Naufragios en el Río de la Plata 
Arqueología submarina/2002

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LA GAMELA DE JOSEPH BORDA

Crónica del naufragio – 1770

Río de la Plata

Los Antecedentes

Es popularmente conocido que la Masonería enfrentó en sus orígenes a la congregación creada por San Ignacio de Loyola: los Padres Jesuitas.

En España la masonería se inició en 1728 con la fundación de la logia filial de Inglaterra en el año 1728.  La figura más saliente de ella fue el “Conde de Aranda”, ministro del Rey Carlos III y quien fue el agente principal de la expulsión de los jesuitas en combinación con el Marqués de Pombal, Primer Ministro y Gran Maestre de la masonería en Portugal. En 1760 cambió el rito inglés por el escocés filosófico-primitivo y fundó, con el Ministro Campomares, la primera Gran Logia Española de la que fue Gran Maestre.

En síntesis los masones aseguraban que la expulsión y supresión de los Jesuitas les permitiría ganar la principal batalla del siglo contra quienes más se oponían a su penetración e influencia. En sus exposiciones calificaban a los Jesuitas como “genízaros del Papa y granaderos del fanatismo y la intolerancia”. El masón D´Alembert -reflejando los pensamientos básicos- enunciaba que: “Los jesuitas son la tropa de línea bien disciplinada que, bajo el estandarte de la superstición, forman la falange macedónica, cuyo exterminio importa sobremanera”.

De esta manera los planes masónicos para el exterminio de los Padres Jesuitas se desarrolló sistemática y casi simultáneamente para el concepto de “tiempo” de aquella época.

 


San Ignacio de Loyola

En 1759 el Marqués de Pombal expulsó mil cien jesuitas de Portugal. Casi un centenar de ellos murieron olvidados en la cárcel y -según los relatos- cinco jesuitas fueron descuartizados.

En 1762 el Duque de Choiseul, Primer Ministro de Luis XV, expulsó cuatro mil Padres Jesuitas de Francia.

En 1767, la intervención del Conde de Aranda promovió que el Rey de España diera la orden de expulsar a los jesuitas de sus reinos en España y América.

Y en 1768 -casi simultáneamente que España- los reinos borbónicos de Nápoles, Sicilia y Parma; siguiendo la política ordenada por el Conde de Aranda, expulsaron también a todos los Jesuitas de sus reinos.

El 17 de Diciembre de 1767, el Ministro de Gracia y Justicia Manuel de Roda escribió al Duque de Choiseul de Francia: “Hemos matado al hijo; ya no nos quedamás que hacer otro tanto con la madre, Nuestra Santa Iglesia Romana”.

De esta manera los Jesuitas sobrevivientes expulsados y perseguidos en “el mundo” de aquella época, apenas lograron encontrar un refugio en el Vaticano; salvando sus vidas pero dejando atrás todo su precioso legado de obras, estudios y comercios que fueron, especialmente éste último, arrebatados por sus perseguidores.

Entrando en el tema de la expulsión en relación a España y a los naufragios en el Río de la Plata, cabe destacar que sólo en el último tercio del año de 1767; unos siete mil Padres Jesuitas fueron expulsados y perseguidos. Todos aquellos que estaban en “Las Misiones” en América fueron echados de sus tierras en cuestión de unos pocos meses.

 

A Rottjer; La masonería en la Argentina y en el mundo; B.Aires; 1960.

Duque de la Victoria; Israel manda; 1935.

M. Colinon; L’Eglise en face de la Francmaçonnerie; París; 1954.

J. Berteloot; J. Jesuite et Francmaçon; París; 1952.

El Evento

Año 1768. Su Majestad Católica da la orden de expulsar a todos los Jesuitas del Reino de España. Todos sus bienes y pertenencias debían ser confiscados, vendidos y remitidos a las arcas de la corona. En el ámbito del Río de la Plata, las 

llamadas “Juntas de Temporalidades” se encargaron de ejecutar la real orden.

