó definitivamente el peligro de las incursiones españolas por la cuenca del Río de la Plata; además, habló con Martín Miguel de Güemes y con Manuel Belgrano para que se hicieran responsables ante él de impedir como fuera necesario la penetración de los ejércitos enemigos por el norte argentino.

Contenidas las tropas colonialistas que presionaban por llegar desde el Alto Perú (Bolivia), San Martín se podría dedicar a organizar el "Ejército de Los Andes" para cruzar la cordillera y dirigirse a Lima, centro del poder español en América.

Solucionados estos dos aspectos, le faltaba uno que era, tal vez, el más complicado: consolidar el frente interno de la Revolución en el Río de la Plata, poniendo fin o por lo menos obligando a postergar la guerra civil entre Buenos Aires y los caudillos de las provincias. Para ello, estableció contacto directo con José Artigas y con Estanislao López (los principales caudillos federales) para convencerlos de la necesidad de no pelear entre hermanos y de ocuparse del enemigo español.


San Martín escribió a Estanislao López lo siguiente:

"Paisano y muy señor mío: el que escribe a usted no tiene más interés que la felicidad de la Patria. Unámonos paisano mío, para batir a los maturrangos que nos amenazan; divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos. Hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares y concluyamos nuestra obra con honor. La sangre americana que se vierte es muy preciosa, y debía emplearse contra los enemigos que quieren subyugarnos.
Unámonos, repito, paisano mío. El verdadero patriotismo en mi opinión consiste en hacer sacrificios; hagámoslos, y la Patria sin duda alguna es libre, de lo contrario seremos amarrados al carro de la esclavitud.
Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas .
En fin paisano, transemos nuestras diferencias; unámonos para batir a los maturrangos que nos amenazan, y después nos queda tiempo para concluir de cualquier modo nuestros disgustos, en los términos que hallemos por convenientes, sin que haya un tercero en discordia que nos esclavice..."
. (José de San Martín).

El Libertador escribió a José Artigas en estos términos:

"Mi más apreciable paisano y señor: no puedo ni debo analizar las causas de esta guerra entre hermanos. Y lo más sensible es que siendo todos de iguales opiniones en sus principios, es decir, de la emancipación e independencia absoluta de la España. Pero sean cuales fueran las causas, creo que debemos cortar toda diferencia y dedicarnos a la destrucción de nuestros enemigos, los españoles, quedándonos tiempo para transar nuestras desavenencias como nos acomode, sin que haya un tercero en discordia que pueda aprovecharse de estas críticas circunstancias. Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón. No tengo más pretensión que la felicidad de la Patria; en el momento en que ésta se vea libre renunciaré el empleo que obtenga para retirarme, teniendo el consuelo de ver a mis conciudadanos libres e independientes ...". (José de San Martín).

En cuanto a la actitud de San Martín frente a la elite porteña, fue clara y contundente: los hombres de Buenos Aires estaban más preocupados por lograr imponerse a las provincias, en una cuestión de disputa doméstica, que de contribuir a la Emancipación del continente.

Por ello, cuando se vieron en dificultades para alcanzar sus objetivos, tuvieron el atrevimiento de pretender ordenarle al Libertador que retornara de Chile y utilizara el Ejército de los Andes para sus propios fines en la vergonzosa guerra civil, en lugar de que siguiera al Perú y enfrentara a los españoles.

El Gran Capitán directamente desobedeció la orden y desvinculó al Ejército Libertador del gobierno de Buenos Aires, tras lo cual marchó al Perú, pasando por encima de las pretendidas órdenes de un grupo de traidores que le hacía el juego a los intereses de España y también de Inglaterra.

San Lorenzo:

En octubre de 1812, los marinos españoles asaltaron y saquearon San Nicolás y San Pedro, en la costa del Río Paraná, afluente del Río de la Plata. Los impulsaba la necesidad de procurarse víveres y la de hostilizar a los pueblos ribereños.

A mediados de enero, la escuadrilla realista entró por la boca del Río Guazú, con un total de once embarcaciones armadas y trescientos cincuenta hombres. El 28, salió San Martín con 125 granaderos escogidos, observándola constantemente desde la costa. Era sólo una parte del Regimiento de Granaderos a Caballo que el propio Libertador acababa de crear para defender la Revolución.

Los granaderos marchaban de noche, ocultos a los españoles; San Martín, vestido de poncho y sombrero campesino, vigilaba personalmente desde la costa.

El 31, los españoles anclaron cerca del pueblo de San Lorenzo, donde prepararon una
expedición para "escarmentar" a los lugareños.

San Martín, atento de la situación, ocultó a sus granaderos detrás de los muros del convento que existe en el lugar y, cuando al amanecer del 3 desembarcaron los 250 españoles con sus dos piezas de artillería y en son de guerra, creyendo que sólo se encontrarían con civiles, los granaderos desplegados en dos alas salieron de ambos lados del convento. Los españoles apenas tuvieron tiempo de montar sus cañones y efectuar algunos disparos; la carga los arrolló en menos de tres minutos. Este fue el bautismo de fuego del Libertador José de San Martín al mando de sus Granaderos a Caballo.

De regreso a Buenos Aires, se le efectuó un recibimiento triunfal y comenzó a proponerse a San Martín como futuro Comandante en Jefe del Ejército del Norte, en reemplazo del General Belgrano, que había sido derrotado en octubre y noviembre en Vilcapugio y Ayohuma.

Por decreto del 3 de diciembre de 1813, San Martín partió a la cabeza de una "expedición auxiliadora" del Ejército del Norte, pero sus instrucciones eran claras en cuanto a que no se debía limitar a "auxiliar" a Belgrano sino que directamente debía hacerse cargo de la situación, reemplazándolo en el mando.

Muy a su pesar, y después de intentar negarse en reiteradas oportunidades, finalmente San Martín cumplió la orden. El respeto y la admiración que sentía por Belgrano, vencedor en las batallas de Salta y Tucumán, artífice del "Éxodo Jujeño", eran demasiado grandes como para sentirse complacido frente a la misión encomendada.

Cuando Belgrano se enteró de que San Martín sería su reemplazante, se apresuró a escribirle lo siguiente:

"Mi corazón toma nuevo aliento cada instante que pienso que usted se me acerca porque estoy firmemente persuadido de que con usted se salvará la Patria y podrá el ejército tomar un diferente aspecto. En fin, mi amigo, espero en usted un compañero que me ayude y quien conozca en mí la sencillez de mi trato y la pureza de las intenciones que Dios sabe no se dirigen, ni se han dirigido, más que al bien general de la Patria y a sacar a nuestros paisanos de la esclavitud en que vivían. Empéñese usted en volar, si le es posible, con el auxilio y en venir a ser, no sólo mi amigo, sino maestro mío, mi compañero y mi jefe si quiere...". (Manuel Belgrano).

Durante tres años, los sucesivos comandantes del Ejército del Norte habían estado peleando palmo a palmo con las tropas realistas sin poder definir la situación. Algunas victorias, algunas derrotas, pero la cuestión seguía en los mismos términos: los españoles estaban en permanente amenaza de lograr imponerse y llegar hasta Buenos Aires.

San Martín fue el hombre que vino a terminar con esto. A diferencia de sus antecesores, él era un militar profesional, lo que es esencial tener en cuenta por su capacidad para analizar correctamente la situación y plantear la estrategia adecuada.

Su visión abarcó mucho más que la sola situación del norte; en el marco de la concepción desarrollada con su participación en la "Gran Reunión Americana", el Libertador analizó la situación de conjunto que se presentaba en todo el continente, identificando la necesidad de destruir el punto neurálgico del poder español en América: Lima. Él se dio cuenta de que de nada valía pelear con las tropas realistas en los demás puntos de Nuestra América si desde Lima les seguían mandando refuerzos; allí era a donde había que ir y derrotar a los enemigos. Por eso, cuando asumió el mando del Ejército del Norte, se dedicó a una tarea más que nada "reorganizadora", de tal manera de poder dejar una situación mínimamente segura como para impedir el avance del enemigo desde esa región, mientras él iría luego hacia Lima a través de Los Andes.