Para 1770 todos los bienes, objetos de culto y valores jesuitas radicados en el ámbito rioplatense habían sido vendidos y acumulados en el puerto de Buenos Aires.

El Conde de Aranda, Primer Ministro del Rey; fundador de la masonería española y su Gran Maestre, a pesar que el Rey había dispuesto que los valores confiscados a los Jesuitas fueran a sus Reales Cajas, dio especiales instrucciones para conservar un embarque secreto para él. Nueve cajones conteniendo plata labrada en piezas religiosas y de uso personal de los Padres de la Compañía de Jesús iban a ser entregadas a él.

" (...) Asiento 256. Del Excelentísimo Señor Gobernador Francisco de Bucareli y de su  Gobernador y Capitán General de esta ciudad y provincia, y de su orden y por manos de los señores Don Martín Joseph de Altolaguirre y Don Juan de Arce, Tesorero y Contador de las Temporalidades ocupadas a los Regulares de la Compañía, y por cuenta y riesgo de ellos, tres mil seiscientos setenta y cinco marcos, cuatro onzas, catorce adarmes de plata labrada, y tres marcos, cuatro onzas, cuatro adarmes de oro, cuidado todo ello dentro de los con la marca del margen y una armazón de madera en forma de nicho con sus correspondientes molduras o pilares con algunas labores de plata (anexa a la cantidad principal) en piezas sueltas para entregar todos ellas a la disposición del Excelentísimo Señor Conde de Aranda (...) "

 

Archivo General de la Nación Argentina. Registro de Navíos. Libro 47. Expediente 3. Registro de carga del “Nuestra Señora de la Concepción y San Nicolás de Bari”, alias “La Felicidad”. Navio surto en el Puerto de Montevideo a la espera de carga que recibiría del “Nuestra Señora de la Venzazo” alias “La Gamela” - de Manuel Joseph de Borda- que venía desde el Puerto de Buenos Aires.

El naufragio

Con las últimas luces del día miércoles 11 de abril de 1770, la lancha de tráfico entre los puertos de Buenos Aires y Montevideo llamada “Nuestra Señora de la Venzazo” alias “La Gamela” y perteneciente a “Don Joseph Manuel de Borda”, zarpó rumbo al Puerto de Montevideo cargada, entre otras cosas, con el embarque secreto para el Conde de Aranda: los nueve cajones de plata pertenecientes a los Padres Jesuitas expulsos.

Como curiosidad se advierte que durante una fecha tan particular para los cristianos como son las Pascuas se decide el traslado del tesoro arrebatado a los Padres Jesuitas.

Para el Patrón de la embarcación, Don Bernardo Rodríguez, quién había hecho este trayecto durante 25 años seguidos, este viaje no representaba ningún peligro extra fuera de los acostumbrados; los cuales dominaba muy bien por cierto.

La navegación del miércoles y todo el jueves se desarrolló tranquila y sin novedades. El amanecer del Viernes 13 de abril -Viernes Santo-; casi sobre las 8:00 de la mañana, alcanzaron las inmediaciones del Puerto de Montevideo. Manteniendo la navegación con “vista de costa”, el Patrón de la embarcación ordenó corregir el rumbo hacia el Cerro que dominaba el puerto. Esta operación la había hecho durante 25 años seguidos... Sin embargo ese día algo salió mal...