En las inmediaciones de Tucumán, construyó un campo atrincherado, "La Ciudadela", donde instruía personalmente a sus hombres. Sus objetivos principales eran disciplinar a la tropa e instruir a los oficiales. Se trataba de convertir aquellos despojos que había encontrado en un verdadero ejército.

En carta a Rodríguez Peña, de abril de 1814, San Martín le dijo:

"No se felicite, mi querido amigo, con anticipación de lo que yo pueda hacer en éste; no haré nada y nada me gusta aquí. No conozco los hombres ni el país, y todo está tan anarquizado, que yo sé mejor que nadie lo poco o nada que puedo hacer. Ríase usted de esperanzas alegres. La Patria no hará camino por ese lado del norte que no sea una guerra permanente, defensiva y nada más; para eso bastan los valientes gauchos de Güemes con dos escuadrones buenos de veteranos. Pensar en otra cosa es echar en el Pozo de Airón hombres y dinero. Así es que yo no me moveré ni intentaré expedición alguna. Ya le he dicho a usted mi secreto. Un ejército pequeño y bien disciplinado en Mendoza, para pasar a Chile y acabar allí con los godos apoyando un gobierno de amigos sólido, para acabar también con los anarquistas que reinan. Aliando las fuerzas pasaremos por el mar a tomar a Lima; es ese el camino y no este, mi amigo. Convénzase usted que hasta que no estemos sobre Lima la guerra no se acabará..."
. (José de San Martín).

San Martín se puso en contacto con Belgrano y con Güemes, a quienes expuso su estrategia. Cuando éstos le dieron su apoyo, y garantizando Martín Miguel de Güemes que él cuidaría las espaldas de San Martín deteniendo a los realistas que deseaban penetrar por el norte, pidió su relevo y su designación como Gobernador de la región de Cuyo, al pie de la Cordillera de Los Andes. Sus adversarios en la Logia Lautaro (Alvear entre ellos) creyeron ver una oportunidad para "quitarlo del medio", y le concedieron su petición. En Mendoza, al pie de la cordillera, San Martín se encargó de organizar el "Ejército de Los Andes".

San Martín: la Independencia de las Provincias Unidas de Sudamérica:

El año de 1816 encontró a San Martín cumpliendo una serie de actividades que, de hecho, lo convertían en el hombre más esclarecido política y militarmente en el Río de la Plata en ese momento, y conduciendo la marcha de los acontecimientos en función de su estrategia para derrotar al colonialismo español en América.

A pesar de las enormes dificultades de todo tipo con que tropezaba, logró ir solucionando cada una de ellas, de la manera más conveniente, de tal forma de poder concretar sus planes. Así, mientras gobernaba Cuyo y convertía esa región en un campo de reclutamiento y de entrenamiento para la creación del "Ejército de Los Andes", presionaba en el seno del Congreso de Tucumán para que, a pesar de la resistencia de otros sectores de la Logia Lautaro, se declarara la Independencia, cosa que finalmente se hizo.

Justamente sobre este tema escribió San Martín a Tomás Godoy Cruz, diciendo lo siguiente:

"¿Hasta cuando esperamos declarar nuestra independencia! no le parece a Ud. una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener el pabellón y cocarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos?
¿Qué nos falta más que decirlo?, por otra parte, ¿qué relaciones podremos emprender cuando estamos a pupilo?, los enemigos, y con mucha razón, nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos. Esté Ud. seguro que nadie nos auxiliará en tal situación, y por otra parte, el sistema ganará un cincuenta por ciento con tal paso. ¡Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas!"
(José de San Martín).

San Martín pensaba en la Independencia de toda Nuestra América. Pero la única forma de independizar al todo era, inevitablemente, luchar una y otra vez en cada una de sus partes, en el marco de una estrategia adecuada. Así, la victoria sobre los colonialistas en las Provincias Unidas y en Chile no era el fin último de su acción sino un medio, un instrumento, un paso inevitable para llegar a donde quería: Lima, donde se encontraba el centro del poder español en América.

Su primer paso fue entonces garantizar la Independencia en el Río de la Plata, y así lo hizo.

Si bien no participó personalmente en el "Congreso de Tucumán" de 1816 (en el cual se proclamó la Independencia) fue el principal responsable político de este hecho.

Quienes intervinieron en dicho Congreso se hallaban divididos en cuanto a la conveniencia de declarar la Independencia, y fueron justamente los hombres enviados por el Libertador quienes forzaron la decisión de romper el vínculo con la metrópoli extranjera.

Con la solemne Declaración, el Gran Capitán de Los Andes se aseguró de que la Revolución fuera ya irreversible, a pesar de las intenciones oscuras de muchos de sus contemporáneos. Por otra parte, dicho Congreso se pudo llevar a cabo en el marco de una mínima seguridad en las provincias, provista justamente por la victoria de San Martín en "San Lorenzo" y por la presencia de las tropas del norte y de Cuyo reorganizadas por él.

Para la Declaración de Independencia, San Martín se impuso militarmente a los españoles y políticamente a aquellos sectores vinculados a la elite de Buenos Aires que ya estaban negociando tanto con España como con Inglaterra.

José de San Martín trabajó incansablemente para la preparación de las condiciones que harían posible la puesta en práctica de su proyecto. Si bien las dificultades fueron muchas y de toda índole, nada pudo contra su espíritu, su férrea voluntad y su implacable decisión de vencer.

"Es increíble lo mortificado que estoy con la demora del director: la primavera se aproxima y no alcanza el tiempo para lo que hay que hacer. Ha dado el congreso el golpe magistral con la declaración de la independencia; sólo hubiera deseado que se hubiese hecho una pequeña exposición de los justos motivos que tenemos los americanos para tal proceder. En el momento que el director me despache, volveré a mi ínsula cuyana; la maldita suerte no ha querido el que yo me hallare en mi pueblo para el día de la celebración de la independencia, crea usted que hubiera echado la casa por la ventana...". (José de San Martín).

San Martín: la Independencia de Chile:

En todo momento, el Libertador demostró tener cuatro cualidades que son las que, en definitiva, marcaron la enorme distancia que había entre él y el resto de los hombres que lo seguían: visión panorámica, resolución firme, cabeza fría y voluntad terca.

"El primer escuadrón de Granaderos a Caballo fue la escuela rudimental en que se educó una generación de héroes. En este molde se vació un nuevo tipo de soldado animado de un nuevo espíritu, como dice Cromwell en la revolución de Inglaterra, empezando por un regimiento para crear el tipo de un ejército y el nervio de una situación. Bajo una disciplina austera que no anonadaba la energía individual, y más bien la retemplaba, formó San Martín soldado por soldado, oficial por oficial, apasionándolos por el deber, y les inculcó ese fanatismo frío del coraje que se considera invencible, y es el secreto de vencer...con estos elementos organizó una academia de instrucción práctica que él personalmente dirigía, iniciando a sus oficiales y cadetes en los secretos de la táctica, a la vez que les enseñaba el manejo de las armas en que era diestrísimo, obligándolos a estudiar y a tener siempre erguida la cabeza ante sus severas lecciones, una línea más arriba del horizonte, mientras llegaba el momento de presentarla impávida a las balas del enemigo...en cuanto a los soldados, los elegía vigorosos, excluyendo todo hombre de baja talla. Los sujetaba con energía paternal a una disciplina minuciosa, que los convertía en maquinas de obediencia. Los armaba con el sable largo de los coraceros franceses de Napoleón, cuyo filo había probado en sí, y que él mismo les enseñaba a manejar. Por último, daba a cada soldado su nombre de guerra, por el cual únicamente debía responder, y así les daba el ser, les inculcaba su espíritu y los bautizaba...a mediodía dirigíase a la cocina y elegía dos platos (generalmente puchero y asado), que a veces despachaba de a pie, y por postre dulce mendocino, tomando dos copas de vino. En seguida daba un corto paseo fumando un cigarrillo de tabaco negro, si era invierno, y volvía luego a la tarea. En verano dormía una siesta de dos horas sobre un cuero tendido en el corredor de la casa. En ambas estaciones, su bebida habitual era el café que él mismo preparaba. Después volvía al trabajo, y por la noche inspeccionaba los establecimientos públicos. Por la noche, recibía las visitas con las que tertuliaba en variada conversación, de la cual estaba excluida la política o echaba una partida de ajedrez, juego en que era fuerte, y a las 10 en punto las despedía. A esa hora tomaba una ligera colación, y descansaba o continuaba su trabajo interrumpido, pasándose muchas noches en vela y sin acostarse por efecto de las dolencias que le aquejaban..." (Bartolomé Mitre).