El 14 de abril de 1770, al día siguiente, Don Salvador Moreno y la Corte, Maestre de la fragata española llamada "Nuestra Señora de la Concepción y San Nicolás de Bari" alias “La Felicidad”; quién venía navegando abordo de “La Gamela”, se presentó ante las autoridades de Montevideo y declaró:

" (...) Don Salvador Moreno y la Corte, Maestre del navío nombrado Nuestra Señora de la Concepción y San Nicolás de Bari (alias La Felicidad) propio de los sres. Uztaris Hnos. y Cia. de la ciudad de Cádiz, ante vuestra señorías y vuestras mercedes como mejor proceda parezco y digo (sin perjuicio de otra acción o derecho que me corresponda) que la tarde del día once del presente mes de abril me hice a la vela de las balizas del puerto de Buenos Aires, en la Lancha propia de don Manuel Joseph de Borda, gobernada por el Patrón Bernardo Rodríguez, con el registro de plata y oro, en cantidad de seiscientos veintitres mil doscientos once pesos cinco y tres cuartillos reales de plata acuñada, diecisiete mil 

ochocientos veintitrés pesos oro, todo en doscientos ochenta y ocho zurrones; sesenta y cuatro sacas de lana de vicuña y demás que constase del registro; navegando con el destino de este puerto de Montevideo para en él transbordar su carga al expresado navío, y habiendo llegado el día trece del mismo mes,  tocó la referida Lancha sobre un bajo (...) donde se perdió, (...) con cuyo auxilio pude salvar mi persona, otros pasajeros y la tripulación de la referida Lancha, y a esfuerzos y con inminente peligro los pliegos del Real Servicio de Su Majestad y del Público, con más un cajón rotulado al Rey Nuestro Señor por mano del Secretario Universal de Indias que dice ser monedas con peso de veinticuatro marcos y seis onzas; dos mapas rotulados para Su Majestad y así mismo ciento veinticinco zurrones de a dos mil pesos cada uno, y otro pequeño con ocho mil ciento sesenta pesos en oro (...) pero cotejada la cantidad de zurrones salvada con la total que consta del Registro se halla faltar la suma crecida de ciento sesenta y dos zurrones, (...) "

Archivo General de la Nación de Uruguay. Archivo General Administrativo. Caja 18, Carpeta 1, Documento 2. Autos obrados sobre la pérdida de la “Lancha de Don Manuel Joseph de Borda”; embarcación que venía desde el Puerto de Buenos Aires al de Montevideo para transferir su carga al “Nuestra Señora de la Concepción y San Nicolás de Bari”, alias “La Felicidad”.

Coincidencia ? Castigo de la Providencia ? Fatalidad ? Como sea ! Pero todos los bienes confiscados cruel e injustamente a los jesuitas quisieron permanecer en el Río de la Plata antes que ser entregados a las manos de quién los ejecutó.

Aquella fatídica mañana del Viernes Santo del 13 de abril de 1770 de Pascua, la lancha de tráfico que debía trasbordar la plata y el oro de los Jesuitas a otra embarcación que aguardaba en el puerto de Montevideo, se hundió ante el asombro y la impotencia de sus muy expertos tripulantes.

LA ESPECULACION

La historia secreta que rodea a este naufragio ha confundido a más de un historiador naval del Río de la Plata y ha asombrado a los pocos investigadores de la vida de los Padres Jesuitas que les hemos permitido acceder a nuestra información.

La capacidad comercial de los Jesuitas siempre fue próspera. Aunque algunos historiadores conservadores se niegan a aceptar sus riquezas terrenales, la documentación de la época prueba que eran excelentes comerciantes; lo cual no va en detraimiento de su obra evangélica y cultural, sino que evidencia que eran autosuficientes para el sustento de su gran obra; lo que les permitió destacarse como lo hicieron.

El análisis minucioso de los documentos relativos al naufragio revelan que el “embarque oficial” completado el 11 de abril de 1770 en el Puerto de Buenos Aires se componía de:

284 zurrones de $ 2.000 cada uno en monedas de plata

2 zurrones con $ 3.625 y 3 ½ reales en monedas de oro

1 zurrón con $ 7.919 y 5 ½ reales en monedas de oro

1 tejo de 65 onzas de peso (1,879 kg) equivalente a $ 1.040

1 saquito conteniendo $ 8.160 en monedas de oro

9 cajones de plata labrada de los Padres Jesuitas

2 cajoncitos de una cuarta con monedas de oro

3 sacas con lana de vicuña

2 mapas

De acuerdo a la tasación realizada por Contramaestre Don Salvador Moreno y la Corte, el cargamento sumaba $ 590.030 en monedas de plata y oro; más nueve cajones conteniendo plata labrada en distintos artículos perteneciente a los Padres Jesuitas para entregar al Conde de Aranda.