Uno de los más serios obstáculos que debió superar el Libertador fue la falta de recursos para organizar y mantener al Ejército de los Andes; sin ellos, la empresa estaba condenada al fracaso.

En sus interminables cartas al gobierno de Buenos Aires solicitando el envío de recursos, manifestó que "...todas las tropas excepto el batallón de cazadores que está en San Juan, entraron en el campo de instrucción el 30 (de septiembre de 1816), es un dolor no tener siquiera una frazada para arroparlos de la intemperie...por la Patria vea Ud. al director a fin de que me remita los vestuarios para cazadores, granaderos y numero ocho; que estén a más tardar a mediados de diciembre; sin este auxilio no se puede realizar la expedición, pues es materialmente imposible pasar los Andes con hombres enteramente desnudos...". (José de San Martín).

En carta a Guido expresó, con férrea voluntad y energía, que "...si no puedo reunir las mulas que necesito me voy a pie; es menester hacer el último esfuerzo en Chile, pues si esta la perdemos, todo se lo lleva el diablo...". (José de San Martín).

El director Pueyrredón contestó finalmente los pedidos hechos, aunque sólo en parte. En su correspondencia se puede apreciar la dramática situación que se vivía en aquellos momentos: "Como ayer fue día de todos los santos no se ha podido buscar entre los comerciantes libranzas para los 30.000 pesos, pero haré la diligencia con empeño...Van ahora 500 frazadas, mil arrobas de charqui, vestuarios, camisas, 400 recados, 200 sables con los dos únicos clarines que he encontrado, 200 tiendas de campaña y no hay más; va el mundo, va el demonio, va la carne, y no sé yo cómo me irá con las trampas en que quedo para pagarlo todo, y me voy yo también para que Ud. me dé algo del charqui que le mando; y !Carajo! no me vuelva a pedir más, si no quiere la noticia de que he amanecido ahorcado en un tirante de la fortaleza...". (Juan Martín de Pueyrredón).

"El Ejército de Los Andes fue creado de la nada. Fue necesario fabricarlo todo y para ello dentro de la falta absoluta de medios, sin embargo, San Martín con su talento múltiple, montó fabricas, formó depósitos, capacitó operarios y fabricó desde la canana hasta el propio ajuste del cañón. Fue el creador en América de la artillería de montaña a lomo y sobre prensa-zorra. Fue el primer conductor sudamericano que dispuso de un estado mayor organizado. Fue también el creador de los servicios de estado mayor, revelándose un maestro en las informaciones y organización de aprovisionamientos y reabastecimientos La aplicación de sus recursos políticos, económicos, financieros, industriales, en el servicio de estado mayor, representan hoy un ejemplo a imitar. Sus planes de operaciones pueden servir de modelo al ejército más moderno de nuestra época...". (Juan Domingo Perón).

San Martín tenía la idea de acabar la Guerra de Independencia con una campaña marítima sobre Perú, y para prepararla solicitó que se le confiara la gobernación de Mendoza, dejando a otro el mando del Ejército del Norte. Como Chile estaba todavía en poder de los patriotas, se proponía ir a ayudarlos en su guerra con los españoles, y una vez afirmados, emprender juntos la guerra por mar, al tiempo que el Ejército del Norte marcharía contra Lima por el altiplano. Un movimiento de pinzas cuyo objetivo final sería la capital peruana.

Pero la derrota de las fuerzas bajo el mando de O'Higgins en la batalla de "Rancagua", el 2 de octubre de 1814, le obligó a tener que comenzar el plan con la reconquista de Chile.

Comenzó el Libertador con lo que el llamó "guerra de zapa", destinada a preparar el terreno para la posterior ofensiva con el Ejército de Los Andes: se trataba de alarmar a Chile, seducir las tropas realistas, promover la deserción, figurar los sucesos, desconceptuar los jefes, infundir temor a los soldados y procurar desconcertar los planes de Marcó del Pont (jefe colonialista en Chile). Es decir que se planteó como objetivo trabajarle el frente interno al enemigo, para desorganizarlo, confundirlo y debilitarlo.