Sin embargo, luego del naufragio, cuando el Contramaestre tiene que declarar lo perdido ante las autoridades del Puerto de Montevideo, éste cambia el total embarcado y la nueva declaración de carga difiere en $ 42.180 con 2 ½ reales a lo denunciado en el Puerto de Buenos Aires.

En este punto podemos establecer una correspondencia a lo sucedido con el naufragio del “Ntra. Sra. de la Luz” (Montevideo, 1752 - 1992). Luego de la pérdida del navío y ante la inminencia de las tareas de rescate y ante el posible conflicto de poderes en el ámbito rioplatense, un “embarque secreto de $ 200.000” no declarado; es avisado extraoficialmente por las autoridades de Buenos Aires a las de Montevideo. Hecho que irrefutablemente comprueba que el ejercicio del contrabando estaba casi institucionalizado y era manejado por algunas autoridades de la época.

Considerando, entonces, que la suma total de los rescates practicados en éste naufragio hasta la actualidad han demostrado que había más de $ 200.000 “no declarados”; por qué desconocer que en “La Gamela” había mucho más que lo declarado oficialmente ? Más cuando no sólo era de práctica, uso y costumbre en todo el reino de España, sino cuando también, ante la proximidad del rescate y “destape” de maniobras ilegales, comienzan a “blanquearse” las cargas no declaradas ?

 


piezas de oro de "contrabando"
(no tienen los sellos reales

Es de destacar que la autorización para transportar caudales a España era de muy difícil obtención. Lo que determinaba que quienes poseían tales permisos hacían excelentes negocios transportando cargas oficiales que pagaban hasta el 50% en total por impuestos y cargas de contrabando “sin impuestos”... y “sin garantías” también...

Las tareas de rescate fueron inmediatas. Sin embargo los buzos de aquella época -desprovistos de la tecnología actual- suspendieron los 

trabajos 30 días después del inicio; exactamente el 13 de mayo de 1770; en pleno invierno rioplatense.

Su explicación, luego de expresar las inclemencias del tiempo, lo frío de la estación, lo cansados y faltos de salud que estaban; concluyen que considerando lo que les quedaba por rescatar en virtud de la carga oficial, suspenden los trabajos porque (transcripción) “es como buscar una aguja en un arenal”.

Esta última expresión transcripta nos dio una pista importantísima: “en un arenal”. Conocemos el fondo del Río de la Plata... Sabemos donde el fondo es barro, limo, conchilla, piedra y arena... como en el Banco de Santa Lucía...

La sola consideración de lo que a los buzos les quedaba por rescatar y no lo hicieron es de un altísimo valor comercial a la fecha. Según la documentación, “oficialmente” falta por rescatar:

4 zurrones de plata de $ 2.000 cada uno

1 saquito con $ 1.286 y 2 ¼ reales en plata

1 zurrón con $ 7.919 con 5 ½ reales en oro (494 monedas de oro si fueran de 8 escudos)

1 tejo de 65 onzas de peso (1,879 kg)

1 envoltorio con la marca del margen

3 cajones de plata labrada (aprox. 70 kg de plata en unas 500 piezas distintas)

Varias piezas sueltas de un nicho con dos columnas en plata y dorado.

Cuánto más falta por rescatar, por ahora, es una incógnita. Fuera de las monedas de oro y plata perdidas faltan tres cajones conteniendo los artículos en plata que iban dirigidos al Primer Ministro de España, Fundador de la Masonería en España, el Conde de Aranda... Piezas de la liturgia cristiana esperan que se reivindique la historia con ellas...

 

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