En enero de 1817, se llevó a cabo el cruce de la cordillera de Los Andes por el Ejército Libertador. La columna principal lo hizo por el paso de "Los Patos" y para distraer al enemigo e impedir que lo taponase, otros destacamentos efectuaron el cruce por los pasos de "Uspallata", "Come-Caballos", "Guana", "Planchón" y "Portillo".

"Las dificultades que se tuvieron que vencer para el paso de las cordilleras, sólo pueden ser calculadas por el que las haya pasado. Las principales eran la despoblación, la construcción de caminos, la falta de leña, y sobre todo de pastos. El ejército arrastraba 10.600 mulas de silla y carga, 1600 caballos y 700 reses, y, a pesar de un cuidado indecible, solo llegaron a Chile 4300 mulas y 511 caballos en muy mal estado, habiendo quedado el resto muerto o inutilizado en las cordilleras...". (José de San Martín).

Chacabuco y Maipo:

La guerra revolucionaria en Chile fue concluida por San Martín mediante dos aplastantes victorias: "Chacabuco" y "Maipo". La primera, el 12 de febrero de 1817, y la segunda, el 5 de abril de 1818.

Después de la batalla de "Chacabuco", el Libertador envió un mensaje al gobierno de Buenos Aires en el que, entre otras cosas, se ocupó de decir que "...sin el auxilio que me han prestado los brigadieres Soler y O'Higgins la expedición no hubiera tenido resultados tan decisivos; les estoy sumamente reconocido, asimismo a los individuos del estado mayor cuyo segundo jefe el coronel Beruti me acompañó en la acción y comunicó mis órdenes, así como lo ejecutaron a satisfacción mía mis ayudantes de campo el coronel D. Hilarrión De La Quintana, D. José Antonio Alvarez, D. Antonio Arcos, D. Manuel Escalada, y D. Juan Obrrain.La premura del tiempo no me permite expresar a V.E. los oficiales que más se han distinguido, pero lo verificaré luego que sus jefes me pasen los informes que les tengo pedidos, para que sus nombres no queden en el olvido...en una palabra el eco del patriotismo resuena por todas partes a un tiempo mismo, y al Ejército de Los Andes queda para siempre la gloria de decir: en 24 días hemos hecho la campaña, pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos, y dimos la libertad a Chile...". (José de San Martín).

Después de esa batalla, el día 14 San Martín entró en la capital en medio del entusiasmo general del pueblo. Convocó a un cabildo abierto que a su vez designó tres electores; éstos aclamaron el 15 a San Martín como Director Supremo de Chile con "facultades omnímodas". Pero el Libertador, sabiendo que aún no había cumplido su meta de llegar al Perú y que su paso por Chile era sólo una etapa en dicho camino, no aceptó. Declinó el nombramiento a favor de su "amado compañero de armas, O'Higgins". Por su parte, el gobierno de Buenos Aires le informó su ascenso a la suprema jerarquía militar: Brigadier de los Ejércitos de la Patria. Pero también lo rechazó, mediante elocuente nota remitida a dicha autoridad:

"Antes de ahora, tengo empeñada solemnemente mi palabra de no admitir grado ni empleo alguno militar ni político...Sacrificaré gustoso mi existencia en obsequio de la Patria....". (José de San Martín).

Con la entrega de una suma de diez mil pesos oro que se le hizo como recompensa por los servicios prestados, por parte del cabildo de Santiago, ordenó la construcción de una biblioteca pública:

"Permítame que destine útilmente ese fondo a un establecimiento que haga honor a ese benemérito reino: la creación de una biblioteca nacional perpetuará para siempre la memoria de esa municipalidad. La ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre las puertas de la abundancia y hace felices a los pueblos...". (José de San Martín).

También rechazó San Martín el sueldo de General en Jefe del Ejército de Chile y una vajilla de plata que le obsequiaron. En relación a esto le escribió a su amigo O'Higgins, diciéndole:

